Nota
El primer arrepentido: cuadernos, corrupción y violencia
Los arrepentimientos empresarios analizados desde la mirada de un caso anterior: la llamada Mafia del oro reveló en los 90 un entramado de corrupción y complicidad entre empresarios y funcionarios menemistas. Enrique Piana, propietario de la prestigiosa Casa Piana, fue capturado en Estados Unidos en 1997 acusado de estafas y contrabando que efectuaba desde Argentina. De la mansión en el Boating, el yate y los Rolex de 12.000 dólares, pasó a quebrar y conocer las cárceles norteamericanas. Su experiencia, comparada con los arrepentimientos actuales. Desde Tailandia, datos para entender la Mafia del oro y las impresiones de Piana sobre los empresarios, la justicia, el sistema, y el origen de la violencia. Por Sergio Ciancaglini.
“Lo que más me llama la atención de lo que se ve de la Argentina no es lo de los cuadernos, la corrupción y las coimas. Lo peor es la violencia que significa todo eso. Pero nadie habla de eso que, para mí, es mucho peor que la violencia de un tipo que sale con un revólver a robar”.
Enrique Piana está en Tailandia rodeado de selva y preguntas. Vive en la choza que le presta un ilustrador sueco en el fondo de su casa. Tiene anteojos de armazón rojo, está rapado y luce mostachos puntiagudos: “Soy un Caparrós trucho”, explica, aunque podría atribuírsele también un aire al Dalí hecho máscara en la serie española La casa de papel.

