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Desde Brasil: movilizaciones, izquierda, derecha, medios, FIFA, Dilma, movimientos sociales, lo que dice el MST, represión, futuro, y otras encrucijadas

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(Desde San Pablo) La gente sigue en las calles saltando y cantando «o- ó, el pueblo despertó», mientras los expertos del universo buscan diagnosticar qué es lo que ocurre en Brasil, sin haber estado mucho en las calles y sin ser demasiado leídos o escuchados por la gente que canta. Hasta hace una semana eran 12 ciudades, pero el viernes ya sumaban 438 los municipios con movilizaciones en todos los estados. ¿Qué quieren? «Vivir mejor» me responden chicos de 17 años de la periferia paulista en medio de una marcha de 70.000 personas por el centro de la ciudad. Dos llegaron en skate, dos tienen la careta del pesonaje de V de Venganza, de los hermanos Wachowsky. Dicen los chicos: «Más salud, educación, y también la tarifa cero en el transporte». Aclaración: van por la gratuidad total del transporte público. Apenas logro escucharlos, en esa ruidosa combinación de alegría y desafío.
Desde Brasil: movilizaciones, izquierda, derecha, medios, FIFA, Dilma, movimientos sociales, lo que dice el MST, represión, futuro, y otras encrucijadas
Charles Trocate, dirigente nacional del MST, los trabajadores Sin Tierra, consulta a lavaca: «¿En Argentina usan también la palabra encrucijada?».
Lo que se siente
Gabriel Strautman, carioca, hijo de padre argentino, integra el movimiento de derechos humanos en Brasil, y sintetiza: «Cuando no se entienden bien las cosas, hay que ver qué se siente. Empecé sintiendo todo con alegría. Luego tuve preocupación por algunos signos de grupos conservadores en las marchas. Creo que hay que mezclar los dos sentimientos, y seguir en la calle».
Es lo que hacen cientos de miles de personas que cada día de las últimas tres semanas parecen decididas a hacerse oír, y a dejar de ser espectadores pasivos de danzas políticas, sociales y económicas, que orbitan en escenarios siempre lejanos. Las marchas son mayoritariamente tranquilas, cuando hay enfrentamientos con la policía los grupos más radicales se separan de la gente (como respetando ese rechazo a la violencia, aunque suene paradójico), y todo tiende a crear un clima que mezcla debate, alegría y participación. Otra forma de relacionarse. Una especie de alivio de sentirse en grupo, haciendo algo para cambiar las cosas. Sin eso, sería impensable tanto contagio. Tomando las calles, sienten que se hacen cargo de su propia historia, y de su propia voz.
Noticias breves

  • Dilma Rousseff habló 10 minutos por cadena nacional el viernes, planteando que está oyendo las voces de la calle, que va a proponer un plan nacional para mejorar el transporte público, inversiones en educación pública e incluso la contratación de médicos en el exterior para mejorar los servicios de salud. Agregó que no admitirá ninguna forma de violencia.  Defendió las obras para la Copa del Mundo.
  • El sábado hubo incidentes y represión cerca de las sedes del Mundial 2014, donde se está jugando la Copa Confederaciones. La FIFA marcó una «zona de exclusión» de 2 kilómetros alrededor de los estadios, cosa que los manifestantes (60.000 en Minas Gerais, por ejemplo) decidieron no obedecer. Hubo 27 heridos y 21 detenidos.
  • Luego la Policía Militar de Minas anunció que aplicará «tolerancia cero» con las marchas. La terminología neoyorquina para delincuentes, apunta ahora a los reclamos de la sociedad.
  • Una escena de alto contenido simbólico se verificó en Brasilia, donde grupos de manifestantes derribaron una torre erizada de cámaras de seguridad que vigilan la vida pública, y la destrozaron a patadas.
  • En San Pablo otra de las marchas fue contra la Ley llamada»cura gay», que propone literalmente «curar» con tratamientos psicológicos a quienes «padezcan» homosexualidad, tomada así como enfermedad. El proyecto es del presidente de la Comisión de Derechos Humanos de Diputados, Marcos Feliciano, pastor evangélico aliado al PT gobernante. Es homófobo y racista (para decirlo con elegancia). Su programa incluye destronar a Satanás. Por twitter ha escrito: «Los descendientes africanos son malditos por Noé» y «el amor homosexual genera odio, crimen y rechazo». Esta original concepción de los Derechos Humanos proviene de un aliado clave de un gobierno que se dice progresista, para ganar votos. (Nota: se desconoce si hay algún proyecto tendiente a curar a personas como el Sr. Feliciano).
  • En San Pablo, militantes del oficialista PT (Partido dos Trabalhadores) fueron expulsados de una de las marchas por gente acaso más cercana a las élites conservadoras paulistas que a los jóvenes que piden democratizar la sociedad. Passe Livre, el movimiento que empezó todo este estallido con su rechazo al aumento de 20 centavos del transporte público, denunció infiltraciones en las marchas masivas. «Somos apartidarios, pero no somos antipartidarios», dijeron.

