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Fábricas sin patrón. La última recuperada es una textil que fue modelo en el mundo, sorteó la crisis del 2001 y ahora fue tomada por sus trabajadores para evitar la quiebra. Pelea contra la apertura de las importaciones, pero a favor de la apertura de un nuevo mundo: el cooperativo. Por Lucas Pedulla.

Rubén Galarza tiene 54 años, lleva 21 como chofer de textil Globito, fábrica de ropa para bebés y niños, y cuenta que un día entró a la oficina del ex dueño, Martín Adamovsky, y lo vio contando los metros de un rollo de papel higiénico. El patrón decía que lo habían estafado. “Para eso tenía tiempo, pero jamás se iba a tomar 5 minutos para recorrer la fábrica y ver si había algún problema”.

¿Había problemas?

Rubén borda una serie de acontecimientos con un final de ficción:

Durante un año las 25 trabajadoras y trabajadores de Textiles Globito (Paternal, Ciudad de Buenos Aires) cobraron sus sueldos con atraso.

Pensaron y ejecutaron una línea económica para mejorar las ventas, pero tuvieron que suspenderla porque el dueño dejó de comprar la materia prima.

En noviembre de 2016 la empresa entró en convocatoria de acreedores mientras comercios, proveedores y clientes demandaban mercadería.

Durante las vacaciones los vecinos vieron al patrón llevarse máquinas y cajas.

A mediados de marzo de este año sólo habían cobrado el 30% de febrero.

El 23 de marzo se plantaron. Pronunciaron una palabra:  “Basta”.

Se quedaron en la fábrica, en el día más largo de sus vidas. Rubén: “No fue una toma, sino un pedido de hablar con él”. El dueño llamó a la policía, los trabajadores respondieron: “No salimos si no nos pagás”. Afuera iban llegando vecinos, el sindicato y algunos trabajadores que decían ser de fábricas recuperadas, sin patrón: para la gente de Globito, un mundo desconocido.

Pasaron las horas eternas, y a la 1 de la mañana aparecieron 80 mil pesos. “Era jueves. Adamovsky prometió que el lunes nos traía otros 20 mil”. Ese día los trabajadores se comprometieron a quedarse dentro de la fábrica para resguardar sus fuentes de trabajo. “Hasta el día de hoy no lo volvimos a ver: todavía nos adeuda plata”.

Los trabajadores siguen adentro de la empresa desde aquel momento.

Y se les abrió un nuevo mundo.

Rubén cuenta el final: “Hoy soy el presidente de la cooperativa”.

La PC, los ojos y los oidos

Globito es una empresa con 45 años de historia en la confección de ropa para niñas y niños. En los ´80 la fábrica llegó a contar con 100 trabajadores, 15 franquicias en todo el país y hasta obtuvo un premio de España por la excelencia de sus productos, que se exportaban a distintos países para marcas de primer nivel. Rubén: “Siempre fuimos un modelo a seguir”.

¿Qué ocurrió?

Gustavo: “En 2001 tuvimos una primera caída: negociamos hacer horas extras y venir los sábados sin cobrar con tal de sacar la empresa adelante sin que se eche a nadie. Así estuvimos un año hasta que la fábrica arrancó de nuevo, incluso con las exportaciones”.

Años después, la historia volvió a ponerlos contra las cuerdas: crisis económica, tarifazos, apertura de importaciones. Sandra: “En realidad la coyuntura fue la excusa perfecta. La debacle ya estaba sucediendo”. Gladis Simone, 53 años, 30 en la empresa, sector administración: “A mí me sacaron la PC y el acceso a proveedores siendo la jefa de tesorería, pero no pudieron sacarme los ojos ni los oídos: acá llamaban todos los días y nos preguntaban qué pasaba con los pedidos, dónde estaban nuestros locales de venta al público”.

Inés Giusti, 53 años, 33 en Globito, sector producción: “La industria textil siempre es lo primero que cae por las importaciones. Lo hemos pasado varias veces. Imaginate: estoy acá desde 1984. Vi la hiperinflación, el menemismo, el 2001. Hemos puesto el hombro y trabajado en las peores crisis del país sin echar nunca a nadie. ¿Cómo puedo entonces decirte si la importación impactó o el dueño nos estaba estafando?”.

El mundo nuevo

El 23 de marzo el mundo cooperativo los abrazó. Ricardo Galván, 31 años, 9 en Globito, sector corte: “Organizamos una marcha y pensamos que íbamos a ser cinco gatos locos”. Fueron cientos: había vecinos, el sindicato Unión Cortadores de la Indumentaria y trabajadores de distintas fábricas recuperadas. Desde entonces la solidaridad es cotidiana: les llevan comida, productos de limpieza, bebidas, yerba. Ricardo se sorprende: “Es un mundo aparte. No lo conocíamos, o en verdad, tampoco te lo dejan conocer”. Olga Ruiz Díaz, 53 años, 24 en la empresa, completa la tesis: “Es que no está bueno para los de arriba mostrar que los trabajadores podemos dar una respuesta. Uno tiene una edad para insertarse: pasando los 40 ya está, sos descarte. Pero nosotros tenemos mucho conocimiento y mucha experiencia”.

