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Las internas a la luz del sol

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¿Qué pasa en los Movimientos de Trabajadores Desocupados? ¿Hay internas en la Coordinadora Aníbal Verón que los reúne? ¿Por qué firman documentos separados? Tales preguntas surgieron el sábado 5 de julio en una nueva Ronda de Pensamiento Autónomo, y abrieron paso a respuestas reveladoras sobre qué significa hoy el pensamiento autónomo, la horizontalidad, la práctica política, las vanguardias, la fragmentación en los movimientos sociales, el sentido de la libertad, los bozales, y las naves quemadas.

La séptima Ronda de Pensamiento Autónomo iba girando como cada primer sábado de cada mes en el predio de Rocanegra, del MTD de Solano, hasta que alguien mencionó que los Movimientos de Trabajadores Desocupados de Lanús, Almirante Brown y Florencio Varela, entre otros, firmaron un documento con una propuesta política, y trasladó a los anfitriones una serie de preguntas.

¿Qué pasa en los Movimientos de Trabajadores Desocupados? ¿Hay internas en la Coordinadora Aníbal Verón que los reúne? ¿Por qué firman documentos separados? ¿Por qué parece que se desconocen entre sí?

Estas son algunas de las respuestas que surgieron de parte de integrantes del MTD de Solano:

  • “Algunos compañeros tienen una ansiedad por avanzar, y por hacer definiciones muy prolijas. Pero nosotros pensamos que no nos apura nadie. No censuramos, jamás nos atreveríamos a decir está bien o mal lo que haga el otro, porque no nos corresponde, y las experiencias hay que hacerlas. Pero no tenemos interés en definirnos en documentos que hablen de bloques o de sectores. Hay unidad en la diversidad.”
  • “Nos dicen los rebeldes de la Verón, porque planteamos que no vamos a llevar la línea de la Verón. No nos interesa llevar ‘líneas’. Nos interesa llevar experiencias y prácticas que tienen que ver con una realidad concreta y material, con seres humanos que se ponen a pensar y a hacer.”
  • “Nosotros no reproducimos esquemas de dominación.”
  • “En la Argentina y en América Latina muchísima gente ha dado la vida, y se pasó la vida, en la generación de ‘orgas’. A lo mejor tienen la virtud de que te organizan. Sabés lo que tenés que hacer, sabés lo que tenés que decir, sabés elaborar una línea para llevarla. Pero creo que es un retroceso. Hay un retroceso en muchos sectores que buscan el calor o el nido de la “orga”. Caminar en pelotas, en medio de las dificultades, la puta… significa tener una maduración hasta psicológica.” (Aclaración: ‘orga’ en la jerga política, significa organizaciones estructuradas, verticalistas, homogéneas, con poco disenso y bastante control interno, con jerarquías, con líneas y discursos que ‘bajan’ desde los que conducen a los conducidos).
  • “No nos comemos que después de 200 años de lucha del movimiento obrero haya que ponerse el casete y decir lo mismo de siempre”.
  • “El rol de la vanguardia es bien conocido y definido. Una vanguardia tiene que tener acción en la coyuntura, presencia, medios y línea. Y síganme los buenos. Esa es la acción de las ‘orgas’ “.
  • “Nosotros en eso no vamos a entrar aunque nos castiguen, nos peguen, nos pongan motes, y nos digan anarquistas, situacionistas, toninegristas o cualquier cosa por el estilo. (Aclaración II: Toni Negri es el italiano, ex Brigadas Rojas, coautor del libro Imperio; lo de situacionistas es porque el Colectivo Situaciones realizó con el MTD de Solano el libro Hipótesis 891; lo de anarquismo es otra consideración sobre la idea de autonomismo).
  • “No entramos, porque ya quemamos los barcos en ese sentido. No volvemos atrás. Asumimos todos los desafíos que eso implica. Vivir la libertad y apropiarse de la libertad, generar la libertad no es tarea fácil. Es más fácil lo otro, dar órdenes. Llevar y traer líneas. Recitar manuales.”
  • “No nos van a disciplinar, no nos van a poner la rienda o el bozal no nos van a poner la montura, aunque desaparezcamos. Aunque seamos un flash en la historia: estamos dispuestos a asumir incluso ese riesgo.”
  • “Creemos que estamos en un momento en el que tal vez la represión quede un tiempo suspendida. Vamos a ver. Pero viene un momento de captación muy fuerte porque Kirchner con todo lo que está haciendo lo que está tratando es de armar un consenso para tener casa propia. Llegó al gobierno con casa prestada, pero va a haber un momento de captación y de disputa muy fuerte. Con el duhaldismo se están ya pateando los tachos. Ha recibido a todas las organizaciones sociales, pero no sabemos si esto va a durar mucho”.

La respuesta, principalmente a cargo de Alberto Spagnolo del MTD de Solano, resultó también una mirada -y un debate- sobre qué significa hoy el pensamiento autónomo, la horizontalidad, la práctica política, las vanguardias, la fragmentación en los movimientos sociales y el sentido de la libertad.

La ronda había comenzado con refunfuños sobre el horario de las 11 de la mañana, aunque tal vez a las 9 (como se hacía antes) todo pensamiento corra el riesgo de quedar congelado en Rocanegra, al menos durante el invierno. Allí, en ese terreno con algunos esqueletos de galpones, se encuentran cada mes integrantes de diversas asambleas, movimientos, agrupaciones y miembros de algunos MTD. Mujeres y hombres, jóvenes y ex jóvenes llegan para ejercer el antiguo y no siempre difundido oficio de pensar. Los bancos de madera se disponen en círculo, sobre la tierra, al sol, todos cara a cara.

El sábado 5 de julio hubo primero un repaso sobre la jornada organizada allí mismo el 21 de junio, en homenaje a Darío Santillán y Maximiliano Kosteki. Varios presentes contaron que notaron fallas en la organización, aunque luego descubrían que no debían esperar algo de “la organización” si es que se quiere ejercer una actividad autónoma.

Hubo bastante aprobación sobre el resultado del acto, sobre los talleres, debates y encuentros (más allá de dardos referidos al desarrollo a veces disperso o un tanto caótico de algunas actividades). En un grupo que jamás ahorra críticas ni autocríticas, hubo cuestionamientos también al aspecto musical de la jornada: bandas suburbanas de rock que comenzaron a tocar al atardecer, cuando la mayoría de los concurrentes, que estaba desde la mañana, comenzaba la retirada. De todos modos quedó la sensación de que se trató de un buen aprendizaje, para futuros encuentros.

Vero, una joven de aro en la nariz que intervino varias veces mientras tejía al crochet una colcha, dijo: “Está re-bueno analizar qué pasó, no para tirarnos mierda. A veces puede haber un abismo entre lo que decimos y lo que hacemos. Podemos tener la lengua super ejercitada, pero es distinto hacer.”

Carla, una de las que concentró la organización del 21, dijo que le parece que una falencia es la falta de registro de encuentros como el del 21, o de la propia ronda. Mario recordó que algún registro hay, y mencionó a lavaca. Vero, con la aguja en la sien, propuso: “Hay que coordinar, tomar nota, que cualquiera escriba y haya registro”.

Julio, un habitual coordinador de estas rondas, pidió correrse de ese rol, y corrió también la perspectiva del tema: “Defiendo que cada uno sea el registro de lo que pasa acá. Que la asistencia sea la existencia. No tanto la crónica o la memoria. Aquí se produce algo: pensamiento. Discutimos propuestas e ideas, y luego salen acciones. Pero me parece que lo importante es que haya un producido en nosotros, más que en un papel”.

Mientras tanto, el círculo era recorrido por un gato -bicho más bien autónomo- que rondaba entre los pies y las faldas presentes como cierto tipo de pensamiento: firme, seguro, pero también flexible y cauteloso; amistoso pero independiente; ágil, leve, tranquilo y a la vez atento; distante a veces, cercano otras, elegante, curioso aunque prudentemente desconfiado; mullido y cálido, pero con las uñas y los reflejos afilados, por si acaso.

