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Flan y circo

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Del Parakultural a la concentración del 21A, Pablo Marchetti escribe sobre Alfredo Casero como símbolo de la patria opinadora e indignada que supimos conseguir. “A veces tiene destellos de aquella gloriosa gesta absurda y a contracorriente. Como el ´¡Quiero flan!´. Y otras invoca demonios, resucita muertos, empodera a los zombies. Como cuando se mete con las Abuelas de Plaza de Mayo y la ´manipulación´ de nietes restituides. También puede ser un sobrador machirulo antifeminista o un denostador serial de la militancia. Las redes, el hashtag, la tendencia. Todo eso llevó a Casero a concitar una atención enorme por parte de un público que no lo descubrió en los márgenes. Pero que lo sigue en primera, donde está jugando ahora, parado en una trinchera muy clara: la del oficialismo”. Leé el texto completo.

Alfredo Casero en la concentración del «21A» frente al Congreso.

Por Pablo Marchetti

Año 1991. Sábado a la 1 de la madrugada del domingo en el Parakultural “New Border” de Chacabuco 1072. Hace un rato terminaron de actuar Alejandro Urdapilleta y Humberto Tortonese. La rompieron, nos dejaron sin aliento. “¿Qué hacemos?”, nos preguntamos con el grupo de gente con la que fui. Hay varieté en el Parakultural. Nos quedamos.
Arranca la varieté. Sube un tipo. Un gordo con un bombo. Se sienta y empieza a hablar sobre el bombo. Arranca carcajadas. No es un monólogo. O sí, pero se va al carajo. Parece que está improvisando. Es un delirio. No puedo parar de reírme.
Es grandioso. Me desarma. Como cuando vi a Los Melli o a Los Macocos por primera vez. Con esa misma intensidad, con ese nivel de delirio absoluto. Pero con mayor margen de improvisación.
No tenía idea de quién era ese demente. Pero la descosió. Hoy la única persona que se me ocurre que puede hacer algo parecido es Gustavo Sala. Que es un genio improvisador.
Así de grande fue mi fascinación por este tipo que no tenía idea de quién era. Ese tipo era Alfredo Casero. Lo supe bastante tiempo después. En ese momento sólo me quedó grabada su imagen.
Un año después, cuando vi que empezaba un programa de televisión donde iba a estar ese tipo, aluciné. No podía creer que la tele le diera un espacio. Era como ver la varieté del Parakultural en la tele. Porque el programa, que se llamaba De la cabeza, increíblemente, era eso.
Tenía altibajos, claro. Como todo lo que se hace desde la experimentación. No tenía la uniformidad propia de lo que rige el medio. Era una anomalía absoluta. Era el triunfo de los márgenes.
Que se entienda: no existía YouTube ni Netflix. Sólo había películas en VHS. No es que podías ver fácilmente el Flying Circus. Aquello fue una bomba.
Casero formó parte de esa avanzada marginal hasta cierto momento. De la cabeza duró poco más de un año. Después vino Cha cha cha, su consagración, junto a Diego Capusotto, Fabio Alberti, Mex Urtizberea, Mariana Briski, Pablo Cedrón y Rodolfo Samsó.
El lugar que Casero, como cabeza visible de ese grupo, había fundado en la televisión lo continuó después de forma magistral un cuarteto: Diego Capusotto, Fabio Alberti, Pedro Saborido y Néstor Montalbano. Y finalmente lo llevó a la gloria Peter Capusotto, el monstruo bifronte de Saborido y Diego.
Mientras tanto, Casero tuvo otros momentos brillantes. Primero, en la música, con la Halibour Fiberglass Sereneiders (junto a Mex Urtizberea) y después como solista. Hasta tuvo un momento de masividad enorme con Casaerius.