Ante el pedido de quiebra y el riesgo de quedarse en la calle, tomó forma la idea de conformar una cooperativa para mantener sus fuentes de trabajo. Sandra: “Nos empezaron a decir: ‘Se puede’. Fue muy importante, porque hasta entonces lo único que veníamos escuchando era que no podíamos hacer nada”. La cooperativa cuenta con todo el plantel de producción completo y lograron así que la justicia los habilitara para retomar el trabajo.

Saben que la construcción de ese nuevo mundo no es fácil. Sandra: “Mi marido me dice: ´Todo muy lindo, pero hay que pagar el alquiler´”. Algo parecido le pasa a Susana, 36 años, 8 en el sector ensobrado: “A mi marido tampoco le gusta mucho. Tenemos un bebé de dos años y no quiere que venga a las guardias. Es todo un tema: no me pregunta, no hablamos del asunto. Me trae y listo”.

Inés fue abuela hace un mes. “Mi hija y mi yerno están orgullosos de esta lucha. Dicen: ‘Qué lindo el día de mañana poder contarle a mi hija que la abuela luchó por todo esto’”. ¿Qué es todo esto? “La dignidad del trabajo, saber que se puede, que no nos tiramos al piso a llorar, sino que tomamos la decisión de salir adelante”.

Hijas de la época

La textil Globito es una de las 13 empresas recuperadas por sus trabajadores desde la asunción de Cambiemos en diciembre de 2015: un total de 558 familias pudieron conservar sus fuentes de trabajo. Sin embargo, el contexto económico no es sencillo. El Centro de Documentación de Empresas Recuperadas del Programa Facultad Abierta de la UBA elaboró un informe sobre el estado de la cuestión a mayo de 2016, en el que sintetiza cuáles fueron los impactos más evidentes de la política económica del macrismo:

Aumento generalizado de costos de los insumos.

Descenso abrupto del consumo.

Apertura de importaciones.

Devaluaciones que encarecieron productos importados.

Tarifazos de 600% en agua, 700% en energía eléctrica y 1300% en gas.

“El panorama que describimos en nuestro último informe se está profundizando”, dice a MU Andrés Ruggeri, antropólogo social y coordinador del Programa Facultad Abierta. “La apertura de importaciones, el tarifazo y la caída del consumo impactaron en el mercado interno y hace que los problemas ya existentes para las recuperadas se acentúen. En muchos casos ha obligado a una baja en sus retiros o a la disminución de la producción. A eso hay que sumarle la amenaza de desalojo al Bauen aún vigente, el caso AGR, el desalojo con un despliegue de 600 policías en Acoplados del Oeste: notamos actitudes que demuestran una menor tolerancia a las ocupaciones”.

Además de las recuperaciones, también hubo cuatro expropiaciones.

•A nivel nacional: Hotel Bauen.

Ciudad de Buenos Aires: La Robla.

•Provincia de Buenos Aires: Acoplados del Oeste, Néstor Kirchner y Cerraduras de Precisión.

Todas fueron vetadas, según el caso, por Mauricio Macri, Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal. .

Eduardo Vasco Murúa, referente del Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas (MNER) y de la fábrica IMPA subraya que el principal problema es la baja del consumo en un contexto de recesión. “Si a eso le sumás la devaluación que hubo en 2015 y que las empresas pequeñas como las nuestras no pueden trasladar esa diferencia a los precios, los costos nos ponen en una situación complicada”.

Ese esquema impacta de forma ineludible en las nuevas experiencias. “Una cosa era recuperar una empresa en un contexto de demanda, como en 2003, y otra en un escenario de crisis, como vivimos en 1998.Hoy se empieza a trabajar como cooperativa en un mercado cada vez más chico”.

Murúa ensaya una autocrítica. “En todos estos años no modificamos nada de las leyes. No pudimos torcer el brazo del Estado y generar políticas públicas para las recuperaciones. Incluso las que ya están recuperadas no tienen seguridad jurídica. Lo que sí hicimos bien, por lo menos, es instalar un método de lucha en la clase trabajadora: hoy todos los trabajadores saben que tienen la posibilidad de ocupar la fábrica y ponerla a producir”.

Ruggeri calcula que son muy pocas las empresas recuperadas en relación a la cantidad de unidades productivas que cerraron desde diciembre de 2015 hasta hoy. Para Murúa se debe a que muchos de los establecimientos han pagado las correspondientes indemnizaciones.

De todos modos, ambos perciben lo mismo. Ruggeri: “Hay una nueva camada. Hay una acumulación de la experiencia y una transmisión, que se ha visto últimamente en la Textil Globito, que aprovechó muy rápido las herramientas que se han ido generando en todo este tiempo. Empieza a haber la solidaridad directa entre trabajadores como la que, después de la crisis del 2001, llevó a la formación de movimientos. Esas organizaciones existen pero hay que ver hasta qué punto logran readaptarse al panorama de este nuevo gobierno, con un Estado que no quiere a las recuperadas. El escenario está difícil, pero por más que el gobierno intente lo contrario, va a haber un relanzamiento del proceso de recuperaciones”.

#NiUnaMás

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