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El Titanic, la salud, y otras reflexiones pandémicas

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“El mundo que se paralizó ante la presencia de un microorganismo con especial predilección por las vías respiratorias, que se aprovecha de quienes tienen sus sistemas inmunológicos comprometidos, es el mismo mundo que sigue sin reconocer que quizás el mayor impacto negativo en la salud de las víctimas directas de este virus sean las condiciones de vida que precedieron la aparición del COVID-19” explica el médico Damián Verzeñassi en estas reflexiones enviadas a lavaca.org.

Plantea en ellas una analogía con la situación del Titanic, donde estar en el mismo barco no significaba acceder a los mismos recursos. Señala una serie de condicionantes para comprender la situación actual: la influencia del extractivismo, la contaminación y la destrucción de la naturaleza sobre los procesos de salud individuales y colectivos. La falta de alimentación adecuada. Los transgénicos, la industria de alimentos ultraprocesados y plagados de químicos. Las carnes de animales criados en condiciones de hacinamiento con antibióticos y ansiolíticos. La contaminación del aire, las aglomeraciones urbanas y las poblaciones con sus sistemas inmunológicos deprimidos. Ideas y preguntas para repensar el sistema de alimentación, el sistema de salud y nuevas lógicas de producción económicamente sustentables.

Verzeñassi es profesor titular de Salud Pública y Director del Instituto de Salud Socioambiental de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario. Dirige además la carrera de Medicina en la Universidad del Chacho Austral, y fue el inspirador de los Campamentos Sanitarios que relevaron (y revelaron) la situación de salud en más de 30 comunidades argentinas. El texto completo de sus “Reflexiones pandémicas”.

Por Damián Verzeñassi

Analizar el metabolismo sociedad-naturaleza es clave para poder comprender la génesis antrópica de la proliferación de mutaciones microbiológicas que ponen en alerta a la población humana.

El mundo microbiano se reorganiza permanentemente para resistir y sobrevivir a las drásticas transformaciones que los modelos de producción y reproducción socio-económica dominantes en las sociedades humanas, imponen a los territorios.

La crisis pandémica actual, también permite evidenciar la determinación de los modelos de producción extractivista sobre los procesos salud-enfermedad de los sujetos tanto en la dimensión individual como en la colectiva.

El extractivismo, en todas sus facetas, conlleva a la explotación extensiva de los territorios, con la consecuente contaminación del agua, aire y suelo. Agrotóxicos, microplásticos, metales pesados, gases tóxicos, deforestación y corrimiento de la frontera agrícola, explotación animal (que constituye el caldo de cultivo ideal para la génesis de este tipo de mutaciones virales, como ya quedó demostrado con la gripe aviar, la gripe porcina y el SARS), son evidencias incontrastables de la alteración que hemos generado a los procesos metabólicos del planeta, a partir de la instalación y globalización de los modos de producción extractivistas.

Todo ello conlleva un deterioro progresivo en la salud de las comunidades y reduce la capacidad de respuesta inmunológica humana ante diferentes agresiones, tanto a nivel individual como colectivo.

Hemos construido sociedades que no son capaces de garantizar una alimentación adecuada para sus pueblos, y con ello pierden el primer y esencial elemento sustancial para el cuidado de su salud y la recuperación de la misma ante diferentes injurias.

Los modos de comer han cambiado drásticamente en los últimos 40 años en nuestras sociedades, de la mano de la creciente migración hacia los conurbanos, así como de la disminución de las granjas y áreas de producción de alimentos, cuyos territorios fueron ocupados por plantaciones de transgénicos adictos a venenos que para sostenerse contaminan y dañan a quienes viven en sus cercanías (y no tan cerca).

Productos ultraprocesados, en los que abundan colorantes, conservantes, aromatizantes, y otras sustancias cuyas siglas no nos permiten ni siquiera adivinar su origen, han ocupado el lugar de los alimentos tradicionales que se servían en las mesas de los hogares de hace 40 años atrás.

Los animales, cuyos derivados terminan en nuestros organismos, son engordados a base de transgénicos, ansiolíticos, antibióticos, en condiciones de hacinamiento propios de campos de concentración, obligados a comer sin descanso. ¿Qué es entonces lo que comemos y cuanto de eso puede realmente acompañar a nuestro organismo para nutrirse y desarrollar un sistema inmunológico adecuado?

El mundo que se paralizó ante la presencia de un microorganismo con especial predilección por las vías respiratorias, que se aprovecha de quienes tienen sus sistemas inmunológicos comprometidos, es el mismo mundo que sigue sin reconocer que quizás el mayor impacto negativo en la salud de las víctimas directas de este virus sean las condiciones de vida que precedieron la aparición del COVID-19.

