Nota
Conversaciones en el acampe

El centro porteño es escenario de un acampe masivo que refleja parte de la crisis que vive el país. Organizaciones de izquierda y gente no necesariamente encuadrada, se suman a un debate político y mediático que nunca ve con buenos ojos que la gente reclame derechos en la calle, cuando ya no encuentra otro lugar que brinde respuestas. Algunas charlas, imágenes y vaivenes desde adentro de una marcha con incertidumbres, frío y tortas fritas.
Daniel y Yésica toman mate sentados en el cordón de la 9 de Julio, a unos 20 metros del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. Aunque no integran la organización, son parte de la columna más grande del Polo Obrero que va desde ese cordón hasta la Avenida de Mayo, que a su vez es parte de una marcha de decenas de organizaciones que reclaman que se distribuyan de manera urgente las partidas para sostener comedores, se aumenten las asignaciones para cooperativas y se incluya a más personas. Daniel, 54 años, hernia de disco, y Daniela, 31 años, madre soltera, son padre e hija. Son dos de los 17 millones pobres que anunció ayer el INDEC.
A las 9:30 de la mañana el paisaje más amplio incluye:
- Miles de personas que viajaron desde el conurbano, muchas familias, carros de bebé;
- Decenas de organizaciones sociales y políticas de izquierda y, también, de algunas afines al gobierno: “Personas del propio gobierno nos dicen que marchemos”, asegura Daniel.
- Mate o té con torta frita para aguantar el frío otoñal.
- Banderas y bombos que no pararan de sonar, para que se escuche desde las oficinas del edificio con la cara de Evita.
- Carpas y frazadas que indican que aquí hay varios que pasaron la noche y otros que ¿dormirán? hasta mañana.
Sobre la 9 de Julio la masa de gente migra de acá para allá, en bloques; Daniel y Yésica explican los movimientos: “Se van turnando. La otra vez, en la marcha del FMI, nos tocó acampar: estuvo lindo”, dice ella.

Su papá la mira sorprendido, y ella aclara: “…lindo, en el sentido de que no hizo frío”.
Esta vez les tocó a otros guardar los lugares más cercanos al Ministerio. Los movimientos cruzados indican los grupos que se van, cansados, relevados por quienes recién llegan, como Daniel y Yésica: “La otra vez vinimos a las dos de la tarde y nos fuimos a la mañana. Hoy hacemos al revés”.
Si bien están en la columna del Polo Obrero, no militan en la organización. “Me quedé sin laburo en el gobierno anterior, me echaron. Yo me fui a anotar solo al Polo, por un vecino que estaba cobrando hace un año: puso un kiosquito”.
Daniel cobra dos asignaciones: una bajo el paraguas del Potenciar Trabajo (16.000 pesos), orientada a apoyar a trabajadores de cooperativas y emprendimientos comunitarios; y la Asignación Universal por Hijo (5.000 pesos), para su hija más chica.
“Nuestro trabajo es marchar para que se mejoren los salarios de los que trabajan”, define él. “Con el tiempo, podés pasar a una cooperativa”, asegura sobre el proceso.
Está anotado hace un año en una cooperativa en la que no cumple funciones. Su hija cobra únicamente la Asignación Universal y, además de acompañar a su padre, está en la marcha para reclamar nuevas altas en las asignaciones. Tal vez, una le toque a ella.
Además de los 21 mil pesos por mes de estos dos planes sociales, Daniel suma otros miles de changas: “Hago horas extra”, dice un poco en chiste, un poco en serio. “Corto el pasto: ayer me hice dos mil pesos”, cuenta.
Su rol en la columna es el básico: acompañar, dormir, estar en el lugar que le indican. Pero dice que hay otros roles para ocupar, con otros sueldos. Lo menciona como “recategorización”: “Para que te recategoricen tenés que ponerte los chalecos, llevar las banderas, ir a descargar los camiones a los comedores, hacer de seguridad”, enumera. Según Daniel, quienes realizan estas tareas dentro de la organización cobran 32 mil pesos. “Yo no quiero”, define sobre los límites de su compromiso.

