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Histórico: condenaron a 10 años al policía que torturó a Luciano Arruga

Se conoció la sentencia por unanimidad a 10 años de prisión contra el policía Julio Diego Torales, acusado de haber torturado a Luciano Arruga, detenido durante varias horas en el destacamento de Lomas del Mirador.

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“Punto tercero: imponer a Julio Diego Torales la pena diez años de prisión, accesorias legales y costas del proceso, por resultar coautor penalmente responsable del delito de torturas, según hecho ocurrido el día 22 de septiembre del año 2008 en la localidad de Lomas del Mirador, de esta jurisdicción del que resultó víctima Luciano Nahuel Arruga”.
En esa frase pronunciada por el secretario del Tribunal Oral en lo Criminal n° 3 de La Matanza se sintetizó la condena en el caso de torturas sufridas por Luciano Arruga, provocando una indisimulable emoción entre quienes asistían a la lectura de la sentencia. Luciano tenía 16 años cuando ocurrió el hecho.

Histórico: condenaron a 10 años al policía que torturó a Luciano Arruga

Familiares de Luciano Arruga. Foto: Daniel Davobe/Télam


El TOC n° 3, presidido por la jueza Diana Nora Volpicina, con Liliana Logroño y Gustavo Navarrine como vocales votó en forma unánime tras escuchar durante las audiencias los testimonios de los familiares de Luciano, principalmente su mamá, Mónica Alegre, y su hermana, Vanesa Orieta.
En un tramo de los fundamentos los jueces plantearon: “Mientras el Oficial de Servicio (Torales) ejerciendo un poder real y de hecho sobre la custodia (de la víctima), tras omitir la implementación de los postulados de la Convención de los Derechos del Niño (…) le infligió intencionalmente sufrimientos físicos, mediante golpes con un elemento duro o romo, mientras otro funcionario policial lo retenía”,
Desde el comienzo
Cuando el juez Gustavo Navarrine llegó al Tribunal Oral en lo Criminal N°3 de La Matanza, en la calle sonaba “Ya no sos igual”, de la banda punk 2 Minutos. “Ya no sos igual / ya no sos igual / sos un vigilante de la Federal. / Sos buchón, sos buchón”, cantaban, agitando las manos hacia la policía que custodiaba detrás de las vallas el Tribunal, cuando el juez pasó adelante de una mano fervorosa. Miró, se rió y luego entró al Tribunal donde en una hora daría a conocer junto a Diana Volpicina y Liliana Logroño la sentencia del juicio por torturas a Luciano Arruga.
De a poco fueron llegaron los periodistas, las cámaras, las organizaciones políticas y sociales y cientos de personas que se acercaron a escuchar el fallo, reproducido por la transmisión en vivo que comenzó a armar la Red de Medios Alternativos en Mendoza y Almafuerte, pleno San Justo. Mónica Alegre, mamá de Luciano, en un momento tomó el micrófono. Primero agradeció a todas y todos por acercarse, y luego dijo: “Les pido por favor que no hagan lío, que hagamos un buen nombre de Familiares y Amigos, como en cada marcha”.
Era casi el mediodía cuando la que habló fue Vanesa Orieta. La prensa, del otro lado de la valla, comenzaba a acreditarse para ingresar al Tribunal.
-Gracias -dijo Vanesa-. Es muy importante que estén afuera. Es fundamental que se respete el fallo. No queremos que sea un punto de disturbio, no queremos darle el gusto a la Justicia. Hoy lo que queremos escuchar es una condena. Quedó bien plasmado lo que dijimos los testigos. Todos sufrimos nuevamente recordar todo lo que Luciano vivió, el sufrimiento, el verdugueo. Luciano estuvo detenido 10 horas, eso no se puede negar. Espero que la justicia entienda que eso no es una normalidad. Si la condena es justa, solamente por respeto a otras causas, nos vamos a levantar e ir. Acá no hay nada que agradecer, porque es la justicia que merecemos. Esto no se trata de una manzana podrida, es una institución que está destinada a controlar a los más jóvenes.
A las 12 estaba prevista la lectura del fallo.
Eran las 12:01.
Histórico: condenaron a 10 años al policía que torturó a Luciano Arruga

El ex policía Julio Diego Torales, condenado a 10 años de prisión. Foto: Daniel Davobe/Télam


Adentro
La sala era chica, la expectativa enorme. Dentro del Tribunal Oral en lo Criminal N°3 de La Matanza había aproximadamente 100 personas entre público, periodistas, camarógrafos, fotógrafos, familias, abogados, fiscal, una diputada, un bebé, secretarios y gendarmes en una audiencia del tamaño de un monoambiente. Tres ventiladores (el del medio tambaleaba) hacían lo posible para hacer circular el aire, mientras algunos ojos voraces miraban con entusiasmo los 10 vasos con agua (3 para los jueces, 4 para la fiscalía y los abogados, 2 para la defensa, 1 para el secretario del Tribunal) que estuvieron un largo rato quietísimos e inmóviles hasta que las partes se sentaron.
Los minutos parecían años. Mónica Alegre entró al Tribunal a las 12:20. Cuatro minutos después lo hizo su hija, Vanesa. Los gendarmes la requisaron. Vanesa se reía. La inspección, en general, fue exhaustiva, incentivando comentarios que incluían desde apertura de cosméticos hasta palpar las calzas.
A las 12:42 seguían entrando personas. Afuera había una multitud. La bandera “Ni ausente ni perdido, detenido desaparecido”, con el rostro de Luciano, colgaba del toldo de una verdulería. Los policías que regulaban la entrada del Tribunal hablaban con los secretarios. “Hay mucha gente”, dijo alguien. El secretario observó el panorama en la sala: los fotógrafos estaban por delante del público. “Los fotógrafos hacen la toma y después se corren”, respondió el secretario. “Ese es el compromiso”.
Todos asintieron.
A la izquierda del público ya estaban ubicados el fiscal José Luis Longobardi y los abogados Maximiliano Medina y María Dinard (del CELS), y Juan Manuel Combi (APDH-La Matanza). Enfrente, la defensa: Juan Grimberg e hijos, y Gastón Jordanes.
Del lado de la defensa había 14 personas entre familiares del acusado y abogados. Pero faltaba alguien. “¿Vendrá?”, era la pregunta que circulaba en la sala. La presencia de la familia indicaba que sí, aunque todavía no había señales del policía Julio Diego Torales, y cuando a las 13:02 cerraron las puertas del Tribunal, el silencio comenzó a correr.
Torales finalmente entró. Eran las 13:15. Los agentes del servicio penitenciario bonaerense le sacaron las esposas como en cada una de las audiencias del juicios. Las fotos lo acribillaron. Torales se sentó, se estiró las mangas y recibió el saludo de su abogado Juan Grimberg, que le palmeó la espalda y le dio un beso. Gastón Jordanes, más sobrio, le extendió la mano.
Sólo faltaban los jueces Diana Volpicina, Gustavo Navarrine y Liliana Logroño.
El tiempo de espera real no fue mucho: tan sólo seis minutos. Pero la sensación en el pecho era otra, de inquietud, de nerviosismo, y las puertas cerradas, y los tres ventiladores derrotados en esa sala colmada, cerrada, mientras los 10 vasos de agua seguían allí, y las partes en su lugar, y los familiares, y el acusado.
Los jueces entraron a las 13:21. Diana Volpicina, con el cabello rojo furioso, pidió silencio. Le dio paso al secretario del Tribunal para que leyera el fallo.
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La condena. Foto: Daniel Davobe/Télam


