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Crimen organizado

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La guerra contra las mujeres, de México a Argentina. Un encuentro histórico entre la mexicana Julia Monárrez Fragoso y Marta Montero puso en común cómo actúa el sistema de crímenes contra las mujeres en Latinoamérica. En México calculan 11 femicidios diarios. El rol del narcotráfico, la complicidad del Estado, las promesas incumplidas, los cuerpos, las resistencias y la necesidad de tener datos propios. Las coincidencias entre Mar del Plata y Ciudad de Juárez. Y todos los derechos y las condenas logradas, frente a la falta de medidas efectivas: “Logramos de todo, y no tenemos nada”. Por el Observatorio Lucía Pérez.

Crimen organizado
Marta Montero es enfermera, mamá de Lucía Pérez. Ella y su familia rechazaron desde el primer momento el fallo del Tribunal Oral 1 de Mar del Plata que dejó impune el femicidio de su hija. Se logró anular el juicio y habrá además juicio político a dos de los magistrados. Trabaja junto a la Campaña Nacional Somos Lucía, colectivo de mujeres que reclama justicia y reparación a las víctimas. En honor a su hija fue bautizado este Observatorio de Violencia Patriarcal.

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Tener datos

Julia Monárrez Fragoso: Como ustedes hacen desde el Observatorio, hice una base de datos sobre los crímenes de mujeres en Ciudad de Juárez. Era necesario porque queríamos saber era cuáles eran las zonas de alto riesgo. Además, los datos permiten ver una fotografía, saber la edad, de dónde venía la niña, la mujer, cuál es el ministerio público que está encargado del caso, etcétera. Porque ustedes saben que México tiene un problema de justicia: hay ministerios que tienen hasta 2.000 expedientes. Entonces la base de datos permite tener un seguimiento rápido y que no le vuelvan a preguntar a la persona el nombre de su hija, qué le pasó, cada vez que va: los datos ya están ahí.

Guerra contra mujeres

Julia: Lo primero que encontramos fue que hay una densidad alta en relación con la desaparición de las niñas y mujeres desde 1995 a 2021. Al principio estaba concentrado en esto que es el norponiente de la ciudad, que es de la zona más precarizada, y el centro histórico. En el 2004 calculamos que no se tomaban medidas de prevención, justicia, y una serie de elementos que tienen que ver con estas atrocidades, iban a ir descendiendo al sur. Hipotéticamente esto tardaría 20 años, solamente que a partir del 2008 tuvimos, y todavía está aquí, la mal llamada guerra contra las drogas. El número de mujeres y niñas desaparecidas aumentó exponencialmente, y el número de mujeres asesinadas también.

La voluntad de no hacer 

Julia: Después analizamos las densidades: número de mujeres desaparecidas por kilómetro cuadrado. Aquí, en la zona central son casi 4 mujeres que desaparecen por kilómetro cuadrado. Ciudad de Juárez es una ciudad multi céntrica, una ciudad que se desbordó con la llegada de una industrialización transfronteriza y la dejó   completamente desarticulada. Ciudad Juárez  tiene casi 2 millones de habitantes, y hay personas que deben hacer 3 horas para llegar a la fiscalía. Y otro tanto para volver. Esa es una problemática muy grave y una desatención por parte del gobierno. No es falta de voluntad política, sino que la voluntad política es no hacer.

Los soldaditos

Marta Montero: Acá en Mar del Plata está pasando muchísimo, no solo con mujeres, sino con varones. Los varones son los soldaditos que ellos adiestran, cuando los quieren hacer desaparecer, o cambiar, o no quieren seguir haciendo lo que están haciendo, les pegan dos tiros en la rodilla. Yo trabajo en un hospital público: aparecen en la guardia del hospital los soldaditos con tiros en la rodilla. Esos soldaditos no denuncian a nadie. Nadie les hizo eso. Está prohibido denunciar. Se van con todo lo que eso significa: el que sobrevive, sobrevive, y el que no, se irá al cementerio. Esa es la realidad que vivimos en Mar del Plata.

Crimen organizado
Julia Monárrez Fragoso, mexicana, doctora en Ciencias Sociales, es la más prestigiosa especialista en violencia contra las mujeres de su país. Preparó el Peritaje sobre feminicidio sexual sistémico en Ciudad de Juárez, en el juicio de 2009 en el que la Corte Interamericana de Derechos Humanos adoptó por primera vez la perspectiva de género y condenó al Estado mexicano por la falta de diligencia y encubrimiento de desapariciones y crímenes de mujeres.

