Nota
Más de 40 días sin Tehuel: búsqueda, recompensa y movilizaciones

A más de 40 días sin que el Estado logre encontrar a Tehuel, hubo acciones artísticas virtuales y movilizaciones en todo el país. En la Ciudad de Buenos Aires la concentración fue frente al Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación. Lo que dice la fiscal del caso sobre las novedades de la búsqueda. La Ministra de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual bonaerense habla sobre la recompensa que ofreció la Provincia, sin resultados al momento. La directora de Aministía Internacional en Argentina, organización que se sumó a la visibilización del caso, afirma que la desaparición de Tehuel hace necesario plantear una mirada transfeminista en la justicia, pero también en el mundo laboral. Respuestas de funcionarios, búsquedas, reclamos, y lo que grita la calle.

Por Inés Hayes y Melissa Zenobi
En los territorios bonaerenses de La Plata, González Catán, Berazategui, Longchamps, Mar del Plata y Lomas de Zamora. En la Ciudad de Corrientes. En Santa Rosa, La Pampa. Rosario, Santa Fe. Puerto Madryn, Chubut. Paraná, Entre Ríos. Caleta Olivia, Santa Cruz. Posadas, Misiones. Allen, Río Negro. En la Ciudad de Buenos Aires.
En todos esos lugares, y más, hubo acciones simultáneas que desde la calle pidieron la aparición urgente de Tehuel de la Torre.
Las movilizaciones -convocadas por la asamblea de Autoconvocadxs por Tehuel- fueron en las distintas sedes del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de las provincias. En Ciudad de Buenos Aires, la convocatoria fue en la sede nacional, que se encuentra en Entre Ríos 181, a pocos metros del Congreso. Con media avenida cortada, las organizaciones y quienes se acercaron reclamaron una mirada integral en la investigación y el cumplimiento de derechos para la comunidad travesti, trans y no binaries.

Dónde está
“La desaparición de Tehuel se enmarca en una situación muy difícil para nuestra comunidad, donde tenemos nuestros derechos vulnerados sistemáticamente, y un Estado que no responde a las necesidades de nuestro colectivo en relación a nuestra calidad de vida”, señaló a lavaca Benja, de la Agrupación 1969.
“Ole ole ole ola, hoy por Tehuel vamos a luchar, más presupuesto para encontrarlo ya”, se escuchó en las inmediaciones del Ministerio cuyo edificio estaba rodeado de oficiales de la Policía de la Ciudad de Buenos Aires. Allí Marina, de la agrupación Las Rojas, dijo a lavaca: “Ña búsqueda de Tehuel empezó tarde, y ahora solo hay un pedido de recompensa y vemos que el Estado no está poniendo todos los recursos para encontrarlo. Pero además la exigencia es que se lo encuentre con vida, lo cual implica un tipo de búsqueda específico y no es lo mismo que buscar un cuerpo”. Además, Marina afirmó: “Esto de ir a buscar un trabajo y desaparecer es la situación cotidiana de les trans y travestis, por la marginación del mercado formal de laburo y el riesgo que implica eso”.
En la misma línea analiza Paola García Rey, directora adjunta de Amnistía Internacional Argentina, la desaparición de Tehuel. La última semana también la organización sumó sus esfuerzos en la búsqueda. “Creemos que la sociedad civil se puede involucrar difundiendo y visibilizando la búsqueda”, explicó a lavaca la vocera de Aministía en nuestro país, quien también sostiene que la desaparición de Tehuel puso en evidencia las vulnerabilidades que viven las transmasculinidades para acceder al sistema laboral. “Esto es importante para generar consciencia sobre esta problemática y para que se produzcan cambios en la realidad; y pone de manifiesto la importancia de agilizar los esfuerzos para la implementación del Cupo Laboral Trans a partir del decreto 721/2020”. Otra de las cosas que se pone en evidencia según García Rey: la deuda de una mirada transfeminista en la justicia.