Enrique Piana hoy.
Su fortuna personal en el momento de la conversación por Internet asciende a 3 euros: logró cobrar 20 por la venta de uno de sus libros digitales (Enrique Piana y su media valija), pero gastó 17 en abastecer la heladera. Está al tanto de las novedades argentinas y no se recupera del asombro: “Yo veo lo que dicen de los empresarios que se presentan y se vuelven a la casa, pero no me parece un arrepentimiento sino un negocio”.
Cuando fue declarado culpable en Argentina en diciembre de 2006, Piana dijo ante los jueces Jorge Pisarenco, Carlos Schlegel y Susana Castro de Pellet Lastra: “Quiero pedir perdón a mis hijos, a mi familia y a la sociedad, porque la Argentina no se merece lo que nosotros hicimos”.
Y agregó: “No está bien cagarse en todos”.
El arte de endeudarse
“Aquí se narra la historia de Enrique José Piana: argentino.
Nacido el 26 de abril de 1954.
Casado, divorciado, dos hijos.
Su ascenso en una empresa familiar de gran prestigio.
La forma en que organizó una estafa de antología.
El pago de coimas, la compra de impunidad.
El modo en que construyó una fortuna personal y cómo la perdió.
Su vida en prisión.
Su rol como testigo arrepentido. (…)
Su regreso a la Argentina.
Y algunos otros sucesos».
Así comienza Confesiones de oro – La mafia del oro contada por Enrique Piana, el libro que escribí durante 2001 en los ratos libres que me dejaba el derrumbe del país, publicado en agosto de 2002. Fue la descripción y el reconocimiento de Piana sobre cómo delinquió con un entusiasmo enfermizo.
El libro fue producto de 29 horas de entrevistas con él grabadas en Long Branch, Estados Unidos, en la era del cassettte. A Piana le habían otorgado libertad vigilada y vivía en un monoambiente del que solo podía moverse en un radio de un kilómetro –y a ciertas horas- con grillete electrónico. Durante un año, intercambiamos más de 1.500 mails de preguntas y respuestas en aquella Internet paleolítica.
Ahora Piana me envía un Whatsapp grabado: “¿Cómo es esta historia? Yo me arrepentí sin ningún beneficio personal. Cuando declaré mi abogado me decía ‘estás loco como una cabra, con todo lo que confesaste no hay forma de defenderte’. Pero lo mío era sincero. Esto de ahora me parece un circo”.
No lo dice enojado, sino riendo.
Breve reseña de andanzas previas, para comprender sus sensaciones actuales. Entre 1993 y 1997 Piana ideó una serie de mecanismos para estafar al Estado y lograr una especie de milagro de mercado: exportaba oro, cuando en Argentina ese metal todavía no se extraía.
Primero, importaba el oro con subsidios.
Luego lo exportaba cobrando reintegros.
Volvía a importarlo y así continuaba la calesita.
El mismo esquema fue utilizado por la empresa Sevel (dirigida por los Macri padre e hijo) con la circulación de autopartes y coches, en lugar de oro.
Los anteojos rojos se sacuden: “A ellos los hizo zafar la Corte de Menem. Pero mirá, si hablamos de eso, los macristas van a decir que soy kirchnerista. Y si digo que en el kirchnerismo hubo corrupción van a decir que soy macrista. Está todo muy loco”.
Lo dice una persona que gracias al entramado de estafas, contrabando, falsificación descomunal de facturaciones y coimas a funcionarios aduaneros y políticos (entre otros hallazgos a los que llamaba “desarrollos creativos”), llegó a tener un caserón en el Boating Club, varios Mercedes, un yate con el que se iba a pasear a las Islas Vírgenes, los Rolex de 12.000 dólares, viajes cotidianos a París para cenar en restaurantes exclusivos (en esa época aún resplandecía La Tour d’Argent) con vinos de 1.000 euros la botella, y la sensación de que no había límites para seguir creciendo.
El apogeo económico de Piana contó con otra herramienta: la facilidad para endeudarse. “Yo no decía ‘debo un millón de dólares’, sino ‘tengo un millón de dólares’”. Esta posibilidad de creer que contraer deuda es tener dinero forma parte de la genética argentina y es una de las tantas cosas que permiten enlazar la historia de Piana con la de una época, que acaso también es ésta, en la que habrá que pagar unos 40.000 millones de dólares de deuda externa de aquí a 2019 que nadie sabe de dónde saldrán. O mejor, ni saberlo.
El síndrome Yabrán
El caso de la Mafia del oro cobró notoriedad en 1996 por un ataque al fiscal Pablo Lanusse (recibió heridas de cuchillo en la cara y un brazo) y, sobre todo, por el secuestro de su hermana Patricia, a quien obligaron a escribirse con un cortante en la frente la palabra “ORO”.
El propio fiscal reconoció que nunca pensó que Piana hubiera ordenado esos atentados, sino que fueron una maniobra de distracción motorizada por el empresario Alfredo Yabrán como parte de una disputa con Domingo Cavallo, el ministro de Economía de Menem. Cavallo propiciaba la llegada de competidores norteamericanos de las empresas de Yabrán. Como contragolpe, el escándalo del oro era un modo de apuntarle a Cavallo quien se había mostrado impávido ante la fiesta de reintegros, sobrefacturaciones y lavado de dinero. Las internas en el menemismo con respecto a estos temas no eran de salón. Todo esto había sido investigado por Marcelo Zlotogwiazda en su excelente libro La mafia del oro.
El argumento de Piana: “Yo lo veía como un partido de fútbol por arriba mío entre Yabrán, el menemismo y Cavallo. Y me parece que yo era la pelota”. Lanusse se sentía del mismo modo. Piana: “Jamás hice algo así. Hice mil cagadas, el hecho de robar y contrabandear en sí mismo fue un hecho de violencia, pero nunca atacar a nadie. Y cuando hicieron eso contra los Lanusse fue que empecé a hundirme”.

