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Ninguna mujer en Bolivia

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Tras una marcha callejera y una acción en la plaza Murillo de La Paz, a la que rebautizaron como “Plaza del Estado Proxeneta”, se presentó en Bolivia el libro Ninguna mujer nace para puta , de María Galindo y Sonia Sánchez. Luego hubo un acto en el viceministerio de Cultura. Crónica de las acciones, reacciones y debates, mientras la policía intentaba borrar con sus botas las pintadas en las que se leía el título del libro.
La columna partió desde la casa Virgen de los Deseos, el espacio feminista autónomo que pertenece a Mujeres Creando, ubicado en el barrio de Sopocachi. La encabezaba una ofrenda floral con los colores de la bandera de Bolivia y con la inscripción “Basta de prostituir”. La seguía un original escudo boliviano, un collage con fotos de mujeres semidesnudas, acompañado de leyendas como: “ciudadano=hombre; Bolivia: Estado proxeneta”. La fila terminaba con un largo cartel grafiteado con el nombre del libro.
“La Plaza Murillo es el centro del poder estatal y político, pero es también una ‘zona roja’. Por eso queremos hacerle esta ofrenda floral a los héroes del Estado Proxeneta. El poder masculino del blanco está en tránsito al poder masculino del indígena. El concepto de contrato sexual somos las mujeres como mercancía”, exclamó María Galindo, autora del libro y fundadora de Mujeres Creando.
Comenzaron a caminar por las calles, repletas de autos, bocinazos y curiosos que se paraban absortos. La primera parada fue frente a la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), donde proclamaron: “La Universidad pública es una zona roja”. Cada vez más personas se alistaban detrás de estas mujeres. Hubo algunos gritos hostiles de algún transeúnte, pero eso es parte del paisaje paceño en este tipo de manifestaciones. Siguieron la marcha por la Avenida 16 de Julio, se detuvieron en el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, y estamparon sobre la pared: “Bolivia: Estado Proxeneta”.
La procesión tomó la calle Mariscal Santa Cruz, y luego dobló por la avenida Camacho. Comenzaron a zigzaguear entre los autos que dejaban paso a la columna, mientras ellas los invitaban a discutir. Se pararon frente al edificio del Gobierno Municipal de La Paz. Galindo sacó un aerosol y comenzó a grafitear la vereda. La policía la cercó y comenzaron a forcejear y maltratarla. Le quitaron el aerosol y fue entonces cuando Galindo y Sánchez pronunciaron a dos voces: “El Municipio de La Paz es un municipio proxeneta, que nos explota y nos expropia nuestro cuerpo y nuestro trabajo”.
La condición de persona
Desde allí partieron sin escala hacia Plaza Murillo. La fila de manifestantes pacíficos, iba intercalándose con policías equipados con cascos y escudos inútiles, atravesados por las palabras de estas mujeres.
Galindo comentó: “La acción es aquí, en la calle, porque todo el proceso político y teórico que estamos planteando empieza y termina en la calle. La sociedad boliviana está viviendo un proceso constituyente frustrado, donde se pretendía replantear las definiciones y los conceptos del Estado. Se pretendía sustituir la ciudadanía liberal masculina blanca por la ciudadanía comunitaria indígena. A pesar de que ese proceso está frustrado, nosotras consideramos que tanto el Estado Nacional liberal es proxeneta, como el Estado Plurinacional comunitario es proxeneta también. Porque es un Estado que niega a las mujeres su condición de personas”.
Comenzaron a subir las escalinatas de la Plaza Murillo, rodeada por el Palacio de Gobierno, el Congreso y la Catedral de La Paz, y se dirigieron directamente a los pies del monumento erigido en honor a Pedro Domingo Murillo en donde colocaron la ofrenda floral dedicada a los héroes del Estado Proxeneta. Se pararon debajo de la estatua del prócer, estiraron un nylon color rojo y grafitearon: “Bolivia: Estado Proxeneta” y “La Plaza Murillo es una zona roja”. Rodeadas por policías, medios de comunicación y público, María Galindo y Sonia Sánchez, la argentina co-autora del libro, tomaron la Plaza, y también la palabra. Algunas definiciones

