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Interferencias. val flores, teórica y docente

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Acaba de publicar Romper el corazón del mundo: modos fugitivos de hacer teoría, libro que compila intervenciones teóricas en las que se planta en el lesbianismo para romper los límites de la academia, del feminismo, de los (nuevos) binarismos y del imaginario del activismo, frente a la institucionalización del Estado. Por Franco Ciancaglini.

Foto: Lina Etchesuri

No, no es un error: el nombre de val flores se escribe sin mayúsculas y esa es quizá la primera interferencia que produce su irrupción para quienes no la conocen. Solo la primera.

Nacida en Buenos Aires en 1973, emigró con su familia a Neuquén a sus 3 años, donde vivió y crio su activismo lésbico en tiempos en que la palabra “lesbiana” interfería en la vida social de otra manera a la cual la comprendemos hoy. Eso, en parte, es gracias a la militancia que ella misma encarnó a través de distintas experiencias.

Atravesó la dictadura siendo una niña. En medio de sus prácticas escolares, recuerda  los tiempos del conflicto con Chile: simulacros de apagón ante presuntos ataques que oscurecían a la provincia. En los 90, adolescente en la secundaria, entró en contacto con el movimiento de derechos humanos, siguiendo a Madres de Plaza de Mayo de Neuquén que, marca la diferencia, “aún hoy sostienen una postura independiente de las políticas de Estado en relación a la memoria”.

Luego creó sus propios espacios de activismo: fundó Fugitivas del Desierto, un colectivo de reflexión lésbica que devino en un grupo de acción política en el espacio público: “Pensábamos la intervención callejera desde la práctica artística. Y siempre mantuvimos mucha preocupación por la producción y circulación teórica”.

La reflexión teórica de val siempre estuvo ligada a una práctica vital de pensar su propia vida. Y la producción de textos, vinculada a pensar conceptos encarnados. Val: “Fueron años de mucha lectura de materiales de autoras feministas, queer, y a su vez nosotras producíamos”. Panfletos, volantes teóricos acompañaban las acciones callejeras, desde una condición poética-política que, dice val, “resultaba bastante opaca para la época; recién hoy se recupera”. Tal vez se refiera a que, en una muestra reciente, las acciones de Fugitivas del Desierto estuvieron presentes en el museo del Parque de la Memoria. 

Una de las intervenciones, un 8M allá por 2006, se llamó “Las obreras del placer” y reunía una serie de cajas amontonadas, con lenguas pegadas de las que salía baba: “Combinaba la idea de recuperar la condición de trabajadoras de ese día e introducir la cuestión del placer, corriéndonos del lugar victimista. La gente no entendía: ¿lenguas, baba, cajas?”. 

Hoy las performances copan las calles.

Hasta 2008, recuerda años intensos generando interferencias bajo una idea que aún la guía: “Lesbianizar el espacio público y desheterosexualizar la política”.

El aula como trinchera

El activismo de val se vinculó enseguida a la práctica pedagógica, no necesariamente sindical, pero sí caracterizada por la fuerte impronta de luchas docentes características de Neuquén. Participó de luchas emblemáticas a fines de los 90, desde el primer corte de ruta que hace un sindicato docente ante el ajuste de Sapag, recordado por el asesinato de Teresa Rodríguez en Cutral Co en el año 97. Diez años después, Fuentealba. “Muchas veces la práctica sindical está escindida de la práctica pedagógica, como si fueran cosas distintas”, dice. “Y para mí era súper importante vincularlas”. 

Estudió para ser maestra en un instituto de formación docente en Plotier, alejada de la Capital, junto “a un grupo de docentes que hacía mucho énfasis en la producción de conocimiento del docente, no como una cuestión de transmitir saberes encapsulados, sino en la preparación del contenido, en la construcción de la autoría del contenido”.  

A través de los Encuentros de Mujeres se cruzaron las inquietudes: “Me interpelaba la ausencia de las cuestiones más subjetivas vinculadas a la sexualidad y los géneros, y con otras compañeras fuimos construyendo una mirada feminista desde la práctica docente”, cuenta. Ahí fue que fundó La Revuelta, colectivo emblemático de Neuquén, del cual se marchó dos años después en pleno proceso de visibilidad lésbica: “Necesitaba otras cómplices para pensarme en ese sentido”.

Val continuó como maestra en el oeste de la provincia, zona de sectores empobrecidos, ya visiblemente lesbiana: “Las respuestas eran múltiples: podías generar una conversación a partir de encontrar complicidades en tías lesbianas, o silencio, negación y hasta violencia de parte de los padres”. 

Todo esto fue para val parte de la producción de pensamiento teórico. 

La teoría en la práctica

Su primer libro data de 2005 –Notas lesbianas, reflexiones desde la disidencia sexual-, y nunca más se detuvo, circulando por distintos ámbitos de militancia y académicos. Si muchos no la conocen tal vez no sea únicamente porque no usa redes sociales sino porque trabaja en los umbrales de la visibilidad y la invisibilidad: “Las voces legitimadas impiden escuchar otras cosas”.

La pregunta es entonces qué escuchamos, si buscamos más acá de los muros. De eso también trata Romper el corazón del mundo, su último libroque es es una aproximación a la profundidad de su escritura como pensamiento: “Muchas veces se arma la dicotomía academia-activismo, porque la academia termina siendo homologada como teoría, y es un problema porque desde el activismo abandonamos la cuestión teórica. Teoría es un pensamiento en la praxis”, define.