La tapa del libro Confesiones de oro.
Los presos VIP
El desarrollo creativo se cortó definitivamente en 1997. Piana hizo un viaje romántico a Nueva York con su pareja de entonces, a la que le había obsequiado una operación de siliconas a la que llamaba “tetas nuevas”.
Al llegar al aeropuerto Kennedy, Piana descubrió que lo estaban esperando ya que la aduana había detectado la maniobra que le permitía exportar chatarra metálica en lugar de oro a Estados Unidos. Lo hacía en complicidad con la empresa norteamericana Handy & Harman, asociada a Casa Piana en Refinerías Riojanas, emprendimiento inaugurado por el entonces presidente Carlos Menem.
Cuenta Piana: “El fiscal Noel Hillman (actual juez en New Jersey) me mandó preso, como para ablandarme. Fue muy duro, en cárceles pesadas, hasta que acepté colaborar, o arrepentirme. En ese momento, la verdad, no era un arrepentido de corazón, sino un empresario que estaba negociando una mejor condición. Además, no me quedaba otra”.
Durante varios meses, cada miércoles, Piana se reunió en la Union County Jail de New Jersey con Hillman, agentes de inteligencia aduanera y funcionarios judiciales que lo interrogaban y chequeaban detalles de cada transacción para armar la causa que tenía como destino principal a los implicados norteamericanos de la estafa: Handy & Harman y el banco MTB (Manfra, Tordella & Brooks) que ganó fama también como eslabón financiero los casos de tráfico de armas a Ecuador y las coimas del caso IBM-Banco Nación, entre otros.
Piana pasó casi cinco años entre cárceles y libertad vigilada con tobillera electrónica. Considerado culpable, y con el tiempo de detención cumplido, fue extraditado a la Argentina en 2002, donde lo aguardaban las causas locales, reactivadas por la notoriedad de su captura en Estados Unidos.
“Yo expliqué todo el businesstruch”. Confesó que pagó coimas a funcionarios aduaneros, denuncia no muy exitosa: los funcionarios fueron ascendidos. También reveló que le pagaba a Alberto Kohan, secretario general de la Presidencia durante el menemismo 30.000 dólares mensuales (dólares de hace 23 años) por una supuesta protección política.
Al ser extraditado desde Estados Unidos pasó otros dos años preso en la llamada “cárcel VIP” de Gendarmería en el puerto de Buenos Aires. “Ahí estuve con Carlos Grosso que me dijo: ‘sos el único empresario que reconoció responsabilidades en la joda’. Ahora, por lo que vi en televisión, parece que Carlitos está en la mesa chica de la Rosada, asesorando directamente a Macri. También estaba con nosotros el ex juez Hernán Bernasconi, que ahora está cerca del Papa”.
Grosso había sido detenido por asociación ilícita en la entrega de concesiones cuando fue intendente porteño, y Bernasconi por fraguar pruebas en casos de consumo de estupefacientes como el de Guillermo Cóppola y Alberto Tarantini.
La población supuestamente VIP de Gendarmería incluía, entre otros, a Enrique Mathov, secretario de Seguridad de Fernando de la Rúa, hombre que defendía el uso de armas de fuego contra los manifestantes y fue condenado por los homicidios provocados por la represión del 20 de diciembre de 2001.
Otro huésped del pabellón fue Enrique Arancibia Clavel, agente de inteligencia chileno condenado en Chile por coordinar al grupo de asesinos que mató al general René Schneider en 1970. Había sido liberado por Pinochet en 1973, vivió en Argentina y participó en el atentado en el que fueron asesinados el general chileno Carlos Prats y su esposa Sofía Cuthbert en Buenos Aires (1974). El crimen fue perpetrado junto a la CIA a través de otro agente, Michael Townley. Arancibia Clavel fue condenado a prisión perpetua.
Actualiza Piana: “El chileno estaba conmigo en Gendarmería, salió libre, se quedó viviendo en Buenos Aires, y lo mató un taxi boy”. Fueron 34 puñaladas, en 2011.
Corrupción en tiempo presente
“Yo no fui un arrepentido virtual”, explica Piana desde Tailandia. “Hablé en Estados Unidos y hablé en Argentina. No sacaba ningún beneficio sino que reconocí lo que hice. De acuerdo a mi experiencia con los norteamericanos, lo que están haciendo ahora con los arrepentidos me parece poco profesional”.
