Nota
Los trabajadores del casino brindaron frente a la Rosada
Desde el 20 de diciembre los trabajadores del Casino Flotante acampan en Plaza de Mayo. Exigen la reincorporación de los 97 despedidos. Todo comenzó por una asamblea que analizaba como reclamar ante condiciones laborales insalubres. La represión de la Prefectura, las idas y vueltas de Servini de Cubría y la historia de los 500.000 euros que llegaron en medio de jamón serrano. El misterioso Cristóbal López, el empresario petrolero de Santa Cruz que le prestaba los aviones a Kircher y es dueño de medio casino.
Justo a la medianoche, cuando las campanas de la Catedral Metropolitana comenzaban a anunciar con sus tañidos la llegada del nuevo año, un trabajador del casino de Puerto de Madero encendió un fósforo y lo llevó hasta un alambre que minutos antes había tendido entre dos árboles de la Plaza de Mayo. En segundos, las letras de estopa que allí pendían se convirtieron en fuego clamando “reincorporación ya”. A un costado, sobre el piso, otro compañero encendía decenas de candelabros que dibujaban las palabras “salud”, “paz” y “trabajo”, delante de una ornamentación de globos que formaba el número 2008. Recién después de ese ritual comenzó el baile al compás del cuartetazo: un centenar de trabajadores despedidos del Casino Flotante y sus familias festejaron Año Nuevo frente a la Casa Rosada, donde acampan desde el 20 de diciembre. “Nos quieren sacar el trabajo, no vamos a permitir que encima nos quiten la posibilidad de festejar”, señala Hernán Lopatka, croupier y uno de los voceros del grupo.
Los trabajadores del casino recibieron el nuevo año con ánimo esperanzador, después de que el cardenal Jorge Bergoglio cruzara a la Plaza de Mayo para transmitirles su solidaridad y firmar una declaración de los empleados en la que exigen la reincorporación de los 97 despedidos y denuncian, además, la violenta represión a la que fueron sometidos. “Yo quiero ganar el conflicto, no hacer la revolución. Menos de Menem, aceptamos a todos los que nos quieran apoyar”, dice Lopatka que enumera a dirigentes del ARI y la CTA que desfilaron por el campamento armado en torno a la Pirámide de Mayo.
Este capítulo del conflicto del Casino comenzó el 9 de noviembre pasado, cuando en una asamblea que se desarrollaba en el comedor del casino flotante los trabajadores afiliados a Alear –el gremio que agrupa a los empleados de empresas dedicadas a juegos de azar- analizaban medidas para denunciar condiciones laborales insalubres. “El promedio de edad de los empleados del casino ronda los 26 años y sufrimos patologías propias de gente de 60”, argumenta Lopatka que recuerda que entre ruletas y tragamonedas abundan el humo, el ruido y la escasa iluminación. Además, el vocero asegura que las tendinitis crónicas, las hernias de disco, lumbalgias, cervicaligias y artritis precoces son demasiado habituales entre sus compañeros. “Lo más grave es que 27 mujeres, sobre 130 encuestadas, sufrieron un aborto espontáneo”, denuncia.
Por todos estos datos, uno de los principales reclamos de aquella asamblea consistía en reducir la jornada laboral y aumentar los tiempos de descanso de los trabajadores. Exigían asimilar el régimen al de los trabajadores europeos de Cirsa, empresa que también es propietaria del casino de Puerto Madero. Mientras que en España, los empleados de Cirsa gozan de 40 minutas de descanso cada 40 de trabajo; aquí la proporción es 20 minutos de descanso por cada hora trabajada.
Pero aquella asamblea fue interrumpida de manera abrupta por una patota vinculada al Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (en el casino flotante conviven seis gremios distintos) que comenzó a arrojar piedrazos y golpes por doquier. Enseguida volaron platos y botellas en respuesta. Tras la batalla, la empresa envió 61 telegramas de despido a los afiliados de Alear, argumentando que se trataba de trabajadores violentos.
A pesar de contar con un reducido número de miembros en el casino, el Sindicato de Obreros Marítimos ya había tenido un fuerte protagonismo un tiempo atrás. Fue cuando obligó a cerrar el casino haciendo bajar a los marineros del barco (ningún barco puede estar abierto sin su presencia). Para Alear y varios medios de prensa española aquella medida de fuerza tuvo como única razón una supuesta extorsión a Cirsa Corporation para forzarla a vender el 50 por ciento del paquete accionario a Cristóbal López, un empresario muy vinculado al kirchnerismo y, desde entonces, dueño de medio casino.
Tres violines
Después de los despidos de noviembre pasado, los trabajadores de Alear comenzaron un paro bloqueando todos los accesos al barco casino. La medida duró 20 días, hasta que el 4 de diciembre la Prefectura Naval los desalojó tras una represión a puro palazo, golpes y gases lacrimógenos. “Usaban métodos propios de la dictadura –asegura Lopatka-. Yo me metí mientras estaban pegándole contra el piso a un compañero y caí detenido. Ahí me dicen: `A vos, zurdito de mierda, te tenemos marcado. Adentro te vamos a hacer mierda. En una celda, tenemos tres violines para vos`. Cuando un diputado del ARI, Facundo Di Filippo, se acercó y preguntó quién estaba a cargo del operativo, no consiguió que nadie se lo responda. Los gerentes de la empresa dirigían el operativo, eran los que estaban marcando trabajadores para que la Prefectura los detenga.”