La sentencia
-¿Se escucha bien? -probó, y se acercó al micrófono-. En la ciudad de San Justo, Partido de La Matanza, a los 15 días del mes de mayo del año 2015, reunidos los integrantes del Tribunal (los nombra), para dictar veredicto en la causa 550/14 registro interno 3277, que por el delito de torturas se le sigue a Julio Diego Torales.
El secretario hizo un silencio enorme. Nadie hablaba. Sonaba alguna foto.
“Un poco más alto, por favor”, dijo alguien de prensa.
El silencio siguió unos segundos más.
-En mérito al resultado que arroja la votación de las cuestiones precedentemente planteadas y decididas, el Tribunal pronuncia veredicto condenatorio respecto de Julio Diego Torales…
Cuando la audiencia escuchó la palabra “condenatorio” hubo un suspiro generalizado. Miradas cruzadas. “¿Lo van a condenar?”, parecían decir, como si hablaran. Algunos ojos empezaron a encogerse, los oídos a agudizarse, las manos a temblar. Torales se cubrió el rostro.
El secretario habló sobre la calificación legal del delito, sobre el cambio de tipificación, sobre lo que el Código Penal entendía por torturas, sobre lo que entendía la Constitución Nacional, sobre lo que entendía la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles y la Convención sobre los Derechos del Niño, sobre lo que entendía la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), sobre los fallos internacionales que los abogados citaron en sus alegatos, sobre que “cabe agregar que Luciano Arruga era un niño de 16 años”, sobre que “tantos las lesiones infringidas al niño Arruga como el sufrimiento psicológico, la intimidación y la coacción deben ser imputados tanto objetiva como subjetivamente a la imposición de torturas”, sobre que los tres jueces adherían a esa lectura, y así durante casi 8 minutos.
Luego, se calló. Iba a leer la pena. Todas y todos lo sabían.
-En consecuencia -arrancó-, por unanimidad, el Tribunal resuelve.
Murmullos.
Primero rechazó un planteo de nulidad que había pedido la fiscalía.
Luego rechazó los pedido de imputación solicitados por la defensa de Torales sobre Vanesa Orieta y Juan Gabriel Apud por falso testimonio.
-Punto tercero: imponer a Julio Diego Torales la pena diez años de prisión, accesorias legales y costas del proceso, por resultar coautor penalmente responsable del delito de torturas, según hecho ocurrido el día 22 de septiembre del año 2008 en la localidad de Lomas del Mirador, de esta jurisdicción del que resultó víctima Luciano Nahuel Arruga.
Algunos suspiros se transformaron en sollozos.
10 años a un policía por torturar a física y psicológicamente a un niño de 16 años en un destacamento.
En democracia.
En La Matanza.
Desde afuera, en la calle, donde verdaderamente se construyó justicia, llegaban los gritos.
Los fundamentos
El fallo del Tribunal no deja margen de dudas. Dio por ciertos cada uno de los testimonios que desfilaron a lo largo de las audiencias y pudo establecer la cronología de los hechos. Los jueces, en varios momentos, fueron lapidarios con la defensa de Torales, que como remarcó lavaca en cada una de las audiencias, sólo buscaron embarrar, confundir, golpear bajo.
De la lectura de la sentencia, se desprende:

  • Luciano Arruga fue detenido promediando las 11 de la mañana del 22 de septiembre de 2008.
  • Fue trasladado y alojado en la cocina del destacamento policial de Lomas del Mirador (“impidiéndole todo contacto con su progenitora y su hermana”) en la franja comprendida entre las 11 y las 19 horas.
  • Estuvo detenido “mientras el oficial de servicio ejerciendo funcionalmente un poder real y de hecho sobre la custodia del menor, tras omitir la implementación de los postulados de la Convención de los Derechos del Niño, vulnerando la eficacia de todos los derechos que le asistían, le infligió intencionalmente sufrimientos físicos, mediante golpes con un elemento duro o romo de superficie lisa, mientras otro funcionario policial lo retenía sujetándolo del brazo y actuando ambos mancomunadamente, le ocasionaron un traumatismo en la región facial, en la frente y pómulo izquierdo, a la par que le generaron un sufrimiento psíquico al proferirle amenazas, humillaciones y menosprecios que degradaron su dignidad y le ocasionaron una angustia moral de tal magnitud, que se prolongó durante el lapso temporal que estuvo demorado”.
  • El Tribunal acreditó todas las frases dichas por Luciano, y que su mamá, su hermana y su amigo Juan Gabriel Apud reprodujeron. “Vane, sacame de aca que me están matando a palos”, “fue él quien me agarró y él quien me pegó (señalando a Torales)”, “negro rastrero”, las amenazas con llevarlo al “pabellón rosa” y a la “comisaría 8va donde estaban los violines”.