El disco Casaerius tenía Shimauta, el hit de la Argentina post 2001. Y tenía también “Pizza conmigo” y “Mi combi”, hitazos de Casero, y versiones de temas de Sandro y Charles Aznavour. Todo con gran producción de Juan Blas Caballero.
Con ese disco, Casero viajó a Japón, vendió muchísimos ejemplares, recibió varios premios Gardel y hasta se dio el lujo de rechazar el de artista revelación. “Es mi tercer disco, no me pueden dar este premio”, se quejó. Chapêaux.
También se consagró como un gran actor de comedia y drama en unitarios y películas muy taquilleras, populares pero “bien hechas”. Fue un actor que trabajó mucho en las producciones de Pol-K.
Como Francella en su momento, logró salir de la comedia a la que estaba asociado y convertirse en un actor “serio”. Eso sí, nunca protagónico. Hasta ahora. Quién sabe qué puede pasar ahora.
Casero siempre fue un tipo muy inquieto. Delirante y experimental: hizo películas que no se estrenaron o se exhibieron poco; siguió haciendo música; escribió libros; fundó “experimendos”.
Hizo de todo, en el límite entre el artista interdisciplinario y el buscavidas. ¿O no es lo mismo? Así iba, a la deriva loca, cuando descubrió un filón: el de opinador anti K.
Pronto el músico talentoso, el actor, el creador, se volvió un panelista premium. En teatro pasó a hacer algo parecido a lo del comienzo en el Parakultural. Pero ya no hablando del bombo, sino de “Porota”, tal su apodo para Cristina Fernández de Kirchner.
Casero se transformó en lo mismo que dice criticar. Su capital pasó a ser su opinión. Diego Capusotto y Pedro Saborido son peronistas y kirchneristas y cada tanto hacen declaraciones políticas. Pero lo que importa es el programa que hacen, los personajes, el hecho artístico.
El hecho artístico de Casero es esa versión berreta aunque levemente contracultural de la patria opinadora e indignada que supimos conseguir.
Casero pasó a ser lo mismo que un panelista de 678, aunque con discurso contrario. La misma pasión, la misma retórica encendida, la misma energía para deschavar verdades del adversario, como para defender y/o barrer bajo la alfombra los errores. Y, llegado el caso, defender lo indefendible y justificar lo injustificable.
La diferencia es que, acorde a la trinchera que le tocó en el balotaje, reniega de la épica militante. Y trata de mostrar una cáscara de librepensador. No es el Estado quien lo financia, sino su propio trabajo. Como si lo otro no fuera trabajo. Como si no fuera el Estado, finalmente, quien financia esos canales.
La libertad de cajas disfrazada de libertad de expresión es lo que pone a funcionar la nueva usina Casero. Una usina que ya no es marginal y psicodélica, sino masiva y lineal.
Las redes, el hashtag, la tendencia. Todo eso llevó a Casero a concitar una atención enorme por parte de un público que no lo descubrió en los márgenes. Pero que lo sigue en primera, donde está jugando ahora.
Casero es un personaje popular, amado y odiado por igual. Como Jorge Lanata. Que viene de cierta progresía. O de haber sido admirado por cierta progresía. Una progresía que ahora se siente traicionada.
La progresía odia a Casero.
Casero dice cosas que irrita a ese progresismo. En principio, al kirchnerismo: Cristina chorra, devuelvan la plata, no somos boludos, las bóvedas, los cuadernos. Es como un Majul sin freno. Como un Lanata más surreal. Como un Baby Etchecopar con rock.