Otro ejemplo de contradicción: en las movilizaciones que nacieron cuestionando la violencia policial, entre otras cosas, ya se vieron algunos carteles de signo contrario pidiendo por la «inseguridad» y por la baja de edad de imputabilidad, o sea militarización, represión y mano dura: más orden que progreso. También aparecieron grupos neonazis, y fundamentalistas contra el aborto.
En una tónica absolutamente diferente, y masiva, esta semana habrá convocatorias de Periferia Urbana y Passe Livre en San Pablo, por la tarifa cero para el transporte público, la desmilitarización de las ciudades, más fondos para salud y educación.
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¿Qué izquierda?
«No es una izquierda partidaria, es una izquierda autónoma» me dice Julio Delmanto, muy cercano a Passe Livre, movimiento sin líderes que convocó a las marchas que detuvieron la medida de aumentar 20 centavos el valor del pasaje mínimo en trasnporte público. Passe Livre se define justamente como «horizontal, autónomo, independiente, apartidario y no antipartidario» en su página web saopaulo.mpl.org.br. Es uno de los que convocan a las manifestaciones con respecto a estos temas, desde hace 8 años. Plantea al movimiento no como un fin, «sino un medio para la construcción de otra sociedad» y busca la movilización de trabajadores y estudiantes para la expropiación del sistema púbico de transportes y la participación en la discusión y decisiones sobre los problemas de la vida urbana. Como se ve, no se trata de espontaneísmo, desorganización ni falta de rumbo, sino otros modos de pensar la realidad y el modo de encararla. Y es apenas uno de los miles de grupos sociales que participan en esta movida que terminó siendo asumida por millones, que van agregando demandas.
¿Y la derecha? «La verdadera derecha organizada es la de los medios de comunicación» sostiene Julio. Los medios grandes como O Globo (una mega corporación mediática) le dan protagonismo a grupos conservadores, aunque sean ínfimos, o a quienes reclaman contra la corrupción en el gobierno, como si fuese lo único de las marchas. Charles Trocate del MST (Movimiento de trabajadores SinTierra) coincide: «La oposición busca transformar esto en un programa contra el gobierno, aprovechando la explosión de corrupción, con los medios de comunicación de masas como instrumento de combate».
Julio cree que a veces uno puede estar siguiéndole el ritmo a esos mismos medios: «Hay sectores conservadores en las marchas, pero yo creo que son muy pocos. Pero los vemos en televisión y nosotros mismos le damos más importancia de la que tiene, si uno ve lo que realmente ocurre en las marchas». Los jóvenes lo saben: conviene mirar menos televisión.
Panorama: «Lo real es que para los que queremos una transformación, pero también para el gobierno y la derecha que tratan de manipular esto según sus intereses, la situación está abierta».
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Con el MST
¿Se puede encontrar una sintonía entre quienes cuestionan al gobierno como conservador y neoliberal, con quienes lo defienden por progresista y dicen que es un gobierno «en disputa»? Difícil saber si semejante enigma puede ser exportado a países vecinos, pero es el que se está formulando uno de los grandes aislados, olvidados o traicionados por el gobierno: el MST, Movimiento de los trabajadores Sin Tierra, que reúne un millón de campesinos que habitan 1.800 asentamientos.
Charles Trocate es dirigente nacional de ese movimiento que fue motor de las mayores resistencias al modelo neoliberal, y uno de los gestores de las condiciones sociales que permitieron a Luis Da Silva, Lula, llegar al gobierno en 2003. Así definió Trocate la actualidad ante lavaca: «Hay dos interpretaciones. Una es de la derecha, y dice que lo que ocurre es un descontento con los diez años de gobierno del PT, primero con Lula y ahora con Dilma. El principal cuestionamiento es la corrupción, que realmente ha sido impresionante en este período. Y aparece la idea de la oposición de transformar esto en un programa contra Dilma, con los medios de comunicación de masas como instrumento de combate».
Segunda interpretación: «La de la izquierda, que plantea que hay un movimiento natural de la juventud que intenta negar a los partidos políticos y estructuras organizadas. Pero plantea que es una experiencia de vuelo corto que no logra transformarse en una lucha organizada más allá de haber logrado la reducción de tarifas de los transportes públicos».
¿Para quién gobierna el PT?
Para Charles las crisis brasileñas han sido siempre a costa de un aplastamiento de las condiciones de vida de las generaciones jóvenes. «Nadie ha creado un paradigma de cuál es el lugar de la juventud. Por el contrario, hubo una profundización de la barbarie social entre la juventud, que además está despolitizada. La paradoja es que el PT prefirió no gobernar para los movimientos organizados. La reforma agraria fue derrotada ideológicamente en el gobierno de Lula que intentó así aplastar a los movimientos, mientras hacía políticas compensatorias hacia la sociedad no organizada que el PT definió com ‘concertación social’».