Durante muchos años Daniel fue motoquero. “Andaba por acá, por esta zona”, dice señalando al Obelisco. “¿¡Sabés cómo puteaba a los piqueteros!?”, dice entre risas. Vive en Moreno. “La primera marcha a la que fui fue en mi municipio”. Corría el 2017. “Me puse en la columna y me vieron todos. ‘¿Qué haces ahí?’ Tuve que mentir: vine a acompañar a mi hija”. La cosa era más bien al revés.
“No podés faltar, sino, te dan de baja”, comenta y aclara: “Pero siempre te explican bien cómo es: nadie te miente. De la organización te podés ir cuando quieras, pero en tiempos como estos, claro, no tenés mucha opción”, cuenta en relación a la situación personal pero sobre todo, a la situación del país: “Antes que movilizarme, prefiero barrer la vereda”, asegura sobre otro de los trabajos a los que asignan a sus compañeros. “No quiero molestar a nadie”, retoma pensativo. “Pero hoy hay que luchar. Hay gente que no está cobrando”, dice, tal vez pensando en su hija. Más allá de las opiniones que genere, la movilización es la expresión de un problema social de fondo que no solo no encuentra solución sino que tiende a profundizarse. Y es el símbolo de gente reclamando sus derechos en la calle, mientras buena parte de la clase política sigue sin dar respuestas.
Yésica tiene 31 años, una niña de 7 y hace dos meses no encuentra trabajo. Su último empleo fue como cajera en un supermercado chino en Moreno: ganaba 650 pesos por día, de 8 a 21, con un franco los domingos. “Dejé porque era muy poca plata”, dice. Antes trabajó en un Supercompras por 15 mil al mes. “Muchas horas, y no estaba con mi nena”.
Además de la Asignación Universal por Hijo, Yésica cuenta: “Recibo cajas de mercadería que da la escuela: galletitas, dulce de leche, harina, fideos, polenta. La otra vez, que arrancaron las clases, vino una chocolatada”. Estos comestibles (que no son necesariamente alimentos) son fundamentales para el cotidiano familiar desde hace años: “Ya cuando la nena iba al jardín nos lo daban”. También cuenta con la ayuda de su padre.
Daniel hace sus propias estimaciones: “La marcha sabemos para qué es; hay gente que no sabe. Pero la necesidad está para todos. El 20 por ciento no querría tener trabajo. El 70 por ciento de la gente debe estar igual que yo”, calcula, más acá del INDEC.
“Primero, iría a trabajar. Segundo a pedir un plato de comida. Pero la gente se cansó de dar en el tren: de Once a Moreno pasa uno tras otro pidiendo”. ¿Entonces? “Robar nunca es opción”, informa.

Daniel suspira y dice que tiene muchos años. Menciona 1988 y 2001 como comparaciones con el presente. Pero se detiene y niega con la cabeza: “No, no. Porque medianamente este es un gobierno que hace cosas. Lástima que hay una grieta muy grande…”.
Su percepción: “Hay un desprecio. Gente de acá desprecia a la gente que tiene una empresa. Y al revés. Hay una diferencia social muy grande. Hay mucha bronca”.
Daniel vive en el barrio donde nació. Dice que al lado, hace unos 5 años, nació un barrio nuevo: “Creció un montón. Vinieron muchos bolivianos y paraguayos, albañiles. Esa gente salió adelante. Pero generó pobreza en el barrio. A mí no me parece malo, porque son países hermanos”, reflexiona. Y ensaya una explicación: “Antes te cobraban para levantar una pared 200 mil pesos. Y estos (se refiere a las personas bolivianas y paraguayas) te la hacen por cien. Se desequilibró mucho. Estos no te faltan mucho, trabajan hasta los domingos. Son laburantes”.
Daniel cuenta una anécdota sobre un paro de colectiveros que hubo esta semana en Moreno: “Pedían un aumento del 150 mil pesos por mes. ¡Es lo que yo gano en un año!”. Enseguida piensa. “Igual, está bien que reclamen y les paguen lo que hay que pagarles”.
Reencauza la charla: “Esto es muy largo. Primero hay que cambiar la cultura de la gente”. ¿Alguna propuesta? Se ríe: “Podemos hacer la marcha y después dejar todo limpio: eso es trabajo”.
Cuenta que hace poco, otra marcha similar al Ministerio de Desarrollo “benefició a quienes limpian la verdad. Hubo bono de 15 mil pesos”.
De repente, por Cerrito, pasan varios camiones de policía.
Yésica avisa: “Si se pudre, yo me voy”.
Siguen llegando y yéndose distintas personas: cambio de turno.
Algunos miran fotos intentando encontrar dónde están sus compañeros.
Otros hablan por celular: “Después del semáforo, la tercer bandera”.
Alguien reta a un nene.
Otro pisa cenizas y una botella de vino que sirvieron para calentarse la noche anterior.
Algunas mujeres llegan con bolsones de fideos y frazadas para pasar la que viene.
Yésica y Daniel se disculpan; se tienen que ir porque los reasignan en otro lugar.
A la pasada, y mientras calculan que pasarán allí otra noche, con frío y tal vez sin respuestas, le preguntan a una de las mujeres que va llegando:
-¿Qué va a cocinar?
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema?
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org
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MU 213: Movete

Son personas que se organizan y se movilizan para defender derechos de toda la
sociedad. Son quienes sufren palos, gases y humillaciones por estar de pie. Quienes
crean respuestas donde hay impotencia y nuevas palabras para definir el futuro.
Nuestro homenaje: reunirlas y escucharlas.

