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Dos años sin Facundo: los tiempos de una familia que sigue construyendo justicia

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Este sábado se cumplen dos años de la última vez que vieron a Facundo Castro con vida. Ese 30 de abril de 2020 coincidió con el momento más crítico de la pandemia desde el punto de vista de las medidas sanitarias y de cómo la policía tradujo esa política en los territorios. El último contacto del joven fue con diversos oficiales de la Bonaerense, y a partir de ahí la causa fue acumulando hechos que orientan las hipótesis hacia la desaparición forzada seguida de muerte. La familia logró recusar al fiscal y a la jueza que entorpecían la investigación. En diálogo con lavaca, Cristina Castro espera avances, con una urgencia que no se condice con los ritmos judiciales: “El desgaste de los familiares, el acoso, es muchísimo. Pero también nos mueve algo desde el alma: te falta un hijo. No vamos a bajar los brazos hasta que estén tras las rejas”.

“Estamos avanzando. No al ritmo que yo quisiera, porque los tiempos de la justicia no son los míos, pero no vamos a bajar los brazos hasta que estén tras las rejas”.

Cristina Castro no para. Habla con lavaca en uno de los pocos ratos posibles que le quedan del día: el almuerzo. A la mañana tuvo una jornada de simulacro de incendios en la estación de servicio donde trabaja, en la localidad de Pedro Luro, partido bonaerense de Villarino, y en unas horas debe entrar de nuevo en su horario habitual. Este sábado se cumplen dos años de la desaparición de su hijo Facundo y las actividades previstas se rediseñaron para que Cristina pueda estar. “Tengo que trabajar de tarde sí o sí”, dice, sin poder creer aún lo elemental: estar en la conmemoración de la última vez que vio a su hijo con vida, el 30 de abril de 2020.

Es que desde entonces y hasta hoy, Cristina exige verdad y justicia para saber qué pasó con Facundo: soportó humillaciones, amenazas, mentiras, operaciones, y una búsqueda que le llevó 107 días, cuando el 15 de agosto del 2020 encontró el cuerpo esqueletizado de su hijo en un cangrejal. En el medio, denunció a la policía bonaerense, al ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, Sergio Berni, y logró recusar a quienes estaban al frente de la causa, el fiscal federal Santiago Ulpiano Martínez y la jueza federal María Gabriela Marrón, sobre quienes pesan otras denuncias por su obstaculización: Cristina quiere el juicio político.

Por esos avances, y sobre todo, por su propio Facu, Cristina no baja los brazos: “Estoy segura de lo que digo desde el primer día: a mi hijo lo desaparecieron en Villarino y lo mataron en Villarino. En la causa ya dijeron que no tienen peso las hipótesis que se sostenían: Facundo no se suicidó, Facundo no tuvo un accidente. Y lo único posible es la desaparición forzada seguida de muerte. Cuando escucho eso, pienso: teníamos razón, nunca nos equivocamos, y fue el corazón de Facu el que nos llevó a sus asesinos”.

El tiempo y lo que falta

Facundo Castro desapareció el 30 de abril de 2020 cuando salió de su casa en Pedro Luro en dirección a Bahía Blanca para ir a ver a su exnovia. Su cuerpo esqueletizado fue encontrado por un pescador en un cangrejal inhóspito el 15 de agosto de ese año. Tenía 22 años. Su desaparición coincidió con el momento más crítico de la pandemia desde el punto de vista de las medidas sanitarias y de cómo la policía tradujo esa política en los territorios. El último contacto del joven fue con diversos oficiales de la Bonaerense, y a partir de ahí la causa fue acumulando hechos que orientan las hipótesis hacia ese sector, en particular a los oficiales Mario Sosa, Jana Curuhuinca, Xiomara Flores y Alberto González, con las operaciones que la familia tuvo que sufrir, además, del propio Estado, por el accionar del ministro Berni.