A veces tiene destellos de aquella gloriosa gesta absurda y a contracorriente. Como el “¡Quiero flan!”. Y otras invoca demonios, resucita muertos, empodera a los zombies. Como cuando se mete con las Abuelas de Plaza de Mayo y la “manipulación” de nietes restituides.
También puede ser un sobrador machirulo antifeminista (de esos que dicen “feminazis”, puaj) o un denostador serial de la militancia. Un honestista serial y sesgadísimo.
Casero tiene, además, un gran dominio del tiempo mediático dentro del discurso balotaje al que adscribe. Y genera magnetismo: más allá de amarlo u odiarlo, terminamos hablando de él.
Casero sabe cómo somos. Porque es parte de eso que somos, pero de una manera más intensa, más egocéntrica.
Es hora de admitirlo: somos unes egocéntriques. Egocéntricas y egocéntricos. Pero sobre todo egocéntricos, los chabones.
Las redes sociales se hicieron para demostrar que nos encanta mostrarnos. Que alucinamos viéndonos belles e inteligentes. O protagonizando grandes gestas.
Nos encanta argumentar, nos encanta librar batallas dialécticas en una red social. Y como el mundo de las ideas tiene un sistema que funciona de modo binario, lo que garpa es formar parte de la mayoría.
No es una mayoría: en un sistema binario las mayorías son dos. El sistema de las ideas o de los medios funciona del mismo modo que funciona el sistema político.
Lo que tenemos, entonces, no es una grieta: es un balotaje.
Hay una socialdemocracia no peronista; hay grupos del “campo popular” o “nacionales y populares” no PJ; hay una izquierda troskista; hay alguna que otra anomalía como partidos provinciales o locales. Pero la final siempre es entre les mismes.
El balotaje político siempre es entre Cambiemos y el PJ en todas sus variantes. Y el balotaje cultural es entre kirchnerismo y macrismo. El resto son equipos chicos.
Alfredo Casero tiene muy claro cuál es el partido que se está jugando. El grande. El de ser tendencia. El hashtag. La mención. El del balotaje, parado en una trinchera muy clara: la del oficialismo.
El balotaje debería ser una excepción. Una situación especial en la que nos vemos en la obligación de elegir. Y está bien saber cómo actuaríamos en esa supuesta contingencia. Pero la vida transcurre, mientras tanto, en otras elecciones.
Estaría bueno que hagamos esas elecciones independientemente del balotaje. Probar ser minoría, cuestionar, tomar nuevos rumbos. Interpelar al público, molestar. Total, la vida nos lleva siempre sola al balotaje. Un balotaje que siempre llega.
Casero dejó de experimentar, de optar por la dificultad. Ahora toma el camino sencillo, fuerza el balotaje, crea una trinchera y agiganta al enemigo, a un único enemigo. Se muestra vencedor, flaco, sobreviviente. Y a nosotros nos duele por lo que dice y por quién es. Pero el problema, en realidad, no es ese.
Lo que duele es eso en que tuvo que transformarse Alfredo Casero para volverse popular. Duele asumir que no son buenos tiempos para los hechos artísticos (o comunicacionales, o del pensamiento) con distintas capas de lectura.
Con la linealidad y tomando partido en el balotaje, Casero se vuelve tendencia. Y es tendencia porque aún quienes lo odiamos estamos alimentando su linealidad.
El problema de Casero no es su discurso sino lo que genera ese discurso. El público sobre el que hecha luz, a quien ese discurso interpela, las pasiones que ese discurso genera.
Un público que no tiene nada que ver con aquel público que llevó a que Casero fuera Casero. Porque ya no nos necesita, ahora que sabe por dónde va la cosa. ¿Por qué, entonces, nosotros deberíamos necesitarlo a él?
Formar parte de ese universo es el problema. Escribir sobre eso, analizar eso, lo inevitable de Casero para entender lo que pasa. Este texto es parte del problema. Me hago cargo. ¿Por qué estoy escribiendo sobre Casero? Me odio.
Tampoco es bueno caer en la tentación de pensar que desmentir en todo a Casero es la solución. Casero no miente tanto como parece. Lo que molesta es el recorte de la realidad. No es tanto aquello que Casero denosta, sino aquello que Casero defiende. Su ceguera con el oficialismo actual.
Lo malo es que tanto odio, tanta linealidad y tanta provocación ya nos sacaron las ganas de volver a ver esos momentos memorables de Cha cha cha. Lo malo es que la nueva payasada para infradotades nos sacaron las ganas de comer flan.
Eso es lo malo. Lo peor es que en este balotaje de flan y circo, sólo nos queda lugar para el circo. Y quién te dice, tal vez ni siquiera eso.

