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Gatillo fácil de Cristian Toledo: una marcha para exigir justicia y parar a la policía

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Cientos de personas marcharon con antorchas y velas desde la villa 21 de Barracas hasta el Ministerio de Justicia y Seguridad de la Ciudad con una consigna concreta: “Basta de gatillo fácil”. Cristian Toledo tenía 24 años y fue asesinado por el bombero de la Policía de la Ciudad Adrián Otero luego de salir a bailar con sus amigos. Otero los persiguió a tiros pensando que eran delincuentes. Qué significa este caso, el incremento de la violencia policial, la discriminación y el racismo, la inseguridad hacia las fuerzas de seguridad y el rol del periodismo.
Hace unos minutos que la columna de cuerpos, rostros, pies y manos con carteles y banderas y remeras partió por la avenida Osvaldo Cruz desde la Parroquia de la Virgen de Caacupé -o de la Caacupé a secas, como le dicen en la villa 21-, y un mar de aplausos la abraza cuando llega al cruce de las avenidas Vélez Sarsfield e Iriarte. Aquí hay otra columna de gente, también con carteles, también con banderas, una misma cara y una misma frase: «Justicia por Cristian Toledo. Basta de gatillo fácil». Los aplausos también llegan de autos que pasan, de las puertas de las casas abiertas, del kiosco de la esquina, de la despensa, de la panadería, de un barrio entero, mientras un carro de tres ruedas con parlantes cuenta el reclamo de esta marcha, que se repetirá a lo largo de 25 cuadras hasta la puerta del Ministerio de Justicia y Seguridad de la Ciudad de Buenos Aires.
Basta de gatillo fácil. En este caso el bombero Adrián Gustavo Otero, que se crea dueño de la vida de otro y se la robe un sábado a la mañana. Que se sienta impune y dispare más de 20 tiros por una discusión de tránsito. “Para qué querés una ambulancia si tu amigo ya está muerto”, le contestó el policía a los amigos cuando desde el piso y esposados le pedían por favor que lo llevara a un hospital.
Gatillo fácil de Cristian Toledo: una marcha para exigir justicia y parar a la policía
Por los parlantes también se escuchan los hechos:

  • Cristian Ramón Toledo Medina, el Paragüita, tenía 24 años.
  • Trabajaba en la ferretería que está enfrente a la Parroquia Caacupé.
  • Salió a bailar con dos amigos la madrugada del 15 de julio.
  • Viajaban en un Alfa Romeo, “viejísimo”, según describe su compañero ferretero Roque Paniagua, 42 años, en medio de la movilización. Con Cristian se pusieron la ferretería hace tres años: “Se ocupaba de todo. Tenía plena confianza”.
  • Algunos medios que siguieron el parte policial informaron que era un delincuente, que había discutido con el bombero de la Policía de la Ciudad Adrían Otero, de 45 años, que manejaba un Renault Logan gris. Lo cierto es lo que explica esta marcha: Otero los persiguió a tiros por cinco cuadras hasta que los hizo chocar en la esquina de Vélez Sarsfield y Santo Domingo.
  • Uno de esos tiros mató al Paragüita.
  • Oficiales de la comisaría 30° encarcelaron a Otero y a los amigos. Luego, el juez Pablo Ormaechea, del Juzgado de Instrucción N°11, ordenó la excarcelación de los jóvenes e imputó por “homicidio” al oficial, que sigue preso.

“El Paragüita era como mi hermano”, dice Fernando, amigo de Cristian, que camina con una de las remeras que vecinos reparten junto a pines con su cara y la misma leyenda de justicia. “Me enteré por teléfono. Me dijeron que había tenido una discusión con un chabón, que los corrió y los mató. Sólo había ido a bailar, ¿entendés? Es algo que no se cree. Él nunca le faltó el respeto a nadie. A nadie. Pero todos te discriminan porque vivís en una villa. O por la vestimenta. Roban adelante de los policías y no pasa nada. Ahora: si te ponés un conjunto deportivo, te paran. Acá es así”.

