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Todas a la mesa: Narda Lepes, cocinera y algo más

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Entre el aborto legal y las verduras, Narda Lepes cocina sus verdades y reivindica el valor de conversar. Broncas y experimentos. Ideas y recetas para volver a cocinar y pelearle a la industria. Por Anabella Arrascaeta.
Narda está investigando los comportamientos alimenticios de los cazadores y recolectoras. Y cómo eso define nuestros platos hasta hoy: “Cuando las sociedades nos quedamos quietas, empezamos a plantar cosas, pero fue poco tiempo històrico: el cuerpo no se adaptó. Y el mercado se aprovecha de nuestras debilidades: el gusto natural por la grasa, la azúcar, la sal, la proteína, y te engancha por ahí. Dicen: ‘al nene le encanta el asado, salió al padre’. Y no: salió a la humanidad. O ‘le encanta el dulce de leche’. No: a todos los chicos les pasa, porque es energía”.
Narda cuenta que cuando hombres y mujeres éramos nómades, nosotras nos encargábamos de la recolección. Así conocíamos las plantas y qué hacer con cada una, y cuando nos cruzábamos con otra intercambiábamos información.
Por eso imagina posibles charlas prehistóricas: “Ojo con esa fruta roja que parece estar buena, pero no; aquella cura, la otra envenena”.
Con las manos producíamos saber y con la palabra hacíamos circular el conocimiento. Un saber comunitario, del que de algún modo seguimos impregnadas.
“El hablar mucho funciona”, dice Narda, y fondea un vaso de agua que acaba de servirse de un botellón; más tarde dirá que ya no compra botellitas de plástico.
Hablemos.

Un cuarto propio

Narda Lepes es cocinera, empresaria, mamá, hermana, escritora y otro montón de otras cosas. En 1999 llegó al canal El Gourmet, y se volvió famosa. En 2001 tenía 29 años, sin cuenta bancaria: todo lo que ganaba se lo gastaba en alquilar su casa y viajar. “Empecé cocinando, terminé en la tele y eso me dio posibilidad de hacer otras cosas”, resume su parábola.
La última parada, por ahora, está en Belgrano, donde creó su restorán Narda Comedor. Desde la puerta puede verse, al final del salón, la cocina. Es abierta y por allí asoma una chica que lleva pañuelo verde en el bolsillo de la camisa. El 70% del staff es femenino, y al mediodía suelen atender a señoras de más de 50 años. La idea: “Que las comidas no sean todas iguales”.
Además de estar a cielo abierto, la cocina es bien ancha, con un gran espacio para la circulación. Y acá todo tiene un por qué: “Me apoyaron toda la vida”, dice Narda, de manera literal. Y no se refiere a que la ayudaron sino al machismo: “Tengo mucho culo (no se refiere a que tiene mucha suerte) y en la cocina los hombres me apoyaban. A veces sin querer, o queriendo. En un momento te acostumbrás, hacés chistes, te corrés, pero te apoyan. Yo puteo mucho, eso hizo que me dieran más bola. Pero si no, aunque fuera la jefa, no me daban bola”.
Narda armó entonces su propia cocina con la propuesta de ser un “comedor diario”: barra con desayuno de día y tragos de noche. Cada día se ofrece un color, una legumbre y un cereal. “Acá hay hidratos -cerdo, panceta, carne, ñoquis, salchichas- pero hay mucho vegetal”. En los carteles tras la barra figura la consigna: “Tomá agua. Comé plantas”.
“Hay platos que son vegetarianos y la gente no se da cuenta”, asegura Narda, arriesgándose a un restaurant sin la carne como protagonista. “Vengo hace mucho tiempo con esto, no es ahora que digo que hay que comer estacional. No te voy a decir que comas orgánico porque te pongo la vara muy adelante. Hasta que todos no comamos más verdura es al pedo decir que comas orgánico, porque a la gran parte la alejás. Comé verduras. Cociná. Comé en estación. Cociná. Siempre el cociná al lado”.
¿Por qué es importante cocinar?
Porque lo vas a hacer toda tu vida tres veces al día. Si vos tercerizás tu alimentación no hay forma de que tu vida mejore ni de que la producción levante la vara. No podemos obtener un mejor producto si seguimos comiendo así.
¿Hace falta tiempo para cocinar?
Tenés que pensar a qué le das más valor. Lo que no hay es una mirada honesta. Más que el tiempo, lo que hay que preguntarse es cuánto nos importa lo que comemos.