Romper el corazón del mundo nació a partir de una propuesta de la editorial española independiente Con Tinta Me Tienes, y fue editado en Argentina por La Libre. Reúne allí 17 textos que van del 2015 al 2020, textos que son intervenciones en distintos espacios activistas y académicos, y dos ensayos nuevos: uno a partir de la pandemia y otro, la última intervención que hizo pre cuarentena el Día de la Visibilidad Lésbica para el Congreso de estudios de género e historia de las mujeres en Mar del Plata. Ese texto habla de la masculinidad lésbica: “Siempre fue una fricción dentro del feminismo, porque la masculinidad está asociada al poder, al dominio, a la violencia como una gran totalización y se pierden  otras formas de habitar las masculinidades, que no sean en cuerpos de varones cis. Yo la masculinidad la habito en femenino, no habito el pronombre: prefiero esos chispazos en la inteligibilidad del género, me interesa esa ambigüedad y ese relato de confusión que la coherencia identitaria”.

Confusiones, incoherencias, interferencias. Val continúa el proceso de de-construcción a través de textos con una gramática académica; después de años de activismo,  cuenta, la escritura es hoy su territorio de intervención política más fuerte. “Pienso escribiendo, corriéndome de la concepción del lenguaje como un instrumento. Para mí la escritura es el campo de pensamiento, de experimentación y de creación que se va dando en el propio acontecer: no hay nada que ‘bajar’, es al ras de la escritura donde el pensamiento sucede”.

Hacer nuevos relatos, armar otros relatos de las propias prácticas: el ejercicio de val, que lejos de mostrar respuestas y salidas en tiempos de incertidumbre, profundiza con preguntas. “Me alejo de la búsqueda de certeza, de aquello que se instituye como correcto. Me interesa lo que pasa cuando más que ocupar el lugar de la respuesta correcta, tenés la posibilidad de pensar las preguntas”.

Alejada de la escuela como institución, sigue dando clases de escritura y talleres de formación, privados y para instituciones.  Un ejemplo: clase de ESI para docentes. “En vez de tomarles los contenidos, ¿qué pasa cuando las docentes hacen sus propias preguntas? Salimos del programa, de certificar si aprendieron contenido, y salen cosas mucho más interesantes”. 

En tiempos de masificación de la lucha feminista, de su institucionalización en un Ministerio, val interfiere para preguntar “cómo hacer para que la lengua del Estado no patrocine la imaginación del activismo”. Dice en la entrevista, a partir de extractos del libro: “Estamos viviendo cierta coyuntura donde la lengua del derecho ocupa fuertemente la construcción de los imaginarios críticos. Demandar al Estado te implica sostener una identidad coherente, estable, con una narrativa monolítica, y hay un problema ahí: se pierden todas las variabilidades que hay en esas identidades. Muchas lesbianas masculinas no nos consideramos ni cis ni trans. Estas categorías que han surgido para dar cuenta de opresiones de la comunidad trans, lo cual es totalmente válido, son identidades que no encajan en ese nuevo binarismo que se nos armó: lo cis y lo trans. Hace rato que no me pienso como mujer, sino como lesbiana. A su vez tampoco soy trans, por más que mi perfomance de género tenga más afinidad con los chicos trans. Para mí ahí hay variabilidades en relación a vivir el género que no entran en esas categorías: la idea es que no haya un nuevo binarismo para pensar nuestras vidas”.

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La Barby trans

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Barby Guamán, actriz, dramaturga y directora de teatro. Es la primera directora trans contratada por el Teatro Nacional Cervantes, pero a ella no le gusta alardear de eso: “Debieran ser muchas más”. Allí dirigió una obra de la serie Teoría King Kong, travistiendo el mítico texto de Virgine Despentes, interpretado por Susy Shock. El resultado, a sala llena todas las funciones. Secretos tucumanos de una india negra, pobre y sudaka que encarna otro anti-modelo sobre cómo cumplir los sueños más inesperados. Por María del Carmen Varela.

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La tecnochamana: Feminismo bastardo, el nuevo libro de María Galindo editado por lavaca

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Compartimos parte del exquisito prólogo de Paul Preciado al nuevo libro de la activista y teórica boliviana. En esta primera intervención Preciado repasa la increíble biografía de Galindo, las condiciones, formas y sitios en los cuales parió su nueva tesis: la violación a la india como génesis de la poscolonización, y no el mestizaje, para hablar del bastardismo como herencia, saber y desobediencia. Por Paul Preciado.

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FMI: La doctrina del shock

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El Senado votó favorablemente el acuerdo con el FMI, hipoteca perpetua sobre el presente y el futuro argentino. El escenario político sigue mostrando internas en un gobierno en el que grupos propios son más opositores que una oposición oficialista que, a la vez, todo lo hace pensando en limar al gobierno frente a las elecciones del año que viene; gobierno que quiere hacer lo mismo con la oposición. Una nube de pesos, mientras la sociedad es cada vez más desigual. Compartimos libremente este trabajo sobre las deudas para el último número de MU: la deuda como shock para empobrecer y controlar vidas y territorios, y todo lo pendiente que nunca se renegocia. Miradas desde lo comunitario, lo barrial, la investigación económica, lo socioambiental, lo cooperativo y lo agroecológico, para conocer los enigmas y paradigmas que están en juego.

Por Lucas Pedulla.

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La última Mu: ¿Dónde hay un mango?

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