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Crimen organizado

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La guerra contra las mujeres, de México a Argentina. Un encuentro histórico entre la mexicana Julia Monárrez Fragoso y Marta Montero puso en común cómo actúa el sistema de crímenes contra las mujeres en Latinoamérica. En México calculan 11 femicidios diarios. El rol del narcotráfico, la complicidad del Estado, las promesas incumplidas, los cuerpos, las resistencias y la necesidad de tener datos propios. Las coincidencias entre Mar del Plata y Ciudad de Juárez. Y todos los derechos y las condenas logradas, frente a la falta de medidas efectivas: “Logramos de todo, y no tenemos nada”. Por el Observatorio Lucía Pérez.

Crimen organizado
Marta Montero es enfermera, mamá de Lucía Pérez. Ella y su familia rechazaron desde el primer momento el fallo del Tribunal Oral 1 de Mar del Plata que dejó impune el femicidio de su hija. Se logró anular el juicio y habrá además juicio político a dos de los magistrados. Trabaja junto a la Campaña Nacional Somos Lucía, colectivo de mujeres que reclama justicia y reparación a las víctimas. En honor a su hija fue bautizado este Observatorio de Violencia Patriarcal.

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Tener datos

Julia Monárrez Fragoso: Como ustedes hacen desde el Observatorio, hice una base de datos sobre los crímenes de mujeres en Ciudad de Juárez. Era necesario porque queríamos saber era cuáles eran las zonas de alto riesgo. Además, los datos permiten ver una fotografía, saber la edad, de dónde venía la niña, la mujer, cuál es el ministerio público que está encargado del caso, etcétera. Porque ustedes saben que México tiene un problema de justicia: hay ministerios que tienen hasta 2.000 expedientes. Entonces la base de datos permite tener un seguimiento rápido y que no le vuelvan a preguntar a la persona el nombre de su hija, qué le pasó, cada vez que va: los datos ya están ahí.

Guerra contra mujeres

Julia: Lo primero que encontramos fue que hay una densidad alta en relación con la desaparición de las niñas y mujeres desde 1995 a 2021. Al principio estaba concentrado en esto que es el norponiente de la ciudad, que es de la zona más precarizada, y el centro histórico. En el 2004 calculamos que no se tomaban medidas de prevención, justicia, y una serie de elementos que tienen que ver con estas atrocidades, iban a ir descendiendo al sur. Hipotéticamente esto tardaría 20 años, solamente que a partir del 2008 tuvimos, y todavía está aquí, la mal llamada guerra contra las drogas. El número de mujeres y niñas desaparecidas aumentó exponencialmente, y el número de mujeres asesinadas también.

La voluntad de no hacer 

Julia: Después analizamos las densidades: número de mujeres desaparecidas por kilómetro cuadrado. Aquí, en la zona central son casi 4 mujeres que desaparecen por kilómetro cuadrado. Ciudad de Juárez es una ciudad multi céntrica, una ciudad que se desbordó con la llegada de una industrialización transfronteriza y la dejó   completamente desarticulada. Ciudad Juárez  tiene casi 2 millones de habitantes, y hay personas que deben hacer 3 horas para llegar a la fiscalía. Y otro tanto para volver. Esa es una problemática muy grave y una desatención por parte del gobierno. No es falta de voluntad política, sino que la voluntad política es no hacer.

Los soldaditos

Marta Montero: Acá en Mar del Plata está pasando muchísimo, no solo con mujeres, sino con varones. Los varones son los soldaditos que ellos adiestran, cuando los quieren hacer desaparecer, o cambiar, o no quieren seguir haciendo lo que están haciendo, les pegan dos tiros en la rodilla. Yo trabajo en un hospital público: aparecen en la guardia del hospital los soldaditos con tiros en la rodilla. Esos soldaditos no denuncian a nadie. Nadie les hizo eso. Está prohibido denunciar. Se van con todo lo que eso significa: el que sobrevive, sobrevive, y el que no, se irá al cementerio. Esa es la realidad que vivimos en Mar del Plata.