Piana se ha dedicado en los últimos años a escribir libros de tono espiritual como la serie Pepito Sentinfante o Enrique Piana y su media valija que vende a través de su blog en Internet. “Me las voy arreglando porque mucha gente me ayuda y hace donaciones. Vendo los libros virtuales. Paso algún tiempo en Irlanda del Norte, cuidando hostels a cambio de alojamiento y comida. Así estuve en Albania, Marruecos, Berlín. Si junto plata para el pasaje, trataré de ir antes de fin de año a Gran Canaria donde otra amiga, Andrea, me ofreció su hostel para que viva allí un tiempo. A veces mi hijo Matías me manda algo (vive en Australia donde instaló una empresa de catering de comidas típicas argentinas). Ahora hace varios meses que estoy acá en Tailandia, que es baratísimo, en la choza que me prestó Saard Nilkong en el fondo de su casa. Es el ilustrador de uno de mis libros. Un tipo bárbaro: recién me dejó tres bananas”.
Internet es la ventana que le permite a Piana trabajar con su notebook y estar conectado a los sucesos argentinos: “Lo que se ve con el tema de la corrupción es que no hay tratamiento equivalente. Unos son mejor tratados que otros. A los políticos les pegan duro y a los empresarios los sueltan enseguida. Pero para que haya coimas hay dos culpables. Vos podés pensar que el Estado tiene más responsabilidad, por representar a la gente, pero los empresarios no son inocentes”.
Un argumento que se suele deslizar en estos días postula que los empresarios fueron extorsionados por los funcionarios para pagar los llamados retornos.
La respuesta de Piana es posterior a unas carcajadas: “Mirá: el empresario quiere ganar la guita lo más rápidamente posible. En Argentina y en todo el mundo. Es lo único real. Los de Handy & Harman eran tan chorros como yo. Y si se te presenta un tipo del Estado que te permite duplicar la facturación, vas para adelante. En estos casos nadie extorsiona a nadie, no seamos ingenuos”.
Una suposición: “Puede ser que en algún momento los políticos dijeran ‘poneme para la campañita’, pero los empresarios hacen lo que quieren, es un sistema”.
Una cuestión que hasta ahora no se mencionó, según Piana: “El tema del IVA y las facturas truchas va a tener que aparecer, porque ¿cómo hacés para sobrefacturar y ganar fortunas sin pagar impuestos demenciales? Así como la parte financiera iba para los políticos, está faltando que los empresarios digan cómo hicieron para coimear, sobrefacturar y pagar impuestos. ¿Cómo hacían para sacar 8 millones, 10 millones, 300 millones de una cuenta? O necesitás facturas monstruosas, o tenés guita negra en un paraíso fiscal: a mí, que no me la cuenten”.
El modelo de la violencia
“La corrupción y el robo, como lo hice yo y como lo hacen estos empresarios y políticos, es terrible, es pura violencia”, sigue Piana.
“Pero nadie habla de esa violencia que es mucho peor que la del pibe que sale de la villa con un trabuco para robar un par de zapatillas, o que la de los que te afanan el teléfono y se escapan corriendo en moto. Para la gente esos son los violentos. Pero todo esto que se está mostrando tiene mucha más violencia, porque es la violencia que genera las otras. Los pibes quieren salir de la miseria y del maltrato. Pero ven por televisión a estos otros pibes, los empresarios y políticos, que ganan millones y millones de dólares y no les importa absolutamente nada de lo que le pasa a la gente. Porque esa es la verdad. Entonces los que miran esto, dicen: ‘Ah, este es el modelo’”.
Teoría sobre el arrebato: “Los chorros te arrebatan un teléfono. Pero estos empresarios te arrebatan un país. Es muy raro ver que los medios aparecen casi defendiendo a los empresarios, siendo que ellos saben que ese arrebato existe. Es como si cada vez se robaran tres provincias, cuatro empresas, dos puertos”.
Sostiene Piana que el espectáculo tiene signos pornográficos: “Valijas de un lado para el otro, empresarios, políticos y también la Justicia, aunque de eso todavía no se habló, y te lo digo porque aprendí que la corrupción es transversal a todos. Y después dejan sin castigar a muchos de los que los que estuvieron en el circuito. Es un acto de violencia superior, en el marco de gente de traje, paqueta, hijos de familias de buena posición, que estudiaron en universidades privadas o en el exterior, pero que son absolutamente violentos en lo que hacen. Porque además no tenés riesgo. El pibe chorro se la juega con la policía. El empresario es amigo del presidente, de los ministros, tiene abogados y jueces que lo cuidan, fiscales que no lo acusan. Está muy protegido. Esa es, para mí, la violencia”.
Dinero, destrucción & egodultos