El fallo señala que Luciano se volvió “cuidadoso” tras esa detención, que “cambió mucho”, que “ya no quería salir”, que tenía “miedo”. Recordó las palabras de Mónica, resaltándolas en negrita: “Lo amenazaban, le pusieron una escopeta en el pecho. No podía ir a trabajar, su hermano lo había tenido que ir a buscar a la comisaria algunas veces”. Y, en este sentido, resaltó como “significativas” las palabras de Rocío Gallegos, la joven que vivía con Vanesa al momento de los hechos juzgados. “No sé qué hacer porque la policía no me deja circular por la cuadra de mi casa”, le dijo Luciano tras la detención.
Se dejó constancia de otra frase de Mónica: “Todo se inició cuando él se negó a robar (para la policía) y ahí empezó la persecusión” y se citó el informe de Margarita Fontela, la médica del Cuerpo Médico Forense, quien especificó que Luciano no tenía “lesiones traumáticas” al momento de la detención. Es decir, antes de ingresar al destacamento.
A su vez, citó el informe de Gabriel González, el médico que lo atendió a las 23 horas del 22 de septiembre en el Policlínico de San Justo. Allí especificó que el joven tenía “traumatismo facial en la frente y pómulo izquierdo”, que no era un simple cachetazo (“por la hinchazón”), y que el tiempo transcurrido desde el traumatismo para que persista tiene un máximo de 12 o 13 horas.
Al Tribunal también le consta, expresa en el fallo, que Vanesa Orieta habló con Torales y le recriminó por las amenazas de violación, por los golpes, por el sándwich escupido y por los 20 pesos que Luciano tenía al ingresar. “Lo que le hicieron a Luciano fue quebrarle la vida”, remarcaron la frase de Orieta los jueces. Y, en medio de citas a los testimonios de la hermana del joven, remarcan: “El menosprecio y humillacion hirientes de la dignidad de ese menor- de ese niño-que estaba demorado son relevantes y notorias”.
Y consta también a los jueces, lo que Luciano les dijo de Torales a sus familiares: “Era un hijo de puta, un gil, un forro”.
Sobre Miguel Angel Olmos y Mónica Viviana Chapero (el primero, el policía que lo detuvo y lo llevó al destacamento; la segunda, la oficial que reconoció haber estado con él en la cocina ese día), acreditaron que ambos señalaron que Luciano Arruga estuvo detenido en la cocina del destacamento y que apuntaban a Torales como el oficial a cargo.
“Si estas conductas del menor no se refieren a una angustia moral de tal grado que puede ser considerada tortura psicológica; ¿cuáles son las que revisten esa entidad? (la pregunta está en negrita). El elemento orientador para afirmar que hubo torturas está dado por la intensidad de las mortificaciones y la causación del dolor físico, ¿cómo sostener que la víctima no fue torturada, como lo arguyó la defensa? No más comentarios desde que afirmar tal tesis roza con la falta de respeto a la jurisdicción ante la contundente evidencia contraria”.
Expresa el fallo: “Luciano se encontraba sumergido en un notable estado de nerviosismo, angustia y miedo, su percepción cuando estaba dentro del destacamento y escuchaba la voz de su hermana, la única persona que lo contenía, la desprotección que sintió al no poder contactarse con la misma resulta fundamental, ese sentimiento de extremo temor que padeció en el cual claramente el contexto en el que los padecimientos fueron infligidos: este es el lugar de alojamiento, la edad que tenía, la calidad del Funcionario a cargo, contribuyeron a la sensación de mortificación que experimentó”.
“No es dato menor, la falta de responsabilidad con la que manejaba Torales el destacamento que se vio reflejada en la primer secuencia cuando desconoció que la persona demorada era un niño, los derechos que le asistían (…) Deshonró el mandato con el cual lo insitituyó el Estado para ejercer el cargo que ostentaba”.
Sobre la defensa: “No encuentro razones valederas para compartir las dudas que pretendió introducir y que en dirección opuesta, no alcanzan hacer mella para conmover el abundante material incriminante rendido en el debate o arrimado al mismo por via de lectura”.
Los jueces desacreditaron lo que Torales había declarado en sede fiscal: “(Luciano) Estaba medio puesto, como drogado, balbuceaba”. Lo comparó con el informe de la médica legista: “Se encontraba lucido, orientado en tiempo y espacio, con funciones psíquicas conservadas”.
En medio de los casos de la CIDH citados (fueron los mismos que Maximiliano Medina, del CELS, expuso en los alegatos), concluyó que “la coacción psicológica” al impedir que Mónica y Vanesa vieran a Luciano “no tiene calificativo”, y puso de manifiesto la “inhumanidad” y lo “inescrupuloso” del “despliegue conductual ilícito”.
Sobre Mónica Viviana Chapero, la oficial que reconoció haber estado con Luciano Arruga en la cocina del destacamento, la fiscalía y los abogados habían pedido su desestimación como testigo porque debía considerarse como sospechosa: mientras ella estuvo allí ocurrieron las torturas.
El Tribunal confirmó ese hecho: estuvo en el lugar. ¿Qué significa? De la causa por torturas se desprendió otra actuación cuya pesquisa debe determinar quiénes acompañaron a Torales como coautores de la tortura de Luciano. Es el juez de esa causa quien deberá -ahora- valorar la prueba de Chapero ubicada en la cocina del destacamento donde se probó que Luciano Arruga fue torturado.
De hecho, el Tribunal comunicó el fallo a la Fiscalía General Departamental en base a esa causa. También lo comunicó al Juzgado de Morón donde radica la causa por la desaparición de Luciano, al Registro de Condenas por casos de Torturas y Otros Tratos Crueles, Inhumanos y Degradantes, y al Comité contra la Tortura.
Teoría política
Los secretarios, policías y gendarmes empezaron a aconsejar al público y la prensa a dejar la sala. Vanesa Orieta y Mónica Alegre se abrazaban entre sí y abrazaban a otros familiares que estuvieron presentes, como Angélica Urquiza (mamá de Jonathan Kiki Lezcano, asesinado por un policía federal en 2009) y Leonardo Santillán (hermano de Darío, militante piquetero asesinado en 2002).
Minutos más tarde, en la puerta del Tribunal, Vanesa Orieta habló en rueda de prensa.
“Dejamos expuesto las torturas psicológicas que sufrió Luciano. Esperábamos esta condena. Es un fallo ejemplificador, se ha condenado al teniente primero (Torales) por torturas a 10 años de prisión. Podemos estar en diferencia con los años penalizados (habían pedido 16), pero es importante el fallo. Como sociedad tomemos conciencia que es terrible: estamos condenando a un policía por torturas que sufrió un joven de 16 años estando detenido, y esto ojalá obligue a todas las instituciones del Estado a plantearse seriamente sobre este sector social, que existe la violencia institucional, que la sufren nuestros jóvenes en los barrios humildes, y que para poder terminar con esto necesitamos fallos ejemplificadores como este, pero además una acción concreta por parte de los funcionarios del Estado”.
Vanesa respiró y siguió.
“Vamos por los responsables políticos -remarcó-. Acá tienen nombre y apellido: el gobernador Daniel Scioli, el Ministro de Justicia Ricardo Casal, el exministro (Carlos) Stornelli. Esos son los responsables del sufrimiento que sufrió Luciano el 22 de septiembre de 2008 y también sobre lo que le ocurrió a Luciano el 31 de enero de 2009 cuando fue desaparecido. Estas personas, que hoy no hablan de esta causa, que prefieren estar bailando un show de televisión, son los responsables de la muerte de los pibes de los barrios. Hay que llevar estos micrófonos a esos lugares, a preguntarle al gobernador Daniel Scioli por qué la policía controla los barrios, por qué discrimina y criminaliza a los pobres. El caso de Luciano es un ejemplo, pero hay muchos más”.
Luego Vanesa se dirigió hacia la calle.
Como los nazis
La calle explotó. “Como a los nazis/ les va a pasar/ a donde vayan los iremos a buscar”, cantaban. La que agarró el micrófono primero fue Mónica, que agradeció a cada una de las personas que se habían acercado. Entre el público ya se hablaba del “fallo Arruga”, y los abogados también señalaban la importancia de una sentencia que marcará un precedente en los procesos por violaciones a los derechos humanos, sin olvidar de remarcar que aún hay otra causa para determinar la coautoría de las torturas físicas y psicológicas que sufrió Luciano, además de la causa madre por la desaparición del joven.
Luego volvió a hablar Vanesa Orieta, de cara a la multitud:
“No es fácil hablar de este tema. No ganamos nada. Lo que acá se condenó es una situación muy cruel, muy dura que vivió Luciano. Tengámoslo siempre en la cabeza. Luciano no está. El 31 de enero lo detuvieron, lo desaparecieron. Este fallo es importante para avanzar en esa otra causa que todavía sigue investigándose, que espero también tenga un castigo, porque durante 5 años y 8 meses estuvo desaparecido y fue encontrado como NN en el Cementerio de la Chacarita”.
Hizo un silencio. Siguió.
“Para mi familia es importante porque demostramos que lo que decíamos era verdad -subrayó-. Cuando empezamos a denunciar, Luciano era el lider de una mafia, era un pibe vinculado con drogas, era lo peor. Estábamos solos, visibilizando, queriendo lograr justicia, y hoy avanzamos, pero siempre tengamos en cuenta que empezamos solos, que nos costó muchísimo llegar hasta acá, y que fue el esfuerzo que fuimos aunando entre todos que esta causa se hiciera visible, que no la pudieran ocultar, que no pudieran hablar de un pibe de 16 años como si fuera el responsable de su propia desaparición. Pudimos sacarle la careta a funcionarios políticos, judiciales, que lo único que hicieron fue mancharle la figura a Luciano. Pudimos ganarle al discurso de los grandes medios de incomunicación.
Vanesa recordó cada uno de los otros chicos asesinados y desaparecidos por la policía.
“Es imposible que no pensemos en todos esos pibes. Es la misma cara de Lu, la misma ropa, la misma forma de hablar, el mismo sufrimiento, la misma discriminación, la misma criminalización. Cuando desapareció prometí que no iba a dejar de visibilizar la causa, después limpiar su imagen, y después condenar a las basuras que lo hicieron sufrir. Y ahora vamos por más. Que sea el ejemplo que existe una problemática, que se llama violencia institucional, que tiene que ver con la policía que mata y desaparece a nuestros pibes. Se ha condenado una tortura. Marca un precedente para que todas esas causas tomen como ejemplo ésta”.
Vanesa agradeció a todos los familiares de víctimas de la violencia policial y estatal que la acompañaron. Agradeció a cada uno de sus abogados (Dinard, Combi y Medina). Agradeció a los medios comunitarios, populares e independientes.
Y cerró:
“Ahora vamos por el resto, porque otros policías ya se ubicaron en la cena. Hablaron que estuvieron ahí, dieron cuenta de los gritos de la familia. Vamos por ellos, ahora. Todos tienen que estar condenados”.
 
 
 
 
 
 

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Libertad a Daniela

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Daniela Calarco es la única mujer (junto a cuatro hombres: Daniel Sica, Cristian Valiente, Facundo Gómez y Roberto de la Cruz Gomez) que queda detenida por la cacería de la Ley Bases. La procesaron -y embargaron- porque supuestamente dañó las bicicletas de la Ciudad, aunque en el propio procesamiento la jueza Servini confunde situaciones y mantiene en línea de hipótesis que haya sido Daniela la autora de los hechos. La versión de su compañera, en la ronda de las Madres de Plaza de Mayo, sobre lo que verdaderamente pasó: “Apuntan a ella como blanco público porque es referente, y lo enmarcamos en un proceso de persecución política y mediática”. La tortura que está sufriendo la referente del MTR en la cárcel: sin comida, fue paseada por distintas comisarías, y presionada para firmar una probation (un juicio abreviado, con condena). Quién es Daniela, y por qué la detuvieron. 

Por Lucas Pedulla

Emilia Manazza marcha con las Madres de Plaza de Mayo en el típico jueves de ronda, aunque esta vez es especialmente masivo. El feriado ayuda, y los efectos de una semana tremenda cargada por la cacería del Gobierno motivan a salir, marchar y cantar, como se canta ahora entre cientos de personas: “Libertad a los presos por luchar”. 

Emilia canta a viva voz, con un cartel que también grita una urgencia: “Libertad ya!! A Daniela Calarco. Luchar no es delito”. Es que Patricia Daniela Calarco Arredondo, o simplemente Daniela -como le llaman sus compañeras-, su pareja, es una de las cinco personas que quedaron detenidas, procesadas con prisión preventiva por la jueza María Servini, de las 33 detenciones originarias.

Daniela, además, es la única de las mujeres que quedó presa.

En el auto de procesamiento de 60 páginas que la jueza Servini firmó el martes 18 de junio -en medio de la concentración en Plaza de Mayo convocada por las familias que empujó la liberación por falta de mérito de las 11 personas ese día-, sobre Daniela marca que “siendo las 17.50 horas aproximadamente el día 12 de junio del corriente año, la nombrada fue demorada en la calle Chile 1123, de esta ciudad, a raíz de un alerta del Centro de Monitoreo Urbano ya que habría sido captada cometiendo hechos ilícitos, específicamente prendiendo fuego las bicicletas situadas en la plaza Congreso de la Nación”.

Emilia marca que la desconcentración había empezado antes. Ambas habían ido juntas, con otras compañeras del Movimiento Teresa Rodríguez (MTR, organización en la que militan en barrios), a participar de las protestas contra la ley, como otras organizaciones sociales, partidos políticos, gremios de la CGT y las CTA, jubilados, asambleas y gente suelta y autoconvocada. Emilia cuenta que empezaron la desconcentración al momento en el que lo hicieron el grueso de las columnas, cuando los hidrantes de las fuerzas de seguridad avanzaban sobre la plaza, en medio de la humareda provocada por el incendio del móvil de Cadena 3, realizado por infiltrados que Gendarmería, Prefectura, Policía de la Ciudad o Federal vieron y no quisieron detener. Pero la represión ya se había desatado.

