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El interminable tiempo del agua

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Quizás el video documental sea el género más idóneo para testimoniar la nueva realidad que se gestó a partir de diciembre de 2001. Sobre todo Inundaciones, un trabajo realizado por Santa Fe Documenta, un colectivo de cuatro grupos (Matecosido Producciones, Taller de video El Pibe, Canoa y Fundación Proteger) que -tal como demuestran Pablo Testoni y Mariana Rabiani en esta entrevista- dejaron de lado veleidades personales para relatar, de un modo tan despojado que conmociona, el documental que hoy se proyecta en Buenos Aires.

Primero fue el agua.

Gente que camina con agua hasta las rodillas, hasta la cintura, hasta los hombros… Agua hasta el cuello.

«De noche, la oscuridad, los relámpagos, la llovizna y los gritos, los gritos de la gente de un techo a otro… Uno no se olvida de eso», cuenta Ana -directora de la escuela Monseñor Zaspe- en el video Inundaciones, realizado por el colectivo Santa Fe Documenta.

El 29 y 30 de abril de 2003, el río Salado entró en la casa de un tercio de la población de la ciudad de Santa Fe. En 36 horas, 130 mil personas se vieron forzadas a abandonar quince barrios de clase media y baja del cordón oeste santafesino.

E inmediatamente, la pérdida

Las viviendas destruidas, las familias desencontradas, las personas ahogadas

«Yo necesito mi casa. Mañana cumplo 26 años de casado y mirá cómo lo voy a festejar. El 18 de mayo es mi cumpleaños y mirá cómo lo voy a festejar, loco. No estoy así porque me está enfocando una cámara, hermano. Hoy lloré todo el día cuando vi mi casa que no sirve más. Esto lo hice con sacrificio, 26 años laburé, hermano, para tener esto y mirá el desastre que quedó»

Y también fue la organización solidaria y sin cobertura del Estado de los centros de evacuados.

Bolsas de ropa que manos voluntarias clasifican, cajas que son bajadas de camiones, colchones en el piso, pertenencias sueltas, chicos que -en un inmenso gimnasio- dibujan o juegan a las escondidas y saltan a la soga

Después fue la resaca.

El sol que hace brillar la mugre, el barro, el olor a podrido, la basura y el humo que producen los desechos que combustionan solos.

Y la vuelta

Calles irreconocibles, cuadras desvastadas, puertas que se abren hacia donde ya no hay nada.

Lo más conmovedor del trabajo documental -que se proyectará hoy en Buenos Aires- es el esfuerzo mancomunado por devolverle a los damnificados lo más importante que perdieron: la identidad.

«Pensaba recuperar algunos de los referentes de mi yo. Encontré una poesía que me escribió una amiga de la adolescencia, mi almohada, el primer zapato de mi hijita, el primer collar de mi perra muerta… Cosas así, que a lo mejor me van a ayudar a reconstruir mi historia» (Susana, barrio Roma)

Quizás el video documental sea el género más idóneo para testimoniar la nueva realidad que se gestó a partir de diciembre de 2001. Sobre todo este trabajo, hecho por un colectivo de cuatro grupos

( Matecosido Producciones, Taller de video El Pibe, Canoa y Fundación Proteger) que -tal como demuestran Pablo Testoni y Mariana Rabiani en esta entrevista- dejaron de lado veleidades personales para relatar, de un modo tan despojado que conmociona, el interminable tiempo del agua

– ¿Cómo nació la idea de este proyecto compartido?

Pablo: Tiene que ver con las primeras horas de la catástrofe. Partamos de la base de que la gente ayudó a la gente, ése es el vínculo que nosotros vimos. Ya el primer día surgió una convocatoria que se organizó por rubros: los enfermeros, los terapistas ocupacionales, los médicos, los psicólogos, los profesores de gimnasia se autoconvocaban… La radio -sobre todo la Radio Universidad- tuvo un rol fundamental, fue eje y centro de esta convocatoria solidaria, frente a un Estado ausente en todo momento. Cuando, al segundo día, vimos que lo más urgente iba cubriéndose, pensamos que también los realizadores podíamos autoconvocarnos. Nos pareció fundamental que la catástrofe quedara en la memoria. Ese era nuestro objetivo: la memoria

– ¿Cuántos documentalistas respondieron a esa convocatoria?

Pablo: En la primera reunión llegamos a ser veinticinco, algunos que trabajaban para algún medio, otros que ya habían empezado a registrar imágenes de manera independiente. La intención del colectivo era que cada uno tuviera una mirada propia pero la presentáramos en un primer trabajo documental único. Y fue eso lo que hicimos con siete cámaras distintas en equipos con sonidista, periodista y todo lo necesario. Recién empezamos a pensar en la edición a los tres meses, porque antes pasaban muchas cosas todos los días: el tiempo del agua, lo llamamos nosotros. En el guión fue muy importante marcar los tiempos del escape, el agua, los centros de evacuados, los techos y la vuelta.

