Nota
Ronda 2.386 de Madres de Plaza de Mayo y un diagnóstico: «Se va a caer solito»

Nueva ronda de las Madres. Reflexiones, visitas y el recuerdo de que esas rondas nacieron en dictadura, cuando la policía les decía «circulen». Caminaban entonces de a dos madres, circulando alrededor de la Pirámide, porque estaba prohibido cualquier reclamo que reuniera a tres personas o más. Las comparaciones con los intentos oficiales, la cautelar frente al DNU de Milei. Ideas sobre fracasos, incertidumbres, y una propuesta política: «Todo el daño que hacen transformémoslo en amor».
Magdalena tiene 18 años y un acento que suena distinto: “Soy alemana”, se presenta con sonrisa, pelo rubio, y anteojos de marco color rojo. Hace tres meses que reside en el país, hace trabajo voluntario en una biblioteca popular en Pilar, zona norte del conurbano bonaerense, y es la primera vez que viene a una ronda de las Madres en Plaza de Mayo.

Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org
“Es una lucha que no se termina porque todavía falta información. Acá se necesitan personas que vienen porque las Madres y las Abuelas no van a existir todo el tiempo, y es importante que esa idea continúe”, dice en un perfecto español, ubicada en la importancia histórica del sostenimiento de esta ronda, la número 2386, a casi 47 años de la primera, aquel 30 de abril de 1977, en los inicios de la última dictadura cívico militar argentina.
Más adelante, en sillas de ruedas, hay dos de esas madres, Nora Cortiñas y Elia Espen, que gritan “presente” ante cada nombre que se lee por megáfono: Rolón Carlos Armando, Román Leonardo Adrián, Román Rubén Omar, Romano Palavecino Antonia, Romano Benito Vicente. Presente. Presente. Presente. Presente. Presente. Forman una mitad de la ronda, la de Línea Fundadora. Del otro lado de la Pirámide va rondando el otro grupo, la Asociación Madres de Plaza de Mayo.
Magdalena entiende este contexto por Internet: “Buscás Argentina desde afuera y, siempre, te encontrás con la lucha de las Madres y las Abuelas. Hoy es una situación difícil porque hay un gobierno que no está de acuerdo con esto. La vicepresidente dice que no hay 30 mil desaparecidos, y eso también se ve de afuera. Creo que es una prueba de la democracia. Vamos a ver si hay suficiente gente para sostenerla. Espero que sí”.
Dice que en Alemania no sería posible algo así: “Hay una ley que dice que no puedes negar el Holocausto porque, si lo haces, vas a tener un juicio”.
Alrededor, siguen los nombres.
Siguen los puños en alto.
Sigue el estribillo: “Presente”.

Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org
Moda motosierra
María Inés y Estela son dos docentes de escuelas públicas en La Matanza. Estela tiene 58 años, está jubilada, y se emociona al recordar que en 2015 vino con alumnos de tercer grado de primaria cuando eran pequeños y pequeñas de 8 años: “Hoy tendrán 16, 17 años. Lo único que espero es que hayan votado bien, que se acuerden de cuando vinimos”.
María Inés tiene 48, sigue en ejercicio en dos escuelas técnicas en las localidades de González Catán e Isidro Casanova, y aunque dicta materias de programación e informática, aprovechó el programa Jóvenes y Memoria, de la Comisión Provincial por la Memoria (CPM), para hablar sobre la dictadura y los derechos humanos durante 2023. Gracias a ella su curso vio Argentina, 1985 (de Santiago Mitre, sobre el Juicio a las Juntas) y Memorias del saqueo (de Fernando “Pino” Solanas, que habla sobre la dictadura, la continuidad neoliberal durante la década de los noventa, y el estallido del 2001).
“Algunos se organizaban y militaron, pero otros no entendían –dice, y también se emociona–. Se puso de moda la motosierra, el romper todo, como una especie de rebeldía, que no tiene sentido. Pero gracias al programa pudimos tratar el tema y viajar a Chapadmalal con el colegio, para generar conciencia. Son esas ventanas donde podés meter temas. Soy una convencida de que la lucha es con el amor, porque eso le falta a la sociedad. Lo que vivimos fue un voto desde el rencor, egoísta, con odio”.
Ambas son militantes del Sindicato Unificado de Trabajadores de la Educación de Buenos Aires (SUTEBA), y celebran las dos medidas cautelares que dictó la justicia laboral para frenar el DNU del presidente Javier Milei tras las presentaciones de amparo presentadas por la Confederación General del Trabajo (CGT) y la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA, central que integra SUTEBA).
Y dicen: “Hay que tomar conciencia de que la forma de lucha es estando organizados”.

Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org
Explicitar el fracaso
Otra persona que camina en ronda alrededor de la Pirámide de Mayo es Marlene Wayar, una de las principales activistas del movimiento travesti y trans argentino, autora del libro Travesti, una teoría lo suficientemente buena (Editorial Muchas Nueces).
Piensa Marlene:
“Tiene que ver con la necesidad de que hitos tan importantes como los generados por las Madres a nivel global respecto a los derechos humanos y los pensamientos fascistas, rígidos y antidemocráticos contra los derechos, no se pueden perder. No se puede volver a punto cero. Y, en estos momentos, estamos frente a un doble peligro, no solo por la avanzada de la ultraderecha, sino porque somos personas que morimos: quedan muy pocas Madres, con poco tiempo de vida, y no hemos pensado cómo pasarnos esto de mano en mano. Y no estamos haciendo de esto una forma de mantener la memoria que no tenga que ver con la insistencia de dar vueltas con las Madres alrededor de la Pirámide de Mayo”.
Tampoco, observa Marlene, hemos sabido actualizar el concepto de derechos humanos: “Hay nuevos desafíos respecto al riesgo de distintas corporalidades y comunidades. Por ejemplo, el derecho a un ambiente sano, a vivir en paz y en tranquilidad sin sobresaltos. En haber sentado las bases claras de cuál es el piso. Ilusoriamente vivíamos de que no se puede hablar reivindicando las fuerzas genocidas, pero eso vuelve a resurgir y pone en duda todo lo previamente trabajado. Hay una enorme porción de la población que no sabe si está a favor de una u otra postura, porque simplemente no tiene postura: no sabe de dónde venimos, los riesgos que hay, cómo se construye una democracia, de qué se trata un pacto social y un montón de cuestiones que hacen a la responsabilidad de vivir en sociedad”.
-¿Qué sentís que pueden aportar estas rondas al debate de hoy?
-A mí me pone en crisis. Lo veo pobre, con poca gente, y en algún punto como aletargado en el tiempo. ¿Cómo hacemos, de qué manera creativa, para resignificar y recrear todo esto y que permanezca vivo de manera real, que convoque amablemente a sostenerlo? Sostenemos tantas cosas en las que estamos incómodos, como las navidades, o cualquier otra tradición. Esto sí hace al impacto de nuestras vidas, de mis derechos humanos, porque en última instancia, las 30 mil vidas son la metáfora de que todos los cuerpos importan y que tenemos un montón de cosas para discutir, pero un límite claro es la no violencia, sobre todo la instituida y armada desde el Estado. Y estamos en momentos donde no solo eso es posible y propalado desde la institucionalidad, sino que además habilita la violencia en manos propias de muchas personas que sienten que, por cualquier razón o motivo, pueden tomar en sus manos la potestad de hacer justicia.
-¿Qué te imaginás como una forma de interpelar a otras juventudes y otros cuerpos para habitar este lugar?
-Estamos realmente en blanco, porque son tan totémicas las ideas y conceptos de los que venimos que nadie se puede correr de eso y hacer una traducción al hoy. ¿Cuáles son los derechos humanos de un pibe y una piba de hoy en Tilcara y en Belgrano R? Hablo de zonas diametralmente opuestas de nuestra sociedad para pensar cómo las convocamos. Venimos de muchos fracasos, este momento es de la explicitación del fracaso, y nos tenemos que pensar. Por eso digo que me pone en crisis: la verdad es que no sé si tiene sentido que esté acá hoy para otra cosa que pensar. Y no dejar sola a Norita. Pero también pensar: si esto no me conforma ni me parece transformador, ¿qué soy capaz de inventar y de proponer? En principio estamos en crisis, y las crisis, si algo tienen, es que nos ayudan a mover. Lo que veo es que la generalidad de los espacios políticos partidarios y sociales están pensando desde los mismos paradigmas que, hoy, no resultan tan atractivos para la gente que busca un cambio, aunque ese cambio le ofrezca tirarse por un precipicio. ¿Qué hacemos para construir amor propio? Porque hay poco amor propio en creer que no podemos construir un presente, una forma de vida, haciendo uso de todo nuestro recorrido histórico y de nuestra propia cultura. Creer que hay que mirar otros países y tratar de imitarlos. Preferimos vivir esclavos en una ficción de bienestar antes de remarla siendo autónomos y hacedores de nuestro propio presente.

Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org
El megáfono y las cacerolas
Al terminar la ronda, como siempre, se busca escuchar las palabras de Nora Cortiñas y Elia Espen. Hoy no hay sonido porque se rompió la camioneta que lo trae cada jueves, y por eso las voces se amplifican desde un megáfono. Así recuerdan que, al comienzo, las Madres caminaban de a dos y en ronda, porque la Junta Militar prohibía las reuniones de más de tres personas. “¿Les resulta conocido?”, preguntan, en alusión a uno de los puntos del megaproyecto que el gobierno mandó a discutir en sesiones extraordinarias.
También advierten que familiares de genocidas están haciendo campaña para que los mayores de 70 años que cumplen condena vuelvan a sus casas: “Recordamos que no perdonamos y no nos reconciliamos: sus crímenes son de lesa humanidad”.
Además, convocan al cacerolazo del 10 de enero, promovido por el sector cultural (en alerta por el desfinanciamiento y la disolución de diversas instituciones relacionadas con el cine, el teatro, el libro y las editoriales independientes, la música, y otras escenas artísticas), que se realizará, en la ciudad de Buenos Aires, con el Congreso como epicentro, a las 20 horas.
Luego, Elia Espen se excusa de no hablar hoy por un problema en la garganta. Por eso leen lo que escribió para este jueves: “Hola, ¿cómo están? Pienso que todos estamos mal. Queremos que haya justicia y saber la verdad sobre los 30 mil y los niños apropiados, de los cuales no hablan. Estamos pasando momentos difíciles, pero que quede claro: no abandonamos la lucha. Seguiremos reclamando memoria, verdad y justicia. Al que no le caiga bien, lo lamento. No fue fácil para nosotras, pero acá estamos. Hay varios culpables de por qué no sabemos la verdad. Ante todo, la justicia, que ocultó y protegió a los genocidas. Es hora que abran los archivos”.

Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org
Luego, Nora Cortiñas sí habla, mientras le sostienen el megáfono para que se escuche. Primero, como siempre, recuerda que Milagros Sala continúa presa. “Otro jueves juntos, pero este es otro año –dice–. Las Madres estamos cerca de los 100. Ojalá lleguemos a ver qué hay. A ver si hay respuestas a nuestros reclamos. Quería decir que este gobierno es todo en contra del pueblo, pero ya hay unos jueces que decidieron no declarar legítimo el DNU. Ya le va a ir saliendo todo mal y se va a caer solito. Paciencia. Nosotros no queremos sacarlo como él sacaría a uno de los nuestros. Queremos manejarnos como hicimos estos 48 años: prudencia, no a la violencia, y pensar con la cabeza. Todo el daño que hacen transformémoslo en amor. Charlemos. Hablemos. Y lo que está caro, no lo compremos. Vamos a tener que bajar nuestro nivel de vida, aunque no teníamos ningún nivel”.
Como siempre, Nora desata risas, hoy bajo un sol bien caluroso.
Y cierra: “Sigamos viniendo. No bajemos los brazos. No pensemos que no hay nada por hacer. Hay mucho por hacer”.
Luego, invita a cantar La Cigarra, de María Elena Walsh.
El jueves que viene, a las 15:30, habrá ronda otra vez, como hace 46 años.
Nota
MU 215: Sin chamuyo



Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va
Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.
Por Francisco Pandolfi

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema
Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.
Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país.
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La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio
La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.
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Violencia policial en Constitución: La ley y el orden
La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.
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El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película
Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.
Por María del Carmen Varela

Un biodrama del presente: Puta madre
La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.
Por Evangelina Bucari

La Cogolla: Flor de cultivo
Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.
por María del Carmen Varela

Desentendimiento: Fingir demencia
Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.
Por Franco Ciancaglini

Crónicas del Más Acá: Parlantes
Por Carlos Melone
Nota
MU 214: Mujer maravilla

Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz
Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.
Por Francisco Pandolfi

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich
El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.
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Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez
“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.
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La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina
La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.
Por Bernardina Rosini

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión
¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.
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Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta
Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.
Por Sergio Ciancaglini

El trava power: Las Simbióticas
Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.
Por María del Carmen Varela

Ser de luz: Nina Suárez
Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.
Por Franco Ciancaglini

Crónicas del más acá: GPS
Por Carlos Melone
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
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