  • “La prostitución no es trabajo, el Estado boliviano es un Estado Proxeneta como el argentino y como todos los latinoamericanos. Las putas estamos diciendo: no queremos zonas rojas, no queremos explotación”. (Sonia).
  • “Nosotras hemos invitado a este acto a Sacha Llorente (Viceministra de Movimientos Sociales), que nos ha acompañado decenas de veces a hablar con las mujeres en situación de prostitución sobre los Derechos Humanos, pero Sacha Llorente no está. Nosotras creemos que formar parte del Estado, no puede significar vender la conciencia sobre el motor del cambio social que son los movimientos sociales. Hemos invitado a este acto a la Doctora Nilda Heredia (Ministra de Salud y Deportes), que también se ha solidarizado con nosotras, y sin embargo ella no está. Hemos invitado a la Ministra de Educación, al Viceministro de Cultura, porque la prostitución es un problema concatenado con el desempleo, con la migración, con el hambre, con una violencia impune. A las mujeres en situación de prostitución el Estado les exige un carnet de sanidad, es un carnet donde le sacan fotografía a todo color, donde va su nombre y su apellido. Se les exige una revisión semanal tan sólo de su vagina y se las convierte en vagina. Las prostitución está creciendo cada día y nosotras desafiamos a las mujeres de la sociedad a mirarnos en el espejo de las mujeres en situación de prostitución, porque hay acoso en los lugares de trabajo, porque hay acoso en los lugares de estudio y porque las mujeres somos reducidas a cosas”. (María).
  • “Las putas decimos, la prostitución no es trabajo, es violencia que se ejerce sobre los cuerpos de mujeres jóvenes, niñas, viejas, cuerpos avejentados, golpeados, manoseados. ¿Eso es trabajo? Al Estado boliviano le pregunto: ¿Ser manoseada es trabajo?; ¿Ser humillada diariamente es trabajo? Y a vos que me estás mirando te pregunto: ¿ser violada sistemáticamente todas las noches, todas las mañanas, y todas las tardes, es trabajo?” (Sonia).
  • “Quiero dejar claro que en este acto no hay ni un solo funcionario boliviano. Cuando a solas nos dicen ¡qué valientes que son!, nosotras les decimos: qué hipócritas son, compañeros. Qué fácil es sentarse en una oficina de gobierno y perder la perspectiva de cambio social. Sin las mujeres bolivianas, no hay cambio social posible”. (María).

