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Qué pasa en la Villa 31: Del desastre estatal a la organización barrial

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Crónica de otro sábado de pandemia en la Villa 31, tras las medidas oficiales que aseguraron «priorizar» a los barrios populares. El testimonio de una joven que volvió del aislamiento tras dar negativo al Covid, en una familia con tres casos positivos. En qué estado están las instalaciones del gobierno porteño. El aumento de la demanda de comida. La asociación entre empresarios y la iglesia para desembarcar en el barrio. Cómo se acomoda la solidaridad con referentes barriales confinados. Y por qué lo único que contiene y salva a las y los vecinos es la organización social.

Foto: Nacho Yuchark

Desde arriba se oyen dos voces que, contentas, gritan: “¡Eh, Javi! ¡Hola!”. Son Laura y su tía cruzando la pasarela que las devuelve a la Villa 31, después de pasar dos días en el Hotel Ibis de Congreso. Ambas van cargadas de bolsas de plástico con ropa y, si bien llevan los respectivos barbijos, la sonrisa se les nota en sus ojos achinados: “Volver a casa”, titula la más grande de ellas, acaso aliviada tras estar aislada bajo sospecha de tener coronavirus, con una diabetes y otras enfermedades encima.

Van pasando la canchita de fútbol –un deporte que ha vuelto a practicarse en Alemania y en la 31- y saludan a un hombre que vende pollos en el baúl de su auto. “No cambió nada esto”, dicen medio en broma medio en serio, ya que tampoco se fueron hace tanto. “No podemos malagradecer cómo nos trataron – dice Laura sobre los días de hotel- pero ya necesitábamos estar acá”.

Después de doblar algunos pasillos se adivina el por qué: varios metros antes de su casa sus ahijados, nietos e hijos salen a recibirlas.

Y entonces los abrazos ya dejan de esperar.

Laura, una de las vecinas de la 31 que volvió al barrio tras el aislamiento: el test le dio negativo, pero su novio tiene Covid.

Falsos positivos

Después de dos días de espera tras el hisopado, Laura y su tía dieron negativo de coronavirus. Por eso vuelven. Según definen, están “desconcertadas”: el novio de Laura tiene el virus y, entre el estudio de él y la certeza del positivo, compartieron besos y mates en esta casa donde viven dos familias juntas: 8 adultos, 5 chicos. “Yo ya no entiendo nada”, dice Laura sobre esa distancia entre lo que se dice y lo que le pasó a ella. Ya no busca explicaciones, sino tranquilidad.

Es la segunda vez que parte de la familia estuvo en aislamiento solo durante mayo. Antes, a su prima –hija de la tía que acaba de volver- y a su ex pareja, confirmados de Covid, les tocó estar 21 días en una clínica.

Ahora es el novio de Laura, que pese a no tener síntomas se hizo el test presionado por la empresa de seguridad donde trabaja: positivo.A diferencia de aquella primera ocasión familiar, esta vez el Gobierno de la Ciudad las hizo esperar el resultado del hisopado a Laura y su tía en el Hotel Ibis: negativos, pese a los besos y los mates compartidos.

Laura: “Nosotros esperábamos que sea negativo el resultado de él, porque no tenía ningún síntoma. Encima, nos enteramos después de cinco días. Mientras, estuvo acá todo el tiempo, fue a trabajar, tomamos mate… ¡Hasta este martes tomamos mate!”, repite incrédula.

Una vez confirmado el positivo, el novio se acercó a la sala de salud del barrio y fue derivado a un hotel. Laura asegura que su novio está bien, sin síntomas, aunque aburrido del encierro y preocupado por el trabajo. La diferencia: “Para mí no fue tan dramático (el aislamiento) porque tengo mi grupo de contención. Gente de (la organización social) El Hormiguero me contuvo, mi profesora, mis compañeras, mis amigas. Pero él recién se está incorporando al barrio: es más duro para él por no tener compañeros”.

Parte de las donaciones acopiadas en un local de la organización El Hormiguero en Congreso, antes de viajar para la 31 y otros barrios populares.
Foto: Nacho Yuchark

Laura cursa en el profesorado Dora Acosta que El Hormiguero mantiene dentro de la 31. Y gracias a algunas lecciones que aprendió dentro y fuera del aula, asegura: “Te voy a ser sincera: las organizaciones sociales son las que están conteniendo. La Secretaría (de Salud porteña) me dijo que iba a traer artículos de limpieza: jamás trajeron. Trajeron sí una caja de comida para dos personas, aunque sabían que éramos ocho acá. Yo tengo la suerte de tener contención, pero también pienso: hay gente que no tiene esto. ¿Cómo hace? Nosotros tenemos la ventaja de tener agua. ¿Y las personas que no tienen? ¿Y si no tenés trabajo? Está muy difícil la situación del barrio y si vamos a depender del gobierno, te morís adentro, como le pasó a mucha gente”.

Ahora que volviste, ¿cómo te imaginás los días que se vienen?

Se vienen días difíciles, más difíciles de los que ya pasamos. Por la economía, porque hay gente que no se cuida… ¿Cuántos casos habrá en dos semanas? Va a llegar un momento en que no den abasto: ese es mi miedo.

“Hasta que no te toca, no creés”, dirá Laura acaso sin saber aún si a ella le tocó o le espera algo peor, antes de subir una escalera espiralada para desensillar sus cosas en su cuarto-casa, siempre custodiada por dos gatos que también parecen haberla extrañado mucho.

Foto: Nacho Yuchark

¿Quiénes gobiernan?

En el fondo de la 31 –hacia el Norte- no se ven tantos agentes del gobierno –algunos vecinos los denominan por sus trajes “los astronautas”, en una metáfora que reviste varias interpretaciones- como sí en la zona lindera a la estación de Retiro. “Es porque allá está la Secretaría (de Salud porteña)”, explican. La otra razón es que ésta es -aún- la parte con menos contagios.

Acaso una síntesis entre esta sub división del barrio es el “arco de desinfección” instalado en una de las tantas entradas que tiene la 31, como si fuera la única entrada. Según promocionaron desde el Gobierno porteño, la estructura tiene la misión de desinfectar autos, pero aún no funciona. Su escenografía habla por sí misma:

Foto: Nacho Yuchark

Según se anunció en los medios – pero escasamente en el barrio- se sumarán otros dos arcos iguales en otros accesos y una serie de cámaras térmicas para detectar la temperatura corporal de las personas. Todo es parte de un operativo de desinfección y “búsqueda activa de febriles”: según datos difundidos el viernes por la mañana por el ministro de Salud porteño, Fernán Quirós, se hicieron 2.085 hisopados y 1.249 dieron positivos. Aun no se confirmó el número total, pero teniendo en cuenta este dato y estimando los anteriores, se debe suponer que los habitantes de la 31 hoy superan los 2 mil casos, sobre un total de 60 mil habitantes.

Una vez “detectados” el procedimiento para los sospechosos y/o contagiados sigue en uno de los búnkers que instaló el Gobierno de la Ciudad cercano al barrio, en donde paradójicamente funcionaba la “Terminal de Cruceros”. Allí dos guardias parecen tener órdenes de eyectar a “la prensa” y, mientras lo único que se ve hacia adentro son postas de salud detrás de un edificio vidriado, llega otro micro escolar que se sigue usando para trasladar a los pacientes de la villa.

El micro escolar donde trasladan vecinxs del barrio. Foto: Nacho Yuchark

Hoy el gobierno porteño, intimidado por el juez Darío Reynoso, presentó el protocolo sanitario para aplicar en los barrios populares de la Ciudad. El juez lo intimó a hacerlo luego de dictaminar que no existía tal cosa. Intentaron demorar la presentación, pero el juez disuadió la demora con un argumento motivador: el plazo era hoy a las 11 o deberían pagar una multa de 30 mil pesos diarios por cada día de retardo, que deberían abonar los titulares de las carteras de Salud, Desarrollo y Hábitat, Espacio Público e Higiene Urbana. “Las circunstancias que se plantean en este proceso revisten importancia, gravedad y urgencia, en tanto se trata de la protección de los derechos y garantías de las personas que conforman un colectivo vulnerable en el marco de la emergencia sanitaria por COVID-19”, argumentó.

Esta mañana el protocolo fue entregado a la justicia.

El otro centro sanitario que el gobierno porteño planea abrir, en el lugar preferido del Pro: Costa Salguero. Foto: Nacho Yuchark

A algunos metros, por esa misma vía olvidada de la Capital que bordea el Puerto de Buenos Aires y sus conteiners hoy varados, está el otro puesto sanitario que el gobierno porteño instaló en su lugar fetiche: Costa Salguero, histórico bunker electoral de Cambiemos. Sus guardias aseguran que “con este día” ( quizá porque es sábado, quizá porque hace frío) no hay nadie para conversar ni mostrar las instalaciones, que abrieron para la prensa el miércoles pasado. “Vino hasta la CNN”, comenta el guardia sobre la inauguración mediática de esas instalaciones que los vecines de la 31 aún no registran con precisión.

De ollas y CEO´s

En el barrio se nota que lo urgente hoy, más allá o más acá del virus, es la comida. Las viandas que llegan hoy sábado son principalmente producto de donaciones y se reparten a través de las organizaciones sociales o de las distintas iglesias, que a hacen a su vez puente con las empresas. Un ejemplo: las cajas con el sello de la campaña “Seamos Uno”, eslogan estampado en cada cartón que reparte la parroquia Cristo Obrero.

Postal de la 31, frente a la sede de la parroquia Cristo Obrero donde se dona mercadería.
Foto: Nacho Yuchark

Seamos Uno se autodefine como “un grupo de personas, entidades y organizaciones religiosas, sociales y empresarias argentinas” que aspiran a “cubrir 4 millones de argentinos con el armado de un millón de cajas con productos alimenticios y de higiene”. Según relatan sus voceros, la idea nació “en un chat entre un empresario y un sacerdote” y creció hasta involucrar “directamente a más de 30 CEOs –muchos competidores entre sí– a las iglesias, a las organizaciones de la sociedad civil, a los referentes barriales y al Estado, todos coordinados y sin una sola reunión física”. En su web llevan los logos de quienes participan, incluyendo bancos como Itaú, empresas líderes como Mercado Libre, y medios como Clarín.

Otro ejemplo: la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Tierra (UTT, organización que agremia a unas 15 mil familias productoras de alimentos) entregó esta semana mil bolsones de verduras a vecinos y vecinas de Villa Azul, el barrio que linda entre los municipios de Quilmes y Avellaneda, al sur del conurbano bonaerense, y que desde esta semana se encuentra aislado ante un brote de más de 200 contagios de Covid 19.

La organización La Poderosa, por su parte, lanzó una campaña con artistas y referentes sociales que logró una recepción de 6.000 viandas calientes para lxs 5000 vecinos y vecinas de esa misma villa, mientras siguen exigiendo justicia tras la muerte de su compañera de la 31, Ramona Medina.

Entrega de 5.000 viandas calientes con carne, fruta y agua mineral. Foto: Gentileza La Poderosa.

Entre muchas otras, este tipo de acciones dejan otras huellas del trabajo que los movimientos y las organizaciones sociales están desarrollando en los territorios, visibilizando la dimensión política y económica que implica el mecanismo solidario: otros sistemas de producción, comercialización y de consumo, sustentados con una organización que nace desde los propios barrios.

No estampan logos en las cajas de comida.

Ni se parecen a favores o licencias disfrazadas de ayudas.

Construcción social

El barrio parece en silencio, pero no para. Dentro de cada escuela, comedor o casa se teje una estrategia de sobrevivencia que implica cocinar, cuidar, contener, ayudar, pensar y actuar, todo al mismo tiempo: “A veces tenemos miedo, pero enseguida lo sacudirnos, porque el miedo paraliza”, asegura Sandra, una de los motores de las distintas redes que confluyen en el jardín Sueños Bajitos, hoy convertido en centro de donaciones.

Otro ejemplo: hoy son pañales producidos por una donación autogestionada por la cooperadora del jardín de infantes Florencio Escardó y la escuela Leopoldo Lugones –que lavaca ayudó a coordinar- y viandas que facilitó la organización El Hormiguero, de la que Sandra es parte. La sala amarilla está convertida en un depósito de donaciones; Sandra señala las que son del gobierno, y las que llegaron vía organizaciones y personas: los montículos solidarios triplican a los estatales. No es solo una cuestión de cantidad, aunque también.

Sandra explica que cada vez más gente necesita donaciones ya que, por ejemplo, muchos comedores reciben del Estado mercadería para preparar comida solo para quienes estaban registrados antes de la pandemia. Ahora, con el trabajo parado, esa necesidad aumentó y, ante la demora de respuesta estatal, surgieron las respuestas sociales: “Acá repartimos unas 150 viandas para madres y padres de la escuela”, comenta, acaso como un hormiguero que se replica en cada manzana y que va cubriendo, poco a poco, la demanda que desborda y que estas últimas semanas sumó otro problema: muchas de las encargadas de cocinar y atender comedores y merenderos o están infectadas o están aisladas a la espera del resultado del hisopado, ya que estuvieron en “contacto estrecho” con algún infectado, algo muy probable dado el puesto que ocupan en esa trinchera.

El resultado es que faltan manos para hacer llegar las viandas y bolsones a quienes están encerrados en sus casas y la única forma de reunir hambre con alimento es acercarse al comedor, hacer cola y llevar la comida para toda la familia, e incluso, vecinos que no pueden moverse. Se sacrifica el contagiado menos dañado – en la jerga pandémica podría llamárselo “asintomático”- por el resto.

Sandra, vecina de la 31 e intergante de El Hormiguero. Foto: Nacho Yuchark

En otro comedor se encuentra Elbita, revolviendo un guiso de verduras al que luego le echará varios paquetes de fideos y que calcula que alcanzará para 170 personas, igual que la polenta con albóndigas del sábado pasado. Son las 15 y calcula que estará listo a las 19, para la cena.

La escena se repite en cada pasillo, se repite en cada manzana.

El barrio parece en silencio, pero no para.

No puede parar.

Otra de las actividades que no se detiene pese al encierro y, hasta es motivada por eso, es la construcción. “Sirve para calmar las ansias de los chicos”, asegura Laura, sobre dos niñes de 5 y 7 años que están acarreando ladrillos, de su casa a la de enfrente. “La familia se agrandó”, explica la madre de los acarreadores y de Taiana, una niña que no se despega de su abuela, que acaba de llegar del aislamiento.

Esos ladrillos serán parte de la pared del cuarto de esos mismos niños.

“Acá la construcción es colectiva o no es”, sintetiza Laura.

En cualquier otro contexto podría parecer una frase hecha.

Acá, este sábado y en la villa 31, es literal.

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Informe de Periodistas Argentinas, en el Día de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer: más de la mitad fue víctima

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En el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, la colectiva Periodistas Argentinas dio a conocer los resultados de la encuesta Equidad en Medios de Comunicación realizada este año.

Lo que permiten ver las 213 respuestas recibidas es el altísimo nivel de violencia simbólica y concreta que las periodistas vienen soportando históricamente en el ejercicio de la profesión.

El dato es alarmante: El 54,5% sufrió violencia en su ámbito laboral, mientras que un 9,9% dijo no estar segura.

Fuente: Periodistas Argentinas

Desde la colectiva entonces se brindó la posibilidad a quienes sufrieron violencia o no estaban seguras de sí la situación podía definirse como de violencia, a contar su experiencia.

“Las siguientes son algunas de las respuestas textuales expresadas por las periodistas que participaron de la Encuesta Equidad en Medios de Comunicación, realizada por Periodistas Argentinas entre agosto y septiembre de 2021”, expresaron en un comunicado y detallaron:

Periodistas Argentinas impulsó activamente la Ley de Equidad en Medios de Comunicación como una herramienta eficaz en pos de la erradicación de las violencias. La ley fue aprobada la madrugada del 10 de junio, bajo una enorme presión de empresas periodísticas que buscaban trabarla.

En la encuesta un apartado de preguntas es sobre la normativa. El 64,8% dijo conocer los principales puntos de la ley. Entre los principales derechos que la ley garantiza se identifican como prioritarios: la equiparación salarial, equidad en espacios de decisión y poder, y protocolos para prevenir y contener la violencia de género en el ámbito laboral.

A la luz de los resultados hoy presentados, queda clara la urgencia de que se haya convertido en Ley para construir un ejercicio del periodismo libre de violencias.

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#NiUnaMás

A la calle por Lucía y por todas: movilización ante el Senado bonaerense para el Nunca Más de los femicidios impunes

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Este martes 23 de noviembre, desde las 11 horas, la familia de Lucía Pérez, la Campaña Nacional Somos Lucía, organizaciones sociales y sindicatos se movilizarán ante el Senado Bonaerense en La Plata y en todo el país para exigir la condena a los jueces que dejaron impune el femicidio de la joven marplatense y, a la luz de ese caso, reclamar el fin de la impunidad para los femicidios, medidas concretas para evitarlos y una reforma judicial que incorpore la perspectiva de las víctimas. Lo que se juzga y lo que se juega, la previa a una movilización que pretende dar vuelta la historia, y lo que dice la familia y las mujeres que acompañarán desde distintas organizaciones: «Si hay una reforma posible va a ser con nosotras, las mujeres organizadas”.

“Hoy te recordamos, nos acordamos de vos como todos los días. Con esa sensación en el pecho, sabiendo que hoy en día nos falta una más. Una compañera que hoy no está a nuestro lado. Nos la arrebataron como el viento arranca las hojas de los árboles. Pero vos creaste raíces y con tu lucha llegó la primavera. Sos esa pequeña llama que encendió un movimiento enorme que hoy en día lleva tu nombre en sus banderas. Marta y Guillermo llevan la voz de tu memoria y atrás de ellos acompañamos. En silencio o con un grito que surge del fondo de nuestra alma. Tu nombre nos acompaña y nosotras acompañamos tu nombre. Lucía Pérez seguís presente en todas nosotras. Hoy y siempre, te recordamos”

La poesía le llega a Marta, mamá de Lucía Pérez, mientras corta y pega carteles con la cara de su hija y la palabra justicia en letras negras. Se lee también: “5 años de impunidad”. Guillermo, papá de Lucía, hace el mate. Están en La Plata, donde esperan el comienzo del el juicio político a los jueces que pretendieron dejar impune el femicidio de su hija.

La poesía les llega desde Mar del Plata. Se las mandan chicas que van ahora al colegio donde iba Lucía, lo cual representa el primer cambio. Pero la poesía la escribió Anni Kapitanchuk, una joven de otro colegio también marplatense. Marta se emociona: “Son semillas que van creciendo y que aunque algunos no quieran estas luchas continúan. Por más que se quiera tapar el sol con las manos, el sol se va a correr, y se va a ver. No nos van a parar: esto va a salir”, asegura en la previa del 23 de noviembre, día en que convocan a movilizarse frente al Senado bonaerense para hacer presión sobre el tribunal que deberá juzgar a los jueces por el fallo misógino de Lucía Pérez.

Lo que se juega es si el jury va a archivo, o avanza.

Por eso, lo que se juega en esa jornada es, de nuevo, la posibilidad de un cambio para siempre y para todas.

La diferencia es la calle.

La previa

Entonces: este martes 23 de noviembre se define si comienza el juicio político a los jueces que pretendieron dejar impune el femicidio de Lucía Pérez. En el Senado Bonaerense, a las 11 horas, los jueces Juan Facundo Gómez Urso y Pablo Viñas comenzarán a ser juzgados por “negligencia, incumplimiento del cargo y parcialidad manifiesta”. El juez Aldo Carnevale logró evadir el proceso porque fue beneficiado por el gobierno de María Eugenia Vidal con la jubilación anticipada.

Fueron esos tres jueces, quienes conformaban el Tribunal Oral Criminal n° 1 de Mar del Plata, los que absolvieron a Matías Farías, Juan Pablo Offidiani y Alejandro Maciel del abuso sexual seguido de femicidio de Lucía Pérez, una joven de 16 años.

Fue la familia de Lucía, y una red de organizaciones que la acompañan, quienes denunciaron el accionar de los magistrados, las fallas en la investigación, la misoginia de las interpretaciones y la revictmización durante el proceso, y logró no solo que ese fallo se cayera sino que los jueces que lo firmaron tengan que dar explicaciones.

La audiencia se seguirá desde la calle porque no es pública. Adentro, el Jurado de Enjuiciamiento presidido por la doctora Hilda Kogan, vicepresidenta de la Suprema Corte de Justicia de la provincia de Buenos Aires, se pronunciará respecto de la acusación que fue hecha por el procurador bonaerense, la Comisión Bicameral, el defensor del pueblo y la familia de Lucía. Si la admiten tendrán que suspender a los jueces y fijar fecha para que inicie el juicio.

La convocatoria a acompañar la audiencia está llamada a las 9 horas, en la calle 7 entre 51 y 53, en La Plata. De 11 a 12 horas se convoca a un paro y a una Jornada Nacional de Lucha por Lucía Pérez. Hasta allí llegarán familias sobrevivientes de femicidios de distintos puntos de la provincia –desde Mar del Plata sale una combi con familiares-, y organizaciones sociales, sindicales y territoriales. Desde todo el país además se acompañarán las acciones en redes con el #SomosLucía.

“Este fin de semana para algunos es largo, para nosotros es de trabajo”, dice a lavaca Marta mientras prepara carteles, convoca y contesta mensajes. “Es importante la calle y hacer todo lo que estamos haciendo, y más, porque lo que se decide es si el jury progresa o se termina ahí”.

El juicio político, o jury, tiene como finalidad juzgar conductas de magistrados a los que se les atribuye incumplimientos graves en sus funciones y que puede derivar en la destitución.

Explica Marta: “El jury es político pero a ellos se los está juzgando por la sentencia. En este caso lo que se va a juzgar es la sentencia que ellos dieron, porque ellos son jueces, y más allá de que tengan una mirada que podemos estar o no de acuerdo, tienen que tener una mirada jurídica. No la tuvieron, y encima el agravante de que Lucía era menor. Eso tiene que ser un peso para este jurado: estamos hablando de una mujer y de una menor”.

Guillermo, papá de Lucía, suma: “Hemos luchado mucho por esto y quiero que las cosas salgan bien. A estos tipos los tenemos que sacar, no pueden estar haciendo el desastre que están haciendo. Hasta el 23 estarán en Tribunales: espero que el 24 ya no”.

La familia de Lucía analiza lo que significa este proceso en Mar del Plata, donde los magistrados ocupan cargos de poder y decisión. “Va a ser un antes y un después”, no duda Marta. “Va a ser un cambio en la justicia. Están mirando. Por ejemplo la destitución del juez de Tucumán (Juan Francisco Pisa), están mirando eso también. Nos ha costado 3 años este jury, y que todo salga bien es a favor de la calle, de toda la sociedad, es para quienes menos tienen y para quienes más necesitan tener justicia. Pero tenemos que redoblar la apuesta, hasta que la justicia exista”.

Lo que se juzga

La abogada Cristina Montserrat Hendrickse, acompaña a la familia de Lucía Pérez en el pedido de destitución de los jueces. Explica: “lo que se está juzgando es la conducta de los jueces en tanto que no aplicaron la perspectiva de género que se integra en los tratados de Derechos Humanos incorporaron a la Constitución. Y también su falta de imparcialidad, han sido parciales”.

¿Por qué se los acusa de esto?

En eso ha sido coincidente la Cámara de Casación Penal en su decisión que fue confirmada por la Suprema Corte de la Provincia de Buenos Aires en tanto entendieron que ellos decidieron con prejuicios de género, con estereotipos prejuiciosos respecto de la buena víctima, juzgando a la víctima y no juzgando los hechos que fueron traídos a su conocimiento. Aquí su parcialidad estuvo afectada por estos prejuicios. Entonces se los juzga por no aplicar el derecho, y por haber sido parciales.

¿Qué significa un proceso así para el Poder Judicial?

De admitirse las acusaciones y seguir el proceso sería una señal muy sana para el Poder Judicial. Se le estaría diciendo a todos los jueces que la aplicación de la perspectiva de género contemplada en los tratados de Derechos Humanos, en la Convención para eliminar todas las formas de violencia contra la mujer, y en tratados como la Convención de Belém do Pará, es el derecho que tienen que aplicar, no pueden apartarse de la ley a su gusto. Y si sus convicciones chocan contra las leyes que tienen que aplicar, entonces se tienen que apartar.

Es por abajo

“No estamos más dispuestas a aceptar que la justicia no solo nos abandone y no nos cuide, sino que encima falle en contra nuestra”, dice a lavaca Clarisa Gambera, Directora del Departamento de Género y Diversidad ATE Nacional, organización sindical que convoca a parar y movilizar en el inicio del jury. “Es muy importante estar en la calle. Llegamos hasta acá con esta articulación enorme de pedido de justicia que desde un primer momento pudo poner toda la fuerza en la calle para pedir justicia. Y en ese sentido esto es un paso enorme hacia la reforma judicial feminista, un paso que tiene que ver con la experiencia concreta de tener fuerza en la calle y organizada para lograr aquello que enunciamos. Si hay una reforma posible va a ser con nosotras, las mujeres organizadas”.

Otro de los gremios que se suma a la convocatoria es el de trabajadores y trabajadoras del subte. “Entendemos que representa un momento histórico, finalmente un poco de reparación después de una enorme cadena de violencias e impunidad es llevadas a cabo por parte de la justicia patriarcal. Y se hace realidad por la resistencia colectiva”, explica Karina Nicoletta, Secretaria de Género Asociación Gremial de Trabajadorxs del Subte y el Premetro.

Desde la CTA-A convocan a movilizar a La Plata y en otros puntos del país a sumarse de 11 a 12 horas al paro en cada lugar de trabajo, con la foto de Lucía. ¿Por qué? Responde Silvia León, secretaria de género de la Central: “Porque es un logro inmenso que la familia de Lucía con todo el movimiento feminista hemos logrado: llevar al jury a estos dos jueces que dejaron impunes y libres a los femicidas. Para nosotras como Central de trabajadores y trabajadoras es una inmensa jornada. También frente al 25 de noviembre estamos planteando que haya una reforma democrática y feminista que ponga freno a la situación de violencia que seguimos sufriendo las mujeres y diversidades”.

Debora Bertone es Secretaria de Género de la Asociación Judicial Bonaerense, sindicato que nuclea a las trabajadoras y trabajadores judiciales de la provincia de Buenos Aires, y desde donde convocan también a parar y acompañar la audiencia. “Es muy importante esta jornada porque venimos dando esta pelea, como trabajadoras, desde adentro del poder judicial”. Por eso para ellas la convocatoria es una manera más de decirle basta a la cadena de injusticias. Agrega: “Creemos además que las conquista y derechos se ganan en la calle, por eso ahí estaremos”.

A la calle se suma también CICOP, un gremio que representa a les profesionales de la salud de la Provincia de Buenos Aires. Valeria Bonetto, Secretaria de Género del gremio, sintetiza así el por qué: “Estos jueces fueron inoperantes y misóginos. Convocamos porque exigimos una justicia con perspectiva de género y de derechos humanos. No queremos más jueces que dejen impunes a femicidas”.

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Lucas González, el crack fusilado

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Lucas González, de 17 años, fue asesinado por la Policía de la Ciudad tras recibir varios disparos el miércoles por parte de tres efectivos de civil. Ayer, mientras el joven futbolista del Club Barracas luchaba por su vida, la fuerza de seguridad porteña celebraba su quinto aniversario de creación con diferentes actos: cinco años de violencia institucional impune. Quién era Lucas, y qué representa la violencia policial exacerbada contra los jóvenes que se juegan la vida.

Por Facundo Lo Duca. Fotos de Sergio Pisani y Agustina Salinas

Cobertura colaborativa junto a revista cítrica

Toca la pelota cortita, al ras de la cancha, y corre. Lucas González, de 17 años, sabe que en el medio no puede quedarse quieto. El despliegue es importante. Puede dormir la pelota con la suela derecha, aunque le llegue repiqueteando o aguantar la estocada del rival en la línea con el cuerpo tenso, pero saber moverse puede marcarle una diferencia. Entonces avanza: su remera roja y blanca del Club Barracas Central se ondula, el arco contrario se agranda. Avanzar. Como si no importara todo lo demás. Así jugaba y vivía Lucas González.

El miércoles por la mañana, tras terminar su entrenamiento en la sexta división del Club Barracas Central, Lucas y otros tres futbolistas regresaban a sus hogares en un mismo auto. Cuando pasaron por un kiosco, frenaron a comprar un jugo. De pronto, un coche con tres personas se detuvo a su lado. Eran policías metropolitanos de civil ─identificados luego como Juan José Nieva, Fabián Andrés López y Gabriel Alejandro Isass─, quienes les exigieron que se detengan, apuntándoles con un arma. Ante el miedo, los jóvenes aceleraron. Los efectivos respondieron a la fuga con disparos. Uno de ellos impactó directo en la cabeza de Lucas, quien fue trasladado al Hospital General de Agudos Dr. José María Penna. Los otros tres adolescentes fueron detenidos sin ninguna razón y pasaron la noche en un centro de menores. Lucas murió ayer. El mismo día que la Policía de la Ciudad celebró cinco años de su creación con diferentes actos.

“Era un jugadorazo y muy buena persona”, dice Hugo Barras, compañero de equipo de Lucas desde la comisaria vecinal 4D de Barracas. Familiares y amigos del joven se acercaron hasta acá el mismo día de su muerte para reclamar justicia con un mensaje unisonó: basta de gatillo fácil.

David Menéndez, que lleva una bandera de reclamo contra la violencia institucional, también compartió cancha y vestuario con González en el Club Barracas: “Era muy alegre y un buen compañero. Como jugador, un crack. Se comía el medio”, cuenta. Cuando el miércoles por la tarde se enteró lo que le había ocurrido a Lucas a través de las noticias, en donde lo apuntaban como un presunto ladrón que escapó de la Policía, se quedó helado. “Fue muy feo escuchar todo eso de él. Somos pibes que entrenamos y jugamos al fútbol. Nada más. No puede ser que se digan esas cosas. Me duele mucho”, dice.

Los padres y madres de compañeros de equipo del joven también se acercaron a la comisaría. “Pienso que es una más de las tantas muertes de gatillo fácil que sucedieron durante el macrismo y de Larreta ahora. Lucas era un divino, buen compañero, con sentido del humor y solidario”, cuenta Mariel.

“Tenía buen despliegue en la cancha. Buen pie. Todos lo querían. Se sacrificaba mucho por jugar. Viajaba bastante para entrenar y era un pibe muy sano”, dice Sergio, fotógrafo y padre de Camilo, también jugador de la sexta del conjunto de Barracas. “Estamos muy tristes por este asesinato, producto del gatillo fácil y la impunidad. Fue a sangre fría. En ese lugar que hay cámaras, de pronto ahora no las hay o no funcionan. La policía de la ciudad es fascista. Hoy había efectivos por todo el barrio: militarizaron Barracas”.

Juan José Nieva, Fabián Andrés López y Gabriel Alejandro Isass, policías de la Ciudad.

Durante la mañana del jueves, mientras Lucas agonizaba en el Hospital El Cruce, la Policía porteña festejaba su quinto aniversario de creación. Guillermo Madero, director del Comité de Seguridad del Futbol en la ciudad, encabezó un acto en una comisaría donde confesó “orgullo” por esta fuerza de seguridad. A la noche, incluso, había una gala en el Colón para honrar a su labor en Capital.

Los tres efectivos que asesinaron a Lucas formaban parte de la brigada de investigaciones de la Comisaría Vecinal 4D de Barracas, cuyos integrantes patrullan la ciudad vestidos con ropa de civil y en automóviles sin identificación.

En sus declaraciones, apuntaron a los futbolistas como presuntos ladrones que intentaron agredirlos. En las últimas horas, están siendo investigados y fueron pasados a disposición por el ministro de seguridad porteño, Marcelo D´Alessandro.

Entre enero de 2017 y diciembre de 2020, el CELS registró 98 personas muertas a manos de agentes de la Policía de la Ciudad y al menos 23 casos entrarían dentro de la clasificación de casos de gatillo fácil. Cabe resaltar, entre sus víctimas, la desaparición de Arshak Karhanyan joven perteneciente a esa misma fuerza y que fue visto por última vez en 2019, tras conversar con otro agente. Actualmente hay varios efectivos implicados en ese caso, cumpliendo funciones con total normalidad.

¿Feliz aniversario?

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