Ese fue el momento en el que Mario, que luego contó que además de participar en una asamblea pertenece a Nuevo Proyecto Histórico, habló de cómo Rocanegra es un caso que demuestra que el pensamiento es una práctica. Mencionó que el reciente documento zapatista del Subcomandante Marcos comienza hablando de la teoría. Y de ahí pasó a contar que una duda que percibía en mucha gente es la siguiente: ¿Por qué los otros MTD no van a las Rondas? Narró que circula en ciertos ámbitos un documento político firmado por los MTD de Lanús, Almirante Brown, Florencio Varela, San Telmo, Lugano, Berisso y José C. Paz (aclaración: el documento se titula “Nuestra política para construir un presente y un futuro con Trabajo, Dignidad y Cambio Social”).

Mario contó también que algunas personas se habían encontrado con Juan Cruz D’Affuncio, referente del MTD de Lanús. Le contaron que asistían a Rocanegra, a las Rondas de Pensamiento Autónomo. La respuesta los asombró. Según Mario, D’Affuncio preguntó: ¿qué es Rocanegra? Y, según esta versión, habría dicho: yo no soy autonomista. Mario dijo, entonces, que estas cosas generaban dudas, que el MTD se guardaba cosas, que no contaba, y que se propuso transmitir directamente las dudas para terminar con las fantasías. Hablar claro. ¿Qué pasa en los Movimientos de Trabajadores Desocupados? ¿Hay internas en la Coordinadora Aníbal Verón que los reúne? ¿Por qué firman documentos separados? ¿Por qué parece que se desconocen entre sí? ¿Quién convoca a las Rondas? ¿Los MTD, o sólo el de Solano? Las preguntas fueron formuladas con la mirada dirigida hacia Alberto, Julio, Andrés, y un joven del MTD de Río Negro.

Fue un momento un tanto espeso. Alberto recogió unas piedritas de la tierra. Cuartenta y cinco personas y un gato lo miraban.

Explicó primero que nadie de la Verón desconocía la jornada que se haría en Rocanegra.

“Decir ‘no sé qué es Rocanegra’ o ‘no estoy enterado’ es no asumir a los otros, es decir que algo no interesa. Acá se hicieron plenarios de la Verón, así que decir que no se sabe qué es esto, es algo con lo que no estoy de acuerdo. La Aníbal Verón tiene distintas opciones. Están también los que apoyan la idea de un movimiento sindical como construcción previa para un partido revolucionario. Es una manera de pensar. Convivimos y estamos en momentos de debates. Pero siempre tratamos de discutir en casa, sería inoportuno sacar este tipo de debate que no está saldado.”

Alberto aclaró que no había nada “guardado” como información, y que simplemente no se había dado el tema en rondas anteriores. Las Rondas -como siempre- cuentan con la participación de los MTD de Solano, Guernica (“aunque no siempre están, ya que no son muchos los compañeros”) y Río Negro, cada vez que pueden llegar. Pero no es un espacio propiedad de los MTD sino de quienes concurren a la ronda.

Relató que en la Verón se han ido armando sectores de afinidad, grupos con diferentes ideas. “Hay algunos que están en una aceleración. Para nosotros no es momento para tensionar esa diversidad. Pero somos cautelosos, defendemos nuestra autonomía, y si están convencidos, que le metan para adelante. Eso no significa escindirnos ni que vayamos a boicotear lo que hacen”.

Según este relato, simplemente Solano “no firma”. La razón: “no nos gustan los bloques, y pensamos que hacer esas cosas va a tener consecuencias”. Spagnolo no dijo cuáles. “Algunos compañeros tienen una ansiedad por avanzar, y por hacer definiciones muy prolijas. Pero nosotros pensamos que no nos apura nadie. No censuramos, jamás nos atreveríamos a decir está bien o mal lo que haga el otro, porque no nos corresponde, y las experiencias hay que hacerlas. Pero no tenemos interés en definirnos en documentos que hablen de bloques o de sectores. Hay unidad en la diversidad.”

El único sonido que acompañaba las palabras era el de un viento suave y frío. Alberto mencionó que con los otros MTD han trabajado juntos en muchos acontecimientos, y reiteró que cree que puede haber unidad y diversidad.

Julio agregó una noción sobre la dificultad que supone soportar la fragmentación. “Si acá hay personas que nos declaramos integrantes del MTD ¿por qué pensar que están todos los MTD, por qué esta necesidad de emblocar?” Dijo que también se trata de soportar la fragmentación que cada uno aporta a la misma ronda.

El joven de Río Negro aportó lo suyo: “Con otros movimientos tenemos diferencias políticas, porque tenemos diferencias en las concepciones del mundo que queremos. Y nosotros estamos construyendo esa concepción. Un documento que plantea lineamientos está muy bien. Que pongan un rumbo, un norte, si a ellos les hace bien. Dicen que nos peleamos, pero no. Pensamos distinto sobre la autonomía, que para nosotros es una práctica social. Y creemos que la horizontalidad y la solidaridad es reconocer al otro. Si no lo reconozco, ya hay negación del otro, tratar de dominarlo. Hay que revisar las matrices de nuestra vida cotidiana: nosotros no reproducimos esquema de dominación.”

Un asambleísta de anteojos y barba dijo que la autonomía se da en relación a otro. Se tiene autonomía respecto de algo. Julio dijo que no, el asambleísta lo interrumpió, Julio se calló la boca, y el joven rionegrino terció para decir que considera que la autonomía no es una relación dialéctica (negando algo, o contra algo), sino la construcción de algo nuevo. Carla apoyó esa idea, postulando que se trata de una construcción por la positiva. “Se empieza con el sí, en vez de con el no”.

Hizo, luego, la crítica de la crítica: “Yo comparto lo que dijo el compañero, pero aquí encuentro cierto dogmatismo sobre la autonomía en las intervenciones. No es que no funcionamos como los que siguen estructuras viejas, sino que a veces tenemos las mismas estructuras con otro contenido que es reautónomo, reautogestivo y recopado, pero que en la práctica no es tan copado. En el discurso lo manejamos mejor.”

Vero, la que había mencionado la lengua súper ejercitada, miró a Carla y siguió tejiendo su colcha. Carla contó que fue militante de izquierda: “La tradición es que los trapitos se limpian adentro, y afuera salimos con un solo puño. Yo sufrí esa estructura. Adentro se echaba gente, era un bardo, pero afuera éramos ‘la’ organización. Me parece bien que las diferencias se hagan públicas. Pero me gustaría discutir, más que las diferencias de los MTD, qué políticas se están debatiendo en los movimientos. Para mí estamos en un momento de retroceso. El Estado está recomponiéndose y nosotros estamos retrocediendo medio atrincherados. Muchas veces nos aislan. Muchas asambleas están en crisis o casi desintegrándose, con problemas mínimos que no podemos resolver. En momentos así se generan los sectarismos y enfrentamientos. La izquierda también se divide. Pero la impotencia es que no tenemos idea de cómo generar una organización que no sea como esas otras que conocemos. Y a veces se confunde autonomía con autismo. Y como nos parece que la crisis avanza más rápido que nosotros frente a las dificultades volvemos a lo viejo, a buscar la seguridad de la estructura. Creo que tendríamos que debatir esas cosas, para llevarnos como ideas a nuestros lugares de acción”.

Alberto juntó más piedritas y retomó la palabra: “Nosotros no vamos a renunciar a la libertad de hacer nuestra experiencia. En la Argentina y en América Latina muchísima gente ha dado la vida, y se pasó la vida, en la generación de ‘orgas’. A lo mejor tienen la virtud de que te organizan. Sabés lo que tenés que hacer, sabés lo que tenés que decir, sabés elaborar una línea para llevarla. Pero creo que es un retroceso. Hay un retroceso en muchos sectores que buscan el calor o el nido de la “orga”. Caminar en pelotas, en medio de las dificultades, la puta… significa tener una maduración hasta psicológica.”