En medio de ese peregrinaje por la verdad, la familia siempre se encontró con la reticencia del poder judicial. En diciembre lograron recusar a quien consideraban el último «obstáculo” en la búsqueda de verdad, la jueza Marrón, pieza clave en trabar medidas cruciales para la investigación, orientando las sospechas a la propia familia, a quien sigue denunciando aun después de su apartamiento. En febrero de este año se reunieron con el nuevo magistrado a cargo del proceso, el juez federal Walter López Da Silva, quien pidió “tiempo” para poder leer una causa que supera las 1000 fojas. Si bien subrayan que ese “tiempo” no es el de la urgencia por saber la verdad, Cristina destaca un gesto que habla por sí solo de la violencia que sufren estas familias: “Es una persona que te habla y te mira a los ojos”.

Uno de los abogados de la familia, Leandro Aparicio, destaca a lavaca que Da Silva, entre sus primeras medidas, rechazó los pedidos de nulidad que habían presentado las defensas de los policías acusados sobre los hallazgos del perito Marcos Herrero. Entre ellos, se encuentran: una vaquita de San Antonio, amuleto de Facundo, encontrada en un destacamento policial en la localidad de Teniente Origone; y una turmalina, piedra del colgante del joven, hallada en un patrullero Etios. Este último móvil es de Bahía Blanca (otra jurisdicción) y tiene un interés particular: el 8 de mayo, en medio de la búsqueda de Facundo, estuvo detenido 35 minutos a 800 metros del lugar donde el pescador halló el cuerpo.

La familia espera ir desenredando esta oscura trama en las próximas semanas cuando el juez empiece con rondas de declaraciones testimoniales. “Estamos pidiendo pericias complementarias o finales que nos puedan acreditar diversas circunstancias que hoy tenemos como fragmentadas”, apunta Aparicio. Entre ellas están las pruebas referidas al celular:

  • A las 13.30 del 30 de abril de 2020, Cristina recibió un llamado de Facundo, quien le dice: “Mamá, no tenés idea de dónde estoy. No me vas a volver a ver más”. Si bien la oficial Xiomara Flores –media hermana de Curuhuinca– dijo que a las 12.30 levantó a Facundo en la ruta y lo dejó en Teniente Origone, la querella afirma que es imposible porque no hay señal de teléfono en ese sitio y porque la llamada a Cristina –una hora después– impactó en una antena en la localidad de Mayor Buratovich. Por geolocalización, la familia comprobó que el móvil de los oficiales que infraccionaron a Facundo a las 10 de la mañana de ese día se dirigió a la subestación policial de ese pueblo.
  • Esa misma noche, el celular de Facundo se activó. Aparicio: “Sabemos que desde allí se manda un mensaje a las 8 de la noche pero para nosotros no lo escribe Facundo. No sabemos desde qué lugar se manda”.
  • Un tercer dato: “Sabemos que se activa en una celda Claro en Bahía Blanca el 1 de mayo a las 12 del mediodía. Es muy cerca de la comisaría comunal de donde se secuestró el móvil (el Toyota Etios) que estuvo detenido donde fue encontrado el cuerpo”.

La querella buscará un informe integral sobre estos elementos.

Otro aspecto importante tendrá que ver con la ropa encontrada en la mochila de Facundo: cabe recordar que si bien el esqueleto fue encontrado el 15 de agosto, la mochila del joven fue hallada días después, a una distancia aproximada de 800 metros, con toda su ropa dentro. Aparicio: “Tenemos un dictamen de Gendarmería que dice que la ropa encontrada estaba quemada por un material que no determinan. Lo terrible es que es la ropa que tenía puesta Facundo. Queremos que lo aclaren de forma urgente”.

No estás sola

En Pedro Luro recordarán a Facundo, entre otras actividades, con la proyección de su rostro en la plaza, que servirá para diagramar un mural. La familia está preparando un proyecto para que el Consejo Deliberante nombre a la plaza del mural como la Plaza Facundo Castro. A su vez, la Comisión Provincial por la Memoria (CPM), organismo querellante, distribuirá una versión resumida de la causa que hicieron en formato de animé. En Médanos, cabecera del partido, realizarán una misa con velas. El domingo, en Bahía Blanca, también habrá una ceremonia convocada por la CTA y SUTEBA.