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Julia Monárrez Fragoso, mexicana, doctora en Ciencias Sociales, es la más prestigiosa especialista en violencia contra las mujeres de su país. Preparó el Peritaje sobre feminicidio sexual sistémico en Ciudad de Juárez, en el juicio de 2009 en el que la Corte Interamericana de Derechos Humanos adoptó por primera vez la perspectiva de género y condenó al Estado mexicano por la falta de diligencia y encubrimiento de desapariciones y crímenes de mujeres.

Ajuste de cuentas

Julia: cuando Marta explica que los niños que llegan no dicen quién les disparó, no lo dicen porque quieren seguir vivos. Lo que hemos visto en Ciudad Juárez es la posibilidad de recuperar con mayor facilidad el nombre de la niña o de la mujer asesinada, o su domicilio. ¿Por qué? Porque las periodistas tienen un posicionamiento ético ante la muerte de los demás. Se iban a sus casas a preguntar por qué había sido asesinada esa mujer, para dar una información más completa. Pero hoy no se puede. Y no se puede porque ponen en peligro a esa familia. Si se supone que fueron asesinadas por miembros del crimen organizado, los miembros de esas mismas bandas le van a decir a los familiares que no deben decir nada porque van a ir por los otros miembros de esa familia. Entonces ahí queda. Y figura como la narco-ejecución, como la imagen de que se están matando entre ellos.

El reclutamiento

Marta: El tema de la droga en Mar del Plata es temerario. Estamos hablando de menores. Una piba capta a mi hija para llevarla a estos tres tipos que vendían drogas. Después van adiestrando a estas chicas a través de la escuela, el medio donde se pueden comunicar y estar juntas. Pasa en todas partes: esta gente te las capta y las termina llevando a esta destrucción. Porque hablamos de una destrucción total, de una familia, y de ese núcleo de vida que tenía Lucia: se destruye todo. Y como Lucía, tantas Lucias.

El lenguaje

Julia: Yo siempre he dicho que el género no necesariamente actúa en contra nuestra porque las mamás que perdieron a sus hijas en México, ya sea por desaparición o feminicidio, pudieron salir a la calle, y expresaron el dolor y la demanda de justicia. Aquí le llaman levantar. Tenemos como un lenguaje militar: va un comando armado, que está compuesto de brazos de los cárteles de las drogas que vienen todos encapuchados, traen armas de alto calibre y pueden entrar a cualquier casa y llevarse a un chico o chica. Eso es levantar a una persona. La pueden encontrar después, o nunca. O pueden estar en fosas clandestinas, que nosotros tenemos un montón en México

El loco de la ruta

Marta: Las voy a llevar unos años atrás, hace 30 años acá había un tipo que se llamaba el loco de la ruta, pero no era ningún loco de la ruta: eran la propia policía, los propios fiscales, los jueces, hijos de. Y a las mujeres que se prostituían, las mulas como le dicen ellos, cuando no querían hacer lo que ellos ordenaban, las terminaban matando y tirando al costado de la ruta. Nunca se supo nada de todo eso. Con esa impunidad y de esa manera se maneja esa gente. Y se siguen manejando. Acá la prostitución, la venta de droga en Mar del Plata, es siniestra.

Poseer matando

Julia: Tiene que ver eso que dice Marta con la violación y con los cuerpos abandonados en lugares inhóspitos. Pero después, cuando una va investigando, resulta que había niñas y mujeres muy jóvenes asesinadas inmediatamente y otras que no. Esto ya había sido muy estudiado: la situación en la que se juntan dos deseos para estos hombres que matan: el deseo de la lujuria y el deseo de la sangre. El deseo de poseer completamente a alguien. Y la única manera de poseerlo y que nadie más tenga derecho a ese cuerpo es matándolo.

El sistema

Julia: Sin embargo vimos, por el tiempo que pasa hasta que se encuentra el cuerpo, lo que decían los forenses: que había chicas que permanecían cautivas por mucho tiempo. Ahí se arma otro elemento: unas asesinadas inmediatamente, otras asesinadas después de mucho tiempo. Y lo que pasó en el caso de Campo Algodonero (sentencia histórica en contra del Estado mexicano por la desaparición de tres mujeres) permitió demostrar que habían sido desaparecidas en distintas épocas: todas llevaban diferente tiempo desaparecidas. Esto era una marca, una organización y una sistematización del asesinato de estas mujeres. 