Silvia, integrante de Mumalá Mujeres de la Matria Latinoamericana, profundiza desde la calle: “Hay una demanda concreta a la justicia de erradicar las miradas sexistas y patriarcales que existen, pero también es importante esta perspectiva en la búsqueda de indicios en la investigación. A 9 años de haber sido aprobada la Ley de Identidad de Género, ésta debería ser una condición institucional para poder hacer camino, y entender los contextos que puedan contribuir a la investigación”.
La escritora y activista Marlene Wayar reclamó este domingo en la actividad de Artivismo Virtual que realizó Autoconvocadxs por Tehuel a través de la plataforma YouTube. “Queremos que Tehuel aparezca con vida, queremos que no se baje la intensidad de la búsqueda, y que se dejen de lado las lecturas estereotipadas sobre nuestros cuerpos. Tehuel es el primero de nosotres en calidad de desaparecido, siempre nos enteramos cuando los cuerpos de nuestros compañeres aparecen sin vida. Somos apariciones sin vida de cuerpos asesinados, desmembrados, quemados, violados, torturados, abandonados”.
Se trató de una iniciativa resuelta en una asamblea nacional que reunió a unas 200 personas. Además de Marlene, se sumaron más de 25 artistas de todas las disciplinas, entre quienes están la compañía de teatro 7 colores diversidad, la poeta y artista Susy Shock, las bandas Sudor Marika y Perota Chingo, y artistas independientes.
En esa acción vía streaming, Marlene señaló que hubo errores muy graves en el primer momento de la investigación por la propia falta de perspectiva de género: “Se buscó el NN de una persona femenina, luego se corrigió y se buscó un NN masculino, y eso habilita o cancela hipótesis posibles que en los primeros momentos son muy importantes”.
La búsqueda
Tehuel lleva 45 días desaparecido. Según la investigación llevada adelante por la fiscal de la Unidad Funcional Descentralizada de San Vicente, Karina Guyot, el joven de 22 años el 11 de marzo salió de su casa en la calle Buenos Aires al 500 de San Vicente y fue visto por última vez entre las 19.30 y las 21 de ese día por las calles Mansilla al 1200 o Frías al 800, en Alejandro Korn.
Según quienes lo vieron antes de desaparecer, llevaba puesta una camisa manga corta blanca, una campera amplia azul y blanca, jogging gris, una gorra con visera gris y negra y zapatillas azules.
San Vicente -donde Tehuel vive junto a su madre, su compañera y el hijo de ella- queda a 56 kilómetros de la Capital Federal y tiene 25 mil habitantes. Perón, Evita, Rodolfo Walsh, Oskar Schindler y el filósofo Alejandro Korn vivieron ahí: si bien fue una localidad pujante a mediados del siglo XX, hoy la mayoría de su población vive bajo la línea de pobreza. Tehuel sobrevivía haciendo bolas de fraile con la harina que le daba una organización del barrio y el día que desapareció fue a encontrarse con un hombre porque éste le había propuesto que trabajara de mozo por unas horas.

Por la causa siguen detenidos Luis Alberto Ramos -quien le habría ofrecido el trabajo- y Oscar Alfredo Montes, de 46, quienes fueron los últimos que lo vieron con vida. Desde la fiscalía se pidió la semana pasada la prisión preventiva de Ramos y ayer la de Montes, por una serie de pruebas que los incriminan seriamente. Ellos se negaron a declarar. “Respecto al tema de la búsqueda, preferimos no dar detalles para no entorpecer el trabajo y que en vez de ayudar, perjudique a la causa”, dice la fiscal Guyot.
Verónica, una de las 9 hermanxs de Tehuel, relató lavaca que desde que comenzaron a buscar a su hermano, se allanaron diferentes viviendas y terrenos, así como la casilla donde vivía Ramos. Allí se encontró el celular de Tehuel destruido y su campera quemada. Ninguna de estas pistas sirvió hasta ahora para encontrarlo a él; tampoco los rastrillajes que se hicieron con les vecines y la policía.
El primer detenido fue Ramos. Oscar Alfredo Montes fue el segundo, detenido por falso testimonio y encubrimiento ya que, a pesar de su versión, los investigadores sospechan que el día de la desaparición del joven estuvo también junto a él. La familia de Tehuel sostiene el pedido a vecinxs de que si alguien sabe o vio algo que lo diga: «Creo que hay mucha gente que sabe y por miedo, no habla”.