Ajuste de cuentas

Julia: cuando Marta explica que los niños que llegan no dicen quién les disparó, no lo dicen porque quieren seguir vivos. Lo que hemos visto en Ciudad Juárez es la posibilidad de recuperar con mayor facilidad el nombre de la niña o de la mujer asesinada, o su domicilio. ¿Por qué? Porque las periodistas tienen un posicionamiento ético ante la muerte de los demás. Se iban a sus casas a preguntar por qué había sido asesinada esa mujer, para dar una información más completa. Pero hoy no se puede. Y no se puede porque ponen en peligro a esa familia. Si se supone que fueron asesinadas por miembros del crimen organizado, los miembros de esas mismas bandas le van a decir a los familiares que no deben decir nada porque van a ir por los otros miembros de esa familia. Entonces ahí queda. Y figura como la narco-ejecución, como la imagen de que se están matando entre ellos.

El reclutamiento

Marta: El tema de la droga en Mar del Plata es temerario. Estamos hablando de menores. Una piba capta a mi hija para llevarla a estos tres tipos que vendían drogas. Después van adiestrando a estas chicas a través de la escuela, el medio donde se pueden comunicar y estar juntas. Pasa en todas partes: esta gente te las capta y las termina llevando a esta destrucción. Porque hablamos de una destrucción total, de una familia, y de ese núcleo de vida que tenía Lucia: se destruye todo. Y como Lucía, tantas Lucias.

El lenguaje

Julia: Yo siempre he dicho que el género no necesariamente actúa en contra nuestra porque las mamás que perdieron a sus hijas en México, ya sea por desaparición o feminicidio, pudieron salir a la calle, y expresaron el dolor y la demanda de justicia. Aquí le llaman levantar. Tenemos como un lenguaje militar: va un comando armado, que está compuesto de brazos de los cárteles de las drogas que vienen todos encapuchados, traen armas de alto calibre y pueden entrar a cualquier casa y llevarse a un chico o chica. Eso es levantar a una persona. La pueden encontrar después, o nunca. O pueden estar en fosas clandestinas, que nosotros tenemos un montón en México

El loco de la ruta

Marta: Las voy a llevar unos años atrás, hace 30 años acá había un tipo que se llamaba el loco de la ruta, pero no era ningún loco de la ruta: eran la propia policía, los propios fiscales, los jueces, hijos de. Y a las mujeres que se prostituían, las mulas como le dicen ellos, cuando no querían hacer lo que ellos ordenaban, las terminaban matando y tirando al costado de la ruta. Nunca se supo nada de todo eso. Con esa impunidad y de esa manera se maneja esa gente. Y se siguen manejando. Acá la prostitución, la venta de droga en Mar del Plata, es siniestra.

Poseer matando

Julia: Tiene que ver eso que dice Marta con la violación y con los cuerpos abandonados en lugares inhóspitos. Pero después, cuando una va investigando, resulta que había niñas y mujeres muy jóvenes asesinadas inmediatamente y otras que no. Esto ya había sido muy estudiado: la situación en la que se juntan dos deseos para estos hombres que matan: el deseo de la lujuria y el deseo de la sangre. El deseo de poseer completamente a alguien. Y la única manera de poseerlo y que nadie más tenga derecho a ese cuerpo es matándolo.

El sistema

Julia: Sin embargo vimos, por el tiempo que pasa hasta que se encuentra el cuerpo, lo que decían los forenses: que había chicas que permanecían cautivas por mucho tiempo. Ahí se arma otro elemento: unas asesinadas inmediatamente, otras asesinadas después de mucho tiempo. Y lo que pasó en el caso de Campo Algodonero (sentencia histórica en contra del Estado mexicano por la desaparición de tres mujeres) permitió demostrar que habían sido desaparecidas en distintas épocas: todas llevaban diferente tiempo desaparecidas. Esto era una marca, una organización y una sistematización del asesinato de estas mujeres. 

Desaparecidas

Julia: Pero también hay otras cuestiones, que han hecho incluso que viniera a México el Equipo Argentino de Antropología Forense. Hay 56 chicas que todavía no han sido identificadas. ¿Y qué quiere decir que no sean identificadas? Si las madres de Ciudad de Juárez y las madres de Chihuahua dieron su ADN para hacer su cotejo genético, quiere decir que probablemente esas mujeres venían de Centro América o de la Región Andina a Ciudad de Juárez: nadie las va a reclamar. Pese a que se le dijo al gobierno que tenía que cruzar noticias o realizar un llamamiento a los 32 estados que componen la República Mexicana diciendo que si alguien no encontraba a su hija, a su esposa, podría acceder a hacerse un ADN para cotejar, después de tantos años, todavía no se hace eso. Y no se ha hecho eso en un país en el que nosotros ahorita tenemos más de 90.000 personas desaparecidas en un lapso de 15 años.