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Bloqueo a Vaca Muerta de comunidades mapuche y pobladores de Añelo que buscan dos cosas: derechos y agua

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Esta semana hubo cinco cortes a los principales yacimientos de fracking, organizados por el pueblo mapuche de Vaca Muerta en reclamo de relevamientos territoriales ya acordados que permitirían además el reconocimiento de 14 comunidades. El bloqueo se agregó a los cortes de ruta de pobladores de Añelo (localidad central en el área de explotación) que reclamaban por la ausencia de agua. Jorge Nawel, de la Confederación Mapuche de Neuquén dice a lavaca: “Estamos contra la fractura hidráulica porque sabemos lo que genera, como lo saben los países la prohibieron como Francia, Inglaterra, varios estados de los Estados Unidos, que sin embargo mandan sus empresas para que hagan el fracking aquí”. Los efectos reales de la “inversión extranjera” y el negocio de las empresas que solo son rentables si tienen subsidios estatales.

Esta semana las comunidades mapuche de la zona de Vaca Muerta bloquearon los cinco principales yacimientos de fractura hidráulica. A ese conflicto se sumaron los cortes de rutas protagonizados por vecinas y vecinos de la ciudad de Añelo, desesperados por la ausencia de agua, entre otras cosas.

Jorge Nawel, logko (autoridad política) de la Confederación Mapuche de Neuquén planteó a lavaca el panorma y derribó los mitos publicitarios sobre los supuestos beneficios del fracking.

“La situación empieza por tres grandes temas pendientes. Por un lado la obligación de Consulta Libre e Informada a los pueblos originarios, tema refrendado por Argentina en los tratados internacionales. Estamos todavía discutiendo un articulado que es el que le dará forma al proceso de consulta sobre cualquier actividad que se haga en territorio indígena”.  

“Por otra parte la necesidad de las personerías jurídicas de las comunidades, que no tienen ese reconocimiento por parte del Estado. Es una deuda que el Estado no termina de resolver”.

“Y el tercer tema es el relevamiento de las tierras, porque si no tenemos delimitados los territorios, ¿a quién van a reconocer?”.

¿Un pueblo originario es un club?

Sostiene Nawel que el tema de la consulta está cerca de poder resolverse tras cuatro meses de negociaciones para el establecimiento de un protocolo de 15 puntos ante cada proyecto que pretenda realizarse en territorio indígena. “Posiblemente la semana próxima podamos dar buenas noticias”.

Le da especial importancia, también, a la cuestión del registro “porque saca a las comunidades de la órbita de una simple asociación y les da el estatus que corresponde, con una personería que es carácter público, no privado. Eso significa que una comunidad no tiene control del Estado ni es tratada como como si fuese un club o una asociación, sino que se trata de un pueblo. No es parte de la órbita privada sino de la pública”.

¿Y por qué el bloqueo? “Principalmente por el tercer tema, el del relevamiento territorial. Se formó un equipo técnico, jurídico y catastral hace más de un año para concretarlo, pero notamos animosidad oficial contra las comunidades de Vaca Muerta porque somos las que protestamos y nos movilizamos. Ese mismo equipo existe como respuesta a una de las acciones directas que hicimos en 2021. El equipo lo forman Nación y Provincia, pero nunca funcionó como corresponde y en más de un año no hubo relevamiento de una sola de nuestras 14 comunidades en esa zona. Por eso decidimos bloquear Vaca Muerta”.

Llamar la atención vs embarrar la cancha   

El bloqueo se concretó el lunes pasado, 28 de noviembre. “Cerramos el acceso a los cinco yacimientos más importantes en los que trabajan empresas como Techint, YPF, Shell, Tecpetrol y Pluspetrol, entre otras. Eso significa ingresar a las 5 de la mañana antes del turno que empieza a las 6. Se arman colas de 200 camiones y máquinas de la industria, o más, que no dejamos que circulen”.

El fondo del tema, según Nawel: “Es la única manera de llamar la atención de un gobierno al que la protesta social no le va ni le viene, y te lo digo porque hay protestas y reclamos todos los días, y una total indiferencia oficial frene a eso”.

“Lo único que hace que te presten atención es cuando le tocas la matriz económica que es la explotación de Vaca Muerta. Somos conscientes de eso y cada vez que queremos ponernos en una posición firme tenemos que bloquear la producción”.

La acción mapuche logró llamar la atención: “Convocaron a un diálogo y se planteó crear un equipo especial que resuelva la cuestión del relevamiento territorial. Hay que ver si el gobierno cumple su palabra. Lo que estamos reclamando es que se cumplan las leyes”.

Funcionarios y medios, sin embargo, plantean que el trasfondo del reclamo mapuche es la búsqueda de un beneficio económico. Responde Jorge Nawel: “Es el argumento cuando el Estado quiere confundir las cosas. Plantea un trasfondo económico, peero vos ves las demandas que hacemos, ninguna tiene carácter económico sino de derechos. Carácter político y de respeto a los derechos”.

“La Consulta es algo que está normado desde 2001. Que se reconozca a las comunidades es algo que está escrito en las constituciones de Nación y Provincia. El relevamiento de tierras está ordenado por la Ley 21.160. O sea que estamos reiterando viejas demandas que jamás se responden. Una forma de ensuciar y embarrar la cancha es darle a lo que reclamamos un carácter económico, cuando en realidad les estamos diciendo que cumplan las leyes: cumplan con lo que ustedes mismos aprobaron”.

