Nota
Quién es Naomi Klein y porqué vino a la Argentina
Naomi Klein nació en Montreal, Canadá, en 1970. Sus padres eran, por entonces, integrantes del movimiento progresista que, en la década del 60, decidió abandonar los Estados Unidos, en oposición a la
Guerra de Vietnam.
Radicados en Canadá, combatían a la sociedad de consumo con frecuentes excursiones familiares al campo, donde verdes praderas, montañas majestuosas y almuerzos con alimentos no envasados en los parques nacionales, los ponían en sintonía con la naturaleza. «A mí nada de eso me importaba -recuerda Naomi en su libro-.A los cinco o seis años, esperaba con ansias ver las figuras de plástico de los carteles de las sucursales de las cadenas de comida rápida que se sucedían a amboslados de la carretera, y alargaba el cuello cuando pasábamos ante los Mc Donalds, los Texaco y los Burger King. Mi cartel favorito era el de Shell».
Solo cuando el matrimonio Klein se sentía ideológicamente abatido por sus dos hijos accedía a una comida rápida en cajitas brillantes y laminadas sin resignarse -tal como señala la periodista- a que «habían engendrado dos
niños normales.»
Klein tampoco fue una adolescente de excepción. Era fanática de las marcas, le encantaba pasear por los centros comerciales, y hasta llegó a trabajar los sábados como vendedora de Esprit, la cadena de ropa que adoraba. Todavía hoy compra prendas de esa marca, pero les arranca las etiquetas.
¿Por qué esa adolescente fascinada por los logos devino en
una figura de referencia para los movimientos anti marca? El problema con
los corporaciones -apunta- es parecido al de los amantes: cuando uno le
promete al otro demasiado, nunca puede cumplir. Si las empresas solamente vendieran sus productos, quizás hubieran dejado satisfechos a sus seguidores. Pero si lo que juran es amor para toda la vida y no cumplen, el romance termina mal: aseguran felicidad y entregan una bebida light. Esa desilusión, en alguna medida, la vivió ella misma. Por eso llevó adelante su cruzada contra las marcas con fe de conversa.
«Vivimos en Canadá y no en Estados Unidos -le explicaron sus padres más de una vez- porque aquí no tienes que ser rico para enfermarte y puedes hacer documentales y el Estado paga». Por entonces, ambos trabajaban en el sector público: Michael Klein era médico; Bonnie preparaba documentales feministas y pacifistas.
Su madre era una activista aguerrida del movimiento antipornografía, que
consideraba a la pornografía como un acto de violencia contra la mujer y de
explícita subordinación al género masculino. Es una de las múltiples
preocupaciones (el nacionalismo, la violencia doméstica, la
antidiscriminación) que abarcó el feminismo en Canadá y, aunque su lucha fue históricamente acusada de conservadora y censora, tuvo –y todavía tiene– un gran peso en Canadá. De hecho, en 1992 la Corte Suprema de Justicia dispuso la prohibición de circulación de materiales que convirtieran a la mujer en un objeto de explotación sexual.
En 1980, Bonnie filmó Esta no es una historia de amor, película anti
pornográfica por la que recibió todo tipo de críticas: desde el titular de
un diario que la acusaba de fascista hasta la imagen de una revista en la
que la cara de su madre aparecía en un cuerpo de gorila. «Mientras estaba en el colegio sentía demasiado opresiva la gran exposición pública de mi madre feminista. No era cool, en 1980, filmar una película antipornográfica, no por lo menos en mi secundaria». La vergüenza que le provocaron las críticas a su madre la mantuvo alejada de la política. Hasta que ingresó a la
Universidad.
El 6 de diciembre de 1989 resultó el momento bisagra, la fecha de
la Masacre de Montreal, la peor tragedia ocurrida en un solo día en la
historia de Canadá. El penúltimo día de clases, antes de las vacaciones de
Navidad, catorce estudiantes fueron asesinadas a los tiros por Marc Lépine,
de 25 años, que entró a la Escuela de Ingeniería de la Universidad de
Montreal y abrió fuego al grito de «¡Odio a las feministas!»