Generación verde

La tarde del 8 de marzo junto a las mujeres de su restaurant llenaron el espacio de carteles con frases que habían pensado entre todas. Por ejemplo: “Pago igualitario”, “Mi culo es mío”, “No es no”, “¿Y vos que tenías puesto?”, “Estar al mando no es ser mandona”, “Amamantamos donde queremos”.
Publicó las fotos en sus redes sociales y el Facebook, con más de medio millón de seguidores, explotó en comentarios. “La gente acá reaccionó bien, se reía, se sacaba fotos con los carteles: en persona no pasa nada. En las redes es otra cosa, hay un sistema: vos ponés algo y lo primero es una puteada. Pero después todo se acomoda. Yo ya estoy más inmune y no me importa: no me voy a retractar ni en pedo”.
Narda putea cuando habla, aunque su tía la llame después de leer las notas y le diga siempre la misma frase: “No podés decir eso”. Hace poco se volvió viral un tweet suyo tal vez demasiado descriptivo, pero efectivo: “Si querés saber si estas comiendo bien, tu caca tiene que flotar. Si va al fondo, falta equilibrio: más frutas y más verduras”.
Otro encontronazo virtual lo tuvo cuando se manifestó a favor de la legalización del aborto:“El otro día puse que se hacen 40 abortos por hora. Y todos haciendo cuentas acusándome de ignorante. ¿No saben dividir? No lo digo yo, lo dice el (ex) Ministro de Salud. Y los diputados que votaron en contra usan ese mismo número”.
Días antes del 8 de marzo, la actriz Dolores Fonzi la invitó a una foto-acción en las escalinatas del Congreso en la que junto a otras referentes de la cultura pusieron el cuerpo y el grito de ¡Aborto Legal Ya!
En medio del debate Narda también fue con una cinta verde a la entrega de los Martín Fierro y defendió la legalización en cancha visitante: la mesa de Mirtha Legrand.
La votación en la Cámara de Diputados la vio en su casa; era el cumpleaños de su marido pero todos sabían que la tele iba a estar prendida. Para las dos vigilias le preparó a su hermana menor el kit de abrigo, borceguíes y campera. “Sola, sin que nadie de la familia la lleve o le hable, arrancó. Estuvo las dos noches. Ahí es cuando te das cuenta que ya está: la Ley no salió ahora pero va a ser dentro de cinco minutos”.
De la votación y su exposición, Narda saca una conclusión: “Yo no sabía cómo se votaban las leyes y ahora vi cómo funciona. ¿Esta gente decide si tenemos una base militar china en algún lugar? Yo no sé si los senadores saben lo que es pelearse con una chica de 17 años: hormonas, energía, una batalla perdida. La marea verde no es solo de chicas de los centros de estudiantes que ya tienen una agenda: esto salió de abajo del piso. Estas chicas votan el año que viene. Nosotras perdimos por seis votos, pero los senadores perdieron millones de votos”.