El Estado es responsable

Julia: Entonces el feminicidio de mujeres que tiene que ver con este uso y abuso de su sexualidad: es extraer del cuerpo todo lo que el asesino quiere. Y es tan complejo que tiene varias hipótesis de quiénes pueden ser los asesinos. Y yo estoy completamente segura de que los gobiernos saben quiénes son los asesinos. Porque tiene que haber esa red de complicidad. Porque un gobierno como el nuestro, que ha sido avergonzado internacionalmente, y que tiene la sentencia del Campo Algodonero, y que es el que más recomendaciones recibe de parte de organizaciones internacionales de derechos humanos de las mujeres, no puede o no tiene claridad, y no reconoce que estamos ante una atrocidad de graves consecuencias para las mujeres. Nos hacen una diferenciación entre las mujeres que son asesinadas por hombres a los que conocían, y lo llaman feminicidio, y luego separan a las mujeres que son asesinadas por el crimen organizado y le llaman narco-defunciones. Yo llamo a ambos feminicidios. ¿Por qué? Porque finalmente, la guerra que tenemos aquí, y el crimen organizado, la guerra viene desde EE. UU y es una guerra puritana y racista y clasista y sexista. Quienes están muriendo aquí son las mujeres mexicanas, quienes están muriendo aquí son los hombres mexicanos.

Dólares por muertes

Julia: Es una complejidad que tiene que ver no solamente con lo que pasa en el interior de nuestras sociedades, sino también con lo que pasa internacionalmente. Qué es lo que significa esta trata de mujeres y de niñas que deja millones de dólares para otras naciones, para el crimen organizado, y para nosotras deja la miseria y la muerte.

Creo que una lo puede analizar desde estas cuestiones de los patriarcados complementarios que se dan en que los gobiernos de otras naciones permiten en sus países el uso lúdico de las sustancias de los narcóticos; y para nuestros países estas sustancias se convierten en cuestiones de muerte para quienes se involucran.

Desnacionalizadas

Julia: Pero hemos visto que hay un gran número de mujeres que vienen de Colombia, de Venezuela a  trabajar en los bares, en estos “dance” donde bailan, lugares donde circula mucho la droga y donde están estos hombres que son parte de estas organizaciones. ¿Cuál es la libertad que tienen estas mujeres frente a estos hombres? ¿Cuánta es la libertad que tienen frente a esa desnacionalización? Entonces, claro, es muy fácil llegar y decir que a dos mujeres venezolanas o colombianas las mataron porque tenían un asunto de drogas o que no habían pagado. O que se sentaron con otro hombre, que era del otro bando, y son asesinadas porque es como si fuesen propiedad de estos hombres que tiene poderes extra, más allá de Estado. A mí me parece muy difícil cuando preguntan lo siguiente: ¿cómo podemos terminar con esto? Yo creo que nosotras, cuando escribimos los artículos o hacemos publicaciones y sitios web como el que tienen ustedes, denunciamos la injusticia. Sin embargo, es el Estado quien debe contar lo que representan esas ganancias que se obtienen de las mujeres explotadas de nuestros países. 

Crimen organizado

Julia: Hay cosas que en nuestra América Latina están cundiendo cada vez más y tienen que ver con esos otros elementos que están ahí, con el incremento de muertes artificiales que no tienen nada que ver con las muertes naturales ni con el deterioro biológico. Algo que tiene que ver con estructuras injustas como el capitalismo, como la desigual distribución de la riqueza, como el desplazamiento de poblaciones de un lugar a otro, sus asentamientos irregulares en zonas fronterizas como la nuestra. Y como consecuencia, personas inmersas en estas cuestiones de crimen organizado. O sea: no es que las mujeres estén inmersas en el crimen, sino que el crimen organizado y estas economías de sombras están aquí presentes en las economías de nuestras sociedades latinoamericanas. Y toda esta estructura se ciñe sobre mujeres racializadas o de clases sociales marginales y de identidades sexuales diferentes.

La palabra femicidio

Julia: En Ciudad de Juárez cambió mucho el haber utilizado la palabra feminicidio. Y yo creo que la respuesta tiene varios elementos. Sobre todo, el estar en la calle. La primera generación que sale, familiares de víctimas, no salen solas: salen con organizaciones, salen con activistas feministas que yo he llamado “sujetos alternativos de la justicia”. Cuando el Estado no responde, entonces salen las feministas y las derecho-humanistas y exponen la problemática de su localidad hacia toda la Nación. Y se suma el hecho también de que estemos junto al país más poderoso y vengan las feministas de la Universidad de Texas, de la Universidad de Nuevo México, y empiecen a hacer boicot. Y con esta liberalización de la economía, los sindicatos desaparecen: las mujeres obreras no salieron a reclamar por sus compañeras obreras. ¿Pero por qué no lo hicieron? Porque si salían perdían el empleo. Entonces salimos o salieron quienes tenemos resuelta de una forma u otra nuestra vida económica y podemos manifestarnos y estar junto con las familias de las víctimas.