Luego de la masacre, las autoridades municipales y provinciales declararon
tres días de duelo; la bandera del parlamento canadiense hondeó a media asta y fueron encendidas velas de vigilia en todo el país. La violencia de género dejaba de ser tema excluyente del movimiento feminista para instalarse en espacios que antes le habían dado poca atención. «Ese suceso me politizó enormemente -puntualiza Klein-. Por supuesto que después de esa matanza una debía llamarse a sí misma feminista».
En este sentido, sostiene, No logo es un libro feminista. «Es una vuelta a
las raíces del feminismo, al feminismo temprano, que estaba muy involucrado en acciones contra la explotación. Creo que el movimiento perdió su rumbo a fines de los 80, cuando se alejó justamente de esas raíces críticas frente al capitalismo y al consumismo» .
Fue precisamente la Federación de Mujeres de Québec, la organización que
llevó adelante la marcha Mundial de las Mujeres en marzo de 2000. Bajo la
consigna Pan y Rosas constituyó una significativa convergencia internacional de movimientos.
Militancia. En una oportunidad, Klein resultó amenazada -con una bomba en su casa y en la oficina- después de escribir un artículo, «De víctima a victimario», en el diario estudiantil donde sostenía que Israel no solo debía terminar con la ocupación sobre los palestinos sino también sobre su propia gente, especialmente con las mujeres.
Después de la publicación de la nota la unión de estudiantes judíos
sionistas llamó a una reunión para discutir las medidas a tomar.
– Si yo alguna vez me encuentro con Naomi Klein la mato» -dijo una mujer.
-Yo soy Naomi Klein y soy tan judía como cada uno de ustedes -contestó la
autora. Tenía 19 años y, desde entonces, no recuerda un silencio tan cargado como el que se hizo ese día en la sala.
Klein interrumpió la carrera universitaria para trabajar como periodista en
el Toronto Globe and Mail y para editar una revista política alternativa. Se
fue de la universidad a princicios de los 90, convencida de que la
estrategia de la izquierda era pobre y aburrida.
Cuando volvió, en 1995, se sorprendió porque encontró un panorama renovado, donde los estudiantes organizaban campañas contra la invasión del espacio público por las marcas. La militancia anti-empresaria estaba en plena expansión.
Tal como desarrolla en uno de los capítulos de No logo, las empresas
ingresaron a los campus universitarios con estrategias de lo más variadas:
desde la obtención de la concesión de las cafeterías hasta el financiamiento
de equipos de investigación o la pegatina de avisos publicitarios en cuanto
lugar les era posible: hasta en los baños.
En este sentido -sugiere Klein- la respuesta más creativa fue la de los
estudiantes de la Universidad de Toronto, en donde también ella cursó.
Los integrantes de la autodenominada Sociedad de Agradecimiento a Escher se emplearon temporariamente en la agencia publicitaria que ponía los avisos en las minivallas de las facultades y se preocuparon de perder -a conciencia- los destornilladores que les daban para abrir los marcos de plástico. Muñidos de esos elementos, en un operativo comando reemplazaron todas las publicidades por grabados del artista holandés Maurits Cornelis Escher. Así, todo el alumnado pudo disfrutar de esas imágenes geométricas inicialmente elegidas por los estudiantes porque se fotocopiaban bien.
Fue ese heterogéneo movimiento gestado en las aulas el que la condujo hasta No logo: Klein sólo siguió el hilo de sus amigos universitarios. «Cinco años antes -recuerda-los temas que nos preocupaban eran la discriminación racial, la identidad étnica, el género y la sexualidad. Ahora esos temas se habían ampliado, habían incorporado el poder de las grandes empresas, los derechos de los trabajadores y un análisis relativamente desarrollado de los procesos de la economía mundial».
No logo se convirtió así en el best seller que es hoy, como símbolo de una nueva cultura política. El libro justifica en cada línea su éxito y prestigio. En primer lugar, porque es una investigación profunda, seria y sostenida con números, teoría y crónicas. Klein es consecuente con su ideología: si lo que importa en cómo se vive un política económica determinada, viaja hasta donde sea necesario para comprobarla. Pero, y quizás es lo mejor, No logo es un libro bien escrito. Aquí también, además de su talento, cuenta su lógica política: a Klein le preocupa su época, pero también su lector. Nunca lo aburre ni lo subestima. Y escoge las palabras con esa sensibilidad que se transforma en su marca característica.