Los manuales se están incendiando -según esta concepción- y la mayor fidelidad a la historia consistiría en “ser hombres y mujeres de nuestro tiempo sin ponernos los manuales en la cabeza para repetir experiencias que hay que mirar críticamente”. Su idea es que los grandes pensadores de la historia fueron justamente hombres de su tiempo, que tomaron las tradiciones pero con la idea de superarlas y de avanzar. “No nos comemos que después de 200 años de lucha del movimiento obrero haya que ponerse el casete y decir lo mismo de siempre”.

Lo fácil sería buscar discursos prefabricados y el calor de lo que Spagnolo llama las “orgas”. “El rol de la vanguardia es bien conocido y definido. Una vanguardia tiene que tener acción en la coyuntura, presencia, medios y línea. Y síganme los buenos. Esa es la acción de las ‘orgas’. Nosotros en eso no vamos a entrar aunque nos castiguen, nos peguen, nos pongan motes, y nos digan anarquistas, situacionistas, toninegristas o cualquier cosa por el estilo. No entramos, porque ya quemamos los barcos en ese sentido. No volvemos atrás. Asumimos todos los desafíos que eso implica. Vivir la libertad y apropiarse de la libertad, generar la libertad, no es tarea fácil. Es más fácil lo otro, dar órdenes. Llevar y traer líneas. Recitar manuales.”

Rescató la humildad que observó en sus visitas al Movimiento Sin Tierra, de Brasil, una organización poderosa que, sin embargo, le dijeron, está llena de problemas y conflictos internos que no esconden. Lo mismo ocurre en el zapatismo, donde las tradiciones indígenas no excluyen el cacicazgo, la dominación del hombre sobre la mujer o la corrupción “como ocurre con nuestro pueblo”. Pero las diferencias no escandalizan, dice Alberto.

“No nos escandalizamos de nuestras vivencias. La autonomía no es ponerse de acuerdo, y vivirla. Minga. La horizontalidad, vivir la libertad y la democracia, es una guía, un objetivo, pero no es un simple hecho de voluntad. Lo más difícil es transitar el caminos que creo que necesita la humanidad, que consiste en crear. Y para crear hay que ser libre, y no ponerse ninguna montura. ¿Somos salvajes? Sí, somos recontrasalvajes. No nos van a disciplinar, no nos van a poner la rienda o el bozal, no nos van a poner la montura, aunque desaparezcamos. Aunque seamos un flash en la historia: estamos dispuestos a asumir incluso ese riesgo.”

Ser un flash de la historia, en el peor de los casos, significaría al menos haber marcado un momento, según esta concepción, que rechaza lo que Alberto atribuye a otras organizaciones: considerar, por ejemplo, que los indígenas son sectores reaccionarios porque sólo quieren la propiedad de la tierra (“con esos no se puede hacer un carajo”, dice que le han dicho); o considerar que las asambleas son “pura burguesía garroteada por la crisis económica y el corralito”. Para Spagnolo “la ‘orga’ genera ese tipo de concepción”.

La ronda continuó con comentarios en torno a todo esto. Julio pidió que se hablara también de los conflictos en las asambleas barriales para tratar esos problemas en la ronda. Rubén -médico- comentó que parte de tener muchas dudas, pero también de muchas certezas. “Desconozco cualquier tipo de jerarquías, de autoridad. Acá se habló de los convocantes a la ronda. Desde que vine por primera vez sentí que yo era también un convocante. Todos. Estoy de acuerdo con no poner el objetivo, la línea. Creo que lo principal es el camino, con estas dudas y estas certezas. En el momento que en esta ronda, sea quien sea plantee una cuestión jerárquica, autoritaria, o un camino definido que me lleve a un lugar preciso y en lo cual no esté de acuerdo, me iré de este lugar. Lo que no hay que hacer es repetir las viejas estructuras, incluso las de izquierda, que le dieron oxígeno al capitalismo”.

Mario, que había planteado la cuestión de las diferencias entre los MTD, advirtió sobre el riesgo de construir nuevos dogmas. Alguien había defendido lo heterogéneo contra lo homogéneo, y Mario dijo que puede haber de las dos cosas, como tampoco hay que oponer la idea de la multitud con la de lo singular. Dijo que en las asambleas no existe pequeña burguesía, sino asalariados y reivindicó los movimientos de desocupados, las propias asambleas, y los movimientos de fábricas recuperadas, como modelos de que hay una lucha existente, material y concreta. Recordó una frase del Subcomandante Marcos: “Vamos a vencer porque estamos trabajando para eso” pero repitió que no hay que caer en nuevos dogmas.

Julio realizó una propuesta curiosa: que cada uno pensara cómo se iría de la asamblea si en ese momento se la diese por concluida. Carla dijo “me quedo con ganas de más”, mencionó que había intervenido relativamente poca gente, y que nuevamente no se discutió cómo hacer un registro de lo que se conversa. La ronda le pareció positiva. Rubén, el médico, dijo que se sentía enriquecido pero también insatisfecho: “No sé explicar por qué”. A su lado, su pareja dijo: “No me gusta ni estoy de acuerdo con esa idea que escuché de que aquí se guardaba información (referencia a las diferencias entre los MTD). Yo no creo que sea pecaminoso no contar todo. Hay que respetar a cada uno”. Otra asambleísta dijo que se sentía sencillamente emocionada con todo lo que se había hablado, y que se iba con otro significado de la palabra responsabilidad. Un joven de anteojos dijo “aquí me recupero como sujeto, pero como sujeto colectivo. No soy el mismo que antes de llegar. La cuestión no pasa por tener respuestas, lo rico es buscar las preguntas”. El gato mordisqueaba una galletita.

Hubo varias intervenciones más, en general de tono positivo con respecto a la forma y el contenido de la ronda. Vero también dijo que todos se van pispeando mejor, conociéndose, y eso mejora con cada ronda. “Me voy contenta”. Alberto dijo que sentía alegría, pese a que podían quedar muchas cosas en el tintero. “Nos gusta que pregunten dudas o versiones, porque no tapamos ni escondemos, sino que no se había dado hasta ahora”.

Ahí se lanzó de lleno a la actualidad política. “Creemos que estamos en un momento en el que tal vez la represión quede un tiempo suspendida. Vamos a ver. Pero viene un momento de captación muy fuerte porque Kirchner, con todo lo que está haciendo, lo que está tratando es de armar un consenso para tener casa propia. Llegó al gobierno con casa prestada, pero va a haber un momento de captación y de disputa muy fuerte. Con el duhaldismo se están ya pateando los tachos. Ha recibido a todas las organizaciones sociales, pero no sabemos si esto va a durar mucho”.

Spagnolo no deja de percibir un ambiente de hostilidad contra los MTD: “Para nosotros se trata de la necesidad de sobrevivir en un medio hostil, donde el punterismo no solo significa que te ataquen de palabra, sino que te manden a apretar o te caguen a tiros. Hemos avanzado mucho y seguimos avanzando. Este momento de calma significa prepararnos mejor para el próximo combate, y que nos agarre lo más unidos y fortalecidos posible”.

Siente que contra Solano hay hostigamiento, “muchos misiles” y esa mezcla según la cual la derecha los considera el sector piquetero más duro, mientras para otros se trata de “toninegristas”, “situacionistas” y demás: “Nos dicen los rebeldes de la Verón, porque planteamos que no vamos a llevar la línea de la Verón. No nos interesa llevar ‘líneas’. Nos interesa llevar experiencias y prácticas que tienen que ver con una realidad concreta y material, con seres humanos que se ponen a pensar y a hacer.” El desacuerdo es, además, con la idea de que la supuesta crisis en el movimiento social se debe a una también supuesta “precariedad” de la línea política.

“Ya estamos recontra cruzados de líneas y de vanguardias. Muchos compañeros se ilusionaron. Dijeron: estamos jugando en primera, tenemos la responsabilidad histórica de mostrarle al pueblo, en su orfandad, el camino. Esas ideas no nos caben. Lamentamos desilusionar a los que piensan que les vamos a marcar el camino, o a decir la línea. Y para colmo, no creemos que el pueblo sea huérfano”.

