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Las Ramponi: el folklore del humor

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El humor inocente, el comentario travieso, las historias de la gente de su pequeña ciudad, sus propias historias de amores contrariados, todo conspira para que la sonrisa mute en carcajada con el show de Las Ramponi. Humor, sanguches de mortadela y canciones para reírse a pesar de todo. Todos los viernes de junio a las 20 en el Camarín de las Musas, y los sábados de julio a las 21.

Las Ramponi: el folklore del humor

Foto: Lina Etchesuri


En un escenario adornado con banderines y lucecitas de colores hay cuatro mujeres con faldas largas, ponchos, gorros coyas y una de ellas -la figura destacada-  luce prolijas trenzas negras que casi le llegan a la cintura. A simple vista se puede deducir que provienen del Norte argentino. Luego sabremos que son oriundas de Añatuya, Santiago del Estero, y que el intendente, presente en la sala, colaboró con los pasajes para que pudieran llegar a la gran ciudad. La estrella de la noche es Miriam Cardozo, una joven que dejó su ciudad natal y llegó con su “mochila cargada de sueños” -así lo recuerda emocionada-, para conquistar la Capital.
Miriam se brinda con entusiasmo a su público, entona un repertorio que incluye zambas, chacareras y gato y presume de su talento para el arte del canto. Está acompañada por dos músicas, “la Norma” y “la Mónica”, que tocan guitarra, bombo y flauta. Ellas son las Golondrinas del Monte. Tienen una asistente, “la Evangelin”, prima de Norma, quien recibe al público, pasa la contraseña del wifi, entrega números para el sorteo de distinguidos premios y tiene la tarea de amenizar la velada con el reparto de sandwichs de pan francés y mortadela. Los vegetarianos no quedan excluidos: hay un menú especial de chizitos. Un pingüino blanco con vino tinto recorre las mesas y descomprime las individualidades. A esa altura todos nos sentimos como en casa.
Show musical de Miriam, folclore y hasta flamenco y rap, invitados especiales, relatos de historias de pasión y locura, chistes de las Golondrinas, la varieté recorre momentos de dramatismo, ternura y picardía, la risa estalla y Las Ramponi ya se ganaron nuestro corazón.
Las Ramponi: el folklore del humor

Foto: Lina Etchesuri


Este cuarteto femenino arrancó en 2011 con dos de las actuales integrantes, Fiorella Cominetti y Clara Maydana. Con su show Cuando ya no importe, participaron de varietés hasta que  por sugerencia de una amiga convocaron a Carolina Ferrer para el rol de cantante.  Al regreso  de un viaje a Europa que se había ganado, Carolina aprendió las canciones y sin ensayo interpretó a Miriam Cardozo en una función en el Ecunhi. Con aires de diva, exhibe orgullosa su saco de leopardo y pide ginebra con Manaos cuando se retira al camarín; expresa su recelo cuando sube al escenario la cantante invitada, que varía en cada función. «Cantá más bajito que este es mi show», le dice a Micaela Farías Gómez.
La última incorporación fue Julieta Filipini: necesitaban alguien que oficiara de asistente para repartir panchos y rifas, aunque no sólo esa es su intervención en la obra sino que también demuestra sus cualidades artísticas. Toca el bombo, la flauta y rapea con “la Mónica”.
Las Ramponi: el folklore del humor

Foto: Lina Etchesuri


“Queremos hacer hincapié en lo festivo. ¡Venite a la peña a tomar un vino. Si es una primera cita de Happen o Tinder es ideal. ¿Estás  medio deprimido? Andá a ver a Las Ramponi. Si es tu cumpleaños, andá a festejar con Las Ramponi. Si te separaste, anda a ver a Las Ramponi!”, alientan la cuatro. Fiorella: “Para nosotras este espectáculo es la mejor versión que hemos hecho, podría mejorar, podríamos sumarle un montón de cosas pero tenemos ganas de que ese material repose y poder generar algo nuevo como grupo”. Clara: “Con Fiore teníamos esa idea de que sea una peña, un show donde haya una figura del folclore muy reconocida, que en realidad no la conoce nadie, pero ella cree que sí. Se fue armando con el correr de las funciones y con el público”.
El humor inocente, el comentario travieso que las hace sonrojar, las historias de la gente de su pequeña ciudad, sus propias historias de amores contrariados, conspiran para que la sonrisa mute en carcajada. De las cuatro, Julieta es la única porteña, Clara nació en Chajarí, Entre Ríos, Fiorella en de la periferia de Santiago de Chile y Carolina en José Mármol, conurbano bonaerense. Ese mundo de la infancia alejado del vértigo de las grandes  ciudades, con anécdotas de pueblo y vecinos que prestan el teléfono, aparece en el show.  Clara: “Son cosas que pasan en lugares más chicos, la realidad lo supera siempre y es mucho más graciosa de lo que a una se le pueda ocurrir. Somos un poco chicas de pueblo.” Caro: “En mi caso, cuando era chica, los fines de semana eran para ir a pescar. Estamos atravesadas por eso”.  La ingenuidad de los personajes es una virtud que destaca Fiorella: “Estos personajes van para adelante con todo, no les importa nada. No tienen los prejuicios del buen comportamiento, se  conectan con su deseo, si le dan ganas o no le dan ganas”.
Las cuatro Ramponi son actrices, directoras, dramaturgas, productoras y músicas del show que fueron consolidando en estos años de trabajo juntas. Eligieron ese apellido porque suena a familia y eso las entusiasma y las inspira a la hora de darle forma a su creación. Simpatizan con lo trash, admiran la impronta de Alejandro Urdapilleta, Humberto Tortonese, las Gambas al ajillo y les gusta la técnica de improvisación. Si bien no es una obra improvisada, la propuesta del grupo y el espacio descontracturado dan lugar a que surjan situaciones a las que cada personaje le saca el jugo.  Fiorella: “Hay mucha confianza entre nosotras en el momento de actuar, nos reímos mucho atrás del escenario, nos tentamos de lo que dice la otra, lo pasamos muy bien. En la primera temporada de esta formación hicimos dos o tres meses sin estructura, cada función era probar una diferente hasta que llegamos a la actual”.
Las Ramponi: el folklore del humor