Luego del éxito de No logo, llegó la revuelta de Seatlle. O viceversa. El libro es hijo de su época y Naomi se transformó en un voz potente y autorizada para hablar de ella.
Así llegó al Foro Mundial de Porto Alegre, realizado en enero del 2002, donde tomó contacto con las noticias que llegaban desde Buenos Aires. Decidió, entonces, llegar hasta aquí, luego de un curso intensivo de castellano que tomó durante 20 días en Montevideo.
Aterrizó en esta ciudad cuando todavía en Parque Centenario se reunían más de 3 mil personas a debatir su destino. Y fue testigo directo de las violentas intervenciones de los partidos de izquierda por tomar el control de ese espacio. Participó de la multitudinaria marcha con que se conmemoró el 24 de marzo y partió poco después, con la determinación de volver y quedarse el tiempo necesario para entender lo que aquí pasaba.
Su marido, el director canadiense Avi Lewis -una estrella de la tevé, por cierto- fue su cómplice y compañero en este proyecto. O viceversa.
Así, los dos se instalaron durante seis meses en Buenos Aires, frente a Parque Lezama, y con un equipo de jóvenes locales y cámaras internacionales, registraron todo lo que vieron. El violento desalojo de Brukman, con tres cámaras. La resistencia de Zanon, en Neuquén, con tres viajes. Las movilizaciones del 19 y 20, a un año de la protesta. El trabajo de los grupos piqueteros, fuera y dentro del piquete. Las reuniones de asambleas y las historias que había detrás de ellas. Sumaron, en total, 200 horas de filmación que estarán, ahora mismo, seleccionando y cortando con pasión y cariño. Porque Naomi y Avi así son.
Durante esos meses argentinos, Naomi escribió algunos artículos. Es una mirada interesada por transmitir al mundo lo que aquí ella veía. Eso que descubrió Naomi en la Argentina es algo que merece ser leído una y otra vez. Porque sirve para pensarnos desde otra lógica y otra perspectiva. Para debatir sobre la salud de nuestros ángeles y también de nuestros fantasmas. Pero, fundamentalmente, sobre aquello que Naomi intuyó desde un principio: sobre nuestra esperanza.
Nota
Mariano Magnifico: Actor, bailarín y examinador del lenguaje
Utiliza las redes para difundir ideas sobre cómo hablamos para hacer pensar y reír, pero también para «tejer comunidad» a través de discursos. ¿Educador o performer? Las malas palabras, el shock, la literatura y su marca «Hablen bien, forros»: vida y obra de este joven multidiplomado que estudió Letras y hace temporada en Mar del Plata.
Por Carlos Ulanovsky
Actor, músico (completó la tecnicatura en canto en el conservatorio Manuel de Falla), figura del teatro musical, Mariano Magnifico (sin tilde) es licenciado en Letras por la Universidad de Buenos Aires, tiene una maestría en Sociología de la cultura por la Universidad de San Martín y está a una materia de recibirse de filósofo.
Nunca se rindió porque, una vez, medio en broma, bastante en serio -y también siguiendo una inequívoca tradición familiar: padres y hermanos docentes – el bailarín (discípulo de Elizabeth de Chapeaurouge) sacó a bailar a la forma de hablar de los argentinos.
El performer se convirtió en comunicador, el dramaturgo y productor devino en un original examinador (algunos ya le endilgaron el hoy inevitable título de influencer) de la lengua”.
En Instagram y TikTok más de 700 mil seguidores consultan sus instrucciones. Pero, avisa, también está identificable en todas las redes con su nombre y apellido: Mariano Magnifico, sin tilde.

Mac hablados
Una vez, explicando las diferencias entre sino y si no, se desayunó con la sorpresa de que su explicación se había vuelto masiva, o como ahora debe decirse, se viralizó. A salvo del virus, la fuerte repercusión lo enfocó en la nueva tarea.
No solo lo ponían de la nuca el uso inadecuado de ciertos términos (“Si tendría” o “Si podría”, ilustra) sino que, en alguna ocasión, explicando con glamour y documentación que “había un hacia con h y con c y un Asia que es escribe con mayúsculas, que lleva s y es el nombre de un continente”, cayó en la cuenta que entre el lenguaje cotidiano y él había algo personalísimo.