Desaparecidas

Julia: Pero también hay otras cuestiones, que han hecho incluso que viniera a México el Equipo Argentino de Antropología Forense. Hay 56 chicas que todavía no han sido identificadas. ¿Y qué quiere decir que no sean identificadas? Si las madres de Ciudad de Juárez y las madres de Chihuahua dieron su ADN para hacer su cotejo genético, quiere decir que probablemente esas mujeres venían de Centro América o de la Región Andina a Ciudad de Juárez: nadie las va a reclamar. Pese a que se le dijo al gobierno que tenía que cruzar noticias o realizar un llamamiento a los 32 estados que componen la República Mexicana diciendo que si alguien no encontraba a su hija, a su esposa, podría acceder a hacerse un ADN para cotejar, después de tantos años, todavía no se hace eso. Y no se ha hecho eso en un país en el que nosotros ahorita tenemos más de 90.000 personas desaparecidas en un lapso de 15 años.

El Estado es responsable

Julia: Entonces el feminicidio de mujeres que tiene que ver con este uso y abuso de su sexualidad: es extraer del cuerpo todo lo que el asesino quiere. Y es tan complejo que tiene varias hipótesis de quiénes pueden ser los asesinos. Y yo estoy completamente segura de que los gobiernos saben quiénes son los asesinos. Porque tiene que haber esa red de complicidad. Porque un gobierno como el nuestro, que ha sido avergonzado internacionalmente, y que tiene la sentencia del Campo Algodonero, y que es el que más recomendaciones recibe de parte de organizaciones internacionales de derechos humanos de las mujeres, no puede o no tiene claridad, y no reconoce que estamos ante una atrocidad de graves consecuencias para las mujeres. Nos hacen una diferenciación entre las mujeres que son asesinadas por hombres a los que conocían, y lo llaman feminicidio, y luego separan a las mujeres que son asesinadas por el crimen organizado y le llaman narco-defunciones. Yo llamo a ambos feminicidios. ¿Por qué? Porque finalmente, la guerra que tenemos aquí, y el crimen organizado, la guerra viene desde EE. UU y es una guerra puritana y racista y clasista y sexista. Quienes están muriendo aquí son las mujeres mexicanas, quienes están muriendo aquí son los hombres mexicanos.

Dólares por muertes

Julia: Es una complejidad que tiene que ver no solamente con lo que pasa en el interior de nuestras sociedades, sino también con lo que pasa internacionalmente. Qué es lo que significa esta trata de mujeres y de niñas que deja millones de dólares para otras naciones, para el crimen organizado, y para nosotras deja la miseria y la muerte.

Creo que una lo puede analizar desde estas cuestiones de los patriarcados complementarios que se dan en que los gobiernos de otras naciones permiten en sus países el uso lúdico de las sustancias de los narcóticos; y para nuestros países estas sustancias se convierten en cuestiones de muerte para quienes se involucran.

Desnacionalizadas

Julia: Pero hemos visto que hay un gran número de mujeres que vienen de Colombia, de Venezuela a  trabajar en los bares, en estos “dance” donde bailan, lugares donde circula mucho la droga y donde están estos hombres que son parte de estas organizaciones. ¿Cuál es la libertad que tienen estas mujeres frente a estos hombres? ¿Cuánta es la libertad que tienen frente a esa desnacionalización? Entonces, claro, es muy fácil llegar y decir que a dos mujeres venezolanas o colombianas las mataron porque tenían un asunto de drogas o que no habían pagado. O que se sentaron con otro hombre, que era del otro bando, y son asesinadas porque es como si fuesen propiedad de estos hombres que tiene poderes extra, más allá de Estado. A mí me parece muy difícil cuando preguntan lo siguiente: ¿cómo podemos terminar con esto? Yo creo que nosotras, cuando escribimos los artículos o hacemos publicaciones y sitios web como el que tienen ustedes, denunciamos la injusticia. Sin embargo, es el Estado quien debe contar lo que representan esas ganancias que se obtienen de las mujeres explotadas de nuestros países. 