“Quiero encontrar a Tehuel”, dijo por teléfono a lavaca la fiscala del caso, Karina Guyot. ¿Qué hace para que eso suceda? “Llamativamente no tuvimos ninguna respuesta al ofrecimiento de recompensa que hicimos”, indica. Se refiere a una resolución que el Ministerio de Seguridad de la provincia de Buenos Aires dio a conocer el 12 de abril y por la que se informa que se ofrece una recompensa de entre 1.500.000 y 2.000.000 de pesos para quien pueda aportar información sobre que pasó con Tehuel.
El abogado del caso, Alejandro Valle, había adelantado en diálogo con lavaca que la familia le había pedido a Berni, ministro de Seguridad Bonaerense, ofrecer una recompensa para ver si de esa manera alguien se “animaba a hablar”. Finalmente, el documento, firmado Sergio Berni, ofrece el dinero “a quienes aporten información fehaciente que contribuya a determinar el paradero de Tehuel. El monto se otorgará de acuerdo a la naturaleza de la información que se brinde y el resultado que se logre”. Además se explica en la resolución que se garantizará la absoluta reserva de la identidad de quienes aporten datos.
La Ministra de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual de la Provincia Estela Díaz dijo a lavaca que se trata de “una estrategia más en la búsqueda”, y que se cree que “personas cercanas tienen más información de la que se dice en la causa. Ofrecer recompensa es una herramienta que puede contribuir. No se descartan hipótesis”.
Mientras tanto la pregunta se lee en bicicletas, mochilas, carteles y paredes: ¿Dónde está Tehuel?

Protesta social
Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas

Un miércoles tranquilo en la ronda de jubilados en Congreso, que despierta dudas ante la necesidad de hacer “un poco más de bochinche”. Como homenaje al Día del Jubilado (domingo pasado) hubo un puesto de hamburguesas y choripanes de la UTEP. “El hambre es desesperante” dijo una de las mujeres que servía a esa cola ampliada con gente de la calle en busca de qué comer. Historia de cómo sobrevivir a una jubilación hiper mínima (porque encima se arrastra una deuda). Los alfajores, las medias, y la salud encontrada en el gesto de movilizarse.
Por Lucas Pedulla Fotos Juan Valeiro/lavaca.org
A sus 76 años, Luis Relinque tiene que vender medias para llegar a fin de mes.
–Si no trabajo, no como.
Y para comer tiene que trabajar, aunque hace once años que está jubilado. El único día que no sale a vender por la zona de Once es el miércoles, cuando camina las diez cuadras que separan su casa –Remedios de Escalada, sur del conurbano bonaerense– de la parada del 37 que lo deja en el Congreso de la Nación.

El dato, que solo en esta Argentina pareciera naturalizarse, lo explica fácil:
–Soy jubilado de la mínima. Cobro $400.000 limpios, justos. El mismo día de cobro pago la luz, el gas, el agua y con todo lo que tengo me quedan limpios, justos, $210.000. Si no trabajara, son $7.000 por día hasta el mes siguiente. ¿Cómo hacés?
La pregunta flota mientras alrededor se dispone la movilización de cada miércoles. La Rama de Trabajadoras y Trabajadores de Espacios Públicos de la UTEP (gremio de la economía popular), llamada “Lxs Parrillerxs”, puso un puesto para regalar choripán y hamburguesas por el Día del Jubilado, que fue el domingo. Se sumó mucha gente de la calle: “El hambre es desesperante”, dice una señora mientras corta el pan. Sobre la vereda se acomodan trabajadoras y trabajadores de la ANSES, que denuncian una “sangría por goteo” en el organismo encargado de las jubilaciones y pensiones: el Gobierno abrió un plan de retiros voluntarios, el segundo del año. Un trabajador dice a lavaca: “En el anterior se fueron más de 1.000 personas. Muchos agarran porque están muy endeudados. La idea es que quede un ANSES chico, si es que queda”.

Por su parte, Luis tendría que estar cobrando un poco más: en septiembre la mínima llegó a $498.633,20, contando el bono de $70.000, congelado hace 30 meses: según el Centro de Economía Política de la Argentina (CEPA), si fuera por movilidad Luis y cinco millones de jubilados y jubiladas más tendrían que percibir un bono de $223.148. Pero Luis cobra solo $400.000 limpios porque está endeudado: hace ocho años sacó un crédito.
–Se me cayó un árbol del fondo de casa en la cabeza. Tuve derrame cerebral. También me hizo pelota la rodilla: hoy tengo una prótesis. Mirá vos, es la misma rodilla que la policía me reprimió en una marcha el año pasado: la tengo peor. Me queda este año de crédito, así que espero para fin de año terminar de pagarlo y poder cobrar un poquito más.