La coloquial frase de presentación – “Hablen bien, forros”- se convirtió en el 2022, post pandemia, en el libro La divina lengua (editado por Galerna); luego en un unipersonal que sigue representando; y más adelante en un canal de YouTube por suscripción, por el momento gratuito.
No admite que esta nueva actividad que desarrolla con esmero y conocimiento sea su lado B. “Soy todo Lado A e intento compartir con el público lo que tengo”, dice quién sigue en plena actividad artística. En años recientes integró los elencos de La selección musical y Benito de la Boca; de Teresita, una vida de mierda y de Kinky Boots; de Al bárbaro le doy paz, tributo a canciones de María Elena Walsh y de Pretty Woman en donde personifica a un celebrado recepcionista de hotel.
Es posible imaginar que todo pudo haberse iniciado por ser el portador de ese pedazo de apellido, original de la región de Molise, en el centro sur de Italia. Con seguridad apellidarse de ese modo no le ahorró explicaciones, o la necesidad ajena de acercarse con chistes como ‘¿Cuándo vas a Mc Donald’s comés la Mcnífica?’.
Lo magnífico de su Magnifico es que no lleva acento y proviene del verbo magnificar que, de acuerdo a un diccionario confiable, significa “engrandecer, alabar, ensalzar”. Una vez más aclara: “Mi apellido no lleva tilde, según la teoría, porque la tilde no existe en italiano. Pero yo creo más bien que es por la poca ortografía que tenían los trabajadores que anotaban a los inmigrantes”. Se ataja y afirma: “No me considero un educador. Ni a mí mismo me educo. Me cuesta decir que soy especialista en algo. Mi vida fue siempre una chicha y limonada a la vez. A partir de La divina lengua los senderos bifurcados se unificaron en una sola locura”.
Rechaza la presión de los saberes consagrados: “En lugar de erudito, soy eructito”. Relativiza: “Vivimos en una sociedad del shock y el lenguaje es representativo de ese modo de vida”. Lo cierto es que ahora no solo gasta zapatos sobre escenarios cantando, bailando y haciendo morisquetas, sino que sube a ellos para ofrecer charlas, talleres y presentaciones personales.
A la manera de los renacentistas del siglo 16 interesados en distintas disciplinas, Mariano es un representa siglo 21 de esa corriente. En el invierno de 2024 estrenó en el San Martín la obra Instrucciones para un mundo posible, una dramaturgia inspirada en la literatura de Julio Cortázar. Actualmente sigue trazando líneas de investigación para la cátedra de Literatura Francesa cuyo titular es Walter Romero y para el Instituto Artes del espectáculo que lidera Jorge Dubatti. Como si fuera poco sumó experiencias como coach vocal, co condujo programas de radio y escribió ensayos que publicaron distintas revistas culturales.
Malas palabras
Allí se lo ve en pantalla actuando animados y coloridos cortos a los que, con mucha solvencia, guiona, filma, edita e interpreta. A la manera de un locutor de informativo, con una botella como micrófono relata. Un ejemplo: “Terrible accidente en la autopista. Hubieron cinco damnificados. El verbo haber es un verbo impersonal, que quiere decir que solo se conjuga en su tercera persona del singular…De paso cañazo se escribe así (sobreimprime la palabra “haber”). Una de las formas del pretérito es el famoso “hubo”, que tantos problemas nos trae. Entonces, decimos “hubo un accidente” o “hubo muchos accidentes” …Pero qué, entonces ¿el hubieron no existe? Claro que existe: se usa estrictamente cuando viene acompañado de un participio”.
Del mismo modo, en otros recortes se mete a explicar las diferencias del verbo poner o los usos correctos de los sustantivos patronímicos.
En un recordado congreso internacional, Roberto Fontanarrosa reivindicó a la palabra “pelotudo”, como una de sus “malas palabras” preferidas “por su imbatible sonoridad”. En sus videos Magnifico no las evita. Ya el “Hablen bien, forros” es un slogan duro pero difícil de reemplazar “o cuando se interroga ¿por qué hablamos tan para el ortográfico?”.