Dice Emilia: “La desconcentración fue a fuerza de balas de goma, con policías en moto. Es difícil caminar con tranquilidad cuando te disparan y encima tiran gases, incluso desde edificios en Avenida de Mayo como se vio en algunas imágenes. Hasta le hice de lazarillo a Dani, porque ella no podía ver. Doblamos por 9 de Julio e intentamos resguardarnos en el McDonalds. Fueron menos de dos minutos. Salimos y un personal de civil la manotea y la detiene, casi un secuestro. Era un masculino, tenía polar, buzo negro, jean y zapatillas de treking. No estaba identificado. Entre treinta y cuarenta minutos tardó en hacerse presente el personal femenino. Incluso ya reducida ella, y esposada a la reja de una pinturería que está a la vuelta, hubo situaciones de abuso de autoridad: la apoyaron y le metieron la mano en su torso, ya detenida. En la denuncia queremos hacer hincapié en que la tocaron en esa situación de total vulnerabilidad”.

Procesada y embargada

En la causa figura que el nombre del policía que la detuvo es Marcos Rodríguez, jefe de servicio externo de la Comisaría Vecinal 1B, en el móvil 601. Servini dice que de acuerdo a “las fuentes abiertas consultadas”, la policía visualizó en Daniela una persona acorde a la vestimenta que había denunciado el Centro de Monitoreo: calza color negro, buzo amarillo, antiparras negras, máscara doble filtro, riñonera, “y una botella transparente con líquido en el interior, con la que se ve estimulando el foco ígneo ubicado bajo las bicicletas del Gobierno de la Ciudad situadas en la Plaza de los dos Congresos”. Emilia dice: “Esa botellita, en realidad, era de agua, porque Daniela estaba tratando de apagar el fuego. Incluso en el video se ve que hay otro señor que patea para desarmar el incendio”.

En el procesamiento también dice que, en las requisas, le secuestraron una botella con la inscripción “bialcohol”. Emilia aclara: “Lo llevamos como práctica de higiene que nos quedó por la pandemia. Yo, por ejemplo, lo llevo en forma de aerosol”.

Sin embargo, a partir de las imágenes y el parte policial, Servini afirma que Daniela ocasionó “daño en un bien de uso público, afectándolo de este modo, e incitando así a la violencia colectiva contra las instituciones suscitando tumultos y desórdenes y erigiéndose en un posible alzamiento contra el orden constitucional y la vida democrática”. En el encuadre jurídico, la jueza además considera que “la conducta (de Daniela) ha tenido como finalidad crear una situación de peligro común”, que las bicicletas son un “bien de uso público”, aunque luego afirma que la militante colocó “un dispositivo explosivo entre las camionetas afectadas”, emparentando, o confundiendo, las fotos de las bicicletas con los del móvil de Cadena 3. Por todo eso, Servini la procesa y la considera “coautora penalmente responsable del delito de incendio en concurso ideal con daño, agravado por haberse afectado un bien de uso público”, y también por “intimidación pública”. A Daniela, y también a los otros cuatro detenidos, les trabó un embargo por 500 mil pesos.

Libertad a Daniela
Daniela Calarco es referente del Movimiento Teresa Rodríguez.

Hambre y re-presión

Por recomendación de su abogado, Daniela no declaró durante las indagatorias. Emilia cuenta que el miércoles, ya con el procesamiento en curso, vivieron una situación de tensión: “Fue angustiante, porque a las cinco de la mañana la llevaron con presos y presas comunes a Comodoro Py, entre comillas, ‘a declarar’. El abogado había ido a verla a Ezeiza, pero ella no estaba ahí: no lo habían notificado del traslado y no nos podíamos comunicar. Estuvo todo el día esposada, sin explicarle por qué, intentando intimidarla y meter miedo. Recién a las diez menos cuarto de la noche, compañeros del Comité contra la Tortura nos confirmaron que había vuelto a la misma celda en Ezeiza. Durante todo el día no supimos nada: estuvo incomunicada, sin comer, y apenas le daban agua”.

Emilia explica el objetivo: “Amedrentarla. Intentaron hacerle firmar un papel para cambiar de abogado: ella se negó. Lo único que se nos ocurre es que querían hacerlo para que firme una probation”. La probation es la suspensión del juicio a prueba, una forma de extinguir la acción penal, pero reconociendo los actos imputados: en este caso, Daniela tendría que haber firmado aceptando las imputaciones por las que Servini la procesó. “Ella no lo hizo -subraya Emilia-. Pero esta movida también nos da una perspectiva de que quieren resolver el tema de alguna forma, pero no es lo mismo, porque así la causa te queda”. Se pregunta: “¿Qué motivo tiene reconocer algo que no hiciste? Quieren que le quede la causa”.

No fue el único amedrentamiento que sufrió Daniela estos días. Como declararon las familias de todas las detenidas durante la semana, a todas las subieron el miércoles de la detención a un celular policial y las “pasearon” esposadas por toda la Ciudad durante toda la noche. Recién al jueves la llevaron a la comisaría 15, donde siguieron esposadas, sin comida ni agua, en un pasillo. El viernes, Servini excarceló a las primeras 17 personas, pero Daniela y las otras mujeres (María de la Paz Cerruti, Camila Juárez, Sasha Lyardet, Lucía Puglia y Ramona Tolaba) fueron trasladadas a Ezeiza. El martes liberaron a todas, menos a Daniela.

Dice Emilia: “Es la única mujer que quedó detenida. Apuntan a ella, como blanco público, porque es referente, y lo enmarcamos en este proceso de persecución política y mediática”.

Quién es Daniela

Daniela tiene 39 años y es del Barrio Hipódromo de Mar del Plata. Allí comenzó su militancia, en contra de las fumigaciones agrotóxicas en el territorio. “Su situación laboral era súper precaria”, dice Emilia. Antes de venirse a vivir ambas a la zona sur del conurbano bonaerense, Daniela trabajaba de camarera en un salón de fiestas de la UTA (Unión Tranviarios Automotor) y también hacía temporadas en otro hotel sindical. Al mudarse al Gran Buenos Aires, Daniela consiguió trabajo en el exMinisterio de Desarrollo Social, hoy subsumido en el cuestionado Ministerio de Capital Humano. Fue despedida en marzo.

Emilia: “Daniela es una compañera súper consciente, y lleva su militancia más allá de la situación de precarización laboral en el movimiento. Trajo las luchas ambientales, y también militamos mucho por la legalización del aborto. Ama el cine, la literatura. Es vegetariana y ama la vida en todos sus aspectos. Este año acompañamos también muchas luchas, desde las movidas en el Congreso contra los despidos en Télam a las rondas que hacen los jubilados todos los miércoles. Sabemos que la lucha es transversal y su proyecto de vida está atravesado por esa transversalidad, en organizarse por un mundo más justo”.

Emilia agradece el apoyo de familiares, organizaciones sociales y sindicales, y organismos de derechos humanos que siguen exigiendo la liberación. En la plaza, junto a las Madres Línea Fundadora y antes de ella, habló Silvia, la mamá de Camila Juárez, y dijo que su hija estaba “muy preocupada” por Daniela, porque en prisión se habían hecho amigas, y convocó a mantener la unidad que lograron las familias estas semanas: “Del otro lado tenemos algo muy perverso -dijo Silvia-. Convoco a continuar la unidad porque esto recién empieza. Esta familia que formamos tiene que continuar más unida y fuerte que nunca”.

Emilia resalta a lavaca: “El accionar del Gobierno es un plan y lo defienden a viva voz, y somos concientes de que estas cosas pueden pasar. Es parte del plan de ajuste y las movilizaciones van a seguir, también las causas armadas. Por eso hay que profundizar la solidaridad con cada compañero. La solidaridad es lo que nos sostiene”.

Y dice una vez más, con la fuerza del cartel que muestra delante de sus ojos clarísimos: “Libertad a Daniela Calarco ya”.

Libertad a Daniela
Emilia, compañera de Daniela, en la ronda de las Madres.
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Ya se juega el partido por la Ley Bases, con movilización y represión afuera

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Crónica del comienzo de una jornada clave desde adentro y afuera del Congreso. Los artículos que se sacaron, lo que se vota, y qué está en juego. Qué está pasando, qué puede pasar. La presencia de los sindicatos, interna de la CGT incluida. Los gases lacrimógenos y el camión hidrante. El operativo desmedido, que no puede parar lo que grita la calle: voces de los barrios más golpeados, de jubilados y de sindicalistas alrededor del Congreso, donde se juega el futuro del país.

Anabella Arrascaeta, Lucas Pedulla y Francisco Pandolfi. Fotos de Lina Etchesuri.

Desde las 10 de la mañana las y los senadores “debaten” la Ley Bases, mientras sigue el poroteo de votos y se desarrolla un operativo policial desmedido que incluye represión con gases lacrimógenos y camión hidrante.