Sabor a qué

Hace poco Narda amaneció su Twitter con un “buen día” citando un link a una nota del diario británico The Guardian. La noticia: en un fallo histórico, Monsanto fue hallado culpable de ocultar información sobre los efectos tóxicos de su herbicida Roundup, según una demanda de un un jardinero de California enfermo de cáncer (ver nota de este número: Monsanto Papers).
De lo conflictos globales, a la cocina: para empezar a pensar una nueva relación con la alimentación y el ambiente, Narda dice que hay cosas que no hace más.
¿Cómo qué?
Hay ciertos cafés que no puedo tomar porque no sé con qué los fumigaron. La botella de agua chiquita no la compro más, porque no es sustentable gastar plástico para un solo uso de bebe un poquito. Entiendo las escalas. Uno dice: ¿por qué no hacés algo más sano, o distinto? Y, porque para cambiar la producción tengo que asegurarme de vender 40.000 toneladas anuales, o me fundo.
Ahí debería estar el Estado subsidiando un cambio para mejores alimentos.
Esa es otra película. En un momento estaba subsidiado el Fernet. ¡Mejor subsidiame la acelga! Para cambiar la escala no podés cambiar la fórmula de golpe porque tenés una planta para 700 empleados que no la podés cerrar. Pero entiendo que hay fórmulas que se pueden ir cambiando paulatinamente; hay ver cómo hacer, cómo trabajar con lo que tenemos. Hay gente que sueña. Yo prefiero ponerme a trabajar en algo más práctico. Trabajo del lado de adentro.
Recuerda que durante dos años fue empleada de una empresa de sabores (sic) “para saber cómo se hacían los alimentos”. Cuenta: “El 93% de los productos del supermercado tiene sabores y olores artificiales. Algunos son naturales, pero son caros. Y otros son muy baratos. Si algo tiene mucho sabor, mucho aroma y es muy barato entonces estás comiendo ‘la idea de’. Eso está hecho para que tu boca crea que es rico. Para detectarlo hay que entrenar el paladar”.
Narda escribió cuatro libros. El último, Ñam Ñam, reúne recetas para que lxs niñxs aprendan a comer variado y rico. Para ella, el acento debe estar ahí: dice que cocinar debería enseñarse en segundo y tercer grado. “Muchos chicos no saben qué es comida: ponés vegetales arriba de una mesa y no saben cuáles son. Hay niños que no vieron cocinar a su mamá ni a su abuela. La relación con la comida está rota. Hay que recuperar ese conocimiento”.
Sin rodeos: “Lo que tenés que hacer con un niño es no cagarle el paladar, que detecte las sutilezas”. ¿Cómo se arruinan los paladares infantiles? “Sabores químicos, mucha grasa de mala calidad, jarabe de alta fructuosa, sal mala. La evolución del cuerpo es lenta, pero por eso hay que empezar ya”.
Parece que hablar del futuro de la alimentación tiene mucho de mirar hacia lo personal. “La comida lleva un poco de cabeza, de tiempo, hasta que sale sola. Hasta que en vez de comprar ‘un kilo de’ agarrás dos mandarinas, un alcaucil, un hinojo, y hacés algo. Hasta que entendés que el cambio puede empezar por lo que hagamos en la mesa”.

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema?

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org

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MU 213: Movete

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MU 213: Movete

Son personas que se organizan y se movilizan para defender derechos de toda la
sociedad. Son quienes sufren palos, gases y humillaciones por estar de pie. Quienes
crean respuestas donde hay impotencia y nuevas palabras para definir el futuro.
Nuestro homenaje: reunirlas y escucharlas.




MU 213: Movete

Mover el mundo: Cumbre de imprescindibles

Jubilados, discas, asambleístas ambientales, travas, familias víctimas de femicidios y el papá de Pablo Grillo: reunimos a quienes se movilizan y no abandonan la calle a pesar de los palazos y de la falta de respuestas. Quienes marcan una agenda por abajo que es a la vez un rumbo y un llamado a la acción, y también a la unidad. Frente a la dispersión, voces que hablan de un horizonte común, más acá de la política partidaria, para repensar la democracia y la forma en que resistimos.

Por Claudia Acuña




MU 213: Movete

Del dicho al hecho: Los crímenes de odio baten récords

En 2025 se produjeron 227 crímenes de odio contra personas de la comunidad LGTBIQ+: 60% más que el año anterior. El combustible: la violencia y discriminación desde el gobierno, empezando por el Presidente, y el desmantelamiento de políticas públicas. La precarización de la vida privada y lo que ocurre cuando el Estado se retira.

Por Evangelina Bucari




MU 213: Movete

Comunicacción: Unión de Medios Autogestivos

Siete medios de todo el país nos reunimos para crear transversalidad, proyectos y compartir ideas sobre cómo hacer periodismo en tiempos mileístas y más acá: el cooperativismo, las comunidades, el territorio, la agenda propia. ¿Cómo crear valor, generar puestos de trabajo y sostenerse cuando todo se cae? Lo que representan estos diarios, revistas, agencias y periodistas todoterreno que resguardan lo mejor del oficio, por fuera de Tik Tok y los streamings de turno.