Crimen organizado

Julia: Hay cosas que en nuestra América Latina están cundiendo cada vez más y tienen que ver con esos otros elementos que están ahí, con el incremento de muertes artificiales que no tienen nada que ver con las muertes naturales ni con el deterioro biológico. Algo que tiene que ver con estructuras injustas como el capitalismo, como la desigual distribución de la riqueza, como el desplazamiento de poblaciones de un lugar a otro, sus asentamientos irregulares en zonas fronterizas como la nuestra. Y como consecuencia, personas inmersas en estas cuestiones de crimen organizado. O sea: no es que las mujeres estén inmersas en el crimen, sino que el crimen organizado y estas economías de sombras están aquí presentes en las economías de nuestras sociedades latinoamericanas. Y toda esta estructura se ciñe sobre mujeres racializadas o de clases sociales marginales y de identidades sexuales diferentes.

La palabra femicidio

Julia: En Ciudad de Juárez cambió mucho el haber utilizado la palabra feminicidio. Y yo creo que la respuesta tiene varios elementos. Sobre todo, el estar en la calle. La primera generación que sale, familiares de víctimas, no salen solas: salen con organizaciones, salen con activistas feministas que yo he llamado “sujetos alternativos de la justicia”. Cuando el Estado no responde, entonces salen las feministas y las derecho-humanistas y exponen la problemática de su localidad hacia toda la Nación. Y se suma el hecho también de que estemos junto al país más poderoso y vengan las feministas de la Universidad de Texas, de la Universidad de Nuevo México, y empiecen a hacer boicot. Y con esta liberalización de la economía, los sindicatos desaparecen: las mujeres obreras no salieron a reclamar por sus compañeras obreras. ¿Pero por qué no lo hicieron? Porque si salían perdían el empleo. Entonces salimos o salieron quienes tenemos resuelta de una forma u otra nuestra vida económica y podemos manifestarnos y estar junto con las familias de las víctimas.

Lo que falta

Julia: Pero además las primeras protestas eran diarias, no había tanto Internet ni todo esto que existe. Entonces plantear todos los días una denuncia y hacer oir las voces para articular demandas, se convirtió en un tema diario, cotidiano. Si no hubiese sido por un movimiento feminista internacional, esto no se hubiese podido llevar hasta la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Sin embargo, con todo lo que logramos, no tenemos nada: seguimos teniendo jovencitas sacrificadas y casos como Arroyo del Navajo (cementerio clandestino de mujeres) con más de 43 jóvenes de quienes se han entregado 23 fragmentos de cuerpos, no los cuerpos enteros. Estamos hablando de una nueva modalidad que es el espectáculo de la violencia, el espectáculo para la sociedad y para las mujeres. Si llevamos el registro de las mujeres asesinadas y desaparecidas ahora también queremos denunciar y hacer esa arqueología de las promesas no  cumplidas.

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Mayo 2026: Por qué el Estado es responsable de los femicidios

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En lo que va de este año ya sufrimos:

95 femicidios y travesticidios

95 tentativas de femicidios

66 infancias quedaron huérfanas como consecuencia de estos crímenes

97 marchas se realizaron para exigir justicia

60 funcionarios fueron denunciados por violencia de género.

59 mujeres y niñas fueron reportadas desaparecidas.

5 crímenes en investigación están sospechados de femicidios.

En cada uno de nuestros padrones se puede acceder a los datos de los casos que componen estas cifras que expresan una realidad: la máquina de la violencia femicida. Interpretarlos en su complejidad es una tarea que la antropóloga mexicana Julia Monarrez define como “la hermenéutica social del sufrimiento” que pone de relieve “las formas en que las fuerzas sociales más amplias se unen para arruinar las vidas humanas individuales”. Entre esos signos a desentrañar el negacionismo de Estado es parte central.