Foto: Lina Etchesuri


Una de las claves que ponen en práctica para trabajar en armonía es hacerlo sin secretos. Plantear dudas y evaluar juntas los problemas, entender que si surgen discusiones es por estar atentas al trabajo grupal, les permite superar los roces personales. “Es una familia elegida, te muestro lo peor de mí, pero seguimos acá, es un aprendizaje fundamental. Le escapamos al ‘yo me sentí’,  esto es trabajo, estamos hablando de eso, nos tomamos en serio lo que hacemos y no nos vamos por la tangente con pavadas. Si hay algún problema nos tomamos un vino y lo charlamos”, cuenta Clara.
Julieta es actriz, estudió guitarra, canto, danza contact, trapecio y yoga. Carolina forma parte de una familia de músicos, es actriz, toca el bajo, canta desde chica y cuando fue convocada para interpretar a Miriam Cardozo comenzó a formarse más como cantante. Clara arrancó al mismo tiempo con el teatro y la guitarra, toca charango, forma parte de un dúo de chamamé, es clown, fanática de los festivales de Cosquín y se siente cómoda componiendo y haciendo humor con la guitarra. Fiorella estudió teatro en Chile, Artes combinadas en la UBA, toca la flauta traversa en una big band, da clases de flamenco y en algún momento estuvo a punto de iniciar un profesorado de matemática. La impunidad que le da el personaje de Mónica  le permite acercarse a chicos del público y en alguna oportunidad pidió el teléfono. “Si fuera así la vida, qué lindo que sería, los personajes nos habilitan y el otro también se descoloca. Queremos algo y vamos para adelante, no somos débiles. En lo personal me hace bien encarnar este personaje, me siento más desenvuelta para encarar hombres, voy y veo si funciona y si no, a otra cosa. Hay que romper con las etiquetas de la puta, la fácil. Yo tengo referentes de mujeres fuertes que viven en el campo y pienso en todas esas mujeres, en vivir liviana y no enroscarse”.
Las Ramponi: el folklore del humor

Foto: Lina Etchesuri


Si bien asumen que es difícil consolidar un grupo de artistas independientes y mantenerlo en el tiempo sin apoyo estatal, agradecen no tener jefes y hacer lo que las hace felices.
Compusieron juntas el tema de la amistad, “Aire de gato” que cantan en la despedida del show.  Clara propuso los acordes y sobre esa base debatieron la letra. ¿Qué no puede faltar en un día compartido con amigas? Alegría, música y farra que desparraman el alma, tirar piedras en el río, robar mandarinas, comer locro, jugar al truco y tomar mate, “embarradas, re mamadas, volvemos a la madrugada”.  Compañeras de trabajo, amigas, cómplices arriba y abajo del escenario, Las Ramponi proponen celebrar el gozo de juntarse y compartir lo cotidiano. Con un vino y un abrazo, como dice la canción, nos invitan al paraíso. Buen plan.

Camarín de las Musas
Mario Bravo 960, CABA
Viernes a las 20 hs durante junio.
en julio, los sábados a las 21.

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MU 215: Sin chamuyo

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MU 215: Sin chamuyo
Este número 215 de MU ☝️viene con doble tapa, que podría ser una frase: Sin chamuyo, a remarla.




MU 215: Sin chamuyo

Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va

Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.

Por Francisco Pandolfi




MU 215: Sin chamuyo

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema

Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.

Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país. 

Por Sergio Ciancaglini




MU 215: Sin chamuyo

La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio

La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.

Por Lucas Pedulla




MU 215: Sin chamuyo

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden

La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.

Por Claudia Acuña




MU 215: Sin chamuyo

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película

Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.

Por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Un biodrama del presente: Puta madre

La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.

Por Evangelina Bucari




MU 215: Sin chamuyo

La Cogolla: Flor de cultivo

Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.

por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Desentendimiento: Fingir demencia

Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.

Por Franco Ciancaglini

MU 215: Sin chamuyo

Crónicas del Más Acá: Parlantes

Por Carlos Melone

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MU 214: Mujer maravilla

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Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?




MU 214: Mujer maravilla

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz

Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.

Por Francisco Pandolfi




MU 214: Mujer maravilla

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich

El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.

Por Lucas Pedulla




MU 214: Mujer maravilla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez

“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.

Por Evangelina Buccari




MU 214: Mujer maravilla

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina

La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.

Por Bernardina Rosini




MU 214: Mujer maravilla

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.

Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta

Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.

Por Sergio Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

El trava power: Las Simbióticas

Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.

Por María del Carmen Varela




MU 214: Mujer maravilla

Ser de luz: Nina Suárez

Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.

Por Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Crónicas del más acá: GPS

Por Carlos Melone

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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