Progresismo y felicidad extractiva

El debate sobre el modelo extractivo del cual el fracking es apenas una muestra, incluye de modo cada vez más entusiasta a sectores que se autoperciben progresistas que pregonan avanzar con un tipo de modelo que lleva más de 500 años no excesivamente exitosos en el continente.

Reconoce Jorge: “Vaca Muerta es sin duda una salvación económica, pero ¿de quién? Para nosotros, para la sociedad, es una fuente de saqueo de recursos naturales, de empobrecimiento social y de contaminación de todo tipo”.

“Sin embargo es cierto que es una salvación económica para las corporaciones, que pueden derivar a sus casas centrales millonadas de dólares de manera permanente. Argentina lo único que hace es darles prebendas, subsidios, beneficios impositivos, para que el señor inversor no se vaya y siga explotando la meseta y la tierra mapuche”.

Nawel advierte: “Todo ese contagio de felicidad y bienaventuranza para nosotros es una absoluta farsa. El fracking solo les da ganancias a las empresas. La propia industria del fracking ha planteado en distintos informes que la actividad no es rentable sin la cantidad de subsidios y prebendas que le da el Estado. Lo más grave para nosotros –y debería serlo para la sociedad– todo se hace a costa del ambiente, la salud y la seguridad de la población”.

La descripción: “El fracking genera un enorme impacto ambiental por las toneladas de basura que genera, por el tema de los sismos (debidos a las excavaciones), por los millones de litros de agua que consume en una zona árida como la nuestra. La industria no se ocupa no responde porque si tuviera que hacerse cargo de los costos ambientales y sociales, ya no sería rentable. Por eso es una farsa”.

Lo prohibido y la deuda

El rechazo mapuche, según Nawel: “Rechazamos el fracking desde el primer día porque sabemos las consecuencias que genera. Es el mismo conocimiento que tienen los países del primer mundo que por eso lo prohíben, como Francia, Gran Bretaña, varios estados de los Estados Unidos, y Colombia también se sumó a una moratoria”. La moratoria es el modo de dejar en suspenso cualquier aprobación a la actividad, un modo elegante de prohibición. De todos modos en Europa se sumaron Alemania, Bulgaria, Italia, Suiza y República Checa.  

“El fracking solo es rentable si los Estados subordinados, empobrecidos, entregados, renunciando a su soberanía permiten que esas multinacionales ingresen”.

¿Y cómo ven a los funcionarios? “Lo que pasa es que esto es un cúmulo de errores de políticos cortoplacistas que al subir solo pensaron en terminar su mandato y ganar reelecciones en lo posible, y para eso capturaron el recurso era el petróleo y lo dilapidaron. Neuquén es una provincia petrodependiente desde hace décadas”.  

“Los políticos piensan siempre en el corto plazo, nunca pensar en la sociedad, en el futuro, en las nuevas generaciones. Pero es increíbe: ya en 1956 la constitución de Neuquén decía que toda la renta petrolera que se obtuviera no debía ser utilizada en gastos comunes, que es lo que hoy se hace para sostener el aparato del Estado y el empleo púbico. La renta debía reinvertirse en la búsqueda de energías alternativas para romper la dependencia del petróleo, que ya en ese momento se veía que era una industria con impacto ambiental y no sustentable. Esa inversión de renta en la búsqueda de energías alternativas nunca se hizo. Nunca”.

Jorge relaciona el tema con el de la deuda externa: “El país, por sus políticos, queda preso de una deuda escandalosa que exige acumular dólares para pagarla. Pero la última beneficiada de todo esto va a ser la población Y los primeros benericiados van a ser los dueños de la deuda externa y las empresas que obtienen ganancias vergonzosas que giran al exterior, a sus casas centrales. Las migajas quedan para la población y sobre todo queda un impacto que va a convertir a a estas tierras en un cementerio si todo sigue así”.

¿Agua o petróleo?

La tremenda propaganda alrededor de Vaca Muerta, sus inversiones, sus ganancias, podría inducir a pensar que la provincia, o al menos las localidades cercanas a la explotación, están pasando épocas de bonanza (sea lo que sea que tal cosa signifique).