El elemento que caracteriza al femicidio es la tolerancia y minimización estatal de la problemática. La impunidad con la que actúan los homicidas contiene un mensaje implícito de permisividad social a través de las múltiples formas en las que acciona el aparato del Estado –policías, fiscalías, funcionarios- y, en los momentos actuales, explícito en los discursos que emiten las más altas autoridades que encarnan su representación. Así, las formas de hacer y de no hacer que caracterizan al Estado abonan estos crímenes, tarea que se completa con la negación de su responsabilidad.

Ejemplos concretos de los que fuimos testigos este año:

  • Córdoba: “No hacemos ninguna autocrítica”, sintetizó el fiscal Raúl Garzón en la conferencia de prensa donde anunció el hallazgo del cuerpo destrozado de Agostina Vega, la adolescente de 14 años buscada desesperadamente durante una semana por su familia, amigas y vecinas. El fiscal demoró cinco días en aplicar el protocolo obligatorio de alerta y cinco también en allanar la casa del principal implicado, pese a tener información fehaciente sobre su identidad, dirección y participación desde el mismo momento en que desapareció la menor. El imputado por el femicidio de Agostina ya tenía una condena por privación de la libertad agravada, pero el fiscal interviniente le otorgó la libertad condicional.
  • Mar del Plata: La defensora del femicida de Lucía Pérez atacó a los gritos a la mamá de la víctima durante la audiencia de cesura que la Cámara de Casación bonaerense obligó a realizar al cambiar el delito de femicidio por el de violación agravada. En tanto, el otro implicado fue beneficiado primero con libertad condicional, pero la Cámara ordenó su revocación, aunque su regreso a prisión está pendiente en un laberinto de apelaciones. A casi diez años del crimen de la adolescente de 16 años que motivó el primer paro de mujeres el trámite judicial está, en los hechos, como el primer día: culpabilizando a la víctima por su asesinato, torturando a su familia y negando la figura penal, en beneficio de las estadísticas.
  • Córdoba: El cuerpo de Cecilia Basaldúa fue, finalmente, encontrado en una fosa común, a seis años de su femicidio. La familia se enteró que no estaba en la morgue judicial cuando solicitó realizarle una pericia de parte. Nunca fueron notificados que la fiscalía había trasladado el cuerpo al cementerio sin su autorización.
  • San Juan: “Siempre estamos abiertos a dialogar con la defensa para acordar un juicio abreviado”, declaró a la prensa el fiscal Emiliano Pugliese encargado de investigar el asesinato de Camila Nicole Bijinai, víctima de una balacera desatada el 4 de octubre de 2025 en la provincia de San Juan. Su crimen no fue calificado de femicidio, por lo cual las estadísticas de ese año –dadas a conocer hace apenas unos días- señalan que en esa provincia no se produjeron femicidios, a pesar de que toda la dolorosa jurisprudencia producida por las víctimas de balaceras en Rosario indican lo contrario. El dato importante: la tipificación penal de femicidio no admite los juicios abreviados. Evitar esa caracterización es una tendencia que alienta la impunidad, tal como ya sufrió la familia de la periodista Griselda Blanco, asesinada en Corrientes en 2023. Tampoco Griselda formó parte de las estadísticas de ese año y por eso mismo su femicida gozó de un juicio abreviado.

Los cuatro casos tienen un denominador común: son crímenes que nuestro Observatorio ha denominado “femicidios territoriales”. Se trata de femicidios que no se ajustan a los modelos epistémicos tradicionales de la teoría de género y que no hablan de vínculos de pareja e intimidad, sino de tramas de narcocriminalidad e impunidad territorializadas, con participación de agentes estatales, tales como policías, agentes penitenciarios, fiscales y funcionarios. Participación activa, en tanto que genera condiciones de posibilidad para estas muertes en esos territorios; y también participación concreta, al garantizar y perpetuar la impunidad de esos femicidios, demorando su investigación, falseando pruebas, entorpeciendo y eternizando procesos judiciales y criminalizando a las víctimas y sus familias. Marta Montero, madre de Lucía Pérez, prefiere llamarlos “narcofemicidios”. Sumamos a este concepto la referencia al territorio porque quizá nos permita enfocar los factores que los producen: los narco-femicidios se originan en narco-territorios concretos en los cuales la actividad delictiva ya cuenta con impunidad estatal.