La jornada arrancó así: el oficialismo consiguió el quórum con la base mínima e indispensable, 37 senadores (la mitad más 1), desterrando así las elucubraciones sobre la posible caída del tratamiento de la Ley cuando los senadores santacruceños José María Carambia y Natalia Gadano anunciaron que no se sentarían en el recinto.

Horas antes había sucedido otra polémica: la senadora Lucila Crexell, del Movimiento Popular Neuquino, sería nombrada por el gobierno nacional embajadora de la UNESCO. Hoy, la senadora, que ya confesó su voto a favor de la Ley Bases, ingresó al palacio bien temprano para gambetear a la prensa. Hoy también se conoció que fue denunciada por el delito de “cohecho”.

Fotos: Lina Etchesuri para lavaca

Lo que se sacó y lo que se vota

El senador oficialista Bartolomé Abdala, quien presidió el plenario de comisiones hasta que llegó el texto al recinto, fue el primero en tomar la palabra como miembro informante de la Ley Bases y anunció cambios que se aceptaban sobre el texto (ya diezmado). Entre ellos, el gobierno sacó de las empresas a privatizar Aerolíneas Argentinas, Radio y Televisión Pública y Correo Argentino. Casualidad o causalidad, la modificación se produjo casi al mismo tiempo que se conoció una foto del Papa Francisco en el Vaticano con distintos gremialistas, entre ellos representantes de la Asociación Argentina de Aeronavegantes, que apoyan a la aerolínea estatal.

Además, se sacaron los artículos que eliminaban la moratoria previsional. Y Abdala anunció la modificación de prohibir la disolución de los organismos de cultura.

Luego habló Martin Lousteau (UCR), que defendió su dictámen propio y aseguró que votará en contra de la ley. Para que llegue ese momento aún falta: hay más de 40 oradores anotados, cada uno con 10 minutos para exponer y 20 minutos para quienes presiden los bloques. Hasta ahora, las presunciones vaticinan un empate en 36. Por reglamento, en casa de igualdad el desempate está a cargo de la vicepresidenta y titular del Senado, Victoria Villarruel. Sin embargo, como el presidente Javier Milei viaja esta noche a Italia para la cumbre del G7, Villarruel debe asumir el Poder Ejecutivo y así el desempate lo haría el presidente provisional del Senado, Bartolomé Abdala, de La Libertad Avanza. De esa manera, su voto valdría doble, según el artículo 33 de la Constitución Nacional y el reglamento del Senado.

Mientras siguen los discursos de las y los senadores (hay anotados 47), desde adentro se escuchan los estruendos del afuera. 

Fotos: Lina Etchesuri para lavaca

Los perjudicados

Un afuera que habla, en medio de una neblina acorde a la película de terror que se quiere votar.

Carmela es vecina de la Villa 20 de Lugano, tiene 48 años e integra la organización Izquierda Latinoamericana y la Federación de Trabajadores Precarizados. “De esto depende nuestro futuro, el de nuestros hijos y nuestros nietos. Si aplican la ley, como trabajadores vamos a perder muchos de los derechos que ya hemos ganado”. ¿Por ejemplo? “El empresario podrá sacarnos el trabajo sin la indemnización que teníamos hasta ahora. Nos ven como una máquina, que si no les servimos más, chau, andate. No quiero eso para mis hijos y mis nietos, no quiero que sean esclavos”.

¿Cómo está el barrio?

Es una desesperanza total, este gobierno vino a arrasar con todos los laburantes, a los que sacamos adelante al país, a los monotributistas, a los que trabajan en blanco y aportaron, a los que no, a todos. Y encima para ellos no tenemos derecho a protestar; en vez de darnos soluciones, nos ofrecen balas y palos. 

Ya se juega el partido por la Ley Bases, con movilización y represión afuera

Fotos: Lina Etchesuri para lavaca

En la esquina de Rivadavia y Montevideo, están Ruben y Guillermo, jubilados. Rubén, 71 años, dice que es un “jubilado en lucha”; Guillermo, 68, dice que es un “jubilado independiente y solidario”. 

Rubén dice: “Somos el sector más perjudicado, ese déficit cero que ellos alcanzan o dicen alcanzar, porque en realidad es un dibujo, fue por sacarnos a nosotros el 43% de ese ajuste. Nos tienen en una encerrona que no nos permite ni siquiera vivir como corresponde. Esta ley no solamente nos perjudica a nosotros sino a todos los trabajadores. Están avasallando el sistema democrático y lo único que podemos hacer es estar en la calle, juntarnos, demostrar nuestra fuerza como pueblo. Yo confío en nuestra clase obrera; hace sólo seis meses que está el gobierno y el pueblo consciente va a pelear. Esta manifestación es una demostración de cómo derrotar a este gobierno”.

Guillermo, en pocas palabras, analiza por qué llegamos hasta acá: “Si estamos acá como jubilados, en la calle, movilizando, quiere decir que de los gobiernos anteriores tampoco pudimos esperar nada”. 

¿Tienen miedo de lo que viene? Responde Rubén: “El miedo es un sentimiento, vos no podés rechazar un sentimiento, lo que hay que hacer es asumirlo. Nosotros ya vivimos etapas más sangrientas de este país, vivimos la desaparición de compañeros, el asesinato, la clandestinidad, la persecución, la cárcel; el miedo ya lo tenemos incorporado como herramienta para salir adelante, enfrentarnos y poner el cuerpo en la calle”. Responde Guillermo, cuya prima embarazada fue desaparecida por la última dictadura cívico-militar: “No hay ningún punto de este gobierno a favor de jubilados y la clase trabajadora, cada vez estamos peor y ojo que la gente, una vez que pierde la paciencia, lo siguiente que pierde es el miedo”.

Ya se juega el partido por la Ley Bases, con movilización y represión afuera

Fotos: Lina Etchesuri para lavaca

El rol de los gremios

Francisco Gómez tiene 44 años y es el prosecretario gremial de la Asociación del Personal Técnico Aeronáutico (APTA), que integra la CGT. Francisco habla con la boca pero también con todo el cuerpo. Sus gestos hablan, cuando dice que “no”, que “no viene toda la CGT”. ¿Por qué no? “La verdad no sabría decirte, es una decisión política supongo. Nosotros desde que está Javier Milei tratamos de protestar en todas las ocasiones; se están tomando decisiones en el gobierno que afectan directamente a nuestras fuentes laborales, así que no nos importa lo que decida la CGT, nosotros vamos a reclamar por nuestros derechos”. Agrega: “Dentro de la CGT se está gestando un cambio, yo creo que necesitamos nuevos líderes, una representación que esté más en contacto con los trabajadores”. 

Mario “Paco” Manrique es el Secretario General Adjunto de SMATA, además de diputado nacional. Contextualiza el impacto que podría tener su aprobación: “Va a provocar un quiebre en la Argentina porque es una ley totalmente regresiva que no tiene en su contenido ningún aspecto beneficioso para cubrir las necesidades del pueblo trabajador y el pueblo más humilde”. Profundiza: “El RIGI (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones) es una herramienta entreguista, estamos rifando la soberanía por más que la quieran disfrazar, estamos entregando las riquezas naturales a cambio de nada, para que sigan acumulando 20 personas”. Y solicita algo simple, aunque en desuso: “Pretendemos que los senadores escuchen al pueblo, tomen decisiones para el conjunto y dejen de lado los intereses personales o sectoriales, porque a la Argentina la conformamos todos, y esta ley a la larga o a la corta va a perjudicar a la mayoría. Milei está poniendo en discusión el valor democrático, y cuando se pone en discusión el valor democrático todo el mundo se ve afectado, porque está poniendo en jaque a toda una nación”. 

-¿Por qué no está toda la CGT acá? 

-Creo que es el momento donde los dirigentes tienen que mostrar de qué están hechos y los valores que defienden.

Sobre Callao y Mitre llegan las primeras noticias de represión. La policía avanzó en desalojar Callao y su continuación, Entre Ríos, donde hay familias, trabajadorxs y diputados, como Carlos Castagneto, Eduardo Valdés y Luis Basterra. Un trabajador denuncia a lavaca: “La policía empezó a despejar la calle desde la puerta del ingreso del Congreso y en un momento empezaron a tirar gas pimienta.  Lo que quieren es que la gente no esté en la calle”.

Pero la gente sigue en la calle. Una jubilada le grita a los policías: “Todos somos jubilados, es cuestión de tiempo. Sigan así que no van a tener jubilación”.

Mientras, adentro del Senado, la sesión continúa. 

Fotos: Lina Etchesuri para lavac

(Nota en proceso).

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Nota

Juan Kiehr, y la aurora de la agroecología

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Hace un tiempo Juan Kiehr recibió –como recibía siempre– a  decenas de productores agropecuarios de todo el país que querían conocer La Aurora, su campo de 650 hectáreas en Benito Juárez, provincia de Buenos Aires. Desde hace décadas La Aurora se convirtió en un imán para productores y estudiosos, porque desnudó al modelo de agronegocios: demostró que se puede producir sin agrotóxicos, y además generar más rentabilidad. La FAO (Naciones Unidas para la alimentación) declaró a La Aurora un campo emblemático de la agroecología a nivel mundial. Esas cosas hacían sonreír a Juan, un hombre a contramano de las patologías actuales: con mucha personalidad, y muy poco ego.