Mariana: La propia urgencia nos hacía preguntarnos cómo colaborar. Hasta que dijimos: «bueno, usemos nuestra herramienta». Pero seguíamos planteándonos si era legítimo o no salir a filmar, a preguntar, en esa situación. En el momento decidimos hacerlo y después, frente al documental terminado y con las primeras presentaciones en Santa Fe, empezamos a repensar todo aquello ni siquiera habíamos tenido tiempo de charlar entre nosotros. Fueron muchas las veces que pensamos: «¿qué hago con un micrófono, frente a esta persona que está viviendo semejante tragedia?»

– ¿Pudieron resolver esa disyuntiva?

Pablo: El primer criterio tenía que ver con la vida. Es decir: sabíamos que si había peligro de vida, uno tenía que bajar la cámara y ayudar. Después empezamos a notar que la propia gente tenía necesidad de hablar, de contar, y entonces entendimos que nosotros estábamos ahí dando esa mano, que tenía que ver con empezar a compartir el dolor. Elaborar lo ocurrido es un proceso muy lento, porque yo creo que una de las catástrofes mayores se ha dado en la cabeza de la gente. Hoy, de alguna manera, -mal, diría- se están reconstruyendo los lugares, las casas, una nueva cotidianidad… Pero lo que no se reconstruye es el impacto de la pérdida. Por eso no era importante solo la cámara sino también el micrófono: las imágenes, pero también los testimonios orales.

– ¿Cómo se sobrepusieron al dolor, para poder trabajar?

Pablo: Los que estuvimos ahí lloramos mucho luego de cada reportaje. Los primeros noventa días fueron de recibir mucho. De hecho, todos los que conformamos Santa Fe documenta tuvimos nuestro propio quiebre en algún momento, tuvimos que cortar, parar, charlar… Armar un grupo para sostenernos y decir «nos pasó tal cosa». Un día hice treinta cuadras caminando, por un barrio donde hubo tres metros de agua, era como caminar por una ciudad en guerra, una ciudad desvastada. Cuando llegué a mi casa no podía parar de llorar, no quería volver. Era un momento muy fuerte: el momento de la basura. La gente tiraba todo, adentro de las casas todo estaba totalmente destruido y las personas sacaba las cosas afuera con odio, con bronca…

Porque, además, era un castigo doble: no solo que las casas se inundaron sino que, se repetía mucho por esos días, todos los objetos estaban contaminados. Quizás si hubiera caminado solo una cuadra hubiera superado el impacto, pero treinta fueron demasiado. Sobre todo porque nosotros, como grupo Matecosido, nos dedicamos siempre al video popular, de modo que tenemos registrados esos mismos barrios, pero con vida: los centros comunitarios, las cooperativas, las clases de apoyo escolar. Hicimos un documental sobre la FM Popular del barrio Santa Rosa -la primera FM comunitaria de Santa Fe- que quedó bajo el agua. Habíamos registrado los conflictos y las fiestas de esas zonas que ahora atravesábamos en canoa.

«Era mi cumpleaños 52 y lo recibí en una lancha con la gente que me salvó la vida. Y después lo festejé en un centro de evacuados, en un gueto, yo le digo así porque se me asemeja a las películas de la Segunda Guerra Mundial, donde estaban los prisioneros de guerra» (Susana, barrio Roma)

Mariana: Para mí fue un gran impacto ver que la identidad de las personas también se había ahogado, había quedado bajo agua…La identidad y la intimidad de una familia -los colchones, los juguetes, la ropa- flotando o hecha basura. Cada vez que veo las imágenes del video, me vuelve el olor a la basura. Me quedó grabado esa fetidez y el sonido de los helicópteros rondando el cielo, por la noche, alumbrando con los reflectores, mientras el gobierno-ese Estado que te mira desde arriba- delega la participación en el Ejército, porque sostiene que ellos tienen la capacidad organizativa… Era una ciudad en guerra

Pablo: Se veía gente por todos lados preguntando por sus familiares, listas de personas desaparecidas… Realmente fue lo más parecido a una guerra

«Soy Elvira, la mamá de Mauricio Medrano, que está desaparecido. A cualquier pesona que sepa de él se comunique a…» (mensaje enviado por radio)

Mariana: Creo que otro gran quiebre fue para nosotros el reportaje con Vanesa, una chica de 23 años que perdió a su bebé porque sintió que se ahogaba y lo soltó pensando que podía salvarse de otra manera (ver nota relacionada).