Tras la represión la empresa intentó reabrir sus puertas e incrementó la cantidad de despidos hasta llegar a 97. Pero lejos de apaciguarse, el conflicto seguía creciendo a menos de una semana de la asunción presidencial de Cristina Kirchner. Tal vez por eso, el Ministerio de Trabajo se haya apresurado a dictar una conciliación obligatoria que retrotraía la situación al día anterior a los primeros despidos. Los trabajadores tomaron la medida casi como un triunfo. Pero nada resultó tan fácil como parece. Cuando los empleados se presentaron a retomar sus puestos de trabajo se encontraron con una orden judicial dictada por María Romilda Servini de Cubría que prohibía el ingreso a 81 croupiers porque –argumentaba- estaban siendo investigados por los actos de violencia. “Era absurdo, una jueza federal intervenía en un asunto del fuero laboral. Es una clara demostración de la influencia que López tiene en el poder político”, dice Lopatka.
De esta manera, los trabajadores se vieron obligados a desconocer la conciliación obligatoria y el conflicto cada vez estaba más caldeado. “Servini comenzó a recibir presiones porque su intervención no tenía justificativo alguno. Como no podía volver marcha atrás, decidió clausurar el casino. Así que ahora los 2.500 trabajadores estamos en la calle”, sintetiza el croupier.
Este jueves, vence el plazo de la conciliación obligatoria y no hay señales de que el conflicto se encauce. Como durante todo enero hay feria judicial, el casino debería permanecer cerrado hasta febrero. “Excepto que hagan una nueva demostración de poder político y abran la feria para levantar la clausura”, explica Lopatka.
Historia y personajes
La historia del casino de Puerto Madero es una sucesión de conflictos desde su nacimiento. Como en la ciudad de Buenos Aires están prohibidas las mesas de ruleta y los juegos de cartas por dinero, el ingenio menemista habilitó el casino flotante para que funcione en dos barcos: si la casa de apuestas funciona en aguas marítimas no está bajo la órbita porteña sino que lo rige la legislación nacional. Hecha la ley, hecha la trampa.
El Casino Puerto Madero, según los medios españoles, deja 60 millones de euros al año (240 millones de pesos, o casi 700.000 pesos de ganancia por día). En cambio los trabajadores estiman que la ganancia diaria es por lo menos de 1.500.000 pesos, y lo calculan porque Lotería declara que el 20 por ciento que le corresponde diariamente es de 300.000 pesos. Solamente en propinas se dejan arriba de 80.000 pesos diarios (pasan a la caja de empleados, una de las conquistas de los trabajadores). Los días de fin de semana ingresan unas 12.000 personas, y además de las 170 mesas de juego hay unas 2.000 tragamonedas y juegos de video con apuestas.
El propietario de Cirsa –la empresa que abrió el casino- es Manuel Lao Hernández, que también posee casas de juego desparramadas por España y Latinoamérica. El empresario catalán tuvo entre su personal a Miguel Ángel Egea, integrante de la Triple A, socio del menemista Alberto Kohan y también de represores de la ESMA como Jorge Radice, Jorge ‘Tigre’ Acosta y Ricardo Cavallo. En diciembre de 2006 cuando llegaba desde Barcelona en su avión privado, a Lao le detectaron un cargamento secreto de jamones serranos, que además estaban rellenos de euros: 500.000 más precisamente, según reveló Clarín. La Aduana pasó por alto el tráfico de jamones, pero denunció el de divisas, y el empresario quedó un tanto a merced de los buenos oficios oficiales. Cirsa declaró formalmente ser ajena a cualquier situación de lavado de dinero, tema por el que casualmente la investiga en España el juez Baltasar Garzón, basándose en que internacionalmente el negocio de los casinos “constituye una de las principales fuentes de lavado de dinero sucio en el mundo” según El País de España
Desde aquel paro del Sindicato de Obreros Marítimos, Lao Hernández es socio de Cristóbal López. Si Alfredo Yabrán sabía que el mayor poder lo tiene quien pasa desapercibido –no se olviden de Cabezas- hay varios empresarios actuales que siguen esa conducta. “De Cristóbal López hay una sola foto” cuentan los trabajadores del casino, que armaron con ella varias pancartas donde se lee “Kristóbal”. Datos: se lo supone de 48 años, hijo de españoles, nacido en Comodoro Rivadavia donde su familia vendía verduras y pollos. Su actual socio en la petrolera Oil M&S, Fabián de Sousa, declaró a la revista Fortuna, que López es un hombre tremendamente trabajador y que, en todo caso, su crecimiento no empezó con este gobierno. La leyenda cuenta que su primer negocio ocurrió a los 19 años (durante la dictadura), cuando logró representar a la empresa familiar para convertirse en proveedor de YPF en Comodoro Rivadavia, y terminó asociado implícitamente al petrolero Diego Ibáñez. De allí en más, con indudable audacia y apoyos poderosos, López fue construyendo su fuerza a través del juego, las tragamonedas, luego los casinos, compra de inmuebles y campos y esa biografía un tanto enigmática lo pone hoy como titular de Oil M&S, empresa que junto a otro desapercibido, Lázaro Báez, se adjudicó 15 de 16 pozos petroleros licitados en la provincia de Santa Cruz en 2006 (cada lector puede imaginar quién levantó el pulgar para aprobar la licitación). López tiene un avión que Kirchner conoce de memoria como candidato, posee empresas de transporte de carga, de turismo santacruceño, recolectoras de residuos, barrios privados, campos, exporta aceite a Italia, tiene más de la mitad accionaria de un canal de cable de Comodoro, y el diario El Patagónico. Es socio en el Hipódromo privatizado de Palermo con Federico de Achával, ganó proyectos de exploración petrolera en Brasil, y se lo supone eje del proyecto de energía eólica Vientos de la Patagonia, impulsado por el ministro Julio De Vido. Si el kirchnerismo intenta, como sostienen tantos pensadores, reconstruir algo parecido al peronismo, la clase trabajadora estaría representada por señores como Hugo Moyano, o su prole, y la burguesía nacional por empresarios como Cristóbal López. El fin de este relato queda abierto.
Revista Mu
MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo


Ley de Tierras y después: Cambio de tema
Durante meses el gobierno logró imponer los temas, los tiempos y las preguntas. Hasta que una discusión sobre la tierra parió otra cosa. Lo que apareció detrás y después de ese debate no es –solo– una disputa jurídica ni económica, sino una pregunta más profunda sobre la soberanía, la identidad y el futuro. De César Aira a Peter Thiel, una lectura de la actualidad para crear lo que falta.
Por Claudia Acuña

Viaje a la vida en el Paraná II: En modo Costa Pobre
Los incendios y el dragado que rompen el ecosistema, los countries ocupándolo todo, el extractivismo de arena para el fracking, las privatizaciones, la contaminación masiva, la indolencia estatal: el Paraná debería ser un río de todos, pero parece un río de nadie. Navegación desde Escobar hasta las Lechiguanas, pasando por Costa Pobre, barrio popular amenazado, que simboliza mucho de esta historia. Voces e imágenes de quienes siguen defendiendo la vida del aire, el suelo, el agua y la justicia.
Por Francisco Pandolfi
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Atanor condenada por contaminación: La odisea
Más de 200 muertes en seis manzanas del Barrio Química, la contaminación probada del agua, aire y suelos, y el “daño irreversible” al Paraná en San Nicolás ratificado por la Corte Suprema bonaerense. La sanción económica es mínima para una multinacional (equivalente a dos camionetas) pero está por comenzar la causa penal a sus ejecutivos. Lo que cuentan el barrio y el abogado Fabián Maggi sobre este viaje de más de una década para que no haya impunidad.
Por Lucas Pedulla
Fotos: Sebastián Smok/lavaca.org