Cuando los productores se iban Juan tomó del hombro a su asesor, amigo y compinche de décadas en la transición hacia la agroecología, el ingeniero agrónomo Eduardo Cerdá. Le dijo: “¿Vio Eduardo? Qué linda esta gente, y qué alegría que me genera poder compartir todo esto. Compartir da felicidad ¿no? Pero felicidad real: no es la misma felicidad de andar en crucero o comprar algo nuevo”.   

Este lunes 3 de junio Cerdá me mandó un whatsapp: “Ayer partió Juan, no pudo superar una intervención quirúrgica en el corazón. Una excelente persona y un gran amigo, un gran compañero. Se fue, pero dejó mucho”. Cuatro días antes había fallecido Norita Cortiñas. Malos días. Imposible olvidar el deseo que una vez me planteó María Elena Walsh “Abrir los diarios y que haya muerto un gran hijo de puta, y no la gente buena. No personas queridas y valiosas”.

Juan Kiehr, y la aurora de la agroecología

Las manos de Juan Kiehr, productor agroecológico. Foto: Lina Etchesuri para lavaca

Cerdá agregó otro mensaje: “Siempre estará presente con su gran enseñanza de vida, de respeto de cuidado y de amor con su familia y todos los que lo conocimos. Nos abrió su corazon, junto a su familia y a su lugar tan querido como La Aurora. El quería dejar ese suelo igual o mejor de como se lo dejaron sus padres. Lo logró y lo superó, desde los últimos análisis de suelo, químicos, físicos, biológicos. Por todo lo que se demostró que la Agroecologia es posible, rentable segura y sana. Juan nseñó un camino de vida. Extrañaremos tu abrazo y tu consejo”.

La RENAMA (Red Nacional de Municipios y comunidades que fomentan la Agroecología) publicó en su redes lo siguiente:

“Hoy se fue de esta tierra Juan Kiehr.
Era sabido que llevaba un campo agroecológico de 650 hectáreas, un faro para quienes lo conocían y que fue seleccionado como una de las 52 experiencias a nivel mundial en agroecología por la FAO.
Quizás no tan conocido fue lo que su presencia irradiaba, que su manera de habitar este mundo nos cambió la vida para siempre y generó procesos colectivos y transformaciones humanas profundas en quienes tenían la oportunidad de compartir su compañía y conocer su obra”.

Juan Kiehr nació en 1943. El 12 de junio cumpliría 81 años, pero es de esas personas a las que la muerte no borrará de los mapas ni de los corazones. El suyo no funcionaba mal, diga lo que diga la medicina: su corazón funcionaba demasiado bien. Por eso es (perdón, fue) de las personas que generan respeto, pero además afecto. La Aurora fue motivo de contagio para cantidad de productores que escuchaban hablar o leían sobre el campo, y se acercaban a conocerlo. Escuché muchas veces frases como “me abrió la cabeza”, o “me cambió la vida” en Guaminí, Lincoln, Bolivar, Córdoba, Santa Fe. Sin ser agricultores, la fotógrafa Lina Etchesuri y yo podríamos decir lo mismo tras haber tenido el enorme privilegio de pasar un par de días en La Aurora en nombre de la revista MU.

Compartimos aquí una edición del programa radial Decí MU dedicado a La Aurora.

Y aquí reproducimos el artículo publicado en la revista MU 79 (La que se viene) que es además el capítulo “Producir mañanas”, del libro Agroecología – El futuro llegó.

En tiempos tan oscuros, un homenaje a la aurora.

Por Sergio Ciancaglini

Juan Kiehr, y la aurora de la agroecología

Encuentro en Guaminí, uno de los lugares contagiados por la experiencia agroecológica de La Aurora. En el centro, sombrero blanco, el pionero: Juan Kiehr. A su derecha, el ingeniero Eduardo Cerdá. Los rodean Martín, Maurcio, Fabián, Norman, Cecilia, Chiquito, Esteban, Sebastián, María Ester, Cristian y en primera fila, sin boina, Marcelo Schwerdt.

La que se viene

La Aurora, en Benito Juárez. ¿Se puede trabajar en el campo sin agrotóxicos ni fertilizantes, y ser rentable y eficiente? Un establecimiento agroecológico bonaerense muestra sus cultivos, su ganadería y sus resultados. La alianza entre productor y agrónomo, y un nuevo paradigma sobre cómo independizarse del modelo transgénico para hacer una agricultura sana.

Implantes mamarios fondos buitres precio de los jugadores de fútbol guerras sin tregua concursos de cocina internas políticas divorcio en la farándula torturas para la paz premios instantáneos homicidios por bicicletas virus asesino tráfico de efedrina mes del niño pedófilos abusadores boliches con prostíbulos despidos en cuotas todo para tu hogar editoriales apocalípticos beneficios grieta exclusivos incertidumbre global tratamientos de belleza noticias verdaderas y falsas y avisos y operaciones de prensa y palabras palabras palabras.

Si se levanta la vista de la pantalla, el paisaje desde la ventanilla del micro es un océano de campos sojeros que se cruza a 90 kilómetros por hora por la Ruta 3, hasta que se llega a Benito Juárez, 15.000 habitantes, Capital de la Amistad, 400 kilómetros al sur de Buenos Aires.

Y luego a un campo de 650 hectáreas llamado La Aurora.

Otro paisaje y otras palabras.

Allí, junto a un tractor está Juan Kiehr, manos grandes de trabajar en el campo, botas de caña alta, sombrero de ala corta, productor agropecuario que concibió un proyecto casi épico a esta altura de la historia: vivir tranquilo.

La 4×4 y la F100

Juan Kiehr nació en 1941, es nieto de daneses, cordial, hospitalario y con tendencia a la perseverancia: se casó una sola vez, hace más de 40 años, con la suiza Erna Bloti, tiene dos hijas, y no anda en una vulgar 4×4, sino en su F100 de casi 50 años y una cantidad incierta de mundos recorridos, ya que hace mucho se le rompió el cuenta kilómetros. “Y si tengo que viajar, uso el Mégane, que es una joyita”.

Juan Kiehr, y la aurora de la agroecología

Foto: Lina Etchesuri para lavaca

En la F100 llegamos a una loma desde la que se ve el campo en perspectiva. Cuenta con su voz cascada y serena: “Esto era de mi padre. Yo me hice cargo en 1981 cuando él falleció. Los primeros años seguí un poco la corriente, como cualquier productor. Pero el tiempo, sobre todo en los últimos 15 ó 20 años, me mostró lo que producen los agrotóxicos en el suelo, y eso sumado a las estadísticas de lo que se usa en Argentina, es una cosa escalofriante”.

No habla para convencer a nadie, sólo cuenta su experiencia. “Pensé: no quiero dejarle un cadáver a los que me sucedan. No me sumo a ese modo de trabajar. Quiero que este campo quede tan bien o mejor que como lo encontré”.

Dejar las cosas igual o mejor que al encontrarlas: si esa idea sencilla se propagase, el planeta estaría en una situación menos patológica.

Sigue la caminata: “Tengo desde siempre como una alergia psicológica a trabajar con venenos. No es que tenga miedo a manejarlos, pero veo lo que le hacen al suelo y al agua, que son cosas muy difíciles de recomponer. Y yo estaba aquí con mi familia. No quería eso para el lugar en el que vivimos”.

Diagnóstico práctico: “Para colmo, todos esos productos son carísimos. Y como van perdiendo su efecto, tenés que usar cada vez más. Empezaron con 2 litros por hectárea, y ya están en 12 ó 14. O sea: gastar más, envenenar más, para obtener lo mismo”.

Juan tenía otro sueño resbaladizo: vivir, en lo posible, sin sobresaltos económicos. “Que a la familia no le falte. Uno trabaja todo lo que puede porque es el rol de la paternidad con responsabilidad, digo yo. No es decir: me voy a pescar y que se arreglen”.

Corazón + rentabilidad

Rumiaba Juan sus proyectos cuando su camino se cruzó con el de un ingeniero agrónomo, Eduardo Cerdá, que desde 1990 asesoraba a varios productores de la zona organizados como cooperativa. El grupo se fue desmantelando por distintas razones, fallecimientos (cáncer) y miradas diferentes sobre cómo trabajar el campo. En 1997 Eduardo se convirtió en asesor de Juan. Un año antes había ocurrido la vertiginosa aprobación menemista de la soja transgénica, en base a un informe de la propia interesada: Monsanto.   