Según la propia OMS, ya en 2012 la contaminación atmosférica fue responsable de la muerte de 7 Millones de personas a nivel planetario. [1]

El asbesto, contaminante pandémico si los hay, tiene un amplio prontuario de daños en la salud, fundamentalmente a partir del daño de las vías respiratorias, con un historial judicial en varios países, fundamentalmente Italia, donde pueblos enteros fueron contaminados por este material a partir de su extracción para la fabricación de tanques, chapas y otros elementos con fibrocemento y terminaron ante los tribunales exigiendo se les indemnice por el daño generado.

Quienes vivimos en Rosario, además de la contaminación del aire urbano por las emanaciones de gases de vehículos, estamos expuestos a los gases que llegan con el humo del cordón industrial, al que estacionalmente se le suma el humo de los incendios intencionales en las islas frente a la ciudad, resultado del uso de ese humedal como espacio para la cría de ganado (que ha sido expulsado de los campos por los transgénicos adictos a venenos.

¿Cuánto facilitará el daño que el covid-19 pueda hacer en los rosarinos, el humo que respiramos hasta el 7 de marzo, producto de la quema intencional de las islas entrerrianas, que los gobiernos locales y regionales fueron incapaces de evitar o sancionar?

Si el 92% de las personas que viven en ciudades no respiran aire limpio, y por lo tanto con el acto más primitivo de la existencia, el respirar, incrementan su riesgo a padecer patologías que ponen en riesgo sus salud y su vida, ¿no será que nuestros modos de vida son claves para incrementar el daño que pueda generar un virus respiratorio?

El Titanic, la salud, y otras reflexiones pandémicas

Las ciudades (donde vive hoy más del 50% de la población del mundo), se han transformado en aglomeraciones de personas en edificaciones para nada saludables. El sol es prácticamente un privilegio, y el hacinamiento es una constante de la mano de la desaparición de los espacios públicos a manos de la especulación inmobiliaria. ¿Cómo dejar que entre el sol en nuestras casas, tal como recomiendan los expertos en tiempos de virus respiratorios, en ciudades donde los edificios de altura han ocupado cada centímetro de terreno urbano?

El volumen y la característica de la basura que generan nuestros modos de consumo, supera la capacidad del planeta para metabolizarlo y en muchos casos es un proceso imposible.

Aire contaminado, comida que engorda pero no siempre es alimento, viviendas que parecen más cajas de zapatos que hogares, sistemas inmunológicos deprimidos, son sin dudas un combo ideal para cualquier patógeno que circule entre nosotros.

Ante la preocupación que manifiestan nuestros Gobiernos por el COVID-19, los medios de comunicación masiva llenan sus espacios con cifras de testeados, infectados, recuperados y muertos, pantallas en rojo con cortinas sonoras que alarman… una sociedad confinada y literalmente aislada en sus propios domicilios, no tiene tiempo (paradójicamente) para pensar que significan en términos de salud los más de 7862 casos de dengue que ya se confirmaron en Argentina desde el 1 de enero hasta el 25 de marzo, los 12 feminicidios en los primeros 14 días de cuarentena, los muertos por desnutrición en las comunidades de pueblos originarios, la terrible fragmentación del sistema de atención de enfermedades que tiene nuestro país, qué significa la extraordinaria bajante actual del rio Paraná, porqué en lo que va de este siglo ya hemos asistido a la aparición de, al menos, cuatro mutaciones virales 2 de las cuales provocaron pandemias, o que estará ocurriendo con nuestros sistemas inmunológicos cada vez menos capaces de defendernos, por enumerar algunos temas que coexisten con la crisis pandémica y son elementos coexistentes en la situación sanitaria que vivimos.

El Principio Precautorio es desempolvado de los textos jurídicos para justificar políticas de Aislamiento Obligatorio contra un virus, en el mismo decreto que se habilita a los fumigadores, a la minería a cielo abierto, a las curtiembres, a las madereras, a seguir contaminando y destruyendo nuestros territorios. Contradicciones de difícil explicación, que desnudan con claridad la ausencia de análisis más allá de las “curvas epidemiológicas” que adolecen de lecturas críticas y miradas más allá de los números de “casos”.

Evidencia dolorosa de cuán lejos estamos de aprovechar la crisis generada por este nuevo virus para repensar los modos de organización, producción y reproducción de nuestras sociedades.

Quienes entendemos a la Salud como el derecho a luchar por una vida digna, así como una condición esencial para la libertad (individual y colectiva), vemos con preocupación la exacerbación de rasgos autoritarios, intolerantes y discriminatorios que florecieron al calor de esta crisis pandémica que, usando un virus como vector, contagia miedo, desconfianza y desazón en una sociedad en la que ya sobresalía como rasgo el culto a la meritocracia, al individualismo, al sálvese quien pueda.