Para poner en contexto los datos de femicidios que sufrimos en Argentina es conveniente analizar las estadísticas que realiza la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) de Naciones Unidas con las tasas que informan las fuentes oficiales de todos los países de América Latina:[1]

AÑOARGENTINAMÉXICOCHILE
20151.100O.7000.400
20161.1001.000.400
20171.1001.2000.500
20181.1001.4000.400
20191.1001.5000.500
20201.1001.500Sin datos
20211.0001.6000.400
20221.0001.5000.100
20231.1001.3000.400
20240.951.1800.400
20250.851.0800.46

La tasa expresa cuántos femicidios sufren estos países por cada cien mil mujeres mayores de 15 años. El femicidio de Agostina, por ejemplo, no formaría parte de esta ecuación.

Finalmente, queremos señalar que la escena del crimen de Agostina Vega que hoy nos está interpelando es la misma que se repite en las periferias urbanas de todo el país. Familias agobiadas por el multiempleo vecinas de familias rotas por el desempleo y el narcomenudeo. El Estado allí está muy presente, pero solo en su peor forma: la policía, que controla todos los movimientos, dejando hacer y dejando no hacer en una balanza que siempre se inclina hacia la impunidad de la criminalidad, que está organizada en eslabones muy débiles. Ningún capo narco vive allí y ninguna familia está preparada para soportar las consecuencias. En cada casa se sobrevive como se puede. Hasta que no.

Tal como señala Julia Monarrez, antropóloga mexicana y creadora del concepto “femicidio sistémico” para analizar, erradicar y prevenir esta violencia es necesario “concebir una unidad entre el sufrimiento individual de víctimas y familiares de víctimas, y las estructuras económicas, políticas y sociales que lo sostienen, requiere tener en cuenta que feminicidio es una palabra potente. Si dejamos de pensarla solo como producto de una relación cultural, que jerarquiza las relaciones desiguales entre hombres y mujeres en detrimento de ellas, y la comprendemos como una palabra capaz de describir los diferentes sistemas políticos, sociales y económicos que actúan en contra de la vida de las niñas y las mujeres, entonces podemos pensarla como una palabra antisistémica que denuncia los diferentes ensamblajes de opresión”. Y de esa opresión el Estado es responsable: todo femicidio es evitable.


[1] https://statistics.cepal.org/portal/cepalstat/dashboard.html?theme=4&lang=es

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La escena del crimen

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Por Claudia Acuña

Como si fuera una respuesta de la realidad a las cifras, veinticuatro horas después de difundirse los datos oficiales que afirmarían la baja de femicidios, el cuerpo de Agostina Vega, de apenas 14 años, expone por qué el Estado es responsable de estos crímenes.

La escena del crimen de Agostina es la misma que se repite en las periferias urbanas de todo el país. Familias agobiadas por el multiempleo vecinas de familias rotas por el desempleo y el narcomenudeo. El Estado allí está muy presente, pero solo en su peor forma: la policía, que controla todos los movimientos, dejando hacer y dejando no hacer en una balanza que siempre se inclina hacia la impunidad de la criminalidad, que está organizada en eslabones muy débiles. Ningún capo narco vive allí y ninguna familia está preparada para soportar las consecuencias. En cada casa se sobrevive como se puede. Hasta que no.

Estamos entonces en el barrio Cofico, en las periferias de Córdoba Capital. En ese escenario el 5 de mayo de 2025 los vecinos vieron escapar corriendo de la casa de Claudio Barrellier -33    años, empleado en una agencia de seguridad que presta servicios a la municipalidad- a una joven desnuda y con las manos atadas. Llevaba puesta solo la bombacha y gritaba desesperada “Ayúdenme”. En el negocio de enfrente le dieron una remera para que se cubra. Llamaron a la policía y llegó el patrullero. Por ese acto de violencia Barrellier fue procesado por privación ilegítima de la libertad calificada y estuvo detenido veinte días. Al concederle la excarcelación, el juez interviniente le impuso una fianza y una serie de obligaciones. Entre ellas figuraba la presentación mensual ante la fiscalía, una condición que cumplió hasta mayo de este año. Se suma así el rol que cumple en estos casos el Poder Judicial, otra vez el Estado.