Nawel informa: “Cuando hicimos el bloqueo se sumó el propio pueblo de Añelo que hace días no tiene una gota de agua en la canilla. Es más. Nosotros levanamos el bloqueo cuando empezamos a obtener respuesta, pero ellos siguieron hasta el miércoles. Y solo reclamaban agua, ¿te das cuenta? Están planteando obras que permiten llevar agua desde el río Neuquén para las empresas, y el pueblo supuestamente beneficiado no tiene ni agua. Esa es la realidad. Neuquén es una provincia endeudada con la banca internacional y el Estado nacional, y nos venden todos los días titulares hablando de un ritmo acelerado de Vaca Muerta o de aumento de la producción”.

La contracara: “Lo que se ve en la práctica es que lo que aumentó es la pobreza, el endeudamiento de la provincia, y Añelo, que era la Dubai argentina, no tiene ni agua”.

La situación: “Hacen tanta propaganda y hay una crisis tan grande, que todos los los días llegan familias a Neuquén con la expectativa de conseguir un trabajo digno en esta supuesta gran gallina de los huevos de oro. Como no lo logran, porque la industria es muy selectiva, se van incrementando las periferias urbanas con familias empobrecidas. Si esa es la salvación del país, estamos en problemas”.

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16va Marcha de la Gorra: “Ocupar las calles: Libres o nada”

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Ayer, martes 29 de noviembre se llevó a cabo la 16va edición de la Marcha de la Gorra en la ciudad de Córdoba. La reconocida marcha contra el gatillo fácil y la violencia institucional sucede a dos semanas de conocerse públicamente -en el marco del juicio por la muerte del adolescente Blas Correa- los mensajes intercambiados por Whatsapp entre el ex Ministro de Seguridad Alfonso Mosquera y el ex comisario Gonzalo Cumplido en el que manifestaban su preocupación por las repercusiones que provocaría la muerte de “un rubito” “de clase media”. Conversación mantenida a primera mañana de los 6 disparos de la noche de agosto del 2020.

Por Bernardina Rosini

desde Córdoba

Tal vez resuene fuerte fuera de la provincia, pero en la calle no causó ningún escozor.

Soledad Aciar, la madre de Blas, ausente en la marcha, hace unos días refirió sobre los policías locales «disparan sus armas como si estuvieran jugando en la Play”.

No se mencionó el indignante intercambio entre los ex funcionarios en la tarde de ayer, pero sí se mencionaron las 9 horas que estuvo encadenada la mamá de Rodrigo Sánchez en las rejas de Tribunales. Ella, Gabriela Sanso, tomó el micrófono y fue dura contra la justicia y los uniformados azules. “7 años sin que avance la causa, sin respuestas, sin que me digan nada», dijo. «No puede ser que nos tengamos que encadenar para ser escuchados. Mataron a mi hijo por la espalda, 17 años. Ellos sueltos mientras que a mi hijo no le dieron oportunidad. No dan oportunidad de vivir, fusilan”. Sólo tras haberse encadenado, la Fiscalía General la recibió y se comprometió con la resolución de la causa.

Se suceden madres en el micrófono que relatan y enumeran, una vez más, todas las atrocidades del mecanismo de impunidad: disparos por la espalda, fiscalías inertes, investigaciones nunca iniciadas, encubrimientos, argumentos y declaraciones tan burdas, tan contradictorias, tan absurdas. Dolor y nudos de bronca.

Unxs pibes con la cabeza cubierta escalan por el frente de un edificio y hacen la primera intervención de la marcha: pincel en mano y pegamento, dejan el rostro y nombres de algunos los muertos Franco Amaya, Sergio Cuello, Juan Alarcón, Pichón Escobay. Podrían cubrir todo el frente. Sólo en los últimos dos años se contabilizan 10 casos fatales en manos de la Policía de Córdoba. Con esta preocupación la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de Córdoba (APDH Córdoba) solicitó al Gobernador Juan Schiaretti una audiencia con “carácter de urgente” en el mes de agosto. Entrando en diciembre, con el expediente dormido, el gobernador no se da por notificado.

Difícil eludir la sucesión de los casos, y la crisis de la institución policial. En los primeros seis meses de 2022 un total de 218 uniformados fueron apartados de sus trabajos debido a que quedaron bajo la lupa del Tribunal de Control Disciplinario de las Fuerzas de Seguridad de Córdoba. El 88,2% corresponden específicamente a efectivos de la Policía de la Provincia, y según el Tribunal en la gran mayoría de los casos, los desplazamientos de personal fueron por sumarios motivados por denuncias de violencia de género, seguidos de mal desempeño y violencia institucional.