Pablo: Durante unos días Vanesa pensó que sus tres hijos habían muerto, pero a los dos mayores los recuperó del agua un voluntario y de este tipo de historias de solidaridad también hay muchas. Hay que imaginarse que al trauma de la inundación, Vanesa le sumó el trauma de la tragedia personal. Del centro de evacuados se fue a vivir muy lejos, a una casa que le prestaron; a nosotros nos dijeron a dónde se había ido y la buscamos un día entero. Mientras íbamos, pensábamos que ella estaba en todo su derecho a decirnos «váyanse» y si nos lo decía nos íbamos. Sin embargo, pudimos quedarnos, sentarnos, charlar… Sentimos que no solamente estaba contando, estaba elaborando lo que vivió, se estaba descargando, nos estaba comprometiendo para que no la abandonáramos…

– ¿Cómo se vieron a sí mismos los inundados, en el video?

Pablo: La primera vez que presentamos un compacto de imágenes -que todavía no era este video- fue a los tres meses de la inundación, cuando se instaló la Carpa de la Dignidad. Hasta entonces los damnificados nunca se había visto: habían perdido los televisores y, aislados en los centros de evacuados, no habían estado en contacto con las imágenes que estaba viendo el mundo entero… Para las propias víctimas fue un impacto muy grande. Creo que ahí empezamos intuir que nuestro trabajo tenía un sentido mucho más grande.

Mariana: Hay gente que pide una copia pero dice «no me animo a verlo ahora», o «no me animo a verla solo» pero quieren conservarla para sus hijos o sus nietos. Eso es muy fuerte. Pero, además, Por otro lado, nosotros tuvimos claro desde el principio que registrar estas imágenes era una forma de denuncia: la ausencia del gobierno fue muy visible. Esto no fue una catástrofe natural sino una catástrofe política.

«El trabajo lo estamos organizando a los ponchazos, como odemos, porque no estamos preparados para este tipo de situación. Lo que prima es la solirdaridad y las ganas que tenemos de ayudar.. La gente pregunta si hay algúnencargado, un secretario, porque presume que el gobierno mandó a alguien para ayudarlos pero solo estamos nosotros» (Mariano, maestro de la Escuela 1234, primer centro de evacuados)

Pablo: Convengamos que los centros de evacuados no funcionaron por el Estado sino por la voluntad de los organizadores de los centros y de la gente que iba a colaborar…

Mariana: Y por la escuela. Las escuelas tienen cierta estructura y cierta organización institucional que posibilitó que se improvisaran como centros.

Pablo: Con Matecosido hicimos un documental sobre los docentes, durante la inundación que se llama Presente. Es increíble la legitimidad que a pesar de todo conserva el maestro en esta sociedad. Basta que el maestro o el director dijera: «la escuela, se abre» y la escuela se abría o «está comida no es buena», y se empezaba todo de cero

Mariana: Fueron maestros los que dijeron: «la gente no se va del centro de evacuados hasta que no tenga un lugar digno a donde ir»

Pablo: Me acuerdo del caso de una escuela a la que la gente se dirigió el día de la inundación porque siempre había funcionado como centro de evacuados, pero esta vez la escuela estaba tres metros bajo agua. Lo único que quedaba a salvo era el techo y -qué cuestión simbólica- allí se refugiaron: 350 chicos y padres en el techo de una escuela. La ausencia del Estado fue tan notable que nosotros desde el principio decidimos que no iba a haber palabras de funcionarios, salvo las del intendente Marcelo Alvarez que fueron paradigmáticas.

«Todo el Barrio Centenario, la Villa del Centenario, Barrio Chalet, barrio San Lorenzo, Barrio El Arenal… no van a tener ningún tipo de inconvenientes…»

Pablo: Básicamente, no queríamos repetir lo que los medios estaban haciendo, esa especie de contrapunto entre la voz de la gente y la opinión de un político o de un funcionario. También decidimos que el video no iba a ser pasado en los medios, porque no estuvo pensado para eso. Nosotros creemos que es un material para ver en grupos, en familia… La visualización de un video te exige ponerlo, sentarte y quedarte, conversar; en cambio en la televisión vas haciendo zapping y la idea que te queda es que si lo viste en la tele, ya lo viste. Y nosotros no queremos que se asimile a lo que ya se vio. Al menos por ahora, no.

-¿Cómo fue la cobertura de los medios?