Mover el mundo: Cumbre de imprescindibles
Jubilados, discas, asambleístas ambientales, travas, familias víctimas de femicidios y el papá de Pablo Grillo: reunimos a quienes se movilizan y no abandonan la calle a pesar de los palazos y de la falta de respuestas. Quienes marcan una agenda por abajo que es a la vez un rumbo y un llamado a la acción, y también a la unidad. Frente a la dispersión, voces que hablan de un horizonte común, más acá de la política partidaria, para repensar la democracia y la forma en que resistimos.
Por Claudia Acuña

Del dicho al hecho: Los crímenes de odio baten récords
En 2025 se produjeron 227 crímenes de odio contra personas de la comunidad LGTBIQ+: 60% más que el año anterior. El combustible: la violencia y discriminación desde el gobierno, empezando por el Presidente, y el desmantelamiento de políticas públicas. La precarización de la vida privada y lo que ocurre cuando el Estado se retira.
Por Evangelina Bucari

Comunicacción: Unión de Medios Autogestivos
Siete medios de todo el país nos reunimos para crear transversalidad, proyectos y compartir ideas sobre cómo hacer periodismo en tiempos mileístas y más acá: el cooperativismo, las comunidades, el territorio, la agenda propia. ¿Cómo crear valor, generar puestos de trabajo y sostenerse cuando todo se cae? Lo que representan estos diarios, revistas, agencias y periodistas todoterreno que resguardan lo mejor del oficio, por fuera de Tik Tok y los streamings de turno.
Por Lucas Pedulla

Ojos bien abiertos: Tadeo Bourbon, fotógrafo
Fue uno de los premiados por el World Press Photo por una imagen que podés ver en la página siguiente. La historia de Tadeo y de aquel día de marcha, represión, golpes y gas pimienta. De la moto, los casamientos y otros empleos, al contexto profesional y a la vez emocional que alimentó ese click al que llamó La Argentina de Milei.
Por Sergio Ciancaglini

Alerta verde: MU en Misiones
Desde que asumió Milei, el precio que se paga a productores y trabajadores está desregulado. Cómo impacta esto en una industria ya precarizada, y lo que genera: éxodo rural, desarraigo, pobreza. Crónica de una época desde un territorio olvidado y en lucha.
Por Francisco Pandolfi

Mondiablo: Juicios contra el Roundup de Monsanto/Bayer
Las pérdidas millonarias de Bayer por las demandas vinculadas al glifosato vuelven a poner en escena una historia que lleva décadas: evidencia científica, fraude corporativo, lobby político y daños sanitarios y ambientales a escala global. Mientras avanzan nuevos acuerdos judiciales y Trump sale al rescate de la compañía, el herbicida sigue presente en cuerpos, territorios y alimentos.
Por Anabel Pomar

Anti algoritmo: Cineclub Mabuse
Hace 25 años que Uriel Barros proyecta películas en Súper 8 en festivales, centros culturales, escuelas, bares y espacios under. Una defensa artesanal y colectiva del cine frente a las plataformas, los algoritmos y el consumo individual. Terror, ciencia ficción, muñecos malditos y películas que todavía necesitan ser vistas.
Por María del Carmen Varela

Monte Hermosa: Josefina Lamarre
Editó el álbum Yin Yang y también le cantó (en contra) al amor extractivista. De la tevé en piyamas a la comedia musical, la perfomance, el Hotel Faena y las coplas chismosas. Lo que surgió de una ducha y la convivencia entre lo tanático, lo erótico y lo vital.
Por María del Carmen Varela

Biblias.
Por Carlos Melone
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MU 212: El fin de un mundo

MU en Tierra del Fuego: todo lo que se ve desde el sur del sur y nos ayuda a entender qué representa Argentina en el mapa geopolítico mundial. Un puerto intervenido, importaciones que matan a la industria, explotación sin control de recursos naturales. La puerta a la Antártida y el significado de Malvinas: lo que está en juego en tiempos de guerra.

El principio de todo: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur
Javier Milei intervino el puerto de Ushuaia sin provocar un rechazo opositor visible. Un sitio clave en la geopolítica y a la vez una caja de 30.000 millones de pesos anuales que mezcla industria marítima, turismo, y la puerta a la Antártida. Los testimonios sobre la falta de control . Hablan el gobernador, funcionarios, trabajadores, ex combatientes. Trump y el misterioso avión, China y los acuerdos, Gran Bretaña adentro, la forma de la crisis y la resistencia contra el vaciamiento de un país.
POR FRANCISCO PANDOLFI

