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Creer o legislar: Un debate desparejo en la Universidad de Salta expuso los argumentos vs. las creencias

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La Universidad de Salta fue sede de otro debate sobre la legalización del aborto, al que asistieron expositores a favor y en contra del proyecto. Participaron la cineasta Lucrecia Martel, abogadas, periodistas, psicólogas y un diseñador gráfico. El auditorio estaba repleto y había tanto pañuelos verdes como celestes. Los argumentos a favor y en contra de la ley. El expositor que niveló el debate hacia abajo. Y las palabras finales de Martel, que sacuden a una provincia movilizada por el aborto legal.

Salta está prendida fuego, en el buen sentido, al calor del debate por la legalización del aborto. Durante el fin de semana hubo todo tipo de eventos alrededor de la Ley que se votará el 8 de agosto en el Senado (ya cuenta con media sanción en Diputados). Discusiones en programas de televisión, radio, teatros y universidades, con posturas a favor y en contra. Si bien las cámaras fogonean títulos y posturas con rating, los dos debates más interesantes ocurrieron en el teatro Teatrino, el sábado pasado, y el lunes en la Universidad Nacional de Salta.

Salta, la verde


 
El Consejo Superior de la UNSa ya había aprobado una resolución en apoyo a la legalización del aborto. Recordemos que en Salta pisa fuerte la Universidad Católica, y en la provincia en general lo estatal suele estar mezclado con los intereses católicos. Según relataron los propios alumnos de secundarios (presentes en la actividad del sábado como oradores, y en la del lunes como espectadores) a pesar de un fallo de la Corte Suprema los contenidos religiosos siguen presentes en los establecimientos públicos.
En ese contexto, las dos facultades que resisten desde la trinchera pública son la de Humanidades y la de Ciencias Naturales, las cuales organizaron este debate en conjunto como eco de la resolución del Consejo de la UNSa. La idea fue conformar un panel con tres expositores a favor y tres en contra del proyecto de IVE (uno de estos últimos se ausentó), según un método de debate moderado por la decana de la facultad de Ciencias, Alicia Kirchsbaum, la anfitriona de la jornada: cada expositor tendría 10 minutos y luego el auditorio podría preguntar por escrito. Al calor del debate, la dinámica prevista se iría alterando.

Creer o legislar: Un debate desparejo en la Universidad de Salta expuso los argumentos vs. las creencias

A diferencia de otras jornadas monotemáticas, el debate en la UNSa tuvo público a favor y en contra de la legalización del aborto. Foto: Nacho Yuchark

Confusiones y creencias

La primera en exponer fue la periodista Mariana Arnez, quien agradeció la convocatoria y adelantó estar “a favor de las dos vidas”. Desde ese lugar leyó la jurisprudencia que habla de que “la vida comienza desde la concepción” (luego sería desmentida por la abogada Mónica Menini, otra de las expositoras) y dijo que gracias a su labor periodística conocía la realidad del interior del país: aseguró que “en los suburbios del norte no quieren la ley”.
Luego la periodista se dedicó a trazar una peligrosa parábola que iba de la droga, al aborto. Contó el caso de una niña de 12 años que, según el relato, la propia Arnez debió contener para que “no se clavara un cuchillo en el vientre”. Según Arnez, la niña estaba perdida en la droga: “Tenemos que poder ayudar a esa niña”, dijo Arnez, y en el auditorio que hasta entonces escuchaba respetuoso alguien mencionó que esa ayuda es, precisamente, la ley en debate.
Para entonces el auditorio se había llenado, tanto con público a favor como en contra del proyecto. Fue durante la exposición de la periodista que la balanza se equilibró cuando entraron dos contingentes de jóvenes (evidentemente, de alguna parroquia o colegio religioso) a sentarse entre en los bancos, desplegando sus pañuelos celestes.
Envalentonada, Arnez siguió: “No estoy a favor de un delito para tapar otro delito”, dijo, y volvió a hacer hincapié en “no vulnerar la vida por nacer” (luego se debatiría sobre ese punto, sobre esa “vida”).
Arnez estaba de acuerdo con todos los expositores en algo: “El Estado no hace nada para cambiar esa realidad”, aunque no se supo si se refería a la droga o al aborto, o a las dos cosas juntas.
Al final propuso algo insólito: “Dejar de lado esta discusión” (ahora sí, hablaba del aborto) para hablar de la necesidad de una Ley de Adopción. La abogada Menini recordó que esa ley ya existe. “Perdón, sí”, dijo Mariana Arnez, “hablo de una real aplicación de esa ley”.
Por último, ya sin leer el discurso, citó el salmo 189.