Lo que falta

Julia: Pero además las primeras protestas eran diarias, no había tanto Internet ni todo esto que existe. Entonces plantear todos los días una denuncia y hacer oir las voces para articular demandas, se convirtió en un tema diario, cotidiano. Si no hubiese sido por un movimiento feminista internacional, esto no se hubiese podido llevar hasta la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Sin embargo, con todo lo que logramos, no tenemos nada: seguimos teniendo jovencitas sacrificadas y casos como Arroyo del Navajo (cementerio clandestino de mujeres) con más de 43 jóvenes de quienes se han entregado 23 fragmentos de cuerpos, no los cuerpos enteros. Estamos hablando de una nueva modalidad que es el espectáculo de la violencia, el espectáculo para la sociedad y para las mujeres. Si llevamos el registro de las mujeres asesinadas y desaparecidas ahora también queremos denunciar y hacer esa arqueología de las promesas no  cumplidas.

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Observatorio Lucía Pérez

30 femicidios en el primer mes del año

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A Rosa, a Anabella y a Yamila 20, 29 y 39 años las asesinaron el primer día del año: en Budge, en Burzaco, y en Pergamino.

El femicidio de Rosa fue frente a sus dos hijos menores. 

Desde ese día hasta hoy registramos 30 femicidios en todo el país: uno por día, sin freno. 

30 femicidios en el primer mes del año

Conocemos el nombre de cada una de las 30 asesinadas. En muchos casos también su cara porque recuperamos la foto para ponerle cuerpo a esa vida que nos quitaron. Registramos sus edades, donde vivían, cómo pasó. Buscamos también el nombre del sospechoso, su edad, si había algún vínculo. Indagamos en los datos que debe dar el Poder Judicial: quién lleva adelante la investigación y cuál es la carátula. 

Mientras escribimos este informe se confirma, por parte de los fiscales de la causa, que Berenice González (23 años y un hijo de 4) fue drogada y violada en la ciudad de Victoria, Entre Ríos. Luego del abuso sufrió un colapso, murió en el hospital a donde había sido trasladada después de que la encontraran en la calle. Hay dos detenidos: Daniel Castañeda, 46 años, acusado del suministro de material estupefaciente en concurso con abuso sexual con acceso carnal; y una amiga de Berenice, de 25 años, acusada de facilitación del encuentro sexual a cambio de la obtención de drogas. 

La muerte de Berenice no está caratulada en la justicia aún como femicidio. Su hijito, huérfano, jamás podrá acceder a la ayuda económica que siempre tarde, entrega la ley Brisa.

30 femicidios en el primer mes del año

Hechos vs teorías

Este mes, también, la Fiscalía General de Chubut, por primera vez, restringió información sobre un femicidio alegando la tesis de la “mímesis” promocionada por Rita Segato. Se trata de un texto de una alumna brasileña, que Segato tuteló, que relaciona estos crímenes con los relatos mediáticos. 

En el contexto de degradación del ministerio de las Mujeres y el desmantelamiento de programas y líneas de atención a violencias de género, sumado a la total ausencia de programas de prevención, estas órdenes de silencio a la prensa nos resultan totalmente funcionales a la ausencia de política oficial, especialmente si se tiene en cuenta que, según los 4.623 casos que registra nuestro padrón, esta tesis no tiene ningún sustento en cifras concretas. 

Sin embargo, no hay textos académicos que se refieran a la relación entre el narcotráfico y la violencia femicida, donde sí aparece claramente una mímesis, por cierto no atribuible a los medios de comunicación, como frivoliza la teoría promovida por Segato.

30 femicidios en el primer mes del año

 

El femicidio de Berenice reproduce los pasos de los que en nuestro padrón clasificamos como Femicidios Territoriales. Por ejemplo:

En 2016 en Mar del Plata asesinaban a Lucía Pérez, 16 años: a los responsables se los encontró primero culpables de tenencia de estupefacientes con fines de comercialización agravado por ser cometido en perjuicio de una menor de edad, pasaron años hasta que se los juzgó por femicidio. También Lucía fue presentada a sus asesinos por una amiga consumidora.

En 2017, en Tigre, Luna Ortiz, 19 años, drogada, alcoholizada y trasladada en un raid en el que intercambiaban violación por droga: su crimen no fue juzgado como femicidio. El único condenado fue encontrado responsable del delito de “suministro gratuito de estupefacientes destinado al consumo personal, en concurso real con homicidio imprudente”. Hoy está libre, viviendo a pocas cuadras de la familia de Luna, que consiguió, tras años de movilizaciones, que a través de un juicio cesura pudiese reabrirse el debate sobre su crimen. 

Esta misma mecánica con la que opera la máquina femicida es reproducida en Mar del Plata, San Martín o Victoria, territorios muy distantes y diferentes, pero donde la desigualdad social produce lo mismo: consumos problemáticos que convierten los cuerpos femeninos en mercancías y a las masculinidades de una franja etaria similar (45/55 años), tan dañadas por el sistema, en seres capaces de destrozar cuerpos adolescentes, produciendo crímenes brutales, que luego el Poder Judicial juzga con prejuicios cómplices y arbitrarios.