El industricidio: Crónica desde el polo fabril de Río Grande
Un predio lleno de fábricas vaciadas. Trabajadores organizados resistiendo al desempleo, la apertura de las importaciones y la reducción de aranceles de promoción en una provincia que de 16.000 obreros pasó a tener 6.400. Una política que golpea a empresas de todos los tamaños y rubros: tecnológicas, textiles, metalúrgicas, electrodomésticas y electrónicas. Y todo esto sin que todavía se aplique la reforma laboral. Las propuestas para que los propios trabajadores se hagan cargo de las empresas en crisis. Los gestos de solidaridad, las donaciones de quienes todavía tienen empleo, el bingo provincial y cómo se va recuperando desde abajo una idea de hermandad para enfrentar estos tiempos.
POR FRANCISCO PANDOLFI

A contracorriente: La lucha fueguina frente a la industria salmonera
De espaldas a la sociedad y bajo presión del gobierno nacional, la Legislatura fueguina (la misma que en 2021 votó en contra) aprobó un proyecto que permite la instalación de megafactorías marítimas del salmón, uno de los productos que más se exportan al mundo. El impacto ambiental es conocido y hay un ejemplo cercano en la vecina Chile: peces hacinados, contaminación por antibióticos y heces, destrucción de otras especies, y una precarización total de las condiciones de trabajo. El cuadro de situación ante un “pescado químico”, la lucha de la asamblea, y el gobernador que responde sobre los principales contrapuntos.
POR FRANCISCO PANDOLFI

Agroecología en el principio del mundo: El modelo Panchito
Cultiva alimentos y medicinas en medio de temperaturas extremas, sin venenos y con semillas propias: “Una semilla viva significa una familia sana”, dice el productor agroecológico Francisco Pancho Barria. Cosechas asombrosas, zanahorias de 3 kilos, nabos de 12, acelgas de metro y medio de alto. Cómo volver posible lo inimaginable con ideas simples, ancestrales, trabajo a conciencia y sentimiento. La política para la foto, el lugar de los niños, la idea de agacharse, y los números que muestran que la vida sana es, además, rentable.
FRANCISCO PANDOLFI

La guerra invisible: la Antártida en la mira
Juan Rattenbach recoje el guante de su abuelo, autor del Informe Rattenbach que denunció a las jerarquías militares por los errores y delitos cometidos en Malvinas. El significado hoy, con Gran Bretaña ocupando el 25% de la superficie argentina. La Antártida y el Atlántico Sur en la geopolítica actual. El rol de Estados Unidos y China. El ataque a la industrialización fueguina. Dos cuestiones: ¿Cuál es nuestro centro geográfico? ¿Y cuándo nació el pueblo?
SERGIO CIANCAGLINI

Efecto Trump: Valeria Carbone y su mirada sobre EE.UU.
Es doctora y docente de la Cátedra de Historia de los Estados Unidos en la UBA y en la UNLP. Integra grupos de trabajo sobre EE.UU. en CLACSO y universidades en Alemania y México, además de coordinar programas de intercambio internacional. Y acaba de dictar un curso sobre el tema en MU. En esta entrevista explica las movidas de Trump intentando sostener un imperio en crisis en medio de una conflictividad que él mismo provoca o acompaña: Irán, China, Israel, petróleo, Ormuz, Venezuela, OTAN, Malvinas, Antártida. Y hasta el caso de Jeffrey Epstein.
POR LUCAS PEDULLA

Decolonizar el presente: Walter Mignolo y el pensamiento decolonial
En medio de conflictos geopolíticos, disputas culturales y crisis del modelo occidental, el pensamiento decolonial nos recuerda una serie de preguntas fundamentales. Aquí, una conversación breve y magistral sobre la esfera pública, la organización social y las formas de acción colectiva vistas desde una perspectiva para ampliar, o retomar, los horizontes propios.
POR CLAUDIA ACUÑA

Tierras raras: Florencia Levy, artista, y su trabajo sobre el litio
Trabaja con instalaciones visuales y materiales que representan y denuncian las distintas formas del extractivismo. Su trabajo sobre el litio es impactante, pero también investigó sobre el fracking en Vaca Muerta, el basurero del mundo en China y la relación entre el cáncer y el agronegocio en Entre Ríos, motivada por su padre oncólogo. Cómo hablar de temas que casi nadie conoce desde un video o una sala de exposiciones, y hacer algo para transformar miradas, sentimientos e ideas.
POR MARÍA DEL CARMEN VARELA
Patagonia rebelde
Crónicas del más acá por Carlos Melone.

Astrolo-guías: Elisa Carricajo y su nuevo libro sobre Tarot
Dramaturga, actriz y directora, plantea al Tarot como un objeto “popero” e invita a jugar y llenar de sentido ese lenguaje. Un modo de recuperar la espiritualidad capturada por el mercado, para sentir, entender y actuar en tiempos espantosos. Lo individual y lo comunitario. Los fantasmas y cómo imaginar un mundo mejor. Un libro que es un oasis y una invitación a re-pensar el arte y lo político, tirando las cartas.
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