Spagnolo dijo que por lo tanto, el MTD de Solano seguirá trabajando sin hegemonismos, sin utilitarismo, sin usar a los demás, sin acusar de burgueses a aquellos a los que luego se acude en busca de asesoramiento y sin repetir ese tipo de prácticas que considera del sistema. “Nosotros no lo hacemos. No somos puros ni mucho menos, apenas estamos luchando contra las cosas que nos joden”.

Dejó lanzada una propuesta. Que la ronda converse alguna vez sobre por qué hay divisiones y fragmentaciones en los movimientos sociales. Muchos asistentes ya emprendían la retirada. Esta crónica relata sólo parte de lo que se dijo el sábado. Tal vez tenga razón Carla, y convenga que registrar meticulosamente cada jornada, palabra por palabra. O puede resultar razonable lo que dice Julio, y el mejor registro sea cada uno, con las ideas y las palabras acaso transformadas en acciones que andan como los gatos: rondando vaya uno a saber por dónde.

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La Ronda en la mirada de Alejandra López

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Octava entrega del registro colaborativo de la ronda de las Madres de Plaza de Mayo, realizada por la fotógrafa Alejandra López.

Toda la producción de La Ronda será entregada a ambas organizaciones de Madres y al Archivo Histórico Nacional. Invitamos a quienes tengan registros de las rondas realizadas estos 40 años a que los envíen por mail a [email protected] para sumarlos a estos archivos. Esta iniciativa es totalmente autogestiva.

Por Alejandra López

Cuando Claudia Acuña me propuso que fotografiáramos la Ronda de las Madres con un grupo de colegas, acepté sin dudar con gran alegría por varias razones. Por una lado, la urgencia del registro ahora que se nos van poniendo viejitas, y por otro, la necesidad de emprender un proyecto colectivo.

La Ronda en la mirada de Alejandra López

He ido muchas veces a la Ronda. Una de mis primeras veces, yo fotógrafa debutante, lloré durante toda la cobertura y una de las Madres (no sé quién fue) me retó con ternura: “Sin llorar”, me dijo, y repitió: “Sin llorar”. 

La Ronda en la mirada de Alejandra López

Siempre hay algo de esa primera vez: la emoción, la admiración sin límites, y,  sobre todo, el asombro ante esa capacidad increíble de sostener el ritual de lucha durante 47 años.

La Ronda en la mirada de Alejandra López

Hice mis fotos el jueves 21 de marzo, en la Ronda número 2397.

Hoy más que nunca #memoriaverdadyjusticia.

Mi humilde homenaje a estas mujeres que, junto con Abuelas, son nuestro faro.

La Ronda en la mirada de Alejandra López
La Ronda en la mirada de Alejandra López
La Ronda en la mirada de Alejandra López
La Ronda en la mirada de Alejandra López

Sobre Alejandra López

Retratista.

Empezó a trabajar profesionalmente en 1990 haciendo fotografía teatral y en la revista El Porteño.

Durante 14 años fue fotógrafa de staff de la revista Viva del diario Clarín, donde fotografió a innumerables personajes del espectáculo y ha publicado en revistas como Elle, La Nación Revista, Brando, Harper’s Bazaar, Le Figaro Magazine, Bacanal.

Actualmente se dedica a la fotografía para gráficas de teatro y cine, colabora con la revista L’Officiel y es reconocida además por sus retratos de escritor, algunos ya icónicos, para editoriales de libros como Penguin Random House y Planeta.

Ha realizado numerosas muestras: Retratos (2001), La máscara (en el Festival Internacional de Teatro), Retratos de la Memoria, (imágenes de sobrevivientes del Holocausto) en el Museo Judío de Frankfurt, Calendario FOE 2009 y en junio del 2011, la exposición Algunos escritores, en la Fotogalería del Teatro San Martín. En 2021, realizó Ese día, una serie de retratos de víctimas sobrevivientes del atentado a la Amia. En 2023, Belleza Marrón, en el Centro Cultural Borges, (ensayo en colaboración con la agrupación Identidad Marrón).

Para ver más: en Instagram @alejandralopezfotografa

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La historia de las Madres de Plaza de Mayo: Érase una vez 14 mujeres…

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Se cumplen hoy 47 años de la primera aparición de las Madres en la Plaza de Mayo. La fecha llega en un momento en el que lavaca ha puesto en marcha un registro fotográfico colaborativo sobre las actuales rondas de Madres: una forma de homenaje, sabiendo que la memoria no es hablar del pasado, sino comprenderlo para actuar en el presente y el futuro.

Esta es una recorrida entonces, con un resumen del antes, el durante y el después de la instauración del terrorismo de Estado. Cuenta el nacimiento de la organización de estas mujeres que salieron a reclamar por la vida y, frente al horror y la desaparición de sus hijos e hijas, y lograron lo que parecía inconcebible: transformar el dolor en acción. ¿Cómo lo hicieron? Un recorrido por las últimas décadas, y algunas cuestiones prácticas sobre los tejidos, los territorios, las brujas y los alumbramientos. El video que muestra parte de la historia.

Por Sergio Ciancaglini

La historia de las Madres de Plaza de Mayo: Érase una vez 14 mujeres…
La historia de las Madres de Plaza de Mayo.

Había una vez un país con nombre de mujer, donde la muerte andaba suelta persiguiendo a los sueños, acorralando a la vida. Y en ese país de nombre plateado, los sueños y la vida tuvieron que aprender cómo enfrentar a los verdugos.

La historia suele ser infinita, ¿cómo contarla?

Habría que hablar de un siglo XX Cambalache, que empezó con el país granero del mundo, con trabajo para pocos, democracia para pocos, dinero para menos, alguna ilusión de tiempos mejores, seguida de décadas infames. Surgió luego un gobierno que generó una expectativa de más justicia, y más democracia. La política empezaba a estar en las calles, en las plazas, en la cabeza y en el corazón de cada persona.

Ese gobierno fue tumbado en 1955 por los poderes económicos, políticos y militares de siempre. Poco antes los golpistas habían bombardeado con la aviación militar a transeúntes inocentes en plaza de Mayo. Más de 300 muertos. Que hubiera más igualdad de oportunidades, o mejor distribución de la riqueza, era una maldición que había que mutilar. Tierra extraña; aquí siempre hubo una envidia al revés. Los ricos envidiaron a los pobres, odiaron que los pobres pudiesen mejorar.

En 1956 aquella dictadura fue pionera: secuestró ilegalmente a decenas de personas acusándolas de planear una rebelión. Los militares ordenaron los fusilamientos en los basurales de José León Suárez. Fue la Operación Masacre, como la llamó Rodolfo Walsh en un libro inolvidable. Lo que nadie sabía, ni siquiera Walsh, es que la Operación Masacre apenas empezaba.

Poco después, en una pequeña isla del Caribe frente a las narices de los Estados Unidos, hubo una revolución que se proclamó socialista. Los militares argentinos temieron que esa revolución fuese contagiosa, y gatillaron sus armas junto a los de todo el continente.

Siguieron los tiempos de proscripción política, censura, gobiernos civiles derrocados, gobiernos militares que se iban tumbando entre ellos, mientras las fuerzas armadas actuaban como tropas de ocupación en su propio país, como trincheras contra la democracia, en nombre de la lucha contra el socialismo.

Frente a eso, crecía la resistencia de quienes que no se resignaban al silencio, la censura, ni al olvido. Resistían los mayores, con una especie de nostalgia por el pasado. Y resistían también los jóvenes, como añorando el futuro, pero un futuro que querían construir con sus propias manos.

El surgimiento de las Madres de Plaza de Mayo

Un argentino que había puesto la mente y el corazón para aquella revolución en la isla del Caribe, fue capturado y fusilado cuando quiso hacer algo parecido en Bolivia. Le decían Che. Los que lo mataron no sabían que lo estaban inmortalizando. El mundo se ponía violento. En todo el planeta oleadas de jóvenes salían a reclamar justicia, igualdad, rechazo a la guerra y la muerte, un mundo distinto.