Por Lucas Pedulla




MU 213: Movete

Ojos bien abiertos: Tadeo Bourbon, fotógrafo

Fue uno de los premiados por el World Press Photo por una imagen que podés ver en la página siguiente. La historia de Tadeo y de aquel día de marcha, represión, golpes y gas pimienta. De la moto, los casamientos y otros empleos, al contexto profesional y a la vez emocional que alimentó ese click al que llamó La Argentina de Milei.

Por Sergio Ciancaglini




MU 213: Movete

Alerta verde: MU en Misiones

Desde que asumió Milei, el precio que se paga a productores y trabajadores está desregulado. Cómo impacta esto en una industria ya precarizada, y lo que genera: éxodo rural, desarraigo, pobreza. Crónica de una época desde un territorio olvidado y en lucha.

Por Francisco Pandolfi




MU 213: Movete

Mondiablo: Juicios contra el Roundup de Monsanto/Bayer

Las pérdidas millonarias de Bayer por las demandas vinculadas al glifosato vuelven a poner en escena una historia que lleva décadas: evidencia científica, fraude corporativo, lobby político y daños sanitarios y ambientales a escala global. Mientras avanzan nuevos acuerdos judiciales y Trump sale al rescate de la compañía, el herbicida sigue presente en cuerpos, territorios y alimentos.

Por Anabel Pomar




MU 213: Movete

Anti algoritmo: Cineclub Mabuse

Hace 25 años que Uriel Barros proyecta películas en Súper 8 en festivales, centros culturales, escuelas, bares y espacios under. Una defensa artesanal y colectiva del cine frente a las plataformas, los algoritmos y el consumo individual. Terror, ciencia ficción, muñecos malditos y películas que todavía necesitan ser vistas.

Por María del Carmen Varela




MU 213: Movete

Monte Hermosa: Josefina Lamarre

Editó el álbum Yin Yang y también le cantó (en contra) al amor extractivista. De la tevé en piyamas a la comedia musical, la perfomance, el Hotel Faena y las coplas chismosas. Lo que surgió de una ducha y la convivencia entre lo tanático, lo erótico y lo vital.

Por María del Carmen Varela




MU 213: Movete

Biblias.

Por Carlos Melone

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MU 212: El fin de un mundo

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MU 212: El fin de un mundo

MU en Tierra del Fuego: todo lo que se ve desde el sur del sur y nos ayuda a entender qué representa Argentina en el mapa geopolítico mundial. Un puerto intervenido, importaciones que matan a la industria, explotación sin control de recursos naturales. La puerta a la Antártida y el significado de Malvinas: lo que está en juego en tiempos de guerra.




MU 212: El fin de un mundo

El principio de todo: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur


Javier Milei intervino el puerto de Ushuaia sin provocar un rechazo opositor visible. Un sitio clave en la geopolítica y a la vez una caja de 30.000 millones de pesos anuales que mezcla industria marítima, turismo, y la puerta a la Antártida. Los testimonios sobre la falta de control . Hablan el gobernador, funcionarios, trabajadores, ex combatientes. Trump y el misterioso avión, China y los acuerdos, Gran Bretaña adentro, la forma de la crisis y la resistencia contra el vaciamiento de un país.

POR FRANCISCO PANDOLFI




MU 212: El fin de un mundo

El industricidio: Crónica desde el polo fabril de Río Grande


Un predio lleno de fábricas vaciadas. Trabajadores organizados resistiendo al desempleo, la apertura de las importaciones y la reducción de aranceles de promoción en una provincia que de 16.000 obreros pasó a tener 6.400. Una política que golpea a empresas de todos los tamaños y rubros: tecnológicas, textiles, metalúrgicas, electrodomésticas y electrónicas. Y todo esto sin que todavía se aplique la reforma laboral. Las propuestas para que los propios trabajadores se hagan cargo de las empresas en crisis. Los gestos de solidaridad, las donaciones de quienes todavía tienen empleo, el bingo provincial y cómo se va recuperando desde abajo una idea de hermandad para enfrentar estos tiempos.

POR FRANCISCO PANDOLFI




MU 212: El fin de un mundo

A contracorriente: La lucha fueguina frente a la industria salmonera

De espaldas a la sociedad y bajo presión del gobierno nacional, la Legislatura fueguina (la misma que en 2021 votó en contra) aprobó un proyecto que permite la instalación de megafactorías marítimas del salmón, uno de los productos que más se exportan al mundo. El impacto ambiental es conocido y hay un ejemplo cercano en la vecina Chile: peces hacinados, contaminación por antibióticos y heces, destrucción de otras especies, y una precarización total de las condiciones de trabajo. El cuadro de situación ante un “pescado químico”, la lucha de la asamblea, y el gobernador que responde sobre los principales contrapuntos.