Esta mímesis real y concreta desnuda una realidad que duele, crece y que podemos detener si no nos ciegan con teorías construidas desde lejanías, por prejuiciosas distancias de clase y raza, y por foráneas: otra galaxia.

Desde el Observatorio Lucía Pérez proponemos hace tiempo la categoría de “femicidios territoriales” para intentar comprender la singularidad de crímenes como los de Berenice, Lucía o Luna. Femicidios que no se ajustan a los modelos epistémicos tradicionales de la teoría de género y que no hablan de vínculos de pareja e intimidad, sino de tramas de narcocriminalidad e impunidad territorializadas, con participación (pasiva o concreta) de agentes estatales tales como policías, gendarmes y fiscales. 

30 femicidios en el primer mes del año

También proponemos que todo análisis de la violencia femicida parta de su contexto: el territorio, porque allí están las raíces, pero también las alas. Es la comunidad quien tiene la posibilidad de cambiar esta realidad que nos mata.

Por último reiteramos una alerta: el lavado epistémico que representa la ausencia de trabajos de investigación académica que analice la relación entre narcotráfico que en su escala territorial se transforma siempre en narcomenudeo y la violencia femicida.

30 femicidios en el primer mes del año

La información de enero 2024:

30 femicidios, uno por día 

4 víctimas eran menores de edad.

14 infancias huérfanas 

31 marchas exigiendo paren de matarnos

19 tentativas de femicidios

2 desaparecidas 

1084 días sin Tehuel

Toda la  información en www.observatorioluciaperez.org

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Nota

Araceli Fulles: la mala noticia y la respuesta del barrio

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Llegando a los últimos días del año, Mónica Ferreira pensó que iba a poder festejar el 2024 con la tranquilidad de que su hija estaba en paz. Pero el veintiocho de diciembre por la mañana recibió un llamado. Del otro lado, el abogado Diego Szpigel: “Te tengo que dar una mala noticia: los asesinos de tu hija están sueltos”. Esas fueron las palabras que generaron que la familia de Araceli Fulles volviera a derrumbarse. “Sentí lo mismo que cuando encontraron su cuerpo: como si la hubieran vuelto a matar” dice Mónica. Por eso decidió hacer lo mismo que aquel día: movilizar al barrio. Cómo sigue este reclamo de justicia.

Por Delfina Pedelacq para lavaca.org

Fotos: Evelyn Schonfeld para lavaca.org

Son las cuatro de la tarde del viernes cinco de enero, el sol raja el asfalto de las calles de Barrio Sarmiento en San Martín. Más de cien personas se concentraron en la intersección de las calles Cabildo y Campichuelo para visibilizar, en el barrio de Araceli Fulles, que sus asesinos están sueltos otra vez. Muchas son madres o familiares de otras víctimas de femicidio que llegaron para acompañar este reclamo. Una a una se colocan detrás de la bandera que grita el reclamo de justicia, para caminar hasta la plaza donde Araceli fue vista por última vez, en marzo de 2017. Mónica lleva en su antebrazo derecho un tatuaje con la cara de su hija. Mira al cielo, lo besa y comienzan a caminar.

Rastros

La Sala I del Tribunal de Casación Penal de la Provincia de Buenos Aires absolvió a Marcelo Ezequiel Escobedo, Hugo Martín Cabañas y Carlos Damián Cassalz, quienes habían sido condenados a perpetua el 4 de noviembre de 2021 por el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 3 de San Martín. El 29 de diciembre pasado, los jueces Daniel Carral, Victor Violini y Ricardo Maidana ordenaron su inmediata liberación, cuestionando el accionar de un perito. Tras 25 días de búsqueda, fue este perito, con su perro adiestrado en la búsqueda de personas, quien encontró el cuerpo de Araceli Fulles en la casa de Dario Badaracco y marcó en el corralón de Cassalz los lugares donde habría estado Araceli.

Araceli Fulles: la mala noticia y la respuesta del barrio
Mónica, mamá de Araceli. Foto: Evelyn Schonfeld para lavaca.org

Los magistrados en su fallo pidieron que la Fiscalía General de San Martín investigue la actuación del perito Marcos Herrero en esta causa, ante la posible comisión de un delito de acción pública y solicitaron al presidente de la Suprema Corte de Justicia bonaerense y a la Procuración General que “se evalúe la posibilidad de establecer protocolos de actuación en materia de rastros odoríficos, así como en la acreditación de las certificaciones y habilitaciones de los binomios guía-can idóneos para esa tarea, en función de lo corroborado en esta causa y otros antecedentes”.