En la Argentina las dictaduras seguían tropezando con las resistencias. Hubo un Cordobazo, un Rosariazo, la juventud se movilizaba pintando paredes y pintando proyectos. La democracia seguía presa. La violencia militar seguía libre. Nacieron las organizaciones guerrilleras, que quisieron agregarle armas a toda esa resistencia.

Tal vez esta historia haya que comenzarla, entonces, en 1972. El 22 de agosto en Trelew hubo una nueva versión de la Operación Masacre. Allí habían detenido a miembros de varias agrupaciones guerrilleras. Fueron acribillados a balazos, indefensos, con el falso pretexto de un intento fuga. Mataron a 16. Hubo tres que sobrevivieron por milagro, y contaron lo que había pasado. Tal vez en aquel momento, cuando el crimen fue evidente, los estrategas militares empezaron a diseñar la represión del futuro: matar sin evidencias.

Las movilizaciones protagonizadas fundamentalmente por la juventud, empezaban a ser gigantescas. La trinchera militar no soportó la correntada de tantos sueños, y en 1973 la vida pareció cambiar. Una multitud obligó a liberar a los presos políticos. La ilusión no duró demasiado.

Fue una danza alucinada.

Cámpora ganó las elecciones. Volvió Perón. En Ezeiza las patotas de la derecha peronista acribillaron a las columnas juveniles. Perón apoyó a esos grupos, contra la juventud. Cayó Cámpora. Asumió Lastiri que era el yerno de José López Rega. López Rega era ex policía, nazi militante, secretario privado de Perón, ministro de Bienestar Social, y astrólogo esotérico. Como si su brujería funcionara, concentró cada vez más poder. Lastiri llamó a nuevas elecciones que ganó Perón. Ocho meses después, murió Perón y asumió su esposa Isabel. La sociedad miraba aturdida, mientras el sistema de la muerte se instalaba alrededor de López Rega, que organizó a los matones policiales, militares y a las patotas de la derecha, para crear un monstruo al que llamaron Triple A. Alianza Anticomunista Argentina.

La Triple A era un escuadrón de la muerte, un grupo paramilitar con vía libre para salir a matar. Estudiantes, intelectuales, sacerdotes, artistas, sindicalistas, obreros: la sucesión de fusilamientos se hizo cotidiana, el terror empezó a ser la genética de cada día.
La lista es macabra. Cientos de víctimas. Por recordar algunos: Rodolfo Ortega Peña, diputado nacional y abogado de presos políticos. Carlos Mujica, sacerdote del Tercer Mundo, Silvio Frondizi, uno de los principales intelectuales que dio la izquierda argentina, Julio Troxler, que había sobrevivido a los fusilamientos de 1956. Atilio López, uno de los dirigentes del Cordobazo, que durante la breve etapa camporista fue vicegobernador de Córdoba.

Los bombardeos en Plaza de Mayo y la matanza en los basurales habían sido premoniciones.
Los fusilamientos de Trelew fueron una secuela.

La Triple A fue el perfeccionamiento del crimen mafioso.

El terrorismo de Estado y la desaparición forzada

Pero ahora imaginemos.

Imaginemos por un momento que hubiera miles de masacres como las de los basurales de José León Suárez. Imaginemos que hubiera de pronto miles de fusilamientos como los Trelew. Y miles de Triple A matando por las calles con absoluta impunidad.

Eso fue la dictadura militar, cuando los militares dieron el golpe de Estado para imponer la máquina de matar corregida y aumentada al infinito. Fue hace exactamente 30 años. Le pusieron un nombre que sería cómico, si no fuera tan patético. Proceso de Reorganización Nacional. El comunicado número uno que emitieron decía:

Se comunica a la población que, a partir de la fecha, el país se encuentra bajo el control operacional de la Junta de Comandantes Generales de las FF.AA. Se recomienda a todos los habitantes el estricto acatamiento a las disposiciones y directivas que emanen de autoridad militar, de seguridad o policial, así como extremar el cuidado en evitar acciones y actitudes individuales o de grupo que puedan exigir la intervención drástica del personal en operaciones.

Más que nunca, la muerte andaba suelta persiguiendo a los sueños, acorralando a la vida. Pero esta vez, además, inventaron una especie de acto de magia superior a los de López Rega. La magia más perversa que alguien pueda imaginar.

No más bombardeos, ni basurales, ni fusilamientos en cárceles, ni homicidios mafiosos a la luz del día.

Los perseguidos, las víctimas, iban a desaparecer.

No iban a estar más: secuestrados y esfumados de la noche a la mañana.

Los militares creían que al no haber cuerpos, al no haber pruebas ni quedar en evidencia, nadie podría acusarlos de crimen alguno.

Eso es el terrorismo de Estado. Las Fuerzas Armadas se dedicaron a la muerte clandestina, mientras en público sus jefes iban a misa a ser bendecidos, a comulgar, y a la salida sonreían. En sus discursos hablaban de la ley, el orden, la paz y el progreso.

Empezó la cacería. Zonas liberadas, gritos en la noche, secuestros de gente indefensa, la absoluta desaparición de la justicia.

Hay bibliotecas enteras que podrían leerse para entender lo que pasó. Pero hay también una carta. Apenas un año después del golpe Rodolfo Walsh –otra vez- escribió en la clandestinidad su Carta abierta a la Junta Militar, donde explicó lo que nadie se atrevía a decir.

Hablaba de un lago cordobés convertido en cementerio lacustre. De personas arrojadas desde aviones militares al Río de la Plata, cuyos cadáveres afloraban en las costas uruguayas. Denunciaba un sistema de tortura absoluta, intemporal y metafísica, aplicada tanto con métodos medievales como el potro o el torno, como con la tecnología de la picana eléctrica, para machacar la sustancia humana. Hablaba de las guarniciones y comisarías convertidas en campos de concentración. De las mentes perturbadas de los militares que torturaban. Decía, apenas un año después del golpe y en medio de la censura y el terror: “Quince mil desaparecidos y desaparecidas, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror”.

Pero hay otro párrafo, que cada día se entiende mejor. Le decía a los militares:”Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada”.

Ahí estaba la clave para entender el crimen: la miseria planificada.

Walsh fechó esa carta el 24 de marzo de 1977, distribuyó varias copias, y un día después fue secuestrado por los militares.

Nunca más se supo de él.

Es otro desaparecido.

Érase una vez 14 mujeres: La historia de las Madres de Plaza de Mayo

En esa noche, hubo un parto.

En medio de la oscuridad, un alumbramiento.

Nació una historia.

Muchas madres y padres salieron a buscar a sus hijos. Salieron de sus casas, salieron del útero de su rutina habitual a enfrentar al aparato represivo más imponente de la historia del país. Llevaban impresas en la piel la desesperación y el amor, y de allí les nació el coraje. Recorrieron hospitales, caminaron juzgados, se atrevieron a ir a comisarías y cuarteles. Buscaron a las morgues. Nadie sabía nada. La ley del silencio. Cada día era la esperanza de una noticia. Cada noche era la frustración del silencio.

Los padres varones, de a poco, volvieron a sus trabajos.

La mayoría de las madres eran amas de casa: tenían intacto el tiempo y la sensación de que no había otra cosa que hacer que dedicar cada hora, cada minuto y cada segundo de vida a la búsqueda.

Estaban solas, moviéndose, preguntando inútilmente, aturdidas por tanto silencio. De a poco, empezaron a cruzarse por los mismos laberintos, a reconocerse y a descubrir que había otras que compartían esa especie de señal que cada una llevaba como un código secreto en la mirada: la desesperación y la incertidumbre.

Ese fue un primer triunfo contra el aislamiento. Comenzaron a encontrarse, reunirse, acompañarse. Estar juntas fue el modo de escaparle al terror de estar solas. Pero fue mucho más que eso.