Por eso todos los días –salvo los miércoles– sale a vender tres pares de medias a $1.000: camina mirando a todos lados para que los “parásitos con uniforme” no le decomisen la mercadería, como viene ocurriendo en la ciudad de Buenos Aires bajo la gestión de Jorge Macri. Antes Luis vendía alfajores y podía hacerle algún regalo a su nieta de 13 años, o darse un gustito como ir al teatro. Pero los alfajores subieron tanto que ya no es negocio. Cuenta que la idea de las medias le llegó mirando la televisión.
–Veía a tanto operador político en la tele que pensé: si las medias me salen lo mismo que un chupetín, quizá la salida a esta crisis sea chupar medias, en serio te digo.
Luis habla y piensa con mucho humor, pero siempre aclara que lo dice en serio. Cuenta que fue la primera persona que puso un boliche gay en provincia de Buenos Aires – “Chelovecos, en 1974”–, que también tuvo una tanguería y que por muchos años se dedicó a cocinar en su casa para geriátricos o centros de jubilados. Como siempre trabajó por su cuenta, pudo jubilarse con una parte de aportes y otra de moratoria.

–Hoy el Gobierno la cortó, pero la moratoria ayudó mucho. Conozco gente que nunca aportó y ahora te dice: “Cristina chorra”. Bueno, entonces devolvé la jubilación o donala a un comedor.
A diferencia de lo que dijo el presidente Javier Milei tras su discurso en Naciones Unidas en Nueva York, a Luis –como argentino– no le salen dólares por las orejas. Es una de las tantas razones por las que no se pierde ningún miércoles.
–Hace unos años me quedé viudo. Me pasaron todas, pero yo le aconsejo a la gente mayor que venga a la marcha. No sólo como protesta, sino porque es bueno para uno. Es una cuestión de salud. A mí me ayudó mucho porque me olvidé de mí: me acuerdo más de la madre de Milei que de mí. En serio, te digo. Algunos jubilados me dicen: “No, mejor me voy a hacer un estudio al médico”, pero es como un coche en el mecánico: algo siempre te van a encontrar. No digo que esté mal, ojo, pero hay gente que está todo el día en la casa mirándola por televisión y pensando en sí mismo. Con hacer un cartel o pensar alguna cosita, ya la cabeza se me despeja.

La semana pasada, Luis trajo el “Desodorante Javo”, con una característica premium: “Te deja seco las 24 horas”. ¿Qué significa ese humor en la lucha de cada miércoles?
Luis es crítico:
–Yo vengo porque la jubilación me alcanza nomás para diez días. Me gustaría que hagamos un poco más de bochinche. Acá nos encerraron. Venimos y damos una ronda: no tenemos nada para festejar pero damos la vuelta olímpica como si fuéramos campeones. Luego, a casa. Hay que ir al Obelisco, a Corrientes. Acá no nos ve nadie. No estoy en contra, porque nos encontramos, pero haría un poco más de calle. Lo único que falta es que nos pongan mesas y nos hagan jugar a las damas: para eso voy a la plaza de mi barrio. En Lanús me preguntan: “¿Luis, no marchan más?”.
La marcha –la ronda a la que Luis pide más bochinche– está por empezar.
¿Qué espera?
–Mirá, el día que no pueda caminar más ni vivir a medias, me amenazo al Presidente así me vienen a buscar: ya averigué que no me sacan la jubilación, me llevan en cana, y al menos tengo una lamparita para leer algún libro y amigos que me traerán algún sanguchito de miga. Lo mismo que haría en casa lo hago allá. En serio, te digo.
¿Hay opción B?
–Que cambie el Gobierno. Eso daría un poquito de esperanza. La primera medida tendría que ser darnos un aumento. De mínima. Esta lucha que hacemos va a pasar a la historia como algo que era necesario hacer. El que no labura ni lucha, no come.
Hincha de Independiente y fanático de Manal, Luis se despide y se mete a la marcha.
Revista Mu
MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo


Ley de Tierras y después: Cambio de tema
Durante meses el gobierno logró imponer los temas, los tiempos y las preguntas. Hasta que una discusión sobre la tierra parió otra cosa. Lo que apareció detrás y después de ese debate no es –solo– una disputa jurídica ni económica, sino una pregunta más profunda sobre la soberanía, la identidad y el futuro. De César Aira a Peter Thiel, una lectura de la actualidad para crear lo que falta.
Por Claudia Acuña

Viaje a la vida en el Paraná II: En modo Costa Pobre
Los incendios y el dragado que rompen el ecosistema, los countries ocupándolo todo, el extractivismo de arena para el fracking, las privatizaciones, la contaminación masiva, la indolencia estatal: el Paraná debería ser un río de todos, pero parece un río de nadie. Navegación desde Escobar hasta las Lechiguanas, pasando por Costa Pobre, barrio popular amenazado, que simboliza mucho de esta historia. Voces e imágenes de quienes siguen defendiendo la vida del aire, el suelo, el agua y la justicia.
Por Francisco Pandolfi
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Atanor condenada por contaminación: La odisea
Más de 200 muertes en seis manzanas del Barrio Química, la contaminación probada del agua, aire y suelos, y el “daño irreversible” al Paraná en San Nicolás ratificado por la Corte Suprema bonaerense. La sanción económica es mínima para una multinacional (equivalente a dos camionetas) pero está por comenzar la causa penal a sus ejecutivos. Lo que cuentan el barrio y el abogado Fabián Maggi sobre este viaje de más de una década para que no haya impunidad.
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Agroecología en Misiones: El libro de la selva
Una cooperativa agroecológica de quince familias produce alimentos sin químicos en medio de la selva misionera y muestra cómo cultivar de un modo sano y rentable. Unión Campesina, los secretos de la tierra, la casa de las semillas, y una decisión: hacer mucho y hablar menos. El método del Fukuoka misionero. ¿Cuál es la rueda que está girando?
Por Francisco Pandolfi
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Delia Tedín, decoración, política y clases altas: Mucho gusto
Con tupido árbol genealógico y privilegios de cuna, aprendió el valor de la diversidad y la rebeldía frente a un ambiente que “olía a odio”. Eligió su propia vida como decoradora, sin perder nunca de vista el contexto social. Sus pasiones: fomentar el trabajo y la creatividad del país, y combatir la idea de que las personas tienen la culpa si les va mal en estos tiempos. Conversación sobre bombas, estupidez, poder, Nerón y el arte de mantener los ojos abiertos.
Por Sergio Ciancaglini
Fotos: Juan Valeiro

Carne de cañón: las víctimas travestis-trans de la dictadura
A 50 años del golpe de Estado, el Archivo de la Memoria Trans reunió en un libro testimonios individuales, relatos colectivos y el registro del Juicio Brigadas, el primero que toma como víctimas del terrorismo de Estado a mujeres travestis trans. El libro no habla solo de violencia, sino también del humor, la amistad, la resistencia y las formas que ellas inventaron para poder seguir vivas. Pistas sobre dónde encontrar claves para el futuro.
Por Evangelina Bucari

El libro La nueva oligarquía: Tecnopoder
¿Quién gobierna el mundo? ¿Qué transformaciones y deformaciones de la democracia se están intentando? ¿Qué pasa con la soberanía? ¿A quién hay que vigilar? Temas de La nueva oligarquía, del sociólogo argentino Ariel Goldstein y editado por Marea. Aquí, fragmentos que invitan a su lectura para bucear varios dilemas del presente.

Zoe Hochbaum: Comerse el mundo
Actriz, bailarina, escritora, productora: 27 años, una nueva película y un programa de radio. Zoe puede oscilar entre la comedia con flamenco, los monstruos literarios y la reconstrucción de los vuelos de la muerte. El homenaje al radioteatro, y el ejercicio de la amistad como salvavidas para los tiempos en los que la realidad parece querer fagocitarnos.
Por María del Carmen Varela
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Crónicas del Más Acá: Rambo al sur
por Carlos Melone
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
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