También cuando canta La milonga de las porongas (en co autoría con Ernesto Biasotti) o al informar que “todas las palabras que terminan en culo llevan tilde”.
Cuenta que algunos docentes le dicen que sus videos son excelentes, pero como tienen malas palabras no los pueden compartir con los alumnos. Opina: “Yo los escucho y les digo, no te preocupes, los chicos también las dicen. Y ustedes, los maestros, también”. Sigue: “A mí me gusta Forro. La F, la O, la doble R, toda esa composición la vuelve genial. En el libro le dedico una sección a las malas palabras. Las reivindico. Son geniales, territoriales, nuestras. La mejor traducción de la emoción en palabras”.
N del R: No solo es una cuestión de infancias. Tenemos un presidente de la nación que con demasiada frecuencia apela a las llamadas malas palabras para retar a quiénes no pensamos como él. Y ni hablar de algunos encumbrados funcionarios que llegaron alto a pesar de su muy reducida dotación de palabras.

Tejer comunidad
Magnifico seguirá actuando. Lo espera una temporada en Mar del Plata, que alternará con su propio unipersonal y el cuidado de su trío vocal, las marplatenses de Vox Popurri.
En otros tiempos, para ganarse la vida, ofició de estatua viviente, cantó cumbia, se metió dentro de un disfraz de conejo de pascua para una promoción y cantó a la gorra recorriendo algunas ciudades de Italia (“Fue un enorme entrenamiento. Creo que jamás habría podido hacer mi unipersonal si no hubiese sido por esa experiencia”. Pero no solo eso: ahora es, también, como su abuelo Sebastián, natural de Tortorici, Sicilia, ciudadano italiano. “Uno tiene una lucha personal para que las personas puedan usar la lengua en función de la comprensión comunitaria, de la escucha, de la opinión. Luchas que tienen muchas e injustas resistencias en estos tiempos”, se plantea quién se propone seguir aclarando aquellos eternos dilemas de gramática, sintaxis y ortografía.
¿Militancia? ¿Intencionada didáctica para intervenir en la batalla cultural? Explica: “Me interesa el lenguaje en general y la construcción de los discursos éticos. La gente está perdiendo la capacidad de desengranar esa trama. ¿Sabías que texto viene de trama, que significa tejido? El propósito es ayudar y hacerlo con humor. Una especie de gesto hacia la comunidad que se sigue haciendo preguntas como ‘¿esto va con v o con b?’ “.
Nota
Matar por matar: la violencia policial porteña y el crimen en Lugano de Gabriel González

Gabriel González, 45 años, pintor, fue asesinado por personal de la Policía de la Ciudad el jueves navideño en el barrio de Lugano, en un nuevo caso de gatillo fácil que además fue registrado por las cámaras de los vecinos. Gabriel intentó intervenir cuando la policía le estaba pegando a uno de sus hijos. Estaba sin remera, descalzo, desarmado. Lo fusilaron a corta distancia, las imágenes que aquí reproducimos están disponibles y se observa perfectamente quién le disparó. En el barrio sostienen que hubo violencia policial, además, sobre algunos de los testigos, para que hagan el silencio necesario para permitir la impunidad del y los autores.
En la foto de portada se ve a la derecha a Gabriel en el momento en el que es impactado por los disparos policiales.
Además de su trabajo como pintor, Gabriel se dedicó especialmente a la contención de jóvenes con consumos problemáticos. Presentamos la información publicada por el diario Tiempo Argentino, integrante junto a lavaca de la Unión de Medios Autogestivos, un símbolo y una realidad sobre la violencia institucional de estos tiempos.
Amigos, allegados y vecinos de Gabriel González, el muchacho de 45 años que murió en medio de una violenta represión de la Policía de la Ciudad, ocurrida en Navidad en Villa Lugano, marcharon en reclamo de justicia. La familia aseguró que fue asesinado a mansalva y denuncia un nuevo caso de gatillo fácil.