En este contexto, cabe la pregunta: ¿quijén fue responsable de la tragedia del Titanic? ¿El iceberg que se puso en su camino, el vigía que no avisó a tiempo, el capitán que sobreestimó sus capacidades, la banda que no paró de tocar dando la falsa idea de que no pasaba nada, el fabricante que puso botes salvavidas solo para los camarotes caros, el que sobrevendió los pasajes?

Si fuese cierto que estamos atravesando una tormenta todos en el mismo barco, no deberíamos olvidar que en él hay varios pisos, y en los más profundos viajan los que tienen menos posibilidades de llegar a los botes salvavidas, por sus condiciones objetivas y en algunos casos, porque puede haber quien piense en poner cadenas a las puertas, impidiéndoles salir a cubierta y generando así la falsa sensación de que “hay botes para todos” entre los que viajan en los pisos más altos.

Ante la actual situación entendemos que, más allá de la necesidad de atender la urgencia que emerge por la aparición del COVID-19, urge avanzar en la generación y fortalecimiento de vínculos solidarios que nos permitan visualizar colectivamente estrategias de superación de esta crisis, que va más allá de una cuestión microbiológica.

Debemos estimular y recuperar un sistema inmunológico a nivel colectivo, que nos ayude a resolver los problemas estructurales que hacen a nuestros territorios (y a nuestros cuerpos), vulnerables a diversas enfermedades.

Recuperar inmunológicamente a nuestras sociedades implica reconstruir lazos y redes solidarias, de cooperación y ayuda mutua, que respeten y se nutran de las diversidades para hacer más resistentes las tramas.

¿Y si pensamos nuevos escenarios de producción y distribución de alimentos (comida sana, sin venenos, ni transgénicos) dignificando a quien los genera y garantizando el acceso a toda la comunidad, desde los principios del comercio justo y la soberanía alimentaria?

¿Qué pasaría si en lugar de salidas a partir de aislarnos, optamos por generar redes que nos encuentren desde el cuidado solidario, con lógicas de acompañamientos y recuperación de saberes y haceres colectivos?

¿Nos animaremos a construir un sistema de atención de la salud, alrededor de la ética del cuidado, desde la integralidad, con trabajadores bien remunerados y comprometidos con la defensa del derecho a la vida digna, sin hegemonías, desde la horizontalidad, que entienda la integralidad de la vida y por tanto la Salud de la Madre Tierra como una Sola Salud?

¿Aceptaremos replantear las estructuras curriculares e institucionales de nuestras universidades y carreras de la salud, para redimensionar el peso de lo socioambiental, de la epidemiología, de la salud pública y colectiva, del pensamiento crítico en la formación de profesionales?

¿Seremos capaces de asumir el desafío de una construcción colectiva de nuevas lógicas de producción y reproducción, económicamente sustentables, biológicamente estables, políticamente horizontales, socialmente integradoras de la diversidad, en comunión con el territorio y la salud de la Madre Tierra?

En la búsqueda colectiva de respuestas, nacerán nuevas preguntas que nos animen a seguir caminando, tratando de hacer de éste un mundo más saludable…

El Titanic, la salud, y otras reflexiones pandémicas

[1] https://www.who.int/mediacentre/news/releases/2014/air-pollution/es/

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MU 215: Sin chamuyo

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MU 215: Sin chamuyo
Este número 215 de MU ☝️viene con doble tapa, que podría ser una frase: Sin chamuyo, a remarla.




MU 215: Sin chamuyo

Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va

Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.

Por Francisco Pandolfi




MU 215: Sin chamuyo

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema

Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.

Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país. 

Por Sergio Ciancaglini




MU 215: Sin chamuyo

La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio

La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.

Por Lucas Pedulla




MU 215: Sin chamuyo

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden

La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.

Por Claudia Acuña




MU 215: Sin chamuyo

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película

Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.

Por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Un biodrama del presente: Puta madre

La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.

Por Evangelina Bucari




MU 215: Sin chamuyo

La Cogolla: Flor de cultivo

Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.

por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Desentendimiento: Fingir demencia

Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.

Por Franco Ciancaglini

MU 215: Sin chamuyo

Crónicas del Más Acá: Parlantes

Por Carlos Melone

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MU 214: Mujer maravilla

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Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?




MU 214: Mujer maravilla

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz

Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.

Por Francisco Pandolfi




MU 214: Mujer maravilla

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich

El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.

Por Lucas Pedulla




MU 214: Mujer maravilla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez

“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.

Por Evangelina Buccari




MU 214: Mujer maravilla

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina

La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.

Por Bernardina Rosini




MU 214: Mujer maravilla

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.

Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta

Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.

Por Sergio Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

El trava power: Las Simbióticas

Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.

Por María del Carmen Varela




MU 214: Mujer maravilla

Ser de luz: Nina Suárez

Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.

Por Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Crónicas del más acá: GPS

Por Carlos Melone

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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