El sábado 23 de mayo Agostina salió de su casa a las 22.30 para encontrarse con él. Ariel, el remisero que la trasladó declaró que le llamó la atención que una chica de su edad viajara a esa hora hacia una zona considerada peligrosa y le preguntó el motivo. Agustina respondió que iba a encontrarse con el novio de su mamá. El motivo: iban a hacerle un regalo sorpresa. El remisero fue el último en verla con vida: Agostina desapareció.

Su cuerpo fue hallado una semana después en los pastizales de Ampliación Ferreyra.

Al conocerse la noticia las y los vecinos rodearon la comisaría, cortaron las calles y quemaron gomas. Señalaron así a quien consideran también responsable de su crimen: el Estado.

Tal como señala Julia Monarrez, antropóloga mexicana y creadora del concepto “femicidio sistémico” para analizar, erradicar y prevenir esta violencia es necesario “concebir una unidad entre el sufrimiento individual de víctimas y familiares de víctimas, y las estructuras económicas, políticas y sociales que lo sostienen, requiere tener en cuenta que feminicidio es una palabra potente. Si dejamos de pensarla solo como producto de una relación cultural, que jerarquiza las relaciones desiguales entre hombres y mujeres en detrimento de ellas, y la comprendemos como una palabra capaz de describir los diferentes sistemas políticos, sociales y económicos que actúan en contra de la vida de las niñas y las mujeres, entonces podemos pensarla como una palabra antisistémica que denuncia los diferentes ensamblajes de opresión para las mujeres.”

Por eso mismo, nos vemos en las calles este miércoles.

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Lucía Pérez: la lucha para que al femicida Matías Farías no le bajen la condena

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(por Evangelina Bucari desde Mar del Plata, para lavaca)

Casi una década después del crimen que conmocionó a la Argentina y dio origen al primer Paro Nacional de Mujeres, el caso de Lucía Pérez enfrenta un nuevo capítulo judicial y otra instancia de revictimización para su familia, que ya atravesó todo tipo de maltratos en la búsqueda de justicia por el narcofemicidio de su hija de tan solo 16 años. (Foto de portada, Marta Montero y Guillermo Pérez, padres de Lucía, junto al abogado Juan Pablo Gallego)

En los tribunales de la calle Almirante Brown, en Mar del Plata, se lleva adelante una audiencia de cesura, un proceso de dos jornadas para determinar una nueva pena para Matías Farías, condenado por femicidio pero beneficiado el año pasado por un polémico cambio de carátula que hora le permitirá recibir una sentencia significativamente más baja que la prisión perpetua que cumplía.  

Tras un primer día (el miércoles 29 de abril) marcado por las declaraciones testimoniales que buscaron trazar el perfil del condenado y el impacto del crimen, la segunda jornada estará centrada en los alegatos finales de las partes.

El eje de la controversia radica en un fallo de 2025 de María Florencia Budiño y Víctor Violini, integrantes del Tribunal de Casación de la Provincia de Buenos Aires, quienes resolvieron que el asesinato de Lucía no constituyó un femicidio, sino un “abuso sexual agravado”.

Esta reconfiguración del delito tiene consecuencias directas en la condena: mientras que el femicidio conlleva prisión perpetua, la nueva carátula reduce el rango de la pena a un espectro de entre 8 y 20 años de prisión.

La querella, encabezada por el abogado Juan Pablo Gallego, adelantó que tanto la fiscalía como ellos pedirán la pena máxima posible. Sin embargo, aclaró que también plantearán una vía alternativa: “De manera subsidiaria, vamos a sostener la figura de femicidio, porque entendemos que la orden de Casación ha quedado abstracta”.

Sobre lo ocurrido en la primera jornada, el abogado destacó que “solo declararon los padres de Lucía”, y que Marta Montero, la madre, “tuvo una posición muy categórica, responsabilizando al Estado por el daño que viene padeciendo la familia”.