Las políticas fueron exitosas, con el plan Bolsa Familia que llega a 40 millones de brasileños, y políticas que favorecieron el empleo y aumentos salariales como empujón al consumo. «Sin embargo esta explosión de la juventud está expresando una enorme insatisfacción, frente a la cual el gobierno no puede apoyarse ahora en los movimientos organizados, ni en los espontáneos que están rechazando sus políticas. Que haya más consumo, que cambies de teléfono, no cambia la vida. No se ayudó a la gente a salir de sus problemas, que son estructurales».
El gobierno se definió a sí mismo como pos neoliberal y como neo desarrollista: «No hace ninguna ruptura, hay mucho asistencialismo, la corrupción es enorme, y ha pactado con todos los grandes grupos concentrados de la economía, las finanzas, el transporte, la minéría y el agronegocio, por ejemplo».
Diferencias: «Lula tenía contacto con las masas, que tienen con él una identificación biográfica, la del chico pobre y luego obrero que llega a presidente. Dilma no tiene esa comunicación, y más allá de su pasado en la guerrilla la gente no siente una identificación como había con Lula. Ella es la imagen de gestión, rigidez y tecnocracia». La crítica no es machista, y Charles aclara que es «un acontecimiento histórico que una mujer sea presidenta en un país machista y atravesado por la violencia contra las mujeres».
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El juego a la derecha
Hay gente que de todos modos defiende al gobierno como mal menor frente a la derecha. Para el MST la cuestión es otra: «Es cierto que dicen que es un gobierno en disputa entre sectores más de derecha y otros más progresistas. Otros creen que es un gobierno neoliberal. Nuestra preocupación es que todo lo que está ocurriendo tenga consecuencias fascistas, de mayor autoritarismo del propio gobierno incrementando la represión y que todo vaya a la derecha, que es lo que piden los medios de comunicación con otras palabras». El MST está elaborando puntos que puedan servir de contacto entre quienes defienden al gobierno y quienes lo cuestionan. «Por ejemplo, reducción de la jornada de trabajo de 48 a 40 horas. O reforma agraria, nacionalización y no entrega del petróleo, educación pública, pocas cosas que puedan establecer una política popular que reúna a campesinos, obreros, indígenas, ecologistas, jóvenes, y que eviten la profunda división que tenemos en la izquierda brasileña».
Mientras tanto el MST apoya las manifestaciones «pero no con banderas de la organización, sino participando en las calles, porque además muchos de nuestros compañeros integran también los diversos grupos que las convocan. Estamos en una encrucijada» dice señalando con las manos dos direcciones divergentes. Y no habrá ningún cambio a corto plazo que venga del gobierno. Entonces lo que está marcando estos tiempos es la reacción de la sociedad».
La megarealidad
La mezcla de situaciones encendieron la chispa: violencia policial, inflación, corrupción en el gobierno, burocracia, abandono de la educación y la salud pública, infraestructura de las ciudades, asistencialismo, problemas de vivienda, tarifas en general y la bofetada de gastos de los megaeventos (estadios, hoteles, carreteras, autopistas y unlarguísimo etcétera) con eje en la Copa del Mundo 2014, la actual Confederaciones, y las futuras Olimpiadas 2016. «No hay plata para escuelas y sí para estas cosas» explica Gabriel Strautman, de la organización de derechos humanos Justicia Global. En la calle cantan «Brasil hay que despertar, un maestro es mejor que Neymar».
Gabriel. «En los 90 tuvimos el neoliberalismo que fracasó. En Latinoamérica hubo movilizaciones como las de Argentina en 2001. En Brasil hubo una expresión electoral con el triunfo de Lula. Pero hoy tenemos una ´política que sólo ha propuesto un modelo neodesarrollista basado en la explotación de recursos naturales y un estímulo al consumo que también se revela como insuficiente. Podés tener tele nueva, pero no significa que la sociedad sea menos desigual». Gabriel cree que hay que mezclar la alegría por las movilizaciones inéditas con la preocupación por las manipulaciones que pueden llevar todo esto hacia la derecha: «Pero no hay que dejar de moverse. Si las tarifas de transporte fueron la gota que colmó el vaso, hay que recordar que los movimientos y organizaciones contribuyeron durante años a que el vaso se llenara. Hace un mes en cualquier acto éramos 50 personas. De pronto hay millones. La derecha no tiene los pudores que tenemos nosotros y se apropia de cualquier cosa, incluyendo de estas movilizaciones populares. Ahora nos toca a los movimientos tratar de construir un sentido de lo que está ocurriendo, que es que millones de personas se manifiestan y dicen lo que quieren. El desafío es encontrar una respuesta interesante para el futuro».
Dilma imagina cómo retomar las riendas con sus propuestas para el transporte y la educación. Y jugando con la FIFA. Las corporaciones mediáticas por ahora festejan a la multitud, limando cualquier mensaje de cambio. La FIFA reservó camas en 17 hospitales públicos, mantiene la zona de exclusión alrededor de los estadios, y la Policía Militar habla de tolerancia cero. Pero antes de zarpar de San Pablo veo pasar a una señora y su hija con una cartulina escrita a mano con paciencia, cuidado y sueños: «Difícil de creer, pero el sistema un día va a cambiar».