¿Qué explicación se da para los hechos que él cometió y para los actuales? “Yo era un adicto al dinero, con una especie de hueco espiritual que llenaba metiéndome en un mundo de transgresión, de mentiras. Mi forma de mostrar valor era teniendo guita. Era el “egodulto” del que hablo en los libros de Pepito Sentinfante: un adulto ególatra, un hijo de puta que no tiene sensibilidad ni le importa nada de los demás, sin conciencia, un tipo deshumanizado”.
Piana apunta al presente: “Mirá estos empresarios en lo que se metieron. Van a tener que vender sus empresas por monedas, salen en los diarios, sus familias se quieren morir. Todo para tener más y más, al final no se sabe para qué mierda. Yo mismo fui así: hice sufrir a mi familia, me metí yo también en una situación de sufrimiento absolutamente ridícula. Todo para estar a la altura de un sistema de consumo que solo propone eso: tener más y más cosas. Es una locura muy destructiva”.
Un costado político del tema: “En un mundo deshumanizado, solo vale la plata conseguida del modo más fácil posible. Nada está unido a un valor industrial, o incluso de trabajo. Agarrás 100, lo ponés en un banco o un bono, sacás la guita, comprás otro bono, lo revendés. El trabajo es un desvalor. Fijate que incluso Macri ha puesto su energía en eso. Nadie habla del trabajo: están todo el día hablando de cómo pedir más plata prestada. Creo que el tema de que no haya trabajo es lo básico. No se entiende a qué mundo vamos. Y parece que a nadie le importa, por eso de la deshumanización”.
¿Cómo se sale? “Para mí es un cambio individual. O muchos cambios individuales. Recuperar la capacidad de sensibilidad por los demás, y de buscar un lugar más cómodo para todos. Eso no va a venir de un gobierno. El argentino egodulto tendría que hacerse una autocrítica y salir de la cosa muy hipócrita. Hay un dominio de lo económico que realmente no tiene sentido”. Un recuerdo: “En Italia hicieron el Mani pulite, fue todo el mundo en cana, parecía el fin de la corrupción, y después vino Berlusconi que era igual o peor”.
Por momentos parece que Piana hablara de enfermos al mencionar a los empresarios: “Es que están programados así. Por eso no hay ningún arrepentimiento sincero. Yo entré en ese sistema de enfermedad por el dinero, y salí. Lo que digo entonces es que se puede volver de eso, porque además es mucho más lindo. No la voy a ir de salvador, profeta o Madre Teresa. Pero la verdad es que el camino –no te digo de la felicidad que es medio abstracto, pero sí de cierta paz, de cierta calma- es algo más vinculado a una cosa interior que una cosa externa y de acumular objetos y dinero”.
Reconoce Piana que su propia experiencia posterior a las cárceles le cambió los mapas mentales: “Hice el Camino de Santiago hace siete años, que me marcó mucho con respecto al desapego a las cosas. Me cambió la vida y me liberé de muchas culpas. Pero además, si he podido vivir de este modo es gracias a mucha gente, a muchos amigos y amigas. Es como que entendí que los caminos laterales del pueblo son los que te llevan a la buena gente. Y los centrales, los de Callao y Santa Fe, no te apoyan en nada. El camino principal del pueblo es la miseria. Y en los laterales está el que te ayuda sin preguntarte nada. Es otra idea: compasión, solidaridad, y así me fui encontrando a gente verdaderamente maravillosa”.
La percepción sobre los jóvenes: “Son los que más se dan cuenta de que la gente vive tironeada, haciendo lo que no le gusta hacer, con sensación de falta de libertad. Porque esa cosa mágica del dinero, al final te chupa la vida. Los chicos no quieren ese modelo: tienen los huevos llenos”.
Imágenes sobre los espejos: “Todo esto que pasa podría hacer que nos miremos en el espejo como sociedad, y eso sería bueno. Pero como está la grieta, cada uno ve la parte del espejo que le conviene. Y así sigue la hipocresía”.
Si hay algo que parece molestarlo especialmente es esa historia mediática de la grieta. “Una locura: de eso no quiero saber nada”, dice Piana, que pronto pondrá a la venta el último de sus libros. Se trata de un diálogo con la terapeuta española María Fernández, que no sé si figurará entre los textos de autoayuda, de economía política, o de ciencia ficción: se llama Ani-kill-ando el sufrimiento.
Documental a un año de la represión del 12 de marzo
Imagen sobreviviente: el fotógrafo, el hincha y la jubilada