Cerdá había estudiado en La Plata, donde conoció al ingeniero agrónomo Santiago Sarandón, profesor de la Cátedra de Cereales, de la que Cerdá fue adjunto. Sarandón venía tratando de encontrarle un sentido a su carrera, más allá del estereotipo de una agronomía reducida a aplicar recetas y recomendar productos químicos. Creó la primera cátedra de Agroecología del país, ciencia que combina la agronomía con la ecología.

Definición técnica: “Agroecología es la aplicación de conceptos y principios ecológicos en el diseño y gestión de agroecosistemas sostenibles. La agroecología aprovecha los procesos naturales de las interacciones que se producen en la finca con el fin de reducir el uso de insumos externos y mejorar la eficiencia biológica de los sistemas de cultivo”.

Los insumos externos son los herbicidas, plaguicidas, fertilizantes y demás inventos de la industria química, que crearon la superstición de que es imposible trabajar sin su uso masivo, sumado a los cultivos transgénicos como soja, maíz, colza, girasol, algodón y arroz.

Cerdá venía con este equipaje de ideas sobre la agroecología que hacia fines de los 90 chocaba con un territorio cada vez más inundado de fumigaciones masivas y monocultivo sojero. “El argumento de la agroecología era teórico, pero no adaptado a situaciones productivas concretas, sobre todo en esta zona”, recuerda.   

En Benito Juárez, a Juan le fertilizaban la desconfianza: “Venían ingenieros agrónomos que en realidad son vendedores de productos. A lo mejor no tienen otra alternativa que esa, pero al productor lo endulzan, lo llevan de la nariz como a una vaca de exposición, le regalan una gorrita, le hablan de tecnología de punta para vender productos y maquinarias, todo un aparato propagandístico que se ve en Chacra Clarín Rural” (folletería de venta libre).

Abre sus manos: “Uno es un agricultor, no un explotador agropecuario. Pero es como una vorágine que te quieren hacer sentir: estás en la tecnología que te venden, o sos un pobre atrasado. No quiero acusar a nadie por lo que hace, pero no es cierto que eso sea lo único ni lo mejor que hay. Y además, ¿quién es el que se beneficia en serio? ¿El productor, o las empresas que fabrican y publicitan todo eso?”.

A nivel nacional, la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (CASAFE) señaló que el consumo de pesticidas aumentó 858% en las primeras dos décadas del modelo transgénico, la superficie cultivada sólo en un 50% y el rendimiento de los cultivos un 30% (dato de la Red Universitaria de Ambiente y Salud).

El negocio que encabezan corporaciones como Syngenta, Bayer y Monsanto significó la aplicación de 317 millones de litros de pesticidas en Argentina durante la campaña 2012/13 (200 millones de glifosato), con una facturación de 2.381 millones de dólares. Para 2020 se había pasado a 500 millones de litros, confirmando lo que decía Juan.   

En La Aurora, en cambio, había recorridas por los lotes en la F100, charlas que armonizaban lo que Cerdá traía de la universidad con lo que Kiehr sabía del suelo.

No fue un cambio de un día para el otro, sino de una vida para otra.

El campo se fue rediseñando agroecológicamente, con gente capaz de tener el corazón, la cabeza y los pies en la tierra.

El corazón, porque es el campo familiar que Juan heredó, ama, y que dejará a los suyos.

La cabeza, para pensar cómo gestionarlo de un modo que no empobrezca o mate el suelo, ni sea un peligro para los seres vivos, incluyendo a los humanos.

Y los pies en la tierra, para que ese trabajo valorice el campo en lugar de vampirizarlo, y permita una producción que, además, sea eficiente y rentable.

Queda pendiente un pequeño detalle: ¿cómo se hace?

Juan Kiehr, y la aurora de la agroecología

Perfil de un pionero. Foto: Lina Etchesuri para lavaca

República Transgentina

La Aurora aparece como caso de estudio en uno de los libros más interesantes y revulsivos del momento, aún no publicado pero que puede ser descargado gratuita y libremente de Internet googleando Agroecología: bases teóricas para el diseño y manejo de agroecosistemas sustentables. Lo editó la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales de la Universidad de La Plata, escrito por el ingeniero agrónomo Santiago Sarandón y su colega Cecilia Flores, con aportes de otros profesionales.

O sea: un trabajo científico y técnico que estudia la producción, describe nuevos paradigmas para comprender la situación rural, y traza propuestas. Por ejemplo, el Capítulo 1 se llama La insustentabilidad del modelo agrícola actual. 

Plantea entre otros problemas:

  • La dependencia agroquímicos (insecticidas, herbicidas, fungicidas, fertilizantes).
  • Contaminación de alimentos, aguas, suelos y personas por pesticidas y productos derivados del uso de fertilizantes sintéticos.
  • Desarrollo de resistencia a los plaguicidas de ciertas plagas y patógenos.
  • Pérdida de la capacidad productiva de los suelos, debido a la erosión, degradación, salinización y desertificación.
  • Pérdida de nutrientes de los suelos.
  • Pérdida de biodiversidad.
  • Contribución al calentamiento global y disminución de la capa de ozono.
  • No ha solucionado el problema de la pobreza rural.

El último capítulo está dedicado a La Aurora, y fue escrito por Sarandón y Flores junto al propio Cerdá, en su doble condición de agrónomo y asesor del campo. Allí se explica la situación pampeana, donde se reemplazó a la ganadería por la agricultura dependiente de insumos tóxicos, se incrementaron los costos y eso expulsó a productores de escala intermedia de tipo familiar: en 20 años, la cantidad de establecimientos agrícolas se redujo a la mitad en la región, concentrando en pocas manos la propiedad de la tierra. Con ese paisaje, vuelve la pregunta: ¿cómo hicieron para concretar un modelo sin agrotóxicos y eficiente, que ahora describen hasta los libros científicos?

Estilo campo

La casa es amplia, bella, cálida. No es “estilo campo”, sino campo. O estilo Juan-Erna. Hay muebles de madera que se trajeron del Chaco, un living con bibliotecas y recuerdos familiares, un HD, reproductor de videos, una salamandra para pasar el invierno y una gran cocina comedor por la cual a estos lugares se los llama hogar. Hay una segunda casa para los huéspedes. Juan habla orgulloso de sus hijas: Teresa es médica y Sara fisioterapeuta. Ambas casadas, le han dado 3 nietos. Sara vive en Alemania, donde la familia suele visitarla todos los años.

Juan ceba mate y traza una pincelada geográfica: “La Aurora está rodeada por una naturaleza muerta. No hay ni pájaros”. Se queda pensando: “Uno espera el aroma de primavera, pero lo que llega aquí es el aroma de los pesticidas”.

Pasa el mate al ingeniero Cerdá: “La clave en el comienzo surgió del intercambio con Juan sobre el diseño de la producción. Por ejemplo, había mucho girasol, pero él propuso cambiarlo”. Kiehr justifica: “Lo hicimos durante años con herbicidas preemergentes (previos a que crezca el cultivo). Pero dejaban el suelo polvoriento, raro. Después había babosas y había que fumigar otra vez, y otra más por las malezas, y después por plagas como la isoca, hasta que dije: basta. Decidí volcarme más a la ganadería”.

La Aurora tiene 297 hectáreas para agricultura, y 334 (cerros y bajos) más aptas para el ganado.

Eliminaron el girasol y comenzaron un trabajo de consolidación de lo ganadero (haciendo cría y además invernada), como base para relanzar así la producción agrícola, pero sin agrotóxicos. Cerdá: “La ganadería no dejaba tanta plata como la agricultura, pero servía como una gran base y complemento para pasar a tener una producción de trigo, avena, cebada y sorgo, no dependiente de los insumos”.

Juan Kiehr, y la aurora de la agroecología

Juan Kiehr y Eduardo Cerdá en La Aurora: el campo, y los números que muestran una transformación ambiental y económica. Foto: Lina Etchesuri para lavaca

Números

La agroecología aplicada a La Aurora, en pocos trazos:

  • La ganadería sana, libre, alimentada a pastos naturales, con terneros que llegan a 500 kilos y se venden como novillos de exportación, alimenta el suelo con bosta y orín. Hay entre 600 y 700 cabezas. Juan instaló estratégicamente 25 bebederos (donde los animales bostean naturalmente) para cubrir la superficie del campo.
  • El suelo así se fortalece, se enriquece, se fertiliza y conserva mejor la humedad y los nutrientes. Detalle: así como un feed lot voltea a kilómetros por el olor a podredumbre sobre el que viven los animales, en La Aurora jamás hay olor a bosta.
  • Las plantaciones sobre esos suelos se hacen con cultivos asociados. Por ejemplo los cereales junto a leguminosas como el trébol rojo, que evitan el nacimiento de malezas y fijan el nitrógeno, nutriente fundamental del suelo. Así el policultivo evita, desde 2001, que haya que comprar fertilizantes como la urea.
  • El suelo nutrido y vital, sumado a sistemas que permiten el hábitat natural de insectos que, además, aportan beneficios al ecosistema, anula la necesidad de herbicidas, fungicidas, insecticidas, y fertilizantes químicos.