La voz de las velas

La marcha es en silencio. No hay cantos. Sólo el parlante que a lo largo de diferentes cuadras y diferentes vecinos repite la historia del Paragüita, para que la escuchen todos y todas, mientras pasa canciones de ballenato porque era  «la música que escuchaba». Hay muchas remeras, muchos pines, muchos carteles que piden justicia. Algunas personas llevan antorchas. Otras llevan velas protegidas por el cuello de una botella de plástico que sostienen gracias palos de escoba.
La movilización ocupa más de una cuadra. Hay cientos de personas y una de ellas es Romina, vecina de la 21: “Hay mucha violencia policial. Y se agravó más ahora. Ya porque ellos ven a los chicos que les parecen negritos, con gorrita o vestidos de tal forma piensan que son chorros. Y no es así: hay muchos laburantes, pero los detienen por portación de cara. Ok, de última pedile el DNI, pero no la violencia: son muy violentos y asustan a los chicos. Los asustan, y muchos son chicos chiquitos: ¿cómo entonces no van a salir corriendo cuando ven un policía que los quiere parar?”.
Otro de ellos es Manuel, también del barrio. “Es zarpado: nos tenemos hasta que cuidar de salir a divertirnos en auto. Yo ya lo dejé de hacer: hace un tiempo salimos con unos amigos a jugar al pool en San Telmo, y no habíamos terminado de bajarnos que ya teníamos siete monos arriba nuestro. Nos hicieron tirar al piso. Todo un espectáculo al pedo: íbamos a jugar al pool nomás. Cuando salimos, pasó lo mismo”.
El Padre Toto es una de las personas que encabeza la columna. Antes de salir del barrio dio una misa especial en la Caacupé en la que recordó a Cristian, que había sido bautizado en la parroquia. Ahora habla en medio de la calle. “Vino mucha gente del barrio porque hay una conmoción. El Paragüita era un buen pibe, pero también hay una  sensación de desconfianza en la justicia por otros casos en los que, se sabe, los más humildes no tienen quién los respalde y tienen miedo de quedar fuera de la justicia. Es sentar un aviso de que no tiene que haber impunidad. Estamos mostrando que miramos a largo plazo para que esto se resuelva y no se repita a futuro. Hubo otros casos de represión, de abusos de autoridad, de pegarle a pibes sin sentido y hasta casos de tortura que nos llegan, chicos que les pegan hasta que los liberan. Por eso esta marcha: hay en el barrio una inseguridad para con las fuerzas de seguridad”.

La locura es sistémica

Anochece. La marcha enfila por la avenida Regimiento de Patricios para llegar al 1100 donde está ubicado el Ministerio de Justicia y Seguridad. Faltan dos cuadras para llegar y se divisa que hay otras personas que ya están cortando la calle. Hay carteles: «Queremos la libertad de Nicolás Arriola». Un joven explica: “Lo acusan de un robo que no cometió. Y es mentira, lo conozco desde que somos así de chiquitos. Él es del barrio, de acá de la Boca, y nada más estaba caminando por la calle”.
Las marchas se unen y se abrazan. El reclamo es el mismo. Caminan juntas hasta la reja del Ministerio y un funcionario les dice que van a atender a todos. Familiares y amigos del Paragüita ingresan junto al Padre Toto. “Les requerimos el apoyo a la madre y asistencia”, dice Roque Paniagua al salir. “También que los amigos que viajaban con él tengan la tranquilidad de que no van a sufrir ninguna represalia. Nos escucharon. Había gente de todos los sectores, de prensa, de judicial. Le preguntamos por qué habían dicho que los pibes eran ladrones y dijeron que la información no había salido de ellos. El jefe de bomberos nos dijo que Otero tenía un buen legajo, pero que iba a ser juzgado como cualquiera: todos coincidían en que lo que había hecho era una locura”.
Luego, el Padre Toto llamó a una misa y conferencia de prensa para el martes 1 de agosto en la puerta del Juzgado de Instrucción N°11, que lleva la causa.