Después de conocer el fallo, el abogado de la familia Fulles, Diego Szpigiel presentará un recurso ante la Corte Suprema de Justicia de la provincia de Buenos Aires: “No nos vamos a quedar con esta resolución porque la entendemos absolutamente arbitraria”.

Araceli Fulles: la mala noticia y la respuesta del barrio
Foto: Evelyn Schonfeld para lavaca.org

Araceli Fulles: El sabor de la justicia

Cinco cuadras caminó la multitud hasta llegar a la Plaza “Soberanía Nacional”, donde también se encuentra un monolito en homenaje a Araceli. Es una imagen grande de su cara, abajo tiene una inscripción que dice: “Vamos negrita: bailá hasta el fin”. Monica abre despacio la reja que lo protege, levanta un cuadro y mantiene durante algunos minutos su mirada fija en él. Es una foto escolar de tercer año de Araceli: “3ro D, Señorita Maria Luisa”.

“Se me va a ir la vida, pero quiero que mi hija descanse en paz. Voy a seguir luchando y quiero que me acompañen siempre” dijo Monica ante toda la gente que participó de la movilización. “Ahora no se trata tampoco de llorar, se trata de recuperar fuerza para luchar por ella y por todas las mujeres, porque lamentablemente estos jueces corruptos han largado a estos asesinos, van a estar sueltos y le puede pasar a cualquier mujer. Tanto Carral, Violini y Maidana son más asesinos que los que mataron a mi hija, porque la volvieron a matar. Son los mismos que también soltaron a los femicidas de Anahí Benítez y Luna Ortiz”.

Alrededor del monolito se forma una ronda. Le acercan a Mónica un megáfono. La mayoría de las personas que están en la plaza se arriman a escuchar. “Nosotros queremos vivir libres. A ellos les dieron perpetua y no la cumplen: están en la calle. Mi hija está en el cementerio y no la saco nunca más. Somos nosotros los que tenemos que vivir con este dolor hasta el día de nuestra muerte”, dice Mónica, sin contener el llanto. Ricardo Fulles la aprieta en sus brazos y le seca las lágrimas.

Araceli Fulles: la mala noticia y la respuesta del barrio
Foto: Evelyn Schonfeld para lavaca.org

Con la voz quebrada y agarrada fuerte de su mano, Marisa (mamá de Luna Ortiz) toma la palabra: “Luchar sirve, no nos vamos a quedar en nuestras casas llorando porque siempre se nos hizo difícil con esta justicia. Esta es la justicia que nos dan con sabor a nada, que los encierran un par de años como para decir acá ya está y después los vuelven a liberar. En estas causas hay mucha mugre y queremos que los asesinos estén donde tienen que estar, en la cárcel. Y basta de jueces y fiscales corruptos”.

Familiares de víctimas de violencias como Candela Sol Rodríguez, Natalia Sabán, Zaira Rodríguez, Luna Ortiz, Andrea Jara, Damián Castillo, Nicolás Duarte, Laura Iglesias, Lucia Costa entre otros, acompañan a la familia de Araceli durante esta primera jornada de lucha del año. La familia de Lucía Pérez y la campaña “Somos Lucía” se sumaron al reclamo y llevaron adelante una acción en Mar del Plata. También está presente el Padre Adolfo Benassi y la monja Martha Pelloni. “Esta es nuestra nueva familia”, dirá Mónica después de mencionarlos a todos y todas, “porque pasamos lo mismo, sabemos el dolor que cada uno siente porque también lo sentimos.”

Araceli Fulles: la mala noticia y la respuesta del barrio
Foto: Evelyn Schonfeld para lavaca.org

Cómo sigue

La movilización llegó a la plaza Soberanía Nacional y después de un pequeño acto, volvió hasta el lugar de salida. Con el objetivo de que el barrio se entere y conozca el nombre de los jueces que permitieron que los asesinos de Araceli estén nuevamente libres.

“El día que me digan: Señora, usted consiguió la perpetua para todos, no solamente por Araceli sino por todas las demás, ese día voy a poder descansar e irme con mi hija, porque lo que más anhelo es eso. Algún día voy a reencontrarme con vos, mamita”, dirá Mónica.

“¿El poder siempre gana? No, vamos a luchar hasta el final, hasta las últimas consecuencias”, finaliza Mónica y agradece a todos por el acompañamiento. Estas movilizaciones por el distrito se realizarán durante todo enero y cuando termine la feria judicial, el objetivo es llegar a La Plata, frente a la Cámara de Casación, para visibilizar también quienes fueron los responsables de que hoy los asesinos de Araceli estén libres.

En la esquina de Campichuelo y 25 de mayo hay un mural donde se la puede ver sonriente, como si saliera de la pared. Coronando su imagen hay una frase que Araceli había posteado en su Facebook, tiempo antes de su femicidio. “La vida es como un restaurante: nadie se va sin pagar”.