Las lágrimas de Nelly, la viuda de Gabriel González. (Foto: Gentileza Pablo Lecaros)
Nelly, la viuda de Gabriel, aún habla de su marido en tiempo presente. En diálogo con la prensa que se movilizó hasta Cruz y Escalada, en Lugano, donde se concentró la movilización, expresó: “Hace más de 25 años que comparto con él, que vivo con él, que la luchamos, salimos a laburar todos los santos días. Tanto él como yo, salimos a trabajar para tener las cosas que tenemos y lo que pudimos construir. La peleó siempre. No es una mala persona. No se merecía morir de esa forma. Quiero justicia por la vida de Gabriel”.
La mujer recordó que llegó a la escena del crimen cuando a su pareja “ya le habían pegado. Tenía toda la cara ensangrentada. En todo momento traté de pararlo y que no le sigan pegando, porque lo estaban lastimando. Escuchaba cómo lo incitaban a pelear con ellos. Todo el tiempo lo incitaban a pelear. Él estaba enojado y ellos eran cada vez más. Le dieron un tiro muy de cerca”. Nelly también recibió heridas en las piernas y en los brazos.

Foto: Gentileza Pablo Lecaros.
Entre sollozos, la viuda pidió a sus vecinos que no la dejen sola. “Luchemos. No es la primera vez que pasa algo así. Ellos vienen a matar, no vienen a apaciguar las cosas, a tranquilizar, sea lo que sea que esté pasando. Al amigo de él lo cagaron a palos, lo llevaron a la comisaría y le dijeron que no diga nada”.
La mujer se refiere al amigo de Gabriel que en los videos, donde quedó registrada toda la secuencia, se advierte que intenta calmar a la policía. Gerardo, el hermano de la víctima, también mencionó “al muchacho que se llevaron preso, lo golpearon y lo amenazaron que lo iban a matar, le dijeron que conocían a su familia y a su casa. Para que no declare”.
Según pudieron reconstruir, el amigo de Gabriel fue liberado de la Comisaría 8A a eso de las 5 de la madrugada de este viernes. “Le aflojaron todos los dientes, le pegaron en las costillas entre el policía que disparó y había otro peladito. Todo para encubrir la cagada que se mandaron ellos”.

Foto: Gentileza Pablo Lecaros.
Por su parte, la abogada de la familia, Romina Ávila, precisó que “cuando le tiran a Gabriel, le tiran estando totalmente desarmado, indefenso y a una distancia prudencial del personal. Esto quiere decir que en ese momento no estaba agrediendo al personal. Tampoco se puede argumentar que hubo un exceso en legítima defensa, es lo que nosotros llamamos gatillo fácil”.
La asesora de la familia señaló en Radio Con Vos que esperan los resultados de la autopsia y las pericias, cuyos análisis preliminares deberían estar para este sábado. “Está documentado que quien dispara es un policía que bajó del patrullero. Tenemos su rostro, imagen por imagen. Ahora a pedido de la justicia, la Policía de la Ciudad, debería identificarlo”, esgrimió.

Foto: Gentileza Pablo Lecaros.
Gabriel era pintor y solía contener a los chicos del barrio que padecen consumo problemático. De hecho, comenzó con esa tarea social tras un contexto de abuso de drogas por parte de su hijo. “Era una persona humilde, hijo de migrantes, muy pujante, una persona que trabajaba y en ocasiones como esta, un festejo popular, participaba. Lo grave de su conducta ayer fue salir a la vereda a compartir con los amigos, sus vecinos. Es común eso acá. Los encuentros se comparten por más que a ellos no les gusten. Es parte de la cultura”, analizó la abogada.
“Acompañaba a chicos con consumo, porque con su hijo dio una larga lucha por esa misma situación”, añadió Ávila, quien concluyó: “La Policía de la Ciudad sigue deambulando y caminando por acá. Son los mismos policías de la Comisaría Vecinal 8A que ayer estaban tomándole declaración a sus mismos compañeros que horas antes habían ido a herir de muerte a Gabriel. Conviven con nosotros y el miedo es grande y está”.
Respecto a la autopsia, la mujer indicó que los restos fueron trasladados este viernes a las 8 a la morgue judicial y que los resultados «van a ser sumamente clarificadores de lo que creemos y que sostenemos como teoría del caso, que para nosotros se trató de un hecho de violencia institucional. Que no tuvo ningún tipo de defensa, ni exceso en legítima defensa por parte del personal policial».

Foto: Gentileza Pablo Lecaros.