“En Luro lo seguimos recordando todos los días”, dice Cristina. Hace poco fue al cementerio a despedir a una amiga: “Llegué antes y corté camino, porque siempre que piso el cementerio paso a saludar a Facu. Llegando, veo unos chicos del Semillero (el espacio cultural que Facundo integraba). Me vinieron a abrazar fuerte. Habían pasado a ver que su tumba estuviera bien y que no le haya pasado nada por tormentas, lluvias y vientos. Me largué a llorar”.

Los jóvenes habían llevado, además, una bandera celeste y blanca que dice ‘Semillero cultural’ y la colocaron ahí. “Que vayan y planten bandera, orgullosos de que sea su amigo, nos llena el alma y nos devuelve la sonrisa: es saber que no estás sola”.

-¿Y qué significa eso a dos años?

-La causa de Facu tendría ya que tener culpables y personas detenidas. Yo, como mamá, sé que al momento en que esto me pasó debía empaparme de las personas que habían vivido esto, que estaban metidas. Sé que las luchas son largas y que tengo que dosificar mis energías para llegar al final. No me quiero morir como Gualberto Solano (papá de Daniel Solano, jornalero desaparecido en 2011, falleció sin saber qué había pasado con su hijo), esperando un poco de justicia. Sé que hay papás con una lucha grandísima, que muchos no tuvieron justicia. Sé que hemos logrado lo que muchos no lograron en muchos años: hemos podido avanzar y que no nos duerman la causa, que la jueza Marrón no nos archive. Y gracias a la lucha de otros familiares antes de nosotros pudimos llegar a esto. Mi visión a futuro es seguir peleando. Hay que ir despacio, dejar que la justicia avance, pero sin dejar de presionar para que investigue.

-¿Cómo se hace?

-El desgaste de los familiares, el acoso, es muchísimo. Pero también nos mueve algo desde el alma: te falta un hijo. Miro mucho por la ventana, pensando que en cualquier momento va a llegar, porque no lo despedí. A mi hijo tuve que acomodar los huesitos dentro de un cajón, no le pude ver los ojos, cerrárselos, los hermanos no pudieron verlo, lo velamos a cajón cerrado. Y al no poder despedirlo te pasa esto. Es la contracara de seguir esperando aun siendo conciente de que tu hijo está muerto. Y me sigue faltando: sé que no va a descansar en paz hasta que todos estén tras las rejas.

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MU 215: Sin chamuyo

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MU 215: Sin chamuyo
Este número 215 de MU ☝️viene con doble tapa, que podría ser una frase: Sin chamuyo, a remarla.




MU 215: Sin chamuyo

Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va

Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.

Por Francisco Pandolfi




MU 215: Sin chamuyo

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema

Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.

Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país. 

Por Sergio Ciancaglini




MU 215: Sin chamuyo

La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio

La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.

Por Lucas Pedulla




MU 215: Sin chamuyo

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden

La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.

Por Claudia Acuña




MU 215: Sin chamuyo

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película

Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.

Por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Un biodrama del presente: Puta madre

La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.

Por Evangelina Bucari




MU 215: Sin chamuyo

La Cogolla: Flor de cultivo

Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.

por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Desentendimiento: Fingir demencia

Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.

Por Franco Ciancaglini

MU 215: Sin chamuyo

Crónicas del Más Acá: Parlantes

Por Carlos Melone

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MU 214: Mujer maravilla

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Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?




MU 214: Mujer maravilla

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz

Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.

Por Francisco Pandolfi




MU 214: Mujer maravilla

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich

El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.

Por Lucas Pedulla




MU 214: Mujer maravilla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez

“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.

Por Evangelina Buccari




MU 214: Mujer maravilla

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina

La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.

Por Bernardina Rosini




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El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.

Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta

Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.

Por Sergio Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

El trava power: Las Simbióticas

Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.

Por María del Carmen Varela




MU 214: Mujer maravilla

Ser de luz: Nina Suárez

Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.

Por Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Crónicas del más acá: GPS

Por Carlos Melone

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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