Todo esto es más fácil escribirlo que hacerlo, pero el resultado es que sin contar las ganancias ganaderas, por la agricultura Juan obtiene casi el mismo rendimiento que los campos vecinos (un 10% menos), pero el gasto es menor: 300 dólares menos por hectárea en el caso del trigo.

En las 80 hectáreas que está cultivando en estos días, este ahorro representa 24.000 dólares, y salva al suelo, al agua y a todos de los diluvios de venenos cada vez más inútiles, y de químicos que fertilizan poco y mal: aportan solo dos o tres de los nutrientes, contra los 16 del proceso natural de La Aurora. Al faltar esos nutrientes la planta está débil (aunque estimulada artificialmente por los fertilizantes) y así se convierte en víctima de hongos y enfermedades que obligan a usar más fungicidas y químicos, calesita eterna que beneficia ya se sabe a quiénes.        

Juan Kiehr evita todo eso, cubre sus costos velozmente, gasta menos, obtiene prácticamente lo mismo, pero sano y sin estimulantes artificiales, y tiene una ganancia mayor. Datos del libro de Sarandón y Flores, por hectárea de trigo.

Rendimiento

Campo convencional, 5.423 kilos. La Aurora: 5.119 kilos.

Margen bruto (ganancia)

Convencional: 549 dólares. La Aurora, 762 dólares.

Costos directos

Convencional: 417 dólares. La Aurora: 148 dólares.

Rendimiento necesario para cubrir costos

Convencional: 2.200 kilos. La Aurora: 1270 kilos.

Retorno por cada dólar invertido

Convencional: 1,13 dólares. La Aurora: 5,15 dólares.

Cerdá: “Si el sistema trabaja con transgénicos y agrotóxicos, es por su enorme ineficiencia y porque reina una lógica empresarial, desnaturalizada, yo diría que como la del drogadicto, basada en la química y la plata. Nosotros apuntamos a una agricultura con salud, que restablezca los procesos biológicos, no degrade los recursos y tenga eficiencia en la producción. Esto es una mirada de independización, de no quedar atado a un modelo que intoxica y empobrece”.

Cómo funciona   

El campo utiliza semillas propias. Cerdá: “¿Cómo vas a patentar algo vivo, que es lo que pretenden los laboratorios, por más que le hayas metido un gen? Es algo que te muestra que lo transgénico no es conveniente para el país, los ciudadanos y los productores. El alimento tiene un principio activo en la planta, destinado a lepidópteros, isocas, plagas, que lo consumimos las personas sin conocer sus efectos y capacidad de transfigurar evolutivamente. Esas semillas y transgenes no ayudan al productor, sólo lo endeudan, y terminan provocando una extracción de la riqueza del suelo que regalamos vía exportación de granos para animales y aceite, sobre todo para China”.

Juan acota: “Y no es cierto que sea para alimentar a la humanidad, porque sobran alimentos en el mundo. El problema es que están mal distribuidos. Lo hacen por puro interés comercial. Además, la Ley que quieren sancionar para Monsanto por las semillas me hace pensar en lo que vi sobre Colombia: la gente no puede tener sus propias semillas, es ilegal. Se las queman si no son las que venden las corporaciones. Aquí hubo gobiernos que parecían progresistas apoyando esa Ley que es de derecha, y a la vez proponen cosas para la agricultura familiar. No se sabe qué es izquierda o derecha pero, claro, puede ser que me equivoque”.   

La agroecología aplicada a este establecimiento permitió el aumento de stock ganadero, engorde más eficiente, y alta estabilidad en la producción (95 toneladas anuales). En una de las mayores sequías de los últimos 70 años (2008/9) murieron 15.000 cabezas por falta de alimento en la región. La Aurora no tuvo pérdidas, gracias a que el suelo y los pastos así trabajados resistieron la debacle.

Juan se queda pensando en la sequía: “Uno quisiera manejar las nubes, pero no se puede. Entonces hay que concentrarse lo que uno sí puede manejar”.

¿Lo agroecológico tiene que ver con lo orgánico? Cerdá: “Los orgánicos en esta zona hacen el mismo modelo convencional, pero sin pesticidas”. La certificación de “orgánico” termina siendo el nicho supuestamente sano del mismo mercado fumigador, a precios prohibitivos. “Cuando veo a productores orgánicos, hablan de qué negocio hicieron, cuánto ganaron. Nunca hablan del suelo, de cómo trabajarlo. Sus campos son buenos, pero rinden mucho menos que La Aurora (1.000 kilos de trigo por hectárea contra 5.000 en el campo de Juan), y usan fertilizantes químicos, que es como drogar a las plantas para que luzcan bien, con productos que perjudican el biosistema del suelo, y drenan hacia las napas subterráneas generando contaminación y toxicidad por nitratos y nitritos. Comprás una lechuga crujiente y colorida pero por los fertilizantes no sabés qué perturbaciones pueden traerte. Lo orgánico no está teniendo una mirada agroecológica”.      

Tener o ser

“Es importante destacar que las tecnologías que se utilizaron en este campo son de fácil apropiación por parte de los productores, dado que no requieren importantes sumas de capital, dependen más del ingenio, la complementación asesor-productor y la motivación que genera entender lo que uno está diseñando y manejando”, dice el libro de Sarandón-Flores en el capítulo sobre La Aurora.

Destaca que los resultados obtenidos “muestran las potencialidades de este enfoque para ser aplicado en sistemas extensivos (traducción: grandes campos) de clima templado como los de la Región Pampeana Argentina”.   

Sigue circulando el mate, con Cerdá al micrófono: “Juan pudo vivir sin sobresaltos, sus hijas pudieron estudiar, viajan, y aunque algunos vean la F100 como un símbolo de pobreza, Juan no se compra la 4×4 porque no le interesa estar simulando gastos para achicar impuesto a las ganancias, ni tener todos los costos que implica la 4×4. Está al día con todos sus impuestos, y tiene todo el campo en blanco”.

Kiehr agrega otra hazaña: “Jamás tuve que pedir un crédito”.

El INTA y otras entidades empezaron a acercarse de modo a veces sinuoso, y se han visto obligadas a pronunciar con mayor frecuencia la palabra “agroecología”. Los visitantes se entusiasman. No es difícil ante esa combinación de aire limpio, vitalidad de las plantas y energía que se percibe al estar allí.   

Cuentan que en la Facultad de Ciencias Agrarias de La Plata, Kiehr y Cerdá tuvieron 400 estudiantes como público. “Esas cosas me hacen muy bien”, dice Juan, como retomando algo que su esposa Erna describe como años maravillosos. Se conocieron en Chaco a principios de los 70, ella como enfermera y él como integrante de una iglesia luterana, ambos colaborando con el pueblo qom, al que entonces llamaban toba.

“Aquel trabajo me transformó”, dice Juan. “Entendí qué significaba eso de no tener tantas cosas, pero ser más persona. Cuando volví me costaba adaptarme. Mis vecinos se la pasaban hablando del culo de esta o de aquella, ese tipo de conversaciones, ¿no? Y yo sentía un vacío. Ahora estoy contento, haciendo algo que siento útil, conectándome con otra gente, con otras mentalidades. Son cosas que agradezco, y me cambiaron la vida”.

Noticias sobre pájaros

Indicios de cambio, según Cerdá: “En distintos lugares del país estoy trabajando con productores sojeros que empiezan a desandar el camino de lo transgénico. No se hace de golpe, como un adicto no se cura de un día para el otro, pero se va confirmando que es factible hacerlo”.

No solo es factible: la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) destacó a La Aurora como uno de los 52 emblemas mundiales de la agroecología, al haber demostrado que una agricultura sin agrotóxicos es posible y rentable.

Tal vez algún día, como lo suele plantear Santiago Sarandón, la agroecología sea el nombre de toda la agronomía.

Mientras tanto Cerdá está asesorando a un campo cercano. La documentalista Valeria Mapelman vio La Aurora, se contagió, y en apenas dos años hizo su propia reconversión agroecológica. Ya le está resultando más rentable de lo esperado y de lo que hubieran ganado arrendándolo a pooles de siembra que entran al negocio hasta que vuelan buitrescamente hacia otras burbujas. 

En este campo ocurre algo diferente: no son los buitres sino otros los pájaros de visita. Ejemplo: las garcitas boyeras, que defienden a las vacas de unas langostas llamadas tucuras.

Juan sonríe. Y deja que se escuche el fresco silencio del aire libre en La Aurora que

–como su nombre lo indica– significa también alba, amanecer y mañana.

Juan Kiehr, y la aurora de la agroecología

Foto: Lina Etchesuri para lavaca

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