 
Terminaron de hablar, sacaron sus aerosoles y pintaron sobre el piso de la plaza, con la caligrafía que caracteriza a Mujeres Creando: “Ninguna mujer nace para puta”. Los uniformados comenzaron a frotar desesperados sus botas sobre la pintada, pero ya era tarde.
Adán, Eva y la posición de víctimas
Luego del escrache en Plaza Murillo, tuvo lugar la presentación del libro en un salón del Viceministerio de Desarrollo de Cultura de la República de Bolivia, que quedó repleto, con muchos concurrentes que tuvieron que seguir el acto de pie. Hubo voces variadas y heterogéneas, o “insólitas e indigestas”, como prefieren decir las autoras. La presentadora oficial fue Mechi, perteneciente a la Organización Nacional de Activistas por la Emancipación de la Mujer en Situación de Prostitución (ONAEM). Dio la bienvenida aclarando que “aquí todas las mujeres somos putas y todos los hombres son prostituyentes”. Luego la actriz Norma Merlo realizó una lectura de un supuesto diálogo entre Adán y Eva que generó el momento más risueño del día (Eva le dice a Adán, por ejemplo: ¿qué tengo que ver yo con ese apéndice tuyo que se pone tan travieso?) .
La siguió Violeta Ross Quiroga, integrante de la Red Boliviana de personas viviendo con VIH Sida, quien declaró: “Soy una mujer con VIH, que está indignada con las injusticias que suceden a las mujeres en Bolivia y en todo el mundo”. Lo que había sido dispersión y risas, comenzó a transformarse. Violeta: “Yo he sido víctima de violencia sexual a mano de dos hombres y es muy cómodo a veces decir: ellos han hecho su daño y voy a lamentarme en mi dolor. Pero es más desafiante decir: voy a ser una sobreviviente y no voy a permitir que la violencia ni los agresores arruinen mi vida. Y esto es algo que la compañera argentina ha puesto como un logro en el libro. Y me parece que es algo que todos y todas debemos aprender. Salir de la posición de víctimas y comenzar a romper ese silencio que nos esclaviza”.
Al finalizar el discurso y con su voz dulce y apacible interpeló: “Cuando empezaron ellas a trabajar el libro, querían generar una pregunta, que a Sonia le digan: ¿Qué haces con una mujer lesbiana?, y que a María le digan: ¿Qué haces con una puta? Yo quisiera añadir a esta pregunta una más: ¿Y qué hacen con una mujer con sida?”
No al morbo, sí al debate
Le tocó el turno a la Licencia María Luisa Valdivia que confesó que primero sintió miedo al leer el libro porque la cuestionó como Trabajadora Social, porque desde ese lugar, contó, sólo había conocido lo superficial: ”Trabajé con la apariencia, sin entrar en la subjetividad de estas mujeres”. María Luisa relató también que se sintió cuestionada como docente, al no registrar o impulsar la subversión de esa situación que padecen las mujeres en estado de prostitución.
Sonia Sánchez apareció sobre el escenario encendida, vestida de negro y rojo, dejando caer palabras y silencios: “Puta. Trabajadora sexual. Dama de compañía. Sexo-servidora. Y ahora les pido que me ayuden: ¿Qué otro adjetivo escuchan ustedes sobre los cuerpos de mujeres?” Una de las concurrentes asomó un aporte: “Ramera”, dijo.
Sostuvo Sonia: “Estas palabras, no son sólo adjetivos. Son una violencia directa sobre nuestros cuerpos. Eso es prostitución. Es violencia que se ejerce sobre los cuerpos de las mujeres. Por lo tanto no es un trabajo”.
Luego explicó cómo logró romper con la mentira, visualizar a los parásitos que la rodeaban, mirarse como puta y correrse del lugar de víctima. “Mierda que no fue lindo”, dijo, para detallar una de las características del trabajo que realizó con María Galindo: “No queríamos hacer un libro para alimentar el morbo de todas y todos, sino que fuera un libro distinto, un nuevo espacio de debate sobre la prostitución, para decirles e invitarles a cuestionarnos. Empecemos a mirarnos en un mismo espejo: vos como vendedor ambulante, mirate en mí. Yo, me miro en vos. Y empezar a romper esas fronteras de la buena y la mala, la que se prostituye y la que no, que lo único que hace es separarnos más”. Y culminó: “Este libro es un nuevo espacio político sobre la prostitución, que me sigue haciendo pensar hacia dónde quiero ir, y quién soy”.
Las locas y el cambio social
Yuli se hizo presente en nombre de la ONAEM, y agradeció a las autoras por hacer visible lo que es la prostitución. Y señaló: “Me encantaría que todo el mundo lea este libro para que sepan lo que es la realidad. Nuestras compañeras son nómades, son personas que son desterradas de su propio nombre y sin ningún derecho”.
Finalmente surgió la voz dulce pero provocadora de María Galindo que preguntó: “¿Por qué somos tan jodidas? ¿Por qué no nos contentamos con presentar nuestro librito tranquilamente?”, preguntó abriendo sus grandes ojos, y respondió: “Primero, porque este pensamiento político es una práctica social. Nace en la calle, nace como una estrategia de lucha y como una fuerza interpeladora en todas las direcciones. Por eso no podíamos presentar este libro tranquilamente. Teníamos que decir que el Estado boliviano es un Estado Proxeneta”.
Ya abierta esa veta, María agregó: “Vamos a decir más locuras, porque: qué hacemos con un Estado Proxeneta, si no tirarlo a la basura. Qué hacemos con un Estado Proxeneta, si no erosionarlo. Qué hacemos con una sociedad cómplice y violenta, si no cambiarla”.
La autora boliviana hizo mención a la importancia de las alianzas que calificó como insólitas e indigestas, porque no tienen límites y ponen en cuestión todo. Y culminó: “nosotras queremos cambiar desde el cotidiano, desde el aquí y el ahora. Por eso estamos tan locas, que decimos que desde este cambio y desde este cotidiano, la puta es la anfitriona del cambio social”.
El público respondió con una ovación.
 