-La cobertura fue de alto impacto. Nosotros quisimos colocarnos en un lugar, menos histérico, del dolor… Hilarlo distinto: colocamos al maestro dentro de su contexto, y al lado del maestro la salud de los pibes. Un médico del barrio dice en el video «esto no empieza ahora» y es cierto. Los medios hablaban de la inundación; nosotros hablamos de la pobreza. El reportaje periodístico es al toque, rápido, cuestión de cosechar cuatro o cinco testimonios y mandarlos. En cambio la idea nuestra era sentarnos, y sentar al entrevistado y cuando la gente ve esa actitud, la conversación adquiere una profundidad distinta. No es la mirada de la coyuntura, la de los casos y las vetas que el periodismo puede sacar para seguir explotando una cuestión. Acá los temas son el dolor y la soledad.

Mariana: Y la desolación.

Pablo: Esa es una marca de por vida. Sentir que uno, como ciudadano, no está representado por nadie… Uno siempre tiene la idea de que, en el fondo, hay un Estado que protege, y las inundaciones en Santa Fe demostraron que no. Esa es la verdadera desolación.

Mariano: Entre los escombros, Humberto -del barrio Villa del Parque- encontró una Constitución Provincial que muestra a cámara y dice: «sin palabras»

«De acá en más se verá. Porque esto no termina acá. Y lo que sigue es más grave que lo que ya pasó. Esto recién empieza» (Fabiola, maestra de la Escuela 1130).

El video Inundaciones podrá verse en Buenos Aires el próximo 2 de diciembre, a las 19, en el Centro Cultural de la Cooperación (Corrientes 1543). Además, puede conseguirse a través de la página web www.santefedocumenta.com.ar

Cuesta 5 pesos para los particulares y 10 a las instituciones, recaudación a beneficio de los inundados.

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MU 212: El fin de un mundo

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MU 212: El fin de un mundo

MU en Tierra del Fuego: todo lo que se ve desde el sur del sur y nos ayuda a entender qué representa Argentina en el mapa geopolítico mundial. Un puerto intervenido, importaciones que matan a la industria, explotación sin control de recursos naturales. La puerta a la Antártida y el significado de Malvinas: lo que está en juego en tiempos de guerra.




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A contracorriente: La lucha fueguina frente a la industria salmonera

De espaldas a la sociedad y bajo presión del gobierno nacional, la Legislatura fueguina (la misma que en 2021 votó en contra) aprobó un proyecto que permite la instalación de megafactorías marítimas del salmón, uno de los productos que más se exportan al mundo. El impacto ambiental es conocido y hay un ejemplo cercano en la vecina Chile: peces hacinados, contaminación por antibióticos y heces, destrucción de otras especies, y una precarización total de las condiciones de trabajo. El cuadro de situación ante un “pescado químico”, la lucha de la asamblea, y el gobernador que responde sobre los principales contrapuntos.

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Es doctora y docente de la Cátedra de Historia de los Estados Unidos en la UBA y en la UNLP. Integra grupos de trabajo sobre EE.UU. en CLACSO y universidades en Alemania y México, además de coordinar programas de intercambio internacional. Y acaba de dictar un curso sobre el tema en MU. En esta entrevista explica las movidas de Trump intentando sostener un imperio en crisis en medio de una conflictividad que él mismo provoca o acompaña: Irán, China, Israel, petróleo, Ormuz, Venezuela, OTAN, Malvinas, Antártida. Y hasta el caso de Jeffrey Epstein.

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Decolonizar el presente: Walter Mignolo y el pensamiento decolonial

En medio de conflictos geopolíticos, disputas culturales y crisis del modelo occidental, el pensamiento decolonial nos recuerda una serie de preguntas fundamentales. Aquí, una conversación breve y magistral sobre la esfera pública, la organización social y las formas de acción colectiva vistas desde una perspectiva para ampliar, o retomar, los horizontes propios.

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Tierras raras: Florencia Levy, artista, y su trabajo sobre el litio

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Astrolo-guías: Elisa Carricajo y su nuevo libro sobre Tarot

Dramaturga, actriz y directora, plantea al Tarot como un objeto “popero” e invita a jugar y llenar de sentido ese lenguaje. Un modo de recuperar la espiritualidad capturada por el mercado, para sentir, entender y actuar en tiempos espantosos. Lo individual y lo comunitario. Los fantasmas y cómo imaginar un mundo mejor. Un libro que es un oasis y una invitación a re-pensar el arte y lo político, tirando las cartas.

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Documental a un año de la represión del 12 de marzo

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El 12 de marzo de 2025, hinchadas de fútbol se autoconvocaron para acompañar la marcha de jubilados y jubiladas. Ese día la violencia desplegada por Patricia Bullrich hirió gravemente a Pablo Grillo, Beatriz Blanco y Jonathan Navarro. Este corto documental de Cooperativa Lavaca vuelve a esa jornada y a una imagen de solidaridad que sigue sobreviviendo.

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