Creer o legislar: Un debate desparejo en la Universidad de Salta expuso los argumentos vs. las creencias

Una de las espectadoras del debate pidió que le sacarámos esta foto y, mientras sostenía al muñeco, dijo a la cámara: «Tiene tres meses».
Foto: Nacho Yuchark

La autonomía de la mujer

Luego fue el turno de Verónica Bissdorff, psicóloga que trabaja en consejerías de salud sexual. Bissdorff hizo hincapié en el “principio de autonomía” de la mujer y del paciente en general, según los derechos del paciente que consagra la Ley de Salud Pública, planteando así que “les mediques no deben decidir qué hacer”. Cuando la psicóloga utilizaba el lenguaje inclusivo, la parte celeste del auditorio sonreía en tono irónico.
Bissdorff relató casos puntuales sobre cómo el protocolo existente para el aborto (Salta adhirió al protocolo de aborto no punible recién en 2018) permite atender el aborto según ciertas causales, y que en el mismo se menciona que el riesgo de la salud de la mujer no es solo físico, sino integral.
En ese sentido Bissdorff retomó la cuestión del principio de autonomía planteando que “el deseo de no maternar”  la mayoría de las veces se da “de manera consciente” y no como un evento desesperado y sin acompañamiento. La idea intentaba equilibrar el ejemplo de la periodista Arnez del puñal en el vientre.
Finalmente, dejó una pregunta que compararía la situación de los médicos (“como profesionales del Estado”) frente a las mujeres: “Si los profesionales tienen libertad de conciencia para intervenir o no en un aborto, las mujeres también deberían tener poder decisión”. Por si la idea no era lo suficientemente clara, sus palabras finales lo fueron: “Dejen de tutelarnos”.

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En orden, Mariana Arnez y Mauro Rodríguez, en contra; y Verónica Bissdorff, Mónica Menini y Lucrecia Martel, a favor.
Foto: Nacho Yuchark

El stand up sin gracia

El siguiente orador niveló hacia abajo el debate. Mauro Rodríguez fue presentado como estudiante de filosofía, pero entre el público le sacaron el disfraz: Rodríguez fue el diseñador gráfico autor de un flyer famoso en Salta que mostraba a un bebé con un arma en la sien.
Ese nivel de razonamiento, a lo que se sumarían cuotas de grosería, fue el que manejó el no tan joven estudiante, una especie de standupero anti aborto legal, pero sin ninguna gracia.
Sus primeras palabras llamaron a “intentar entender su postura”, algo que con los minutos sería cada vez más difícil. Rodríguez dijo “no discutir sobre leyes” cuando de eso se trataba el debate, “porque me importa mi pueblo bajo la premisa de lo que es una vida”. Hasta ahí, todo bien.
El diseñador gráfico siguió citando jurisprudencia floja de papeles (“la pueden ver acá en mi tablet, cuando me bajo se acercan y se las muestro”) y citó al científico que descubrió que el síndrome de down se debe a una copia del cromosoma 21: “Creo en su teoría”, dijo. Y aclaró, porque hacía falta: “Digo creo no en el sentido religioso, eh, digo que me parece razonable”. La cita al científico y la referencia al Síndrome de Down serían el golpe bajo final de su exposición.
El filósofo-diseñador utilizó el ejemplo para demostrar que «toda la información ya está en ese momento en el embrión”, y puntualizó: “El color de ojos, de pelo, de piel”. El ejemplo gráfico desató risa en el auditorio, tanto verde como celeste: “Una vez cerrado el huevo, nada se agrega. Ya está el pollito”.
Ya sin derecho ni ciencia que manotear (luego Lucrecia Martel se referiría a esto) Mauro volvió a suplicar entendimiento de su postura, diciendo: “Entiendan el fervor de un tipo que no quiere que se mate gente. Yo no creo en un Estado totalitario que separe a dos clases de personas”. No se sabe si se refería a los vivos a los muertos, a quienes están en contra o a favor, o a los filósofos de los diseñadores.
Antes de dejar la palabra, Rodríguez tenía preparado dos golpes bajos. Dijo, por un lado, que la fundación IPPF financiaba la campaña a favor del aborto legal en Argentina y que, por ejemplo, “muchos de los pañuelos verdes que veo hoy acá” provenían de ese financiamiento. Luego, ante el abucheo general de un público ya harto de escucharlo, Rodríguez se retractó y pidió disculpas. Pero contraatacó: “Que hay un movimiento ideológico detrás de esto con espurios fines, es comprobable”.
Horas antes, para un reportaje que se verá en la revista MU de agosto, visitamos justamente la cooperativa textil Diseños de mi pueblo, conformada por diez mujeres, pionera en la fabricación de los pañuelos desde 2015 y encargada de regar no solo Salta sino varias ciudades del país con las telas verdes. Ninguna sigla de IPPF se vería allí, sino al contrario: una historia contra viento y marea protagonizada por mujeres que, incluso, no están todas a favor de la ley, pero sí del trabajo digno.
Para terminar, Mauro Rodríguez dijo: “Los países que tienen aborto legal son los que tienen menos tasa de síndrome de down”. Entre aplausos celestes y abucheos verdes, el diseñador gráfico paso el micrófono con gesto triunfador. Durante el resto de la jornada se dedicaría a hacer ademanes irónicos mientras hablaban los expositores a favor de la ley.

