Nota
Soy sirena: una obra para infancias libres

La actriz y perfomer Sofía Dieguez presenta en MU Trinchera Boutique Magenta. Una sirena más allá del mar. Será el viernes 5 de febrero a las 17 y 18 horas, en nuestra sala teatral, en Riobamba 143. La obra, que está escrita por la propia actriz y tendrá música de Lucas Iriarte, parte de la historia de La Sirenita para hablarle directamente a las infancias: “El mensaje que me gustaría dar es que no está mal sentirse diferente, quiero que las infancias se sientan libres, que no sientan tristeza, ni miedo, que disfruten de ese momento de la vida que es único, que no se va a repetir”. En esta entrevista, la autora habla con lavaca sobre el significado de la Magenta, las Postas Sanitarias Culturales, el abrazo de Susy Shock y Marlene Wayar, y las transformaciones que cambian al mundo.

Una caminata de una cuadra -desde su casa hasta el espacio cultural MU Trinchera Boutique- hizo la actriz y performer Sofía Dieguez una vez por semana durante más de tres meses para escuchar las canciones, poesías y pensamientos luminosos compartidos por la artista Susy Shock tras la vidriera de Riobamba 143 en el marco de las Postas Sanitarias Culturales. Iniciado en cuarentena estricta, el evento semanal se propuso acudir al arte como herramienta, ofrenda y conjuro para sanar juntes y con la calle como punto de encuentro. En uno de esos viernes, Sofía prestó atención a la vidriera donde Susy cantaba, sonreía y colocaba sus manos al finalizar cada canción para establecer contacto –más allá de la mirada- con la persona a quien le dedicaba el tema. La estructura vidriada le recordó a una pecera y el link mental fue inmediato. Apareció la imagen de la Sirenita, la historia que la cautivó cuando a los tres años vio la película por primera vez. Imaginó una obra de teatro, una adaptación, y la escribió. Le contó la idea a Susy Shock.
“Sofi, lo podés escribir vos. Inventá tu propia sirena”, le sugirió.
“Ella confió en mi y en una noche escribí las canciones, la historia, los personajes y ahí nació Magenta, una sirena más allá del mar”, dice hoy. De espíritu rebelde, con la decisión de enfrentar los prejuicios y ser fiel a sí misma y a sus deseos, Magenta es la versión de Sofía sobre el personaje creado por el escritor danés Hans Christian Andersen en el siglo XIX y llevado al cine por la industria cinematográfica norteamericana en 1989. Una historia de trasformación, de identidad, de elecciones, de renunciamientos, de cómo pensar el propio cuerpo y de ver el mundo de distinta manera de acuerdo a donde se apoyen los pies –o la cola de pez- se trate del relato original o de la versión con final feliz de Disney.
¿Por qué “La Sirenita”? “Para mí la película es muy significativa. Desde que la vi me sentí identificada con esa historia, con no pertenecer al mundo, sin saber mucho a los tres años, después entendí de grande la historia original de La Sirenita de Andersen. Las mujeres trans somos como sirenas que damos el paso a ser mujeres y en ese paso, muchas pierden a la familia, amigues, el lugar donde viven y metafóricamente también la voz, socialmente, hoy quizás no tanto pero es lo que pasaba y es lo que pasa en la historia de La Sirenita. Y el mensaje que me gustaría dar es que no está mal sentirse diferente, quiero que las infancias se sientan libres, que no sientan tristeza, ni miedo, que disfruten de ese momento de la vida que es único, que no se va a repetir y que nadie les diga que no pueden jugar con algo porque es rosa, porque es azul, porque es de nena, de nene. Los juguetes son juguetes, los colores son colores y ellos tienen que disfrutar de ese momento de su vida”.