Gallego también cuestionó con dureza a la defensa: “Presentaron dos testigos falsos que terminaron en un papelón, en un contexto de muchísimo agravio hacia la víctima”. Pese a ese escenario, aseguró que la querella se retiró conforme con el desarrollo de la audiencia y con expectativas de cara a los alegatos finales.

En medio de esta tensión, la causa sumó otro giro relevante. Juan Pablo Offidani, condenado como partícipe secundario, vio revocada su libertad condicional hace apenas unos días. La Cámara de Apelación y Garantías hizo lugar al recurso del fiscal y la familia, y determinó que no se cumplían las condiciones para su excarcelación.

Offidani, quien inicialmente había sido beneficiado con la libertad tras pasar nueve años detenido, ahora deberá someterse a un régimen de semilibertad estrictamente supervisado, con salidas diurnas limitadas y la prohibición absoluta de acercarse a menos de 200 metros de la familia Pérez Montero.

Lucía Pérez: la lucha para que al femicida Matías Farías no le bajen la condena

En la puerta del juzgado, familiares y manifestantes con el abogado Juan Pablo Gallego, que explica:“Estamos ante un caso en el que, por motivos que se desconocen o por relaciones de poder, se busca beneficiar a una persona claramente identificada como autor de un crimen que el Código Penal define como femicidio”.

Ni un paso atrás  

La defensa de la familia Pérez Montero advirtió que si el tribunal local no convalida la gravedad del crimen y el perfil peligroso del condenado, recurrirán a la Corte Suprema o incluso a instancias de justicia internacional.

En cuanto a los fundamentos del fallo que modificó la calificación del caso, Gallego fue contundente: “En casi todos los párrafos, la propia Casación reconoce que se trata de un delito en un contexto de violencia de género, por lo que no se entiende el motivo de haber descartado el femicidio”.

En esa línea, vinculó la decisión con una coyuntura política específica: “En ese momento –señaló– se hablaba de eliminar la figura del Código Penal, cosa que finalmente no ocurrió”. De todos modos, se mostró confiado en que esa interpretación pueda revertirse.

Fue enfático en afirmar que desde la familia “no vienen a inventar una verdad”, sino a mostrar que los hechos probados encajan perfectamente en la figura que intentó “borrar” la Cámara de Casación. “En la audiencia de cesura volvió a quedar acreditado, como en todas las resoluciones y los juicios, que inequívocamente existió femicidio”, remarcó el abogado. Por eso, consideró que “estamos ante un caso en el que, por motivos que se desconocen o por relaciones de poder, se busca beneficiar a una persona claramente identificada como autor de un crimen que el Código Penal define como femicidio”.

Marta, que desde el día uno no dejó de luchar por su hija y “por todas las Lucías”, tiene una pregunta muy sencilla para hacerle a la justicia: “Si lo que le hicieron a Lucía no es femicidio, ¿entonces qué es?”.

Cronología de 10 años de impunidad y lucha

2016: Lucía es drogada, violada y asesinada el 8 de octubre. Las pericias forenses confirmaron que la última penetración anal infligida a Lucía ocurrió mientras ella agonizaba. Tenía rastros de drogas en su sangre.

2018: un primer juicio «misógino» absuelve a Matías Farías, Juan Pablo Offidani y Alejandro Maciel, los tres implicados en la violación y el femicidio de Lucía, condenándolos solo por venta de drogas.

2020: Casación anula ese juicio por contener «intolerables prejuicios de género».

2023: en un segundo juicio, Farías es condenado a perpetua por femicidio. Y Juan Pablo Offidani recibió la pena de 15 años de prisión por resultar partícipe secundario del delito de abuso sexual con acceso carnal agravado por el suministro de estupefacientes, y Alejandro Maciel, no recibió condena porque había fallecido en 2020.

2025: Un nuevo fallo de Casación “borra” el femicidio, e impone una audiencia de cesura para revisar la condena de Farías.

29 y 30 de abril de 2026: se desarrolla la audiencia de cesura.

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