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MU 215: Sin chamuyo

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MU 215: Sin chamuyo
Este número 215 de MU ☝️viene con doble tapa, que podría ser una frase: Sin chamuyo, a remarla.




MU 215: Sin chamuyo

Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va

Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.

Por Francisco Pandolfi




MU 215: Sin chamuyo

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema

Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.

Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país. 

Por Sergio Ciancaglini




MU 215: Sin chamuyo

La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio

La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.

Por Lucas Pedulla




MU 215: Sin chamuyo

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden

La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.

Por Claudia Acuña




MU 215: Sin chamuyo

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película

Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.

Por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Un biodrama del presente: Puta madre

La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.

Por Evangelina Bucari




MU 215: Sin chamuyo

La Cogolla: Flor de cultivo

Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.

por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Desentendimiento: Fingir demencia

Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.

Por Franco Ciancaglini

MU 215: Sin chamuyo

Crónicas del Más Acá: Parlantes

Por Carlos Melone

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MU 214: Mujer maravilla

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Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?




MU 214: Mujer maravilla

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz

Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.

Por Francisco Pandolfi




MU 214: Mujer maravilla

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich

El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.

Por Lucas Pedulla




MU 214: Mujer maravilla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez

“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.

Por Evangelina Buccari




MU 214: Mujer maravilla

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina

La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.

Por Bernardina Rosini




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El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.

Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta

Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.

Por Sergio Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

El trava power: Las Simbióticas

Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.

Por María del Carmen Varela




MU 214: Mujer maravilla

Ser de luz: Nina Suárez

Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.

Por Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Crónicas del más acá: GPS

Por Carlos Melone

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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