publicada 22/08/2007

Protesta social

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas

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Un miércoles tranquilo en la ronda de jubilados en Congreso, que despierta dudas ante la necesidad de hacer “un poco más de bochinche”. Como homenaje al Día del Jubilado (domingo pasado) hubo un puesto de hamburguesas y choripanes de la UTEP. “El hambre es desesperante” dijo una de las mujeres que servía a esa cola ampliada con gente de la calle en busca de qué comer. Historia de cómo sobrevivir a una jubilación hiper mínima (porque encima se arrastra una deuda). Los alfajores, las medias, y la salud encontrada en el gesto de movilizarse. 

Por Lucas Pedulla   Fotos Juan Valeiro/lavaca.org

A sus 76 años, Luis Relinque tiene que vender medias para llegar a fin de mes.

–Si no trabajo, no como.

Y para comer tiene que trabajar, aunque hace once años que está jubilado. El único día que no sale a vender por la zona de Once es el miércoles, cuando camina las diez cuadras que separan su casa –Remedios de Escalada, sur del conurbano bonaerense– de la parada del 37 que lo deja en el Congreso de la Nación. 

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas
Luis y la batalla cultural.

El dato, que solo en esta Argentina pareciera naturalizarse, lo explica fácil:

–Soy jubilado de la mínima. Cobro $400.000 limpios, justos. El mismo día de cobro pago la luz, el gas, el agua y con todo lo que tengo me quedan limpios, justos, $210.000. Si no trabajara, son $7.000 por día hasta el mes siguiente. ¿Cómo hacés?

La pregunta flota mientras alrededor se dispone la movilización de cada miércoles. La Rama de Trabajadoras y Trabajadores de Espacios Públicos de la UTEP (gremio de la economía popular), llamada “Lxs Parrillerxs”, puso un puesto para regalar choripán y hamburguesas por el Día del Jubilado, que fue el domingo. Se sumó mucha gente de la calle: “El hambre es desesperante”, dice una señora mientras corta el pan. Sobre la vereda se acomodan trabajadoras y trabajadores de la ANSES, que denuncian una “sangría por goteo” en el organismo encargado de las jubilaciones y pensiones: el Gobierno abrió un plan de retiros voluntarios, el segundo del año. Un trabajador dice a lavaca: “En el anterior se fueron más de 1.000 personas. Muchos agarran porque están muy endeudados. La idea es que quede un ANSES chico, si es que queda”. 

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas
La evolución de las variables económicas.

Por su parte, Luis tendría que estar cobrando un poco más: en septiembre la mínima llegó a $498.633,20, contando el bono de $70.000, congelado hace 30 meses: según el Centro de Economía Política de la Argentina (CEPA), si fuera por movilidad Luis y cinco millones de jubilados y jubiladas más tendrían que percibir un bono de $223.148. Pero Luis cobra solo $400.000 limpios porque está endeudado: hace ocho años sacó un crédito.

–Se me cayó un árbol del fondo de casa en la cabeza. Tuve derrame cerebral. También me hizo pelota la rodilla: hoy tengo una prótesis. Mirá vos, es la misma rodilla que la policía me reprimió en una marcha el año pasado: la tengo peor. Me queda este año de crédito, así que espero para fin de año terminar de pagarlo y poder cobrar un poquito más.

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas
Gadalupe y otros discas acompañando la marcha de jubilados.