Creer o legislar: Un debate desparejo en la Universidad de Salta expuso los argumentos vs. las creencias

La estudiante Milagros Peñalba, que disertará en el Senado a favor de la ley, sostuvo este cartel en dirección al escenario durante todo el debate.
Foto: Nacho Yuchark

Estar a la altura

Lucrecia Martel, aunque no era la siguiente expositora, no aguantó a esperar el micrófono. Horas antes ya había presenciado un debate junto a Rodríguez para el diario El Tribuno. Calma, serena, Martel dijo “estar harta de discutir esto”, en referencia a su raid mediático en programas y debates que redundan en los mismos argumentos.
La cineasta (que sigue recibiendo premios y elogios por su última película Zama; el último, del New York Times como segunda mejor película del 2018) les habló a Arnez y Rodríguez: “Ustedes quieren buscar medicina y derecho para una cuestión que tienen en el alma. Y yo respeto eso, pero el Estado es laico. Las creencias se dejan en la casa”. Luego  desarrollaría la idea en conversación con lavaca.
Para terminar dejó una pregunta: “¿Cuál es la solución que dan ustedes a las 40 mil (tomando el propio número de los provida) de mujeres que abortan clandestinamente? No es muy difícil de entender: estamos pidiendo que ingresen al sistema de salud”.
Ninguno de los dos oradores anti aborto legal se dieron por aludidos.

Creer o legislar: Un debate desparejo en la Universidad de Salta expuso los argumentos vs. las creencias

Martel se mostró tranquila pero dijo estar «harta» después de una semana repleta de debates en radio y tevé. Por momentos se paró y se volvió a sentar, hasta que le tocó tomar la palabra.
Foto: Nacho Yuchark

Derecho mata chamuyo

Así, siguió la doctora Mónica Menini, quien retomó la cuestión de la financiación del aborto por «la empresa con espurios fines» relatando: “Cuando trabajaba para que haya anticonceptivos en los hospitales me decían que trabajaba para los laboratorios. Y ahora, me dicen que estoy financiada por no sé quién. Basta”.
Como abogada, Menini citó jurisprudencia pura y dura que retomo el Pacto San José de Costa Rica que había mencionado el diseñador gráfico para aclarar la letra: “El Pacto de San José de Costa Rica, en el artículo 3º inciso 1º, dice textualmente: “Toda persona tiene derecho a que se respete su vida. Este derecho está protegido por la ley y en general a partir del momento de la concepción”. Este “en general” implica no siempre; no siempre estamos hablando desde el momento de la concepción”. Menini aclaró que en derecho ni una coma está de más.
Luego la abogada se dedicó a explicar la idea de la “progresión” según el cual la adquisición de derechos se logra con el crecimiento: “Cuando tenemos 5 años tenemos unos derechos, a los 13 otros y a los 18, otros”, graficó. En ese sentido, el derecho a la vida y a la decisión en el aborto es el de la mujer, dijo, único sujeto de derechos plenos según todos los tratados y convenciones.
Menini recordó que no hay una línea en la Constitución Argentina que hable de la vida desde la concepción y, en plan local, recordó el fallo Cristina Espinoza que plantea la constitucionalidad del aborto en Salta: “La Corte provincial o ratificó dos veces en distintas causales”.
La doctora Menini sería luego la encargada de explicar pacientemente qué es el aborto y qué es una persona según la actual jurisprudencia, ante las preguntas del auditorio celeste. En cambio, la única pregunta que quedó sin responder fue la más simple de todas, que ya había sido elaborada por Lucrecia Martel. Estaba dirigida a los expositores en contra de la legalización, y decía: “Sabiendo que el aborto clandestino es una realidad, ¿cuál es la salida que proponen ustedes?”. Rodríguez dijo que la pregunta era capciosa, y se negó a responderla.