“Mi primo asesinado por la policía era un chico trabajador, nacido acá en el barrio, en la Villa 20. Era papá de Dante y Ángel de 21 y 25 años. Re familiero. En cumpleaños o reuniones familiares él siempre estaba en la parrilla haciendo el asado. Le encantaba compartir, era fanático de la pesca, un arquerazo del equipo del barrio que hace poco salió campeón. Cariñoso, amable, sencillo, solidario. Gabriel era muy valiente, no le tenía miedo a nada”, dijo a Tiempo Oscar Villaverde, primo de Gabriel y docente de la Escuela Técnica N° 13, Ingeniero José L. Delpini de Villa Lugano.
Fue el propio Oscar quien publicó en las redes en la tarde noche de ayer el asesinato de su primo: “Hoy en un forcejeo con la policía tras defender a su hijo asesinaron a quemarropas a mi primo Gabriel González e hirieron de bala a su mujer”.
El video filmado por un vecino dejó en evidencia el asesinato a quemarropa denunciado por quienes fueron testigos del brutal crimen. Se lo ve Gabriel sin remera, defendiéndose de los golpes contra media docena de efectivos policiales que lo golpean sin piedad.
De golpe, uno de ellos saca su escopeta y le dispara. La muerte fue instantánea y uno de los disparos hirió a la compañera de vida del asesinado y a otros vecinos que observaban con asombro la brutalidad policial.
Nota
Se confirmó el procesamiento del gendarme Guerrero por el ataque al fotógrafo Pablo Grillo

El gendarme Héctor Guerrero será procesado por el ataque que hirió gravemente en la cabeza al Pablo Grillo el 12 de marzo pasado (la foto de portada muestra a Pablo durante su recuperación, que aún continúa). La Sala II de la Cámara Federal porteña ratificó la decisión de la jueza María Servini que había sido apelada por el acusado. Además, pidieron investigar las posibles responsabilidades de quienes estuvieron a cargo del operativo. Presentamos aquí la información del diario Tiempo Argentino, uno de los integrantes de la Unión de Medios Autogestivos.
La Sala II de la Cámara Federal de Apelaciones confirmó el procesamiento del gendarme Héctor Guerrero por las lesiones gravísimas producidas al fotógrafo Pablo Grillo y por el abuso de armas en otras cinco oportunidades durante la manifestación de los jubilados del 12 de marzo pasado.

El gendarme Héctor Guerrero el día de su declaración ante la jueza María Servini.
El fallo de la Cámara lleva las firmas de los jueces Eduardo Farah, Martín Irurzun y Roberto Boico. En su voto, Boico además, exigió que se profundice la investigación por las eventuales responsabilidades de las autoridades a cargo del operativo.
La situación del gendarme Guerrero había llegado a la cámara de apelaciones luego de un planteo de la defensa del acusado en la que pidió revocar el procesamiento como presunto autor del disparo con una pistola lanza gases contra Pablo Grillo, quien sufrió heridas gravísimas durante la represión policial a aquella protesta de jubilados en el centro porteño.
El planteo de la defensa se produjo en el contexto de varias resoluciones judiciales polémicas que se dieron durante en la semana posterior al triunfo electoral de La Libertad Avanza (LLA), que tuvieron como principales beneficiarios a Mauricio Macri y Javier Milei, y como principales perjudicados a Cristina Kirchner y Guillermo Moreno. Sin embargo, el oportunismo no funcionó y este viernes los tres camaristas le dio un revés al gendarme al entender que el acusado debe ir a juicio.
Guerrero, asistido por los abogados Martín Sarubbi y Claudio Nuncija, solicitó revertir el procesamiento que oportunamente había sido dictado por la jueza federal María Servini. La defensa sostuvo que no está acreditado que el gendarme haya sido el autor del disparo y afirmó que su conducta se ajustó a los protocolos vigentes para el uso de armas lanzagases.
En tanto, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), que interviene como querellante, respaldó la resolución de Servini y la validez de las medidas de prueba, entre ellas el relevamiento en el lugar del hecho, un informe balístico de la Policía de la Ciudad y la reconstrucción denominada “Mapa de la Policía”, elaborada por realizadores audiovisuales y peritos forenses.

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