Agroecología en Misiones: El libro de la selva
Una cooperativa agroecológica de quince familias produce alimentos sin químicos en medio de la selva misionera y muestra cómo cultivar de un modo sano y rentable. Unión Campesina, los secretos de la tierra, la casa de las semillas, y una decisión: hacer mucho y hablar menos. El método del Fukuoka misionero. ¿Cuál es la rueda que está girando?
Por Francisco Pandolfi
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Delia Tedín, decoración, política y clases altas: Mucho gusto
Con tupido árbol genealógico y privilegios de cuna, aprendió el valor de la diversidad y la rebeldía frente a un ambiente que “olía a odio”. Eligió su propia vida como decoradora, sin perder nunca de vista el contexto social. Sus pasiones: fomentar el trabajo y la creatividad del país, y combatir la idea de que las personas tienen la culpa si les va mal en estos tiempos. Conversación sobre bombas, estupidez, poder, Nerón y el arte de mantener los ojos abiertos.
Por Sergio Ciancaglini
Fotos: Juan Valeiro

Carne de cañón: las víctimas travestis-trans de la dictadura
A 50 años del golpe de Estado, el Archivo de la Memoria Trans reunió en un libro testimonios individuales, relatos colectivos y el registro del Juicio Brigadas, el primero que toma como víctimas del terrorismo de Estado a mujeres travestis trans. El libro no habla solo de violencia, sino también del humor, la amistad, la resistencia y las formas que ellas inventaron para poder seguir vivas. Pistas sobre dónde encontrar claves para el futuro.
Por Evangelina Bucari

El libro La nueva oligarquía: Tecnopoder
¿Quién gobierna el mundo? ¿Qué transformaciones y deformaciones de la democracia se están intentando? ¿Qué pasa con la soberanía? ¿A quién hay que vigilar? Temas de La nueva oligarquía, del sociólogo argentino Ariel Goldstein y editado por Marea. Aquí, fragmentos que invitan a su lectura para bucear varios dilemas del presente.

Zoe Hochbaum: Comerse el mundo
Actriz, bailarina, escritora, productora: 27 años, una nueva película y un programa de radio. Zoe puede oscilar entre la comedia con flamenco, los monstruos literarios y la reconstrucción de los vuelos de la muerte. El homenaje al radioteatro, y el ejercicio de la amistad como salvavidas para los tiempos en los que la realidad parece querer fagocitarnos.
Por María del Carmen Varela
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Crónicas del Más Acá: Rambo al sur
por Carlos Melone
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
Nota
MU 213: Movete

Son personas que se organizan y se movilizan para defender derechos de toda la
sociedad. Son quienes sufren palos, gases y humillaciones por estar de pie. Quienes
crean respuestas donde hay impotencia y nuevas palabras para definir el futuro.
Nuestro homenaje: reunirlas y escucharlas.