La ley o la fe

En el cierre de la ronda y en diálogo con lavaca, Martel amplió lo que había esbozado en el escenario, hablándole de nuevo a quienes se manifiestan en contra de la ley en Salta: “En general las personas que están en el grupo que se autodenomina pro vida no sinceran su posición. En vez de estar buscando justificaciones en la ciencia o el derecho, digan que el tema es el alma, que para la fe católica el alma está presente desde la concepción. Si dicen eso es más fácil comprender que nadie quiere violentar la posición de personas que expresan la fe católica. Digan eso y no estemos embarrando la cancha por dónde empieza la vida en la ciencia o el derecho, porque esos son aspectos en que los humanos nos ponemos de acuerdo. En el alma no nos ponemos de acuerdo porque es dogma de fe. Acepten que para las personas que no pensamos como ustedes necesitamos una ley que incluya a las mujeres que abortan en el sistema de salud público”.
Martel tuvo una agenda agitada estos días, en los cuales recorrió canales de radio y programas de televisión. Su reflexión de los debates: “Yo lo lamento porque no he ido por mis películas a la televisión. Pero siento mucha responsabilidad porque acá hay 40 mil mujeres – siguiendo el número de los provida- que el año que viene no tienen que ir de nuevo al sistema de clandestinidad del aborto. A mí me preocupa eso y quiero que entren en el sistema de salud: quiero que no muera una mujer por un aborto, y que la sociedad comprenda que una mujer tiene derecho a decidir ser o no madre”.
Salta está prendida fuego. El humo es celeste. La llama, verde.

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MU 215: Sin chamuyo

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MU 215: Sin chamuyo
Este número 215 de MU ☝️viene con doble tapa, que podría ser una frase: Sin chamuyo, a remarla.




MU 215: Sin chamuyo

Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va

Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.

Por Francisco Pandolfi




MU 215: Sin chamuyo

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema

Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.

Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país. 

Por Sergio Ciancaglini




MU 215: Sin chamuyo

La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio

La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.

Por Lucas Pedulla




MU 215: Sin chamuyo

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden

La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.

Por Claudia Acuña




MU 215: Sin chamuyo

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película

Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.

Por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Un biodrama del presente: Puta madre

La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.

Por Evangelina Bucari




MU 215: Sin chamuyo

La Cogolla: Flor de cultivo

Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.

por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Desentendimiento: Fingir demencia

Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.

Por Franco Ciancaglini

MU 215: Sin chamuyo

Crónicas del Más Acá: Parlantes

Por Carlos Melone

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MU 214: Mujer maravilla

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Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?




MU 214: Mujer maravilla

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz

Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.

Por Francisco Pandolfi




MU 214: Mujer maravilla

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich

El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.

Por Lucas Pedulla




MU 214: Mujer maravilla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez

“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.

Por Evangelina Buccari




MU 214: Mujer maravilla

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina

La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.

Por Bernardina Rosini




MU 214: Mujer maravilla

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.

Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta

Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.

Por Sergio Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

El trava power: Las Simbióticas

Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.

Por María del Carmen Varela




MU 214: Mujer maravilla

Ser de luz: Nina Suárez

Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.

Por Franco Ciancaglini




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Crónicas del más acá: GPS

Por Carlos Melone

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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