POR FRANCISCO PANDOLFI




MU 212: El fin de un mundo

Agroecología en el principio del mundo: El modelo Panchito

Cultiva alimentos y medicinas en medio de temperaturas extremas, sin venenos y con semillas propias: “Una semilla viva significa una familia sana”, dice el productor agroecológico Francisco Pancho Barria. Cosechas asombrosas, zanahorias de 3 kilos, nabos de 12, acelgas de metro y medio de alto. Cómo volver posible lo inimaginable con ideas simples, ancestrales, trabajo a conciencia y sentimiento. La política para la foto, el lugar de los niños, la idea de agacharse, y los números que muestran que la vida sana es, además, rentable. 

FRANCISCO PANDOLFI




MU 212: El fin de un mundo

La guerra invisible: la Antártida en la mira


Juan Rattenbach recoje el guante de su abuelo, autor del Informe Rattenbach que denunció a las jerarquías militares por los errores y delitos cometidos en Malvinas. El significado hoy, con Gran Bretaña ocupando el 25% de la superficie argentina. La Antártida y el Atlántico Sur en la geopolítica actual. El rol de Estados Unidos y China. El ataque a la industrialización fueguina. Dos cuestiones: ¿Cuál es nuestro centro geográfico? ¿Y cuándo nació el pueblo?

SERGIO CIANCAGLINI




MU 212: El fin de un mundo

Efecto Trump: Valeria Carbone y su mirada sobre EE.UU.

Es doctora y docente de la Cátedra de Historia de los Estados Unidos en la UBA y en la UNLP. Integra grupos de trabajo sobre EE.UU. en CLACSO y universidades en Alemania y México, además de coordinar programas de intercambio internacional. Y acaba de dictar un curso sobre el tema en MU. En esta entrevista explica las movidas de Trump intentando sostener un imperio en crisis en medio de una conflictividad que él mismo provoca o acompaña: Irán, China, Israel, petróleo, Ormuz, Venezuela, OTAN, Malvinas, Antártida. Y hasta el caso de Jeffrey Epstein.

POR LUCAS PEDULLA




MU 212: El fin de un mundo

Decolonizar el presente: Walter Mignolo y el pensamiento decolonial

En medio de conflictos geopolíticos, disputas culturales y crisis del modelo occidental, el pensamiento decolonial nos recuerda una serie de preguntas fundamentales. Aquí, una conversación breve y magistral sobre la esfera pública, la organización social y las formas de acción colectiva vistas desde una perspectiva para ampliar, o retomar, los horizontes propios.

POR CLAUDIA ACUÑA




MU 212: El fin de un mundo

Tierras raras: Florencia Levy, artista, y su trabajo sobre el litio

Trabaja con instalaciones visuales y materiales que representan y denuncian las distintas formas del extractivismo. Su trabajo sobre el litio es impactante, pero también investigó sobre el fracking en Vaca Muerta, el basurero del mundo en China y la relación entre el cáncer y el agronegocio en Entre Ríos, motivada por su padre oncólogo. Cómo hablar de temas que casi nadie conoce desde un video o una sala de exposiciones, y hacer algo para transformar miradas, sentimientos e ideas.

POR MARÍA DEL CARMEN VARELA

Patagonia rebelde

Crónicas del más acá por Carlos Melone.




MU 212: El fin de un mundo

Astrolo-guías: Elisa Carricajo y su nuevo libro sobre Tarot

Dramaturga, actriz y directora, plantea al Tarot como un objeto “popero” e invita a jugar y llenar de sentido ese lenguaje. Un modo de recuperar la espiritualidad capturada por el mercado, para sentir, entender y actuar en tiempos espantosos. Lo individual y lo comunitario. Los fantasmas y cómo imaginar un mundo mejor. Un libro que es un oasis y una invitación a re-pensar el arte y lo político, tirando las cartas.

POR FRANCO CIANCAGLINI




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