Un día, esas mujeres se descubrieron a sí mismas en una iglesia militar, donde un cura psicópata les recomendaba santa paciencia y las confundía con rumores, insinuaciones y desinformaciones. Intuición femenina: les estaban mintiendo sistemáticamente, nadie hacía nada por salvar a sus hijos.

Una de esas mujeres dijo: Basta.

Y dijo: tenemos que ir a la Plaza de Mayo, tenemos que hacer ver y oír lo que nos pasa. Era una mujer con nombre de flor.

Y ese grupo de mujeres decidió que Azucena Villaflor tenía razón: su lugar sería la Plaza de Mayo.

La plaza sería el territorio de estas madres.

No tenían oficina, pero habían encontrado un lugar espacioso, aireado, iluminado y muy céntrico.

No tenían sillones mullidos, pero había bancos de plaza.

No había escritorios, pero tenían las faldas para apoyar allí las carpetas, expedientes, cuadernos o que hiciera falta.

No tenían alfombras, sólo baldosas y unas palomas revoloteando.

No tenían recepción, pero podían verse de lejos mientras iban llegando. No tenían teléfonos, pero se pasaban papelitos con mensajes, informes, o futuros puntos de encuentro.
Ocultaban esos mensajes en ovillos de lana, por si la policía o los militares se les cruzaban en el camino.

No querían que las descubrieran. Ya que tenían los ovillos, llevaban agujas y tejían en la plaza, mientras iban pasándose información, inventando qué hacer, cómo buscar, cómo evitar la impotencia de no hacer nada. Penélope tejía esperando el regreso de su marido. Ellas tejían juntas las acciones para buscar a sus hijos y denunciar lo que estaba pasando.

La primera vez fue el sábado 30 de abril de 1977. Eran sólo 14 en la Plaza de Mayo. Como no había casi nadie, decidieron volver el viernes siguiente. Después, una de las madres avisó, como atajándose de los malos augurios: “Viernes es día de brujas”. A la semana siguiente empezaron a encontrarse los jueves, el día que nunca más abandonarían, para escaparle a las brujas.

La policía empezó a desconfiar. Por el Estado de Sitio, se impedía cualquier reunión de tres personas o más, por ser potencialmente subversiva.

Para decir la verdad, en este caso tenían razón: buscar la vida era subversivo. Como pájaros de uniforme, los policías empezaron a revolotear alrededor esas mujeres que hablaban y tejían de los asientos de la plaza. Ordenaron: “Caminen, circulen, no se pueden quedar acá”. Ellas se pusieron a caminar y a circular alrededor del monumento a Belgrano, en sentido contrario a las agujas del reloj: como rebelándose contra cada minuto sin sus hijos.

Marchaban, cada jueves, en las narices del gobierno dictatorial más temible. La plaza ya era el territorio de las Madres.

Algunos periodistas extranjeros descubrieron esas raras vueltas y vueltas. Consultaron a los militares. Les contestaron que eran unas mujeres trastornadas, unas Madres Locas que andaban buscando a gente que no estaba en ningún lado. Gran parte de la sociedad prefería no darse por enterada. La censura bloqueaba orejas, cerebros y corazones. Las madres locas eran las únicas que parecían cuerdas, tejiendo y circulando al revés que las agujas del reloj.

En octubre de 1977 se sumaron a la peregrinación a Luján, que congregaba a un millón de jóvenes. El problema era cómo encontrarse y reconocerse en la multitud. Alguien propuso que todas se pusieran un pañuelo del mismo color. Lo del color era un problema, pero entonces una de las madres tuvo una ocurrencia: ¿Por qué no nos ponemos un pañal de nuestros hijos? No existían los pañales descartables y la mayoría de las madres todavía guardaba los de tela, tal vez pensando en los nietos.

Frente a la Basílica, reclamaron y rezaron por los desaparecidos y desaparecidas. Todos los que estuvieron pudieron verlas, identificadas con los pañales blancos en sus cabezas. Poco después hubo una marcha de los organismos de derechos humanos, que terminó con 300 personas detenidas, incluidos –por error- varios periodistas extranjeros. Gracias a tanta eficiencia, el mundo empezaba a enterarse de lo que ocurría. En la comisaría las Madres rezaban Padrenuestros y Avemarías. Los policías no se atrevían a incomodar a mujeres tan devotas. Entre rezo y rezo, haciendo cruces, miraban a los uniformados, les decían “asesinos”, y seguían rezando. Amén.

El hecho de reunirse, romper el aislamiento, buscar a sus hijos, se convirtió en sí mismo en un delito. Diciembre de 1977, un oficial de la marina que se hacía pasar por hermano de un desaparecido organizó el secuestro y desaparición de tres de las madres, dos monjas francesas y otros familiares y amigos. Así era el coraje militar.

Las madres estaban organizando la colecta para publicar una solicitada el 10 de diciembre, denunciando las desapariciones.

El 8 de diciembre secuestraron a Esther Careaga y a Mary Ponce de Bianco en la Iglesia de Santa Cruz, junto a ocho personas más, incluida la monja francesa Alice Domon. Esther era paraguaya. Ya había encontrado a su hija adolescente, a la que los militares habían liberado. Las otras madres le habían pedido que volviera a su casa, que ya no se arriesgara más. Esther no les hizo caso, decidió seguir junto a ellas hasta que encontraran a cada uno de sus hijos.

Dos días después, desapareció la mujer con nombre de flor. El terror de aquellos tiempos superó todo lo imaginable. Desaparecían quienes buscaban a los desaparecidos y desaparecidas. Pero los militares habían sido selectivos: secuestraron a quienes todas siempre consideraron “las tres mejores madres”. Sin Azucena, había que elegir: seguir, esconderse, o volverse a casa. Para las madres no hubo demasiadas dudas: ahora no solo debían buscar a sus hijos e hijas, sino también a sus amigas y compañeras. Lograron sobreponerse a la parálisis y al terror, para seguir su marcha.

Azucena había parido la idea de que las madres se organizaran para nunca más estar solas en su lucha. Y había dicho algo: “Todos los desaparecidos son nuestros hijos”. Así estaba socializó la maternidad, potenció a cada madre y le dio grandeza a cada minuto de resistencia.

Llegó el Mundial 1978. El fútbol tapando de gritos y sonrisas la realidad, mientras a pocas cuadras de la cancha de River seguían torturando gente en la ESMA. El mundial fue oxígeno para los militares: para seguir matando y seguir castigando cada vez a más gente con la miseria planificada. Las madres cambiaron sus lugares y horarios de reunión. No todos los jueves iban a la Plaza, para evitar que las detectaran. Cuando iban, la policía les largaba los perros. Cada una llevaba un diario enroscado para sacarse a los perros de encima, una de las pocas cosas útiles para las que servían los diarios de esa época.

Muchas veces detenían o demoraban a alguna de ellas en las comisarías. Se les ocurrió una idea: cuando una iba presa, se presentaban todas y pedían ir presas ellas también. Los policías veían llegar a decenas y decenas de mujeres que exigían ser encarceladas junto a su compañera. Una vez fueron tantas las que exigieron ser detenidas, que tuvieron que llevarlas en un colectivo de la línea 60.

Madres locas, dirían los policías, que no sabían bien qué hacer: muchas veces las soltaban para sacárselas de encima.

Cuando en la Plaza le pedían documentos a una, todas las demás se acercaban a la policía a entregar también los suyos. Cientos de documentos, cédulas y libretas cívicas, que la policía tenía que verificar. De paso, las madres se quedaban más tiempo en la plaza.

En 1979 llegó al país la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. También el fútbol jugó en contra. El mundial juvenil tenía a todos pendientes de Maradona, y los militares aprovecharon para que relatores de fútbol y periodistas radiales llamaran a la gente a Plaza de Mayo, y que de paso repudiaran a quienes hacían cola para declarar ante la Comisión. Querían mostrar lo que llamaban “la verdadera imagen del país”. Decían: “los desaparecidos algo habrán hecho”, o “por algo será que se los llevaron”. Los hinchas, sin embargo, no molestaron a los que estaban esperando para hacer sus denuncias.

