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Gore Vidal presentado por Manuel Vázquez Montalbán

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Gore Vidal. La escritura del exiliado interior, prólogo por Manuel Vázquez Montalbán al libro Patria e imperio selección de artículos de Gore Vidal. (editados por Edhasa, Barcelona, 2001).

José María Valverde, el poeta, catedrático e historiador literario, despacha a Gore Vidal como un escritor norteamericano, más o menos perteneciente a la generación de Norman Mailer, nacido en 1925, capaz de escribir un excelente libro, Williwaw, sobre el tema de la guerra y publicarlo en 1946, a los veintiún años de edad: «…luego se ha dedicado a versátiles experimentos de personajes extraños o remotos, en novelas históricas como Juliano (1964) o de indecente verosimilitud… Myra Breckinridge (1968) sobre una transexual…». Valverde glosa la pieza teatral de Vidal Visita a un pequeño planeta, representada en 1957, en plena década de desvelamiento de autores como Miller, Tennessee Williams o Albee.

La década de los veinte se dedicó a engendrar una pléyade de literatos norteamericanos llamados a suceder la hegemonía de la llamada «generación perdida» y si Gore Vidal como autor teatral tuvo que ganarse un espacio entre autores como los citados, en novela no lo tuvo más fácil. Son sus compañeros de promoción: Mailer, Updike, Capote, Burroughs, Bellow, Carson McCullers o Salinger. En casi todos estos novelistas domina la exposición o el análisis del conflicto entre el yo y el nosotros, entre lo subjetivo y lo objetivo y el reconocimiento melancólico de la impotencia para controlar las relaciones de dependencia, sean interpersonales, sean sociales. Gore Vidal explicita su voluntad de combate contra lo que le disgusta, no lo padece, lo convierte en un arma arrojadiza. Comparte con Mailer la voluntad de diagnóstico sobre el presente de la vida y la política norteamericana y una cierta aspiración a transgredir arremetiendo contra los tópicos del canon virtual e histórico, aunque Vidal frente a Mailer aparece más convocado por el efectismo irónico provocador que por la transgresión ensimismada que trata de convocar insumisión civil.

Nacido en NuevaYork, escritor de éxito desde los veintiún años, dedicó una parte de su producción a escribir novelas policíacas con el seudónimo Edgar Box, exceso paracultural que no se hubieran atrevido a asumir otros escritores de cejas altas, como no hubieran osado presentarse como candidatos demócratas al Congreso en 1960. Gore Vidal lo hizo, consiguió 70.000 votos más que el futuro presidente Kennedy, y utilizó la experiencia para escribir una farsa teatral, The best man (1963), y algún ensayo recogido en sus compilaciones continuadas. El análisis del poder y sus excesos constituye una de las materias primas de este escritor, así como la defensa de la homosexualidad, a veces en directo, otras mediante la satirización de la cultura reproductiva y la moral de las apariencias: City and the Pillar (1948) o Myra Breckinridge (1968) o el libro Pink Triangle and Yellow Star and Other Essays (1982).

A pesar de esta militancia por la homosexualidad, el imaginario de Gore Vidal que se tiene en todo el mercado literario universal está muy condicionado por Raquel Welch. La presentada como sex symbol femenino máximo después de la muerte de Marylin Monroe fue la intérprete de la versión cinematográfica de Myra Breckinrídge y un factor importante para conseguir transmitir a millones de espectadores de todo el mundo la propuesta ambigua de la novela y el nombre de su autor. Su literatura va por un camino diferente de la calificada como comprometida y podría connotarse como literatura de intervención, condicionada por las provocaciones directas del desorden de las conductas, disfrazado de orden por el establishment, aunque a veces el autor recurra a la fabulación de personajes históricos, pero siempre con la voluntad de llamar la atención sobre algo que le provoca y le obsesiona en la contemporaneidad. Esta escritura de intervención es un valor obvio ya añadido a la propuesta literaria, y tal vez por eso Vidal padece la maldición de lo pretextual, es decir, ser leído desde una información previa sobre la finalidad denunciatoria o concienciadora de su escritura. Si esta característica de Vidal se percibe en sus novelas o en sus piezas teatrales, son casi consustanciales a sus ensayos que, desde Rocking the boat (1962) hasta compilaciones publicadas treinta años después, nos lo revelan como un formidable expositor de agravios y de crítica a la sociedad norteamericana, crítica ejercida hasta el punto de su larga residencia en Italia, a la manera de los exiliados morales de la generación perdida y que ha provocado que muchas veces los periodistas norteamericanos le hayan preguntado: «¿Cómo puede usted decir cosas tan terribles de Estados Unidos viviendo en Italia?» Vidal suele responder que paga sus impuestos en Estados Unidos y que el cincuenta por ciento de lo que gana contribuye, por ejemplo, a pagarle el sueldo al general Brown del Pentágono, estadista y militar, así como celoso estudiante del panfleto antijudío El protocolo de los sabios de Sión.

Estamos en presencia de Patria e Imperio, selección de siete ensayos políticos a cargo de Eduardo Iriarte Goñi, que alcanza escrituras de Vidal hasta de 1994 y por lo tanto un balance suficiente de sus obsesiones y su estrategia expositora: El estado de la Unión, 1975, El estado de la Unión, 1980, La segunda revolución americana, El día en que el imperio americano se quedó sin gasolina, El Estado para la Seguridad Nacional, Patriotismo, La unión del Estado. En cada uno de estos ensayos hay ideas fuerza dominantes y en todos ellos queda implícita o explícita la obsesión dominante en Gore Vidal: la crítica de la democracia norteamericana y el papel de Estados Unidos en el mundo, sea según la tónica de los McKinley y Theodore Roosevelt a fines del siglo XIX, sea según el espíritu de Guerra Fría contra la URSS que iniciara un presidente en teoría tan anodino como Harry Truman. Si se lee el primer ensayo propuesto, El estado de la Unión, 1975, se toma contacto con el estilo de Vidal desde siempre y para siempre. Recoge sus experiencias como conferenciante por diferentes lugares de Estados Unidos predicando contra el doble orden establecido, la doble verdad y la doble moral: «…cerca del ochenta por ciento de la actividad policial en Estados Unidos tiene que ver con la regulación de nuestra moral privada. Con eso me refiero a controlar lo que bebemos, comemos, fumamos y nos metemos en vena: por no hablar de regular con quién y cómo mantenemos relaciones sexuales, con quién y cómo nos acostamos. De resultas de ello nuestra policía se encuentra entre las más corruptas del mundo occidental». Provocador donde los haya, pero moviendo con solvencia la brida del sentido del humor, Vidal es capaz de proponer la liquidación de la brigada antivicio, legalizar el juego, también las drogas siempre que se vendan previa receta médica y a precio de coste, revisar la política imperial que empezó con la anexión virtual de Cuba y la factual de Filipinas: «El pueblo filipino no quería que lo gobernáramos, de modo que matamos a tres millones de filipinos, el mayor acto de genocidio hasta Hitler». Al tiempo que Gore Vidal nos explica cómo se bombardea a un público adicto o no, revela sus trucos y en ocasiones sus angustias de profeta. Por ejemplo, cuando en una conferencia está cuestionando el derecho social a tener muchos hijos, introduce la reflexión: «Recurro al truco barato de sacar a colación a la señora Burton para mitigar la tensión que se está creando. La mayor parte del público cree en el derecho a tener cuantos hijos le parezca y que limitar la población por ley resulta una imposición terrible…», apenas un breve descanso para dejar al público K.O. al decirles que probablemente el fascismo sólo aparece como una palabra sin sentido para cualquier norteamericano, pero el concepto real, añade, está presente en Estados Unidos y con su intento de dominación mundial está frenando o usurpando libertades reales en todo el mundo.

Si de la lectura del primer trabajo ofrecido se pueden extraer las constantes de Vidal, más interesante me parece, en éste y en los demás ensayos, el inteligente juego que establece entre lo que afirma y cómo
razona o relativiza lo que afirma en función de lo que considera que haya podido metabolizar la conciencia de sus receptores. Es como si estuviera construyendo un discurso sin dar concesiones, pero teniendo en cuenta, sobre la marcha, el feedback que supone en el sujeto cocreador, el público. Vidal ensaya sus trucos y nos explica la eficacia de la compensación mediante alivios retóricos como la ironía y la búsqueda de la complicidad in situ con el receptor. Vayámonos del primer trabajo antologado al último, que se titula precisamente La unión del Estado, puesto que el autor explica que si ha escrito con tanta abundancia sobre el estado de la Unión, es legítimo que ahora lo haga sobre la unión del Estado, proposición que podría llevarnos a la perplejidad tras comprobar el radicalismo crítico antiestatalista, entre el anarquismo y Jefferson, que connota la ideología de Vidal. No. Gore no se ha vuelto estatalista, al contrario, ofrece como una posible solución a los problemas de Estados Unidos la descapitalización de Washington y dispersar los centros de poder para acercarlo a la ciudadanía. Llega a proponer la supresión del impuesto sobre la renta y de Washington como capital federal, y transmitir la responsabilidad de cómo administrar lo recaudado desde las regiones autónomas. El título del artículo se convierte en un bumerán, porque Vidal descalifica la posibilidad de esa Unión de Estado que sólo se ha conseguido, históricamente, mediante la fuerza, desde el principio de que el Estado es quien tiene el monopolio de la violencia.

En este último artículo de la antología, Vidal reseña que los tres candidatos a la presidencia de Estados Unidos en las elecciones de 1992, Clinton, Bush y Perot, han utilizado ideas suyas sobre el Estado y sobre la necesidad de relativizar el papel centrípeto de Washington. Algún candidato así lo ha reconocido y el autor lo administra en parte para dudar de la eficacia de sus ideas cuando son utilizadas como retórica para alcanzar el poder. Vidal se agarra al clavo ardiendo de la descentralización, utilizando a Jefferson como su profeta particular y entregándose a la esperanza de que «alguna vez veremos algo parecido a una democracia en nuestra sección de Norteamérica; tradicionalmente siempre hemos sido una república gobernada de arriba abajo por el dinero, pero, al menos, dentro de las regiones habrá más diversidad de la que hay en la actualidad y, sobre todo, el pueblo tendrá por fin la sensación de que ya no es víctima de un gobierno lejano, sino que tanto él como sus impuestos están por fin en casa». De la obsesión del dinero como factótum de poder operante de arriba abajo pasaríamos a la del dinero como posible factótum de libertad operante de abajo arriba. ¿Se pueden hacer experimentos con cosas tan serias como el dinero, sobre todo dentro de una sociedad construida según las pautas del capitalismo punta? Tal vez estas visiones un tanto desterradas de Gore Vidal traduzcan una vez más la tensión regeneracionista de los escritores norteamericanos que pasaron del exilio interior al exterior, ya que desde Henry James, la mejor literatura norteamericana buscó en el exilio exterior la resolución a los problemas creados por el exilio interior, y la diáspora fue una de las características de excelentes escritores posteriores, se llamaran Eliot, Hemingway o Kerouac. No es Vidal un crítico sistemático de Estados Unidos como podría serlo un marxista o un fascista, y es la suya una mirada a la vez ilustrada y regeneracionista. ¿Cómo puede usted criticar tan duramente Estados Unidos si vive en Italia? suelen preguntarle los periodistas más patrióticos, sin atender al hecho de que vivir en Italia es como habitar en una de las provincias más singulares del mismo imperio y que en el punto de vista distanciador de Vidal influye tanto la nostalgia de la pureza constitucional del origen de Estados Unidos, de ahí sus frecuentes citas de Jefferson, como la rebeldía de un personaje singular que exige el derecho a vivir su diferencia.

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Perú: racismo, criminalización y disciplinamiento como trasfondo de más de 60 muertes

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Lavaca habló con dirigentes sociales y campesinas, que analizan la represión desatada tras la crisis institucional que dejó al menos 60 muertos, miles de heridos y centenares de detenidos, con imágenes de tanques entrando a la universidad pública incluidas. El rol del Congreso, la figura de Dina Boluarte, la raíz histórica, racista y clasista de la derecha peruana. La ligazón con la agenda extractivista con la desestabilización actual que busca criminalizar y disciplinar a las voces de comunidades y organizaciones sociales que denuncian la situación como «dictadura cívico-militar».  

Dina Boluarte tiene más muertos en Perú por la violencia institucional, que días de gestión.

Según la Defensoría del Pueblo de Perú al momento son al menos 56 los muertos por la represión, miles de heridos, y centenares de detenidos. Organizaciones sociales reportan, por su parte, más de 60 muertes. Todo ocurrió en menos de cincuenta días: desde que la vice Dina Boluarte asumió el Ejecutivo el 7 de diciembre de 2022, cuando fue detenido el entonces presidente Pedro Castillo. 

Mientras tanto las calles siguen siendo un escenario de marchas y repudios contínuos: solamente el martes 24 de enero la Defensoría del Pueblo registró 85 cortes de rutas nacionales, además de movilizaciones y bloqueos en 39 vías provinciales. 

¿Cómo interpretar lo que está ocurriendo?

Melania Canales es dirigenta social de la región de Ayacucho; diez de los muertos pertenecen a esa localidad. Además, es ex presidenta de la Organización Nacional de Mujeres Indígenas Andinas y Amazónicas del Perú. Sintetiza así para lavaca los reclamos sociales de los cuales además fue protagonista: 

  • “Uno de los principales reclamos es que haya un referéndum para la Asamblea constituyente; existe hoy una Constitución de 1993, hecha por el dictador Fujimori, que ha privatizado todo en Perú: luz, agua, carreteras, pistas, empresas mineras. Esa es la Constitución que le da todo el poder al empresariado, es la peor Constitución de América Latina, el empresariado se lleva sus ganancias y no paga nada”.
  • ”Esta Constitución ha permitido que la salud y la educación sean un negocio. Prácticamente nos despoja de nuestros territorios colectivos de los pueblos y mujeres indígenas, y no nos permite la participación del pueblo organizado en espacios de poder de decisión. También nos criminaliza. Por eso exigimos referéndum y buscamos una nueva Constitución”.
  • “Pedimos también la renuncia de la traidora y asesina Dina Boluarte. Y la renuncia de la mesa directiva del Congreso”. 
  • “Y exigimos paz. Una paz con justicia. Eso exigimos en el Perú”. 

La Universidad atacada

A la cadena de violencia desde el gobierno se sumó la última semana la brutal represión en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) que incluyó el ingreso de 400 policías junto a fuerzas especiales con tanques que derribaron las puertas, disparos y gases lacrimógenos, y donde más de 205 estudiantes fueron detenidos.

Natali Durand es docente de antropología en la Universidad. Dos estudiantes de su clase fueron detenidos, y ella describe: “Ha sido un atropello a la autonomía de la Universidad. Los estudiantes habían abierto las puertas para alojar a las personas que estaban llegando de distintas regiones para marchar”. 

Desde todo el país llegaban delegaciones a lo que se denominó la Nueva Marcha de los Cuatro Suyos, y la Universidad funcionaba como alojamiento y espacio de encuentro y logística. Pero cuando entró la policía, explica Natali “quedaban pocos manifestantes, eran más los alumnos que se encontraban dentro de la Universidad, algunos en la toma, otros en la residencia universitaria, eso es muy preocupante porque entraron a la residencia universitaria”. Desde entonces parte de los docentes y estudiantes piden la destitución de la actual rectora Jeri Ramón. 

El Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) condenó la represión y expresó que “la entrada de la policía a la sede universitaria es una violación flagrante de la autonomía”. Además rechazó la “decisión del gobierno de recurrir a la violencia para enfrentar la crisis en el país”. Y remató: “La actitud del gobierno del Perú se coloca al margen del respeto a los Derechos Humanos”.

La traición de Dina

¿Dónde se encuentra la semilla del actual conflicto?

Responde Natalí Durand: “Para entender la semilla de esto podríamos irnos hasta 200 años atrás, pero creo que ahorita lo más grave ha sido la descomposición política que tuvimos desde 2016 cuando el partido de la señora Keiko Fujimori (hija del ex dictador) ganó la mayoría absoluta en el Congreso. Desde 2016 lo que se generó fue un desbalance de poder a favor del Ejecutivo”.

Sin embargo (o tal vez por eso mismo) el profesor y político Pedro Castillo, con el partido Perú Libre, ganó las elecciones en segunda vuelta a la misma Fujimori, y gobernó desde el 28 de julio de 2021 hasta la declaración de su “permanente incapacidad moral” por parte del Congerso, el 7 de diciembre de 2022. Castillo fue docente de escuela primaria, presidente del Comité de Lucha del Sindicato Único de Trabajadores de la Educación del Perú (SUTEP) y encabezó la huelga docente de 2017.

El 7 de diciembre de 2022 Castillo fue detenido y destituido luego de 16 meses de gobierno. Horas antes había anunciado el cierre temporal del Congreso, pero ante esto sus propios ministros comenzaron a renunciar y a calificar la situación como un autogolpe. Con las fuerzas armadas y la policía en contra, el Congreso trató, una vez más, la moción de vacancia contra el entonces presidente bajo la acusación de “incapacidad moral”. Castillo fue detenido y destituido; juró entonces quien era su vicepresidenta, Dina Boluarte quien, entre otras cosas, tenía en el propio Congreso denuncias por presunta infracción constitucional que fueron rápidamente archivadas. 

Dice Natalí Durand: “Si bien es legítima sucesora, se había dicho que iba a renunciar y pedir elecciones. A su asunción la gente la asume como una traición. A su vez, en la derecha no la ven como parte: en el momento en que no le sirva más la van a soltar. Ahora ella les sirve porque el presidente del Congreso no puede ejercer funciones de presidente, tiene que llamar a elecciones en un periodo de 3 a 9 meses como máximo. Ella no quiere renunciar porque sabe que, si renuncia, la van a dejar sola y le espera un proceso judicial fuertísimo”. 

La actual presidenta no tiene bancada propia en el Congreso ni un partido que la apoye.

La pregunta entonces es quién tiene el poder hoy en Perú.

La voz desde las calles

Melania Canale, dirigenta social de la región de Ayacucho, remarca que la situación actual puso luz sobre el “racismo y el clasismo en nuestro país”. Sigue: “Perú ha sido el centro del colonialismo: cuando se creó la república peruana hace 200 años se hizo con los descendientes de los españoles, los ‘mistis’ y los criollos, y los pueblos indígenas y afro estuvimos ausentes. Entonces lo que vino fue una dominación de una clase media alta privilegiada. Hay una desigualdad grande, que se ha agudizado, los derechos se convirtieron en negocios, como la educación, la salud, y la participación política”. 

Melania define a Pedro Castillo como el primer “marrón” (por el color de su piel) que llegó a la presidencia. Y define: “Hemos sentido que al marrón no lo aguantaban”. A la actual presidenta la llama “la usurpadora”. Dice: “En estos momentos, aunque ella ganó junto a Castillo, representa a la derecha. El Congreso ha sido un obstáculo que a Pedro Castillo no lo dejó gobernar, siempre estaba ahí promoviendo su vacancia. Dina tenía una denuncia, pero la archivaron en el Congreso. Realmente esto se veía venir. Acá, la derecha política del Perú es una derecha arrastrada, que siempre se entrega por completo a la oligarquía” 

¿Tiene relación el problema con las agendas extractivistas? 

Está muy ligado. Hace poco una funcionaria de Estados Unidos ha dicho que en Sudamérica están el agua dulce, los minerales, el litio. Aquí están paralizadas varias mineras por los reclamos de las comunidades. Hay también contaminación de los ríos, de la tierra, mucha gente con metales pesados en la sangre, y además estos empresarios no dejan nada…

¿A qué atribuís la actual represión? 

Es una caza de brujas. En Ayacucho hay 8 detenidos dirigentes y dirigentas de organizaciones, los han llevado hasta Lima, acusados de terroristas. No somos asesinos, no somos terroristas. Están buscando descabezar a las organizaciones, meter miedo, criminalizar y perseguirnos, inventando fantasmas. No hay libertad en este país: por eso decimos que estamos viviendo una dictadura cívico militar. 

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Las cosas que hay que hacer para trabajar – Capítulo 1

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La nueva serie documental de lavaca: El mundo de la autogestión en Argentina a través de ocho capítulos sobre experiencias recientes de diferentes cooperativas que lograron recuperar empresas vaciadas o quebradas por las patronales. Dirigida por Patricio Escobar, autor de La crisis causó 2 nuevas muertes.

Dos mil personas que integran empresas recuperadas de toda la Argentina se reúnen en un acto histórico en la Aceitera La Matanza. ¿Qué buscan? Impulsar el proyecto de Ley de Recuperación de Unidades Productivas que facilite que cooperativas de trabajo pongan en marcha empresas quebradas o vaciadas por las patronales. El movimiento lleva 20 años sin ley, pero ha recuperado no sólo trabajo sino también dignidad y vida, con 400 fábricas en el país que dan trabajo en total a más de 14 mil obreras y obreros. Su lema: Ocupar, resistir y producir.

Las cosas que hay que hacer para trabajar Dirección: Patricio Escobar.
Producción integral de Cooperativa de Trabajo Lavaca: Claudia Acuña, Sergio Ciancaglini, Anabella Arrascaeta, Lina Etchesuri, Sebastian Smok, María del Carmen Varela, Franco Ciancagini, Lucas Pedulla.
Fotografía: Lina Etchesuri y Sebastian Smok. Cámara: Patricio Escobar, Guillermo Guevara, Sebastian Smok.
Música: Guido Donato y Tomás Lobov.
Edición: Damián Finvarb.

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Cuatro años de in-justicia por el femicidio de Carla Soggiu       

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En la Plaza de la Memoria de Pompeya, junto a vecinos, vecinas, otras familias víctimas de femicidios y organismos de derechos humanos del barrio, se recordó este domingo a Carla Soggiu frente al mural que hizo el barrio, a cuatro años del femicidio. Estuvo presente Alfredo Soggiu (foto) el padre de Carla. Sin culpables por el crimen, y sin siquiera un fiscal que lleve adelante la causa, la familia se transformó en querellante e impulsa que se investigue la responsabilidad de Diego Santilli, por entonces Ministro de Seguridad porteño, por la falla en el sistema del botón antipánico que debía protegerla. El ex marido de Carla fue acusado por violación, pero el crimen sigue impune. La idea sobre quién cuida a lxs vecinxs.  

El acto en la Plaza de la Memoria de Pompeya (fotos: Ailín Soria)

“A pesar de que pasaron cuatro años cada día siento más injusta su partida, que le hayan quitado la vida. Tanto su pareja, como el gobierno de la Ciudad, como la justicia, todos la mataron un poco a mi hija”. 

Alfredo, papá de Carla Soggiu, está parado en la Plaza de la Memoria del barrio porteño de Pompeya, a cuadras de donde su hija murió. Desde ahí habla. Frente a él vecinos y vecinas que escuchan; a su lado, familiares de otras víctimas de femicidios; y en su espalda, el mural desde donde su hija mira al barrio junto a letras negras que dicen: verdad y justicia. 

Ni botón ni GPS

El 15 de enero de 2019, cuatro años atrás, Carla Soggiu pidió ayuda 5 veces apretando el botón antipánico que tenía después de haber denunciado a su pareja. Pese a que el sistema contaba con ubicación GPS, la empresa no pudo ubicarla. Carla estuvo desaparecida hasta que un barrendero encontró su cuerpo en el riachuelo. Según la autopsia, murió por “asfixia mecánica por sumersión”. 

Ella tenía un botón antipánico porque días antes, el 26 de diciembre de 2018, su ex pareja, Sergio Nicolás Fuentes, la secuestró, violó y golpeó brutalmente, con su hija menor como testigo. Carla tenía hidrocefalia, los golpes destrozaron la válvula. Cuando logró huir lo denunció ante la la Oficina de Violencia Doméstica, y le dieron el botón antipánico que días después no la protegió.  

Con el Poder Judicial en contra

Sergio Nicolás Fuentes fue condenado por la violación a seis años de prisión, pero la causa por el femicidio fue archivada, cuando la familia se enteró ya había pasado un año.

Pidieron entonces que la justicia porteña investigue por qué no funcionó el botón antipánico: el fiscal de primera instancia archivó el pedido.

Apelaron, el fiscal de Cámara también lo archivó.

Fue cuando alegaron que la Ley de Víctimas autoriza que se abra la investigación sin asistencia de un fiscal, y así lograron que se los acepte como querellantes.

En ese punto están ahora, sin fiscal el impulso de la causa depende de la familia. El objetivo es que se investigue la responsabilidad de Diego Santilli, por entonces Ministro de Seguridad porteño, por la falla en el sistema del botón antipánico que debía proteger a Carla.  

Dice Alfredo, papá de Carla: “Después de tanto tiempo de lucha, con el acompañamiento de un montón de gente incondicional, recién logramos meter una causa contra uno de los asesinos de mi hija. Más que nunca necesitamos el acompañamiento de todos, que nos ayuden a caminar. Por mis nietos, por mi señora, también por mí. Lo necesito, que me acompañen”. 

A su lado están Susana y Daniel, padres de Cecilia Basaldúa, víctima también de un femicidio y de un Poder Judicial que intenta garantizar impunidad en lugar de justicia. Susana explica: “Las familias sentimos mucha impotencia, esto no tiene que pasar más. Tenemos que luchar y acompañarnos porque es lo que nos hace fuertes”. Susana se detiene para nombrar a Roxana, mamá de Carla Soggiu que no está presente, se quedó cuidando a sus dos nietos, hijes de Carla, que hoy tienen 6 y 8 años. Sigue: “Nuestras hijas no pueden volver a la vida pero queremos que descansen en paz, y lo van a hacer cuando haya justicia”. 

Daniel (en el centro), y Susana, rodean a Alfredo, el padre de Carla Soggiu. (Fotos: Ailín Soria).

Vecinos cuidándose

Vecinos y vecinas del barrio forman un semicírculo para escuchar. Entre ellos están presentes los integrantes del Instituto de la Memoria de Pompeya, responsables de cuidar y crear la Plaza de la Memoria donde ocurre este ritual de abrazo hacia la familia. Además del de Carla hay murales dedicados a Ezequiel Demonty (el joven asesinado por la Policía en el Riachuelo), por la Noche de los Lápices, por Hebe de Bonafini, entre otros.

“La lucha se sostiene con amor, con alegría y con memoria”, dice Alberto, integrante del espacio, y cuenta que fue en 2006 cuando se propusieron visibilizar a les desaparecides del barrio, crearon la plaza, y empezaron a marchar juntos.

Pronto se dieron cuenta de cómo aparece la violencia institucional y estatal hoy, dice: “A veces reflota en estas formas: femicidios, travesticidios, desaparición de jóvenes en situación de calle. Los únicos que nos cuidamos somos los vecinos a los vecinos”. 

Luego, la foto de Carla se levanta alto y se grita presente, con su sonrisa y su mirada desde la pared.

Fotos: Ailín Soria.
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