El 12 de marzo de 2025, hinchadas de fútbol se autoconvocaron para acompañar la marcha de jubilados y jubiladas. Ese día la violencia desplegada por Patricia Bullrich hirió gravemente a Pablo Grillo, Beatriz Blanco y Jonathan Navarro. Este corto documental de Cooperativa Lavaca vuelve a esa jornada y a una imagen de solidaridad que sigue sobreviviendo.
Nota
MU 211: Método Pablo

Todo lo que le salvó la vida a Pablo Grillo, fotorreportero herido tras un disparo de Gentarmería hace un año. Lo que enseña su pelea contra la muerte, que terminó ganando gracias a la solidaridad y una red de salud pública y afecto que sigue viva.

Pablo Grillo: Salvar la vida
¿Qué le salvó la vida al joven fotógrafo atacado por la Gendarmería? La gente que lo ayudó tras el disparo, la que lo atendió cuando se preveía que lo suyo era quedar en estado vegetativo. Los familiares y amigos: la red que estuvo en los momentos más difíciles y armó un mapa de cuidados para salir con solidaridad y energía de la violencia y la oscuridad. Detalles de casi un año destinado a volver a ver esa sonrisa. La recuperación continúa: la vida le ganó a la muerte. Compartimos el QR para releer en lavaca.org la primera entrevista periodística brindada por Pablo. LUCAS PEDULLA

El bordado: Beatriz Blanco, la “jubilada patotera”
Fue agredida por un policía y cayó de nuca al asfalto durante una manifestación de jubilados. La escena se hizo viral como símbolo de la represión de cada miércoles. Beatriz pensó que había muerto pero sobrevivió al golpazo. Una causa instruida por la jueza Servini de Cubría avanza para condenar al policía que la atacó. Fue acusada por Bullrich de “jubilada patotera” y ella lo lleva con orgullo en una remera creada por sus hijas. Tiene 83 años, sigue yendo a la Plaza con su bastón y sus reclamos por una vida digna, y hace bordados para reflejar cosas alegres. LUCAS PEDULLA

El aguante: Jonathan Navarro, herido durante la represión
Un oficial de Prefectura le disparó a la cabeza durante la manifestación de hinchadas y jubilados, la misma en la que tiraron al piso a Beatriz Blanco e hirieron a Pablo Grillo. Perdió la visión del ojo izquierdo para siempre. Jonathan Navarro fue aquel día a la calle convocado por hinchas de su club, Chacarita, e indignado porque a su papá le habían sacado el acceso gratuito a los medicamentos. Hoy está desocupado. “Pero no me arrepiento de haber ido”. LUCAS PEDULLA

Renacer es posible: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur
Fue la fábrica Aurora Grundig, la del televisor “caro, pero el mejor”. Colapsada tras el menemismo, sus trabajadoras y trabajadores organizados en cooperativa la recuperaron para resistir el abismo del desempleo. Hoy enfrentan más de lo mismo. Pero son 133 personas, crearon un bachillerato, consiguieron 60 viviendas. El industricidio visto desde la óptica de quienes logran llevar adelante lo que la patronal hundió: otra forma de crear y sostener trabajo, en una isla que el gobierno busca despoblar. FRANCISCO PANDOLFI

En movimiento: Movilizaciones 2026
Más allá de todo el protocolo de represión oficial las calles fueron otra vez, durante este verano 2026, un lugar de expresión y reclamo frente a la crisis que está ocurriendo en el país y en una sociedad muchas veces vapuleada por las políticas del gobierno. Algunas imágenes para recordar estos días que todavía no sabemos qué historia terminarán escribiendo.