El Estado cartera

Roque cuenta que hace dos meses Cristian y sus amigos le pidieron si los podía llevar a bailar. “Los llevé a todos. Ni llegamos a bajar del vehículo que nos encerraron cinco policías en Constitución. Siempre lo primero que se ejerce de parte de ellos es la violencia. No se identificaron: los pibes no sabían qué hacer, y casi se agarran a piñas porque no sabían quiénes eran. No estaban de uniforme, estaban de civil. No sabíamos si nos iban a robar o qué, porque a los pibes les pasa lo mismo que a la gente afuera del barrio. Sienten la misma inseguridad. Después los policías nos pedían tranquilidad y nos decían que habíamos reaccionado mal, cuando ellos ni se habían identificado”.
¿Cómo se puede entender lo que pasó con Cristian en contexto?
-La gente en un barrio como este necesita seguridad, pero que sea coherente y no caiga sobre gente inocente. Por una cuestión de aspecto o una forma de vestirte la gente sufre un maltrato indiscriminado. Acá hay chicos que buscan formas de salir del barrio, de trabajar, de hacer cosas. Por ahí falta una motivación, no sé si de parte del Estado, para incentivarlos. Es un barrio como cualquiera: hay muchos chicos respetuosos, como Cristian, algunos que capaz no les gustó el estudio y buscan algo para hacer. Ahí es donde tiene que estar la presencia del Estado.
-Pero cuando el Estado aparece, la respuesta es represiva.
-Es lo que generalmente pasa en la sociedad. Morochito, un corte de pelo particular, por ahí hasta una forma de caminar: listo, es chorro. Y lo vivimos, porque está estigmatizado. No sé quién lo impuso, pero si yo voy caminando por la calle la señora cubre su cartera automáticamente. Y por ahí siento esa incomodidad. Loco, soy un laburante y laburé toda mi vida. Sentís algo por dentro que te da ganas de agarrar a la señora y explicarle que no se cubra. Está estigmatizado en toda la sociedad. Es racismo.   Ok, queremos seguridad para la gente de afuera y de adentro del barrio. A mucha gente de adentro también le roban, con todo su trabajo, su jornal, su paga semanal. No estamos en contra de la policía, el tema es que vean a quién le dan el arma.
La entrevista termina pero Roque pide que prenda el grabador otra vez.
Pide que quede registro de lo que quiere decir.
Y dice: “Lo que a mí me causa incomodidad es cómo algunos medios que tendrían que estar acá no están. Me parece que hay un silencio, como que esto tiene que quedar acá, encerrado en el barrio, y eso te da bronca. Como que quedemos aislados y que esto no repercuta en ningún lugar. Ahí te das cuenta cómo nos sentimos de marginados: sos de un lugar que no importa ni interesa. Nos cansamos de llamar medios y ninguno vino. Salvo ustedes, las radios comunitarias. A todos los demás no les interesa. Acá hay un pibe simple, y se nota que eso tiene poca importancia”.
Roque habla del asesinato de su amigo que los medios quisieron hacer pasar por delincuente para justificar un asesinato policial, en medio de la marcha que exige basta de gatillo fácil y cierra así una semana atravesada por la operación mediática del programa de Jorge Lanata con un niño de 11 años con problemas de adicción, que denunció el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) de Lanús.
Por eso Roque pide que quede registro.
No sólo la marcha exigió justicia.
Exigió, también, la dignidad del periodismo.

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MU 215: Sin chamuyo

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MU 215: Sin chamuyo
Este número 215 de MU ☝️viene con doble tapa, que podría ser una frase: Sin chamuyo, a remarla.




MU 215: Sin chamuyo

Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va

Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.

Por Francisco Pandolfi




MU 215: Sin chamuyo

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema

Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.

Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país. 

Por Sergio Ciancaglini




MU 215: Sin chamuyo

La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio

La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.

Por Lucas Pedulla




MU 215: Sin chamuyo

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden

La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.

Por Claudia Acuña




MU 215: Sin chamuyo

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película

Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.

Por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Un biodrama del presente: Puta madre

La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.

Por Evangelina Bucari




MU 215: Sin chamuyo

La Cogolla: Flor de cultivo

Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.

por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Desentendimiento: Fingir demencia

Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.

Por Franco Ciancaglini

MU 215: Sin chamuyo

Crónicas del Más Acá: Parlantes

Por Carlos Melone

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MU 214: Mujer maravilla

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Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?




MU 214: Mujer maravilla

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz

Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.

Por Francisco Pandolfi




MU 214: Mujer maravilla

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich

El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.

Por Lucas Pedulla




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Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez

“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.

Por Evangelina Buccari




MU 214: Mujer maravilla

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina

La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.

Por Bernardina Rosini




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El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.

Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta

Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.

Por Sergio Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

El trava power: Las Simbióticas

Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.

Por María del Carmen Varela




MU 214: Mujer maravilla

Ser de luz: Nina Suárez

Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.

Por Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Crónicas del más acá: GPS

Por Carlos Melone

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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