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Femicidios y territorio: la tesis del Observatorio Lucía Pérez

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Qué revela la cantidad de crímenes registrados por el único padrón autogestivo y público del país en este 2023. Otro informe anual que esta vez se sitúa en Mar del Plata para analizar desde un territorio concreto cómo funciona la máquina femicida. Cómo se mata, cómo se muere, cómo se tejen las violencias, las relaciones con el medioambiente, los derechos humanos y el extractivismo. Una tesis sobre la importancia de pensar la complejidad desde el territorio, en un número especial.

Texto: Claudia Acuña

Fotos: Sebastián Smok

Femicidios y territorio: la tesis del Observatorio Lucía Pérez
Movilización contra los femicidios en la ciudad, que ocupó unas diez cuadras, a propósito del Día Internacional de la Lucha contra la Violencia hacia la Mujer. Ante la falta de justicia, las mujeres revelan las caras de los femicidas. Fotos: Sebastián Smok.

Al comenzar a escribir esta nota nuestro padrón público de femicidios y travesticidios registra 4.550 crímenes. Cada uno es nombres, edades, fechas, localidades, imputaciones, modalidades y resoluciones judiciales. Actualizar diariamente este padrón nos interpela todos los días, no porque nos cuestione el para qué si no porque nos impone el porqué y, más impotentemente, el hasta cuándo.

En este largo trayecto mucha de la información que allí se recopila no representa para nuestro Observatorio “casos”. Son familias, infancias huérfanas, barrios, vecinas, asambleas y herramientas creadas y sostenidas durante años en el camino de la búsqueda no solo de justicia, sino de algo más trascendente para cada tejido social involucrado: Nunca Más.

Es esta tensión entre la acumulación de datos y de relaciones la que nos desafía a reflexionar críticamente sobre lo que esta sistematización puede aportar a esas batallas contra la violencia. Y, al mismo tiempo, la que nos obliga -al construirla- a ponderar la relevancia de los marcos teóricos que se han aportado recientemente, con una hipótesis incómoda: qué relación hay entre los relatos académicos “de género” –que consagran quienes saben de este “tema”-, la realidad y la incapacidad para politizar acciones concretas que permitan prevenir este dolor social que parece no tener otro destino que el de la reiteración sistemática.

La primera dificultad a enfrentar es la trama de estas violencias. Su complejidad, su multidiversidad, su raíz histórica, su actualidad y sus diversas variantes tienden a que la lectura parcial, sesgada y disciplinaria responda supuestas preguntas que ya tienen respuestas concebidas de antemano, certezas que se aplican sobre partes o sobre el todo, para concluir en mandamientos teóricos que refuerzan prejuicios morales: la violencia patriarcal está mal. Pero está y goza de un impulso continuo que no podemos detener. Funciona, y muy bien.

¿Entonces?

¿Qué está mal?

La época, el sistema, las representaciones políticas y el funcionamiento de las instituciones–el Estado, el Poder Judicial, los medios, etc., en las cuales hemos depositado enteramente la supuesta solución de estos crímenes- mitigan con su funcionamiento atroz, cómplice y corrupto todas las responsabilidades que podamos tener quienes intentamos analizar estas violencias. Pero las tenemos. 

Nombrar en una nota o un artículo académico un femicidio o 4.569 nos compromete a honrar la vida, su condición sagrada. Con ese compromiso compartimos lo que por ahora tenemos: preguntas y formas de hacer. Las buscamos en trabajos académicos y en barrios, en personas que sufren y en aquellas que las escuchan. Son incógnitas a revelar comunitariamente y prácticas que hicieron y luego, pusieron en palabras lo hecho como forma de criar lo que nos falta y nutrir lo que necesitamos.  

De eso se trata este informe.

Femicidios y territorio: la tesis del Observatorio Lucía Pérez
Mar del Plata fuera de temporada: ¿qué ves?

Primera pregunta

“¿Cómo salir de este continuum de violencia? ¿Cómo reconocerla para erradicarla, cómo revivir experiencias que hemos enterrado adentro de nosotras, para sobrevivir?”. La que nos y se interroga es Giulia Marchese, geógrafa italiana, investigadora de las violencias que sufren mujeres y pueblos indígenas en México, integrante de GeoBrujas y del Instituto de Geografía Humana de la Universidad de Frankfurt. La pregunta es parte del artículo “Del cuerpo en el territorio al cuerpo-territorio: elementos para una genealogía feminista latinoamericana de la crítica a la violencia”, donde expone exactamente eso: preguntas y elementos. El principal es el que nos interesa: qué entendemos por territorio y por qué puede ser esa la clave para analizar estas violencias.