Casos que han logrado relevancia y aparecer en las agendas de los medios nacionales: Blas Correa es uno, el femicidio de Cecilia Basaldúa es otro. Este último  tiene policías señalados por la familia, confesiones logradas mediante aprietes, encubrimiento y un juicio forzado contra un joven inocente. Pero aún sin dar con el autor material.

Difícil desentenderse también de la fuerza y el sentido que moviliza la Marcha de la Gorra en Córdoba. No atender a los fuegos, la danza y la ceremonia a metros de la Legislatura, rodeada de vallas y un puñado de policías. Las familias prenden velas dispuestas en la calle formando una figura hecha de bidones de agua, flores de santa rita, naranjas y manzanas. 

 “Libertad para ocupar las calles y habitar y circular por nuestros montes”. Se escucha en los parlantes, ampliando los límites del transitar urbano pero también señalando que las políticas violentas, extractivistas, excluyentes son comunes. Acá y un poco más allá. Que son múltiples los derechos arrebatados. “Que no nos quiten crecer en las calles, ni las noches en la plaza ni las tardes de río”. El final de la marcha es un abrazo, la canción que la cantante Sara Hebe escribió inspirada en la marcha, sintetiza el deseo:

“No encuentro mejor manera de aguantar este embretao

Que imaginarme suelto, vivo y enamorao”.

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#NiUnaMás

Hoy es el día para luchar contra las violencias, y mañana también

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Este informe del Observatorio Lucía Pérez dimensiona la cartografía de la violencia patriarcal, con la esperanza de encontrar una forma de prevenirla y erradicarla. Los pies en la calle contra las violencias. Y lo que hay que cuidar: la vida. 

300 femicidios y travesticidios: uno cada 26 horas
339 marchas para exigir justicia: una por día
211 infancias huérfanas: no hay forma de dimensionar lo que esto significa.
En los padrones públicos y de libre acceso de nuestro Observatorio podés encontrar toda la información que hay detrás de estos números. Está actualizada diariamente e incluye hasta la fuente de donde surgen los datos, que permanentemente chequeamos y renovamos caso por caso. En total, el padrón de femicidios y travesticidios ya suma 4.177.
También llevamos padrones públicos de tentativas de femicidios, desaparecidas, violaciones, denuncias registradas por provincia y funcionarios denunciados por violencia de género.
Día a día y desde hace más de una década bordamos así esta cartografía de la violencia patriarcal con la esperanza de encontrar una forma de prevenirla y erradicarla.
Periódicamente junto a las familias víctimas de estas violencia analizamos lo que esta información representa hasta descubrir algunas claves. Por ejemplo, aprendimos a diferenciar los femicidios y travesticidios generados por las violencias parentales de aquellos generados por la impunidad territorial, donde el dominio narco genera las condiciones necesarias para arrasar con la vida de mujeres y trans. El ejemplo más cruel es Rosario, que este año ya suma 50 mujeres asesinadas por una violencia territorial que cuenta con la necesaria complicidad de policías y servicios penitenciarios, es decir el Estado. Obtener justicia en estas condiciones es algo negado de por sí y precisamente por ello, lo que alienta la continuidad de estos crímenes.
La forma de construir justicia, entonces, sigue siendo la que nos legaron Madres y Abuelas: con los pies en la calle. Los datos son claros: este año hubo una marcha por día gritando “Ni una más”.
Lo que representan estas movilizaciones que sacuden las periferias en todo el país no es fácil percibirlo desde la centralidad porteña, capturada por la parálisis y el vaciamiento que los kioscos de género ejercen sobre el movimiento para contenerlo y disciplinarlo. Advertimos entonces: cuidado con “los cuidados”. Con esa etiqueta se vienen ahora los recursos, los discursos y los programas que pretenden catalizar las energías sociales hacia tareas de reparación de lo que precisamente el sistema enferma y rompe.
Nosotras no vamos a cuidar este sistema.
Nosotras no vamos a sanarlo, ni a alimentarlo ni a criarlo.
Nosotras vamos a sacudirlo hasta que caiga.
Y lo vamos a hacer bailando, gritando y conspirando el 25 de noviembre, día internacional de lucha contra la violencia patriarcal, y también al día siguiente, y al siguiente, y más.
Nosotras nos organizamos y reunimos para cuidar lo que hoy está en riesgo: la vida.

Los padrones públicos y de libre acceso se pueden ver en www.observatorioluciaperez.org

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