Crecer bajo el terror: Infancias y dictadura
Un grupo de hijos e hijas de desaparecidos comenzó un proceso judicial para que el Estado reconozca que la violencia ejercida sobre esas infancias también constituyeron delitos. Es un proceso inédito que llega luego de un análisis y reconstrucción de testimonios sobre cómo funcionó el terrorismo de Estado en sus operativos, cautiverios y crímenes. Una investigación crucial que reúne los testimonios de Teresa Laborde, María Lucía Onofri, María Eva Basterra Seoane y Dafne Casoy. EVANGELINA BUCARI

Carta abierta: Masacre planificada 2026
Retomamos la Carta de un Escritor a la Junta Militar –enviada por Rodolfo Walsh el mismo día de su desaparición– para trazar una sintonía con el actual modelo económico. Lo ya vivido, frente a un presente alucinado. Y algunas pistas para intentar encarar lo que se viene. SERGIO CIANCAGLINI

Politizate: La Kalo
Es actriz, performer, canta, baila y agita en las calles y en las redes para combatir al fascismo y a la política tibia. Es drag y “vieja bruja”. Habla sobre dopamina, lucha de clases, therians, cultura, haters y kiosqueros. Historia y terapias para pelearle a la tristeza. FRANCO CIANCAGLINI

No podrán: Luciana Jury
Cantante y compositora con base en el folclore, causó revuelvo en el Festival de Cosquín por sus críticas al gobierno. La sobrina de Leonardo Favio y cómo protegerse y tejer alianzas en tiempos de hate, para que la cultura popular no solo resista sino también haga florecer. MARIA DEL CARMEN VARELA
Cabo suelto: Crónicas del más acá
Carlos Melone
INFORME ENERO-FEBRERO 2026 DEL OBSERVATORIO LUCÍA PÉREZ DE VIOLENCIA PATRIARCAL
Temporada de femicidios

Por el Observatorio Lucía Pérez de Violencia Patriarcal (https://observatorioluciaperez.org/)
Durante el verano de este 2026 sufrimos un femicidio y una tentativa de femicidio cada día y medio. Un promedio alarmante que, además costó la vida de cuatro criaturas; tres de ellas apenas superaban el año.
Las víctimas tienen un rango etáreo que va de los 78 a los 17 años y dejaron a 16 infancias huérfanas.
Los datos: enero y febrero suman 43 femicidios y 43 tentativas de femicidio.
No son cifras. Son vidas, como la de Natalia Cruz (foto principal), en Campo Quijano, Salta: su hermana también fue víctima de femicidio años atrás. Hubo marchas para exigir justicia durante casi todos los días desde el día del crimen en que se fugó su asesino –17 de febrero– hasta ayer, cuando finalmente lo atraparon, consecuencia de haber logrado con estos reclamos que la fiscalía ofrezca una importante suma de recompensa por información sobre su paradero.
Lo que deja este verano también es la condena a perpetua por los femicidios territoriales de las hermanas Estefanía y Marianela Gorosito, de 25 y 28 años, en Rosario, Santa Fe, la ciudad más castigada con este tipo de asesinatos.

Estefanía y Mariela Gorosito, dos femicidios territoriales en Rosario.
Así el Poder Judicial reconoció por primera vez y explícitamente la relación entre la violencia del narcotráfico y la de género. Tal como expuso claramente el fiscal Patricio Saldutti “Estefanía y Marianela fueron asesinadas en un contexto de violencia de género extrema. Fueron tratadas como moneda de cambio o como mensajes enviados a través de sus cuerpos para saldar deudas. El desprecio por su condición de mujeres es evidente en la forma en que fueron captadas, trasladadas y descartadas como si sus vidas no valieran nada”.
El condenado es Pablo Nicolás Camino, de 31 años, jefe de una cédula de la banda narco Los Monos, quien ya acumula 40 años de prisión por delitos de homicidio, balaceras y asociación ilícita y está procesado, entre otras causas, por el ataque al supermercado que pertenece a la familia de Antonella Roccuzzo, esposa de Lionel Messi.

Pablo Nicolás Camino, condenado por el femicidio de las hermanas Gorosito.
Pablo Camino ordenó la ejecución de las hermanas desde el penal donde cumple condena. Es decir: estaba bajo la responsabilidad de las autoridades penitenciarias en el momento de organizar el crimen. A Marianela le dispararon ocho veces. A Estefanía, cinco. Sus cuerpos fueron encontrados en un basural al día siguiente de la ejecución.

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