Marchese lo define primero según los preceptos sistémicos dominantes:

“La palabra ‘territorio’ viene del latín ‘territorium’, término que de un lado está etimológicamente vinculada a ‘territor’, que significa ‘quién posee la tierra’ y del otro está vinculada a ‘terrorem’, terror. En las Ciencias Sociales, el territorio ha sido ubicado como la parte del espacio que pertenece a un Estado: literalmente en donde se extiende el terror, el poder, la autoridad. El territorio entonces es el ámbito definido por el ejercicio del poder, o sea la producción del miedo: una noción que no tiene nada de natural, sino es totalmente política” (Farinelli, 2008: 29).

Dentro de esta organización del territorio distingue las “zonas de ser” y las “zonas de no ser” diferenciadas por la maquinaria de producir despojo y acumulación. “El principal instrumento de la acumulación por desposesión es la violencia, y sus agentes son, indistintamente, poderes estatales, paraestatales y privados, que en muchos casos trabajan juntos pues comparten los mismos objetivos”. Esa organización que consagra ciudadanías privilegiadas y despojadas está sexualizada y racializada. Sigue Marchese: “En esta geopolítica de la producción, las zonas de operación y penetración a nivel extractivo están interconectadas por una infraestructura de corredores multimodales” y señala estas zonas como una posible “geopolítica de la violencia sexual”. Son las fronteras o “territorios fronterizados”, escenarios de la imprescindible movilidad que requiere el despojo extraccionista y el narcotráfico, dualidades que cada vez más se nos presentan como dos caras del mismo sistema. Así Marchese nos invita a pensar como fronteras no sólo aquellas marcadas en línea de puntos en los mapas, sino por el sistema productivo, por ejemplo los puertos y los suburbios.

Rosario (informe 2022) y Mar del Plata (el de este año) nos convocó desde esta perspectiva.

Segunda pregunta

“¿Qué tipo de subjetividad se construye dentro del capitalismo para que existan personas que son exterminables como condición para la reproducción del sistema?”, cuestiona Marchese. La construcción de subjetividad es una tarea multidisciplinaria y universal: condiciona todo, no limitándose a las personas sino a las representaciones que las sociedades construyen, las formas de ser, de hacer, de proyectar, de estar juntas, los sueños y las  pesadillas. Y aunque el sistema haya desterrado de nuestro imaginario la concepción que nuestros ancestros tienen del territorio, ahí está, en la realidad, manifestándose en sus formas de sacrificio. “El territorio es lo que permite existir, vivir”, nos recuerda Marchese. Y quizás por eso mismo ahí habitan los femicidios.

Resignarse a que hoy la concepción del territorio esté unida a su defensa es una derrota del imaginario colectivo. “El territorio se queda atrapado en la lógica reactiva, como concepto relacional que nace frente al reclamo, a la defensa, a la acción frente al despojo”, advierte Marchese.

Tercera pregunta

“¿Es posible trazar estrategias de autodefensa de la violencia reapropiándonos de un concepto de territorialidad positivo? ¿Qué papel juegan los conceptos de cuerpo y territorio en este esfuerzo?”, interroga Marchese. Enuncia entonces una posibilidad en juego: “El territorio es lo que permite existir, vivir. Es una construcción y un concepto histórico. Es memoria del espacio ocupado físicamente, fuente del poder público, y es necesario volverlo, regresarlo, re-entenderlo como sustento material de la vida. Tanto el cuerpo como la tierra son elementos que generan las condiciones para la reproducción de experiencias vitales, y para reapropiarnos de nuestros territorios es un esfuerzo fundamental para contraponer y erradicar la violencia. Cada cuerpo tiene una historia y una geografía distinta, pero es necesario un proceso colectivo para reconocer el territorio y reapropiarlo para su rehabitabilidad”.

Cuarta pregunta

¿Cómo hacerlo?

Es la filósofa dominicana Yuderkys Espinosa Miñoso quien nos invita a encontrar respuestas  volviendo “la mirada hacia allí donde hemos dejado de mirar para encontrar lo que tan diligentemente hemos estado dispuestas a desechar en nuestra complicidad con el relato moderno, dar valor y recuperar los saberes producidos por las mujeres que han sido vistas como que no saben o que no tienen razón”.

Pensar estos posibles ante el precipicio que nos abre hoy la realidad argentina es utópico, pero por eso mismo es la responsabilidad que tenemos para crear otras condiciones de realidad que nos permitan orientarnos en las tinieblas.

Pensar estos 4.550 femicidios como el listado de rebeldías que se producen todos los días en las trincheras de la cotidianeidad, en la trama íntima de aquello que por resumir vamos a denominar patriarcado, pero que es sistema de producción y es política y es, fundamentalmente, la batalla que nos obligan a dar estos tiempos, seamos o no conscientes de que se está librando en nuestros cuerpos.

Pensar que con nuestros pies en las dolientes fronteras crecen las raíces del saber y las alas de nuestros deseos. Y abrazarnos en ellos.

Al terminar de escribir esta nota nuestro padrón público de femicidios y travesticidios registra 4.569 crímenes.

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