Mover el mundo: Cumbre de imprescindibles
Jubilados, discas, asambleístas ambientales, travas, familias víctimas de femicidios y el papá de Pablo Grillo: reunimos a quienes se movilizan y no abandonan la calle a pesar de los palazos y de la falta de respuestas. Quienes marcan una agenda por abajo que es a la vez un rumbo y un llamado a la acción, y también a la unidad. Frente a la dispersión, voces que hablan de un horizonte común, más acá de la política partidaria, para repensar la democracia y la forma en que resistimos.
Por Claudia Acuña

Del dicho al hecho: Los crímenes de odio baten récords
En 2025 se produjeron 227 crímenes de odio contra personas de la comunidad LGTBIQ+: 60% más que el año anterior. El combustible: la violencia y discriminación desde el gobierno, empezando por el Presidente, y el desmantelamiento de políticas públicas. La precarización de la vida privada y lo que ocurre cuando el Estado se retira.
Por Evangelina Bucari

Comunicacción: Unión de Medios Autogestivos
Siete medios de todo el país nos reunimos para crear transversalidad, proyectos y compartir ideas sobre cómo hacer periodismo en tiempos mileístas y más acá: el cooperativismo, las comunidades, el territorio, la agenda propia. ¿Cómo crear valor, generar puestos de trabajo y sostenerse cuando todo se cae? Lo que representan estos diarios, revistas, agencias y periodistas todoterreno que resguardan lo mejor del oficio, por fuera de Tik Tok y los streamings de turno.
Por Lucas Pedulla

Ojos bien abiertos: Tadeo Bourbon, fotógrafo
Fue uno de los premiados por el World Press Photo por una imagen que podés ver en la página siguiente. La historia de Tadeo y de aquel día de marcha, represión, golpes y gas pimienta. De la moto, los casamientos y otros empleos, al contexto profesional y a la vez emocional que alimentó ese click al que llamó La Argentina de Milei.
Por Sergio Ciancaglini

Alerta verde: MU en Misiones
Desde que asumió Milei, el precio que se paga a productores y trabajadores está desregulado. Cómo impacta esto en una industria ya precarizada, y lo que genera: éxodo rural, desarraigo, pobreza. Crónica de una época desde un territorio olvidado y en lucha.
Por Francisco Pandolfi

Mondiablo: Juicios contra el Roundup de Monsanto/Bayer
Las pérdidas millonarias de Bayer por las demandas vinculadas al glifosato vuelven a poner en escena una historia que lleva décadas: evidencia científica, fraude corporativo, lobby político y daños sanitarios y ambientales a escala global. Mientras avanzan nuevos acuerdos judiciales y Trump sale al rescate de la compañía, el herbicida sigue presente en cuerpos, territorios y alimentos.
Por Anabel Pomar

Anti algoritmo: Cineclub Mabuse
Hace 25 años que Uriel Barros proyecta películas en Súper 8 en festivales, centros culturales, escuelas, bares y espacios under. Una defensa artesanal y colectiva del cine frente a las plataformas, los algoritmos y el consumo individual. Terror, ciencia ficción, muñecos malditos y películas que todavía necesitan ser vistas.
Por María del Carmen Varela

Monte Hermosa: Josefina Lamarre
Editó el álbum Yin Yang y también le cantó (en contra) al amor extractivista. De la tevé en piyamas a la comedia musical, la perfomance, el Hotel Faena y las coplas chismosas. Lo que surgió de una ducha y la convivencia entre lo tanático, lo erótico y lo vital.
Por María del Carmen Varela

Biblias.
Por Carlos Melone

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