Una vez escrita la obra –que dura 30 minutos- y el valioso aporte musical de Lucas Iriarte, cuenta Sofía que su “trava madrina” -una de las formas en que le gusta referirse a Susy- le presentó al actor Giancarlo Scrocco quien se encargó de la confección de los títeres que van a encarnar a los personajes amigues de Magenta: Shockito, el pez arcoriris y Momo, el caballito de mar. También Susy la conectó con su flamante productora “Que otros sean lo normal”, allí conoció a la actriz y cantante Pauli Garnier quien junto a Marlene, también sumaron su apoyo. Lautaro Matute prestó su estudio de grabación para que Susy grabe la voz del personaje de la abuela de la sirena Magenta y Nito Carelli ofició como coach vocal y es el alma de los títeres.
“La obra es un regalo para ese niño que fui, para Ivancito, ese nene que amaba a la Sirenita”, cuenta Sofía. “Hoy yo soy mi mayor logro y estoy segura de que si Ivancito viera hoy la mujer en que me convertí diría: yo quiero ser como ella. Mi presente es mi mayor logro y esto es un regalo para ese niño que no entendía que le pasaba”. Sofía muestra una foto de Ivancito, mirando a cámara y abrazando una muñeca, que no es cualquiera, sino la muñeca de La Sirenita y junto a ella, también sostiene al príncipe del cuento, del cual la Princesa del Mar se enamora. “Ese nene que en esta foto abraza la muñeca de su hermana bien fuerte para sentir por un instante que era suya, así que la obra es para ese nenito que sigue caminando al lado mío”.
Mientras soñaba con ser una Spice Girl, una pop star, a los 13 años comenzó a tomar clases de teatro en la Municipalidad de Lanús. Primero estudió actuación, luego comedia musical, ballet y dos años en el Teatro Colón. A los 16 tuvo un papel en el musical “El fantasma de Canterville” de Pepe Cibrián. Luego visitó varias ciudades del mundo haciendo obras de teatro infantiles. En 2017 participó de la serie “Un gallo para Esculapio” y luego la llamaron para “El Marginal II”. Al poco tiempo llegó la novela de Telefé “Pequeña Victoria”, protagonizada por la actriz trans Mariana Genesio Peña, donde Sofía era una de las habitantes de “Casa Diana” -en homenaje a la activista trans Diana Sacayán asesinada en 2015- y en cuyas paredes podía leerse la frase de Susy Shock: “¿Qué soy? ¿Importa? Soy arte”.
Sofía: “Yo no estaba muy involucrada, no conocía mucho de la militancia trans porque las veces que estuve en grupos se iban a lo partidario y no me sentía cómoda. A través de ´Pequeña Victoria´ conocí a Marlene Wayar y me pareció una persona amorosa, super inteligente, respetuosa con el pensamiento de la otra. Ahí también escuché nombrar a Susy Shock y me puse a investigar quién era. Leí entrevistas y escuché su poema ´Reivindico mi derecho a ser un monstruo´ que es maravilloso y empecé a enamorarme de su poesía, de su inteligencia, su manera de ver la vida, pero no la conocí personalmente hasta cuando comenzó la cuarentena. Fui a las postas y empezó una amistad que parece de siempre. Hoy mi referente es Susy. Habla desde el amor, al igual que Marlene. Con Susy tengo una conexión maternal, yo le digo que es mi mamá trava”.
Sofía tiene 34 años y vive sola desde hace diez. “Hice mi transición grande, a los 25 años. Soy una privilegiada, de las que nunca les faltó el amor de la familia, les amigues y fui abrazada por mis padres, siempre acompañándome, pese a que por ahí en algún momento alguno de los dos no supo entenderlo, pero jamás dejaron de estar a mi lado y eso es fundamental para cualquier ser humano, el amor, la compañía, la comprensión y sobre todo la educación para después poder salir al mundo y tener las herramientas. Hay gente que no pertenece al colectivo LGTBIQ+ y no tiene mucha idea, entonces hay que educar, enseñar, explicar que las cosas no son solo blanco y negro, que hay muchos colores, que hay mujeres trans, otras prefieren llamarse travestis, no todas las personas pensamos de igual manera”.
Suele ir a la plaza a tomar mate mientras repasa libretos y también ensaya con ansias de que llegue el estreno de “Magenta”. Durante los primeros meses de cuarentena estuvo muy angustiada y luego fue revirtiendo la sensación con meditación, se volcó al vegetarianismo, disfruta de la naturaleza y se unió a un grupo que brinda comida a personas en situación de calle. “Fue un año terrible, pero aprendí y crecí. Está bueno salir de la cloaca con olor a rosas”.
A fines del año pasado se realizó un casting para interpretar a Susy Shock en el musical “Crianzas” que tiene fecha de estreno para mayo en un teatro porteño. Sofía se ilusionó con ese rol y se presentó. Al tiempo le dieron la mejor noticia: el papel de Susy era suyo. “Sentí una felicidad enorme cuando me enteré, para mí es un orgullo poder interpretar a Susy en el escenario y contar la historia de una tía trava y de su sobrino y la mirada del mundo hacia ellos dos”. La obra está dirigida por la actriz y directora Valeria Grossi y la música es del compositor y director musical Carlos Gianni, quien hizo la música de las obras del reconocido actor y creador de espectáculos infantiles, Hugo Midón.