Por eso todos los días –salvo los miércoles– sale a vender tres pares de medias a $1.000: camina mirando a todos lados para que los “parásitos con uniforme” no le decomisen la mercadería, como viene ocurriendo en la ciudad de Buenos Aires bajo la gestión de Jorge Macri. Antes Luis vendía alfajores y podía hacerle algún regalo a su nieta de 13 años, o darse un gustito como ir al teatro. Pero los alfajores subieron tanto que ya no es negocio. Cuenta que la idea de las medias le llegó mirando la televisión. 

–Veía a tanto operador político en la tele que pensé: si las medias me salen lo mismo que un chupetín, quizá la salida a esta crisis sea chupar medias, en serio te digo.

Luis habla y piensa con mucho humor, pero siempre aclara que lo dice en serio. Cuenta que fue la primera persona que puso un boliche gay en provincia de Buenos Aires – “Chelovecos, en 1974”–, que también tuvo una tanguería y que por muchos años se dedicó a cocinar en su casa para geriátricos o centros de jubilados. Como siempre trabajó por su cuenta, pudo jubilarse con una parte de aportes y otra de moratoria.

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas
Congreso con atención de coiffeurs para jubilados y gente de la calle.

–Hoy el Gobierno la cortó, pero la moratoria ayudó mucho. Conozco gente que nunca aportó y ahora te dice: “Cristina chorra”. Bueno, entonces devolvé la jubilación o donala a un comedor. 

A diferencia de lo que dijo el presidente Javier Milei tras su discurso en Naciones Unidas en Nueva York, a Luis –como argentino– no le salen dólares por las orejas. Es una de las tantas razones por las que no se pierde ningún miércoles.

–Hace unos años me quedé viudo. Me pasaron todas, pero yo le aconsejo a la gente mayor que venga a la marcha. No sólo como protesta, sino porque es bueno para uno. Es una cuestión de salud. A mí me ayudó mucho porque me olvidé de mí: me acuerdo más de la madre de Milei que de mí. En serio, te digo. Algunos jubilados me dicen: “No, mejor me voy a hacer un estudio al médico”, pero es como un coche en el mecánico: algo siempre te van a encontrar. No digo que esté mal, ojo, pero hay gente que está todo el día en la casa mirándola por televisión y pensando en sí mismo. Con hacer un cartel o pensar alguna cosita, ya la cabeza se me despeja. 

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas

La semana pasada, Luis trajo el “Desodorante Javo”, con una característica premium: “Te deja seco las 24 horas”. ¿Qué significa ese humor en la lucha de cada miércoles?

Luis es crítico:

–Yo vengo porque la jubilación me alcanza nomás para diez días. Me gustaría que hagamos un poco más de bochinche. Acá nos encerraron. Venimos y damos una ronda: no tenemos nada para festejar pero damos la vuelta olímpica como si fuéramos campeones. Luego, a casa. Hay que ir al Obelisco, a Corrientes. Acá no nos ve nadie. No estoy en contra, porque nos encontramos, pero haría un poco más de calle. Lo único que falta es que nos pongan mesas y nos hagan jugar a las damas: para eso voy a la plaza de mi barrio. En Lanús me preguntan: “¿Luis, no marchan más?”. 

La marcha –la ronda a la que Luis pide más bochinche– está por empezar.

¿Qué espera?

–Mirá, el día que no pueda caminar más ni vivir a medias, me amenazo al Presidente así me vienen a buscar: ya averigué que no me sacan la jubilación, me llevan en cana, y al menos tengo una lamparita para leer algún libro y amigos que me traerán algún sanguchito de miga. Lo mismo que haría en casa lo hago allá. En serio, te digo. 

¿Hay opción B?

–Que cambie el Gobierno. Eso daría un poquito de esperanza. La primera medida tendría que ser darnos un aumento. De mínima. Esta lucha que hacemos va a pasar a la historia como algo que era necesario hacer. El que no labura ni lucha, no come. 

Hincha de Independiente y fanático de Manal, Luis se despide y se mete a la marcha.

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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