Ya era la época de la plata dulce, la fiesta de las multinacionales, el dólar barato, miles de argentinos gastando en el exterior lo que nunca habían sabido ganarse, gracias a la miseria planificada de millones.

Los diarios y las revistas no sólo censuraban la información para defender su negocio, sino que hacían campañas por los militares: “Los argentinos somos derechos y humanos”. Confirmado: nunca hay que subestimar la estupidez humana, la capacidad de negación, el tamaño de la crueldad.

En ese 1979 hubo otro parto, otro alumbramiento: las Madres decidieron crear la Asociación Madres de Plaza de Mayo. Si todas estaban en peligro, esa era una forma de mantener la lucha viva. La casualidad, o el destino, determinaron que la asociación fuese creada en una fecha imposible de olvidar: 22 de agosto. Habían pasado siete años de la masacre de Trelew, aunque parecían siete siglos.

Los militares asesinos argentinos inventaron un conflicto contra los militares asesinos de Chile, que a todos les servía para ganar tiempo en el poder. En esos días fue muy próspero el negociado de la fabricación de ataúdes, hasta que el Papa intervino. Secuestros clandestinos y desapariciones en la noche, permitían mirar para otro lado. Guerra abierta entre gobiernos tan vecinos y tan beatos era demasiado. Hasta para el Vaticano. Amén.

Seguían encontrándose en plazas y bares. Para que no las descubrieran cambiaban el nombre. Si iban a ir a Las Violetas, decían Las Rosas. Ellas mismas llevaban en sus carteras las carpetas, las denuncias, los expedientes.

Recién en 1980, gracias a los apoyos internacionales, las Madres pudieron tener una oficina. Pero también ese año decidieron volver a su territorio, la Plaza de Mayo, para nunca más abandonarla.

Fueron un jueves, al jueves siguiente las estaba esperando un escuadrón entero, con las armas gatilladas. Ellas cambiaban el horario, circulaban por donde no las veían. Poco a poco envolvieron a la Pirámide de Mayo con sus marchas que nadie podía detener. Llevaban diarios enroscados. Pronto aprendieron de sus hijos, y llevaban también botellitas de agua y bicarbonato por si las esperaban con gases lacrimógenos. No necesitaban gases para llorar. Pero habían decidido transformar el llanto en acciones.

Los militares eran la rigidez y la violencia. Las madres eran la fluidez y la energía. Los militares y la policía eran la muerte. Los verdugos. Las madres eran la vida.

Se editó el primer boletín de Madres, se iba ganando apoyo afuera y adentro. Los militares llamaron a los viejos políticos a dialogar, como abriendo el paraguas frente a la crisis económica y a su propio desgaste. Pero las Madres estaban simbolizando dónde estaba la verdadera política, y quiénes eran sus nuevos protagonistas. En 1981 lo demostraron retomando la Plaza y haciendo la primera Marcha de la Resistencia. Solas, pocas, pero juntas, resistiendo 24 horas seguidas.

Vinieron épocas de ayunos, de tomas de iglesias y catedrales. Los jóvenes, sobre todo, se conmovían. Nació la consigna “aparición con vida”.

El 30 de abril de 1982, hubo manifestaciones de protesta en Buenos Aires contra la situación económica, la miseria planificada, con la policía reprimiendo a todos. Dos días después, se llenó la Plaza de Mayo para aplaudir a los militares que habían invadido Malvinas, creyendo que así se iban a reciclar en el poder en una especie de brindis perpetuo.

Las Madres dijeron que la guerra era otra mentira. Los militares que secuestraban cobardemente, torturaban clandestinamente y asesinaban tirando cuerpos al río, no podían convertirse de un día para otro en patriotas impecables y valerosos guerreros. Por decir eso, acusaron a las Madres de antinacionales. Ellas inventaron un cartel: “Las Malvinas son argentinas. Los desaparecidos también”. Muchos que acompañaban a las Madres las criticaron: había que estar del lado de la guerra, del lado de los militares. El tiempo mostró quién tenía razón sobre los guerreros, entre ellos el mismo que había delatado a Azucena, Esther y Mary.

La derrota de los militares resucitó la posibilidad de la democracia. Se abrió la multipartidaria, formada por cantidad de partidos y políticos muchos de los cuales, durante los tiempos más duros de la represión, habían sido expertos en el arte de callar.

En 1983 hubo elecciones, Alfonsín llegó a la presidencia, y las madres hicieron la marcha de las siluetas para que nadie olvidara a los ausentes. En los afiches decían que esos hijos e desaparecidas habían luchado por la justicia, la libertad y la dignidad.

El gobierno formó la CONADEP, la comisión nacional para la desaparición de personas. Las madres desconfiaron, no quisieron integrarla. Siempre prefirieron la calle, y no las comisiones. Crearon un periódico, la Asociación iba creciendo y seguía reclamando aparición con vida y castigo a los culpables.

En 1985 Alfonsín las citó, pero luego no las atendió porque tenía que ir al Colón, según la explicación oficial. Las Madres tomaron la Casa Rosada, y se quedaron ahí instaladas como forma de resistencia pacífica. Esas acciones mostraban la grieta entre los discursos sobre los derechos humanos que hacía el gobierno, y la realidad. Y mostraban cómo el protagonismo político se desplazaba de los políticos de museo, a los movimientos generados en la sociedad para enfrentar los problemas tomando las riendas de sus propias decisiones.

Se hizo el juicio a las Juntas, pero sólo hubo dos condenas a prisión perpetua. Las de Videla y Massera. Los otros jefes militares recibieron penas bajas, o fueron absueltos. Las Madres opinaron del siguiente modo: se levantaron y se fueron de la sala de audiencias.

Seguían las acciones, marchas, escraches a los militares en sus casas, viajes y campañas en todo el mundo, la lucha contra las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, La lucha contra las rebeliones de Semana Santa y de los carapintadas, La marcha de las manos, La marcha de los Pañuelos, cuando taparon la casa de gobierno de pañuelos blancos, los premios internacionales.

El apoyo a los conflictos, a las huelgas, a los reprimidos y a los perseguidos.

Empezaban a hacer propia una idea: el otro soy yo.

Las Madres, además de denunciar lo que había ocurrido con sus hijos, hicieron otra cosa: comenzaron a levantar las mismas ideas y sueños por las que esos jóvenes habían luchado.
Por eso sintieron que aún sin estar, sus hijos las estaban pariendo.
Aquellas amas de casa desgarradas por la desesperación, habían logrado transformar el dolor en acción y en pensamiento.

Todas estas luchas se multiplicaron al infinito cuando Menem llegó a la presidencia para perfeccionar, en democracia, la miseria planificada: privatizó el país, regaló el Estado, masificó el desempleo, protegió a toda clase de mafiosos, asesinos y corruptos, y además los puso a gobernar con él. De paso indultó a todos los militares que habían sido condenados.

Hubo más de lo mismo cuando subió De la Rúa, y las madres estuvieron allí, nuevamente en la plaza, el 19 y 20 diciembre, cuando ese gobierno intentó imponer el Estado de Sitio y se dedicó a reprimir a miles y miles de personas hartas de tanta decadencia y de tanta mentira. Nuevamente las plazas se llenaron de balas, y de jóvenes muertos.

La historia reciente es más conocida, las Madres y su universidad llena de jóvenes, de movimiento, de conferencias, de proyectos. Las Madres y su flamante radio, para que se escuche cada cosa que hay que decir. La intervención en cada lucha contra las mafias, contra la miseria, contra la muerte.

Y cada jueves, como siempre, las madres circulando, tejiendo solidaridad, construyendo este territorio de la Plaza para que sea el espacio de todos.

Había una vez un país con nombre de mujer, donde la muerte andaba suelta persiguiendo a los sueños, acorralando a la vida. Y en ese país de nombre plateado, los sueños y la vida tuvieron que aprender cómo enfrentar a los verdugos. Las madres están dejando esa herencia.

Cómo convertir al dolor, en acción.

La parálisis y el miedo, en lucha.

La desesperación, en coraje.

Las lágrimas, en acciones.

Para acorralar a la muerte, como el primer día:

tejiendo luchas,
haciendo circular los sueños,
y alumbrando la vida.

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Nota

4 años sin Cecilia Basaldúa, sin fiscal y sin respuestas

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La familia de la joven asesinada en Capilla del Monte volvió a viajar de Buenos Aires a Córdoba para reclamar que se asigne urgentemente un fiscal en la causa y que se investigue su femicidio. Hace 4 años el cuerpo de Cecilia fue encontrado luego de estar 20 días desaparecido; su familia denuncia una trama local que involucra a la última persona que la vio con vida, el ex boxeador Mario Mainardi, jamás investigado, y la complicidad de la justicia de Cruz del Eje, representada por Paula Kelm, que buscó inculpar a un perejil. Gracias a la lucha familiar se logró anular esa línea de investigación, que culminó en un juicio nulo, pero desde entonces no se retomó la instrucción; y pese a que en diciembre se anunció que un nuevo fiscal tomaría la causa, eso no sucedió, y las dilaciones siguen. Crónica de una nueva reunión con promesas y sin hechos, cuando la impunidad se hace cada vez más grande y el reclamo, también: “Verdad y justicia para Cecilia Basaldúa”.

Por Bernardina Rosini

Daniel y Susana, padre y madre de Cecilia Basaldúa ya perdieron la cuenta de las veces que han viajado desde la ciudad de Buenos Aires a Córdoba con el único objetivo de lograr justicia por su hija. Han perdido esa cuenta pero no la cantidad de días que contabiliza la impunidad: 1460, es decir, cuatro años. 

En efecto, hace cuatro años (el 25 de abril de 2020) encontraron el cuerpo de Cecilia Gisela Basaldúa en un codo del Río Calabalumba en Capilla del Monte, luego de veinte días de estar desaparecida. Cuando Daniel y Susana llegaron ayer a los Tribunales en Córdoba Capital, se los ve invadidos por la bronca y el hartazgo. Son cuatro años sin Cecilia y a la par sostienen que las líneas de investigación han sido deliberadamente manipuladas y el material probatorio  de contundencia, ignorado

La última vez que estuvieron parados sobre esa vereda fue el pasado 7 de diciembre, tras reunirse con el Fiscal General Juan Manuel Delgado. Celebraban la noticia: “Tenemos fiscal, vinimos con 3.000 firmas de apoyo pidiendo fiscal y lo tenemos. Es el Nelson Lingua y comienza el 1° de febrero, después de la feria judicial”. Cinco meses después, otra vez viajan 700 kilómetros para golpear la puerta del Palacio de Justicia pues tal designación no sucedió y la causa acumula once meses sin fiscal a cargo de la instrucción.

4 años sin Cecilia Basaldúa, sin fiscal y sin respuestas
Daniel Basaldúa y Susana Reyes, papá y mamá de Cecilia: viajaron desde Buenos Aires para mantener una reunión y reclamar justicia por su hija.

El baile del fiscal

Mientras los Basaldúa llegaban el 25 de abril nuevamente a Córdoba para pararse frente a Tribunales y exigir justicia, fueron notificados que la Fiscal General Adjunta Bettina Croppi los convocaría a una reunión. 

Antes de ingresar al edificio Daniel comparte la situación actual de la causa “Nos vienen diciendo que no designan fiscal porque falta una firma: me cuesta creerlo. No puedo hacer nada más que venir y reclamar. Hasta ahora la única justicia que logramos fue que no metan preso a un inocente”. 

Hoy le cuesta hablar; tiene un nudo en la garganta y el rostro de su hija estampado sobre el pecho. “Sólo espero que esta investigación vaya tras los verdaderos sospechosos, tras Mario Mainardi, última persona que vio a Cecilia con vida, quien tenía pertenencias de ella y las regaló; la policía y la fiscal Paula Kelm contaban con ésta y más información y nunca lo investigaron. No podemos creer que Mainardi, que dijo trabajar en Uber porque no podía acreditar ingresos, tenga más poder que Diego Concha, quien fue durante décadas Director de Defensa Civil de la provincia y sin embargo hoy está preso”. 

Daniel pasa lista de todos los uniformados que participaron del caso y que hoy se encuentran desplazados, procesados o presos por distintas causas: el común denominador es la violencia de género. 

Mientras las abogadas ingresan junto a los padres de Cecilia a la reunión, afuera les esperan periodistas, agrupaciones feministas, trabajadores de la Secretaría de Derechos Humanos y familiares víctimas de violencia institucional. Repiten el colgado de banderas, los carteles con rostros de otras víctimas, y los cantos que se recitan como mantras: “¡¡Queremos fiscal, queremos fiscal, queremos fiscal!!” y “¡¡Justicia, justicia, justicia!!”.

Al salir, Giselle Videla -una de las abogadas de la familia- comparte lo conversado en la reunión: “Para iniciar nos han pedido disculpas puesto que en noviembre nos dieron la seguridad que tendríamos fiscal apenas finalizada la feria judicial. Como hoy no hay fiscal, y están subrogando fiscales de otros territorios que toman la causa por un plazo corto de tiempo, el avance es mínimo. Nos informaron en relación a esta situación que la designación de Nelson Lingua espera la firma del gobernador, Martín Llaryora. Ahora bien, nos enteramos que será designado como Fiscal reemplazante, y no como Fiscal titular puesto que Lingua no ha rendido el concurso que lo habilita para ese cargo; debe rendirlo ahora y recién en julio- agosto podremos saber si será finalmente el fiscal titular de la causa”. 

Para que se entienda: desde que el tribunal absolviera a Lucas Bustos en julio del 2022 reconociendo su inocencia y su no vinculación al crimen, y ordenara una nueva instrucción para dar con los responsables del femicidio, la causa demoró meses en ser asignada a un fiscal. Luego recaería en el Dr Raymundo Barrera de Cruz del Eje, fiscal que, hábil con el calendario, entre feria judicial y licencias llegó a junio del 2023, mes en el que se jubiló. 

Por la presión de la familia Basaldúa, en diciembre el mismísimo Fiscal General anunció la designación del Lingua el 3 de febrero; eso no sucedió y no hay certeza de que Lingua resulte el fiscal que definitivamente dirigirá la instrucción, puesto que no cumple con los requisitos.

4 años sin Cecilia Basaldúa, sin fiscal y sin respuestas

Preguntas sin respuesta

Es mediodía y el cielo se refleja en las ventanas del edificio neoclásico de la calle Caseros; da la impresión que adentro estuviera vacío, que sólo es una fachada. “Hoy, 25 de abril se cumplen cuatro años de la aparición del cuerpo sin vida de Cecilia Gisela Basaldúa” lee Susana de la pantalla de su celular; ella también lleva una remera con el rostro sonriente de su hija. Sigue:

Cuatro años de impunidad y de violencia sistemática por parte del Poder Judicial a quienes pedimos y exigimos justicia por ella. La causa volvió a foja cero en el 2022 luego de pasar por un juicio vergonzoso.

El tiempo pasa y los asesinos de Cecilia siguen libres e impunes. No tenemos fiscal ni respuestas” y continúa “¿Cómo vamos a llegar a la verdad? ¿Qué fue lo que pasó con Cecilia? ¿Por qué tardó tanto en aparecer? ¿Dónde está Mario Mainardi? ¿Por qué la fiscal Paula Kelm ordenó tan rápidamente detener a un joven sin tener pruebas? Todas estas preguntas nos conducen una y otra vez a un círculo cerrado de impunidad entre funcionarios judiciales que se jactan en demostrar un abuso de poder constante”. 

La carta leída en la vereda, casi sobre la calle, concentra todas las preguntas que la investigación del femicidio debiera responder. 

Y la carta también cierra como se espera que cierre la investigación: “Verdad y Justicia para Cecilia Basaldúa”.

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