“Crianzas” comenzó siendo un podcast semanal de tres minutos y 28 episodios en el que la “tia trava” Susy relataba sus vivencias junto a su sobrino Uriel. El micro radial proponía romper las distancias entre adultes y niñes, crecer en la diversidad y se actualizaba los miércoles en la web de lavaca. “Acá les habla la Susy, seguro que me conocen de verme volver tarde por el barrio, alguna que otra risita me habrán regalado estando en barra pero sos de las y los que me dicen ´buen día, señora´ cuando voy a la mañana a comprar el pan. Soy la tía de Uriel, que vive justo enfrente del centro comunitario, y aunque tenemos nuevas leyes que me permiten tener el documento y llevar el nombre que siento para mí, todavía la ley no puede hacer mucho para que dejen de cargarlo a mi sobrino con su ´tío que se disfraza de mujer´. No vengo a retarte, vengo a que me conozcas. ¿Y sabés por qué? Porque hay un amanecer asomando y estaría bueno que no te lo pierdas, que no nos lo perdamos. Te dejo un beso o un abrazo de tía trava”, decía Susy en el primer episodio, en marzo de 2014. Luego “Crianzas” tomó la forma de libro de la mano de la cooperativa Muchas Nueces, con ilustraciones de Anahí Bazán Jara –hija de Susy, ilustradora y excelente tatuadora- y prólogo de la activista trans Marlene Wayar y la periodista Claudia Acuña. Y pronto, llegará al escenario en formato musical protagonizada por Sofía y dos infancias que se irán turnando en las funciones.
Confiada en que “Magenta” sea una caricia para les niñes, Sofía aguarda la primera fecha –de dos funciones- con la calma digna de las sirenas retratadas por Andersen, recostadas sobre los arrecifes de coral a la luz de la luna observando los barcos que pasan, solidarias y dispuestas a sacrificar sus largas y hermosas cabelleras para ayudar a su hermana, la Sirenita que apostó a su propia transformación y, conociendo todos los secretos del mar, se atrevió a cambiar su mundo.
Si querés asistir a la obra, escribinos a mutrinchera@gmail.com
Protesta social
Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas

Un miércoles tranquilo en la ronda de jubilados en Congreso, que despierta dudas ante la necesidad de hacer “un poco más de bochinche”. Como homenaje al Día del Jubilado (domingo pasado) hubo un puesto de hamburguesas y choripanes de la UTEP. “El hambre es desesperante” dijo una de las mujeres que servía a esa cola ampliada con gente de la calle en busca de qué comer. Historia de cómo sobrevivir a una jubilación hiper mínima (porque encima se arrastra una deuda). Los alfajores, las medias, y la salud encontrada en el gesto de movilizarse.
Por Lucas Pedulla Fotos Juan Valeiro/lavaca.org
A sus 76 años, Luis Relinque tiene que vender medias para llegar a fin de mes.
–Si no trabajo, no como.
Y para comer tiene que trabajar, aunque hace once años que está jubilado. El único día que no sale a vender por la zona de Once es el miércoles, cuando camina las diez cuadras que separan su casa –Remedios de Escalada, sur del conurbano bonaerense– de la parada del 37 que lo deja en el Congreso de la Nación.

El dato, que solo en esta Argentina pareciera naturalizarse, lo explica fácil:
–Soy jubilado de la mínima. Cobro $400.000 limpios, justos. El mismo día de cobro pago la luz, el gas, el agua y con todo lo que tengo me quedan limpios, justos, $210.000. Si no trabajara, son $7.000 por día hasta el mes siguiente. ¿Cómo hacés?
La pregunta flota mientras alrededor se dispone la movilización de cada miércoles. La Rama de Trabajadoras y Trabajadores de Espacios Públicos de la UTEP (gremio de la economía popular), llamada “Lxs Parrillerxs”, puso un puesto para regalar choripán y hamburguesas por el Día del Jubilado, que fue el domingo. Se sumó mucha gente de la calle: “El hambre es desesperante”, dice una señora mientras corta el pan. Sobre la vereda se acomodan trabajadoras y trabajadores de la ANSES, que denuncian una “sangría por goteo” en el organismo encargado de las jubilaciones y pensiones: el Gobierno abrió un plan de retiros voluntarios, el segundo del año. Un trabajador dice a lavaca: “En el anterior se fueron más de 1.000 personas. Muchos agarran porque están muy endeudados. La idea es que quede un ANSES chico, si es que queda”.

Por su parte, Luis tendría que estar cobrando un poco más: en septiembre la mínima llegó a $498.633,20, contando el bono de $70.000, congelado hace 30 meses: según el Centro de Economía Política de la Argentina (CEPA), si fuera por movilidad Luis y cinco millones de jubilados y jubiladas más tendrían que percibir un bono de $223.148. Pero Luis cobra solo $400.000 limpios porque está endeudado: hace ocho años sacó un crédito.
–Se me cayó un árbol del fondo de casa en la cabeza. Tuve derrame cerebral. También me hizo pelota la rodilla: hoy tengo una prótesis. Mirá vos, es la misma rodilla que la policía me reprimió en una marcha el año pasado: la tengo peor. Me queda este año de crédito, así que espero para fin de año terminar de pagarlo y poder cobrar un poquito más.

Por eso todos los días –salvo los miércoles– sale a vender tres pares de medias a $1.000: camina mirando a todos lados para que los “parásitos con uniforme” no le decomisen la mercadería, como viene ocurriendo en la ciudad de Buenos Aires bajo la gestión de Jorge Macri. Antes Luis vendía alfajores y podía hacerle algún regalo a su nieta de 13 años, o darse un gustito como ir al teatro. Pero los alfajores subieron tanto que ya no es negocio. Cuenta que la idea de las medias le llegó mirando la televisión.
–Veía a tanto operador político en la tele que pensé: si las medias me salen lo mismo que un chupetín, quizá la salida a esta crisis sea chupar medias, en serio te digo.
Luis habla y piensa con mucho humor, pero siempre aclara que lo dice en serio. Cuenta que fue la primera persona que puso un boliche gay en provincia de Buenos Aires – “Chelovecos, en 1974”–, que también tuvo una tanguería y que por muchos años se dedicó a cocinar en su casa para geriátricos o centros de jubilados. Como siempre trabajó por su cuenta, pudo jubilarse con una parte de aportes y otra de moratoria.

–Hoy el Gobierno la cortó, pero la moratoria ayudó mucho. Conozco gente que nunca aportó y ahora te dice: “Cristina chorra”. Bueno, entonces devolvé la jubilación o donala a un comedor.
A diferencia de lo que dijo el presidente Javier Milei tras su discurso en Naciones Unidas en Nueva York, a Luis –como argentino– no le salen dólares por las orejas. Es una de las tantas razones por las que no se pierde ningún miércoles.
–Hace unos años me quedé viudo. Me pasaron todas, pero yo le aconsejo a la gente mayor que venga a la marcha. No sólo como protesta, sino porque es bueno para uno. Es una cuestión de salud. A mí me ayudó mucho porque me olvidé de mí: me acuerdo más de la madre de Milei que de mí. En serio, te digo. Algunos jubilados me dicen: “No, mejor me voy a hacer un estudio al médico”, pero es como un coche en el mecánico: algo siempre te van a encontrar. No digo que esté mal, ojo, pero hay gente que está todo el día en la casa mirándola por televisión y pensando en sí mismo. Con hacer un cartel o pensar alguna cosita, ya la cabeza se me despeja.

La semana pasada, Luis trajo el “Desodorante Javo”, con una característica premium: “Te deja seco las 24 horas”. ¿Qué significa ese humor en la lucha de cada miércoles?
Luis es crítico:
–Yo vengo porque la jubilación me alcanza nomás para diez días. Me gustaría que hagamos un poco más de bochinche. Acá nos encerraron. Venimos y damos una ronda: no tenemos nada para festejar pero damos la vuelta olímpica como si fuéramos campeones. Luego, a casa. Hay que ir al Obelisco, a Corrientes. Acá no nos ve nadie. No estoy en contra, porque nos encontramos, pero haría un poco más de calle. Lo único que falta es que nos pongan mesas y nos hagan jugar a las damas: para eso voy a la plaza de mi barrio. En Lanús me preguntan: “¿Luis, no marchan más?”.
La marcha –la ronda a la que Luis pide más bochinche– está por empezar.
¿Qué espera?
–Mirá, el día que no pueda caminar más ni vivir a medias, me amenazo al Presidente así me vienen a buscar: ya averigué que no me sacan la jubilación, me llevan en cana, y al menos tengo una lamparita para leer algún libro y amigos que me traerán algún sanguchito de miga. Lo mismo que haría en casa lo hago allá. En serio, te digo.
¿Hay opción B?
–Que cambie el Gobierno. Eso daría un poquito de esperanza. La primera medida tendría que ser darnos un aumento. De mínima. Esta lucha que hacemos va a pasar a la historia como algo que era necesario hacer. El que no labura ni lucha, no come.
Hincha de Independiente y fanático de Manal, Luis se despide y se mete a la marcha.
Revista Mu
MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo


Ley de Tierras y después: Cambio de tema
Durante meses el gobierno logró imponer los temas, los tiempos y las preguntas. Hasta que una discusión sobre la tierra parió otra cosa. Lo que apareció detrás y después de ese debate no es –solo– una disputa jurídica ni económica, sino una pregunta más profunda sobre la soberanía, la identidad y el futuro. De César Aira a Peter Thiel, una lectura de la actualidad para crear lo que falta.
Por Claudia Acuña

Viaje a la vida en el Paraná II: En modo Costa Pobre
Los incendios y el dragado que rompen el ecosistema, los countries ocupándolo todo, el extractivismo de arena para el fracking, las privatizaciones, la contaminación masiva, la indolencia estatal: el Paraná debería ser un río de todos, pero parece un río de nadie. Navegación desde Escobar hasta las Lechiguanas, pasando por Costa Pobre, barrio popular amenazado, que simboliza mucho de esta historia. Voces e imágenes de quienes siguen defendiendo la vida del aire, el suelo, el agua y la justicia.
Por Francisco Pandolfi
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Atanor condenada por contaminación: La odisea
Más de 200 muertes en seis manzanas del Barrio Química, la contaminación probada del agua, aire y suelos, y el “daño irreversible” al Paraná en San Nicolás ratificado por la Corte Suprema bonaerense. La sanción económica es mínima para una multinacional (equivalente a dos camionetas) pero está por comenzar la causa penal a sus ejecutivos. Lo que cuentan el barrio y el abogado Fabián Maggi sobre este viaje de más de una década para que no haya impunidad.
Por Lucas Pedulla
Fotos: Sebastián Smok/lavaca.org

Agroecología en Misiones: El libro de la selva
Una cooperativa agroecológica de quince familias produce alimentos sin químicos en medio de la selva misionera y muestra cómo cultivar de un modo sano y rentable. Unión Campesina, los secretos de la tierra, la casa de las semillas, y una decisión: hacer mucho y hablar menos. El método del Fukuoka misionero. ¿Cuál es la rueda que está girando?
Por Francisco Pandolfi
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Delia Tedín, decoración, política y clases altas: Mucho gusto
Con tupido árbol genealógico y privilegios de cuna, aprendió el valor de la diversidad y la rebeldía frente a un ambiente que “olía a odio”. Eligió su propia vida como decoradora, sin perder nunca de vista el contexto social. Sus pasiones: fomentar el trabajo y la creatividad del país, y combatir la idea de que las personas tienen la culpa si les va mal en estos tiempos. Conversación sobre bombas, estupidez, poder, Nerón y el arte de mantener los ojos abiertos.
Por Sergio Ciancaglini
Fotos: Juan Valeiro

Carne de cañón: las víctimas travestis-trans de la dictadura
A 50 años del golpe de Estado, el Archivo de la Memoria Trans reunió en un libro testimonios individuales, relatos colectivos y el registro del Juicio Brigadas, el primero que toma como víctimas del terrorismo de Estado a mujeres travestis trans. El libro no habla solo de violencia, sino también del humor, la amistad, la resistencia y las formas que ellas inventaron para poder seguir vivas. Pistas sobre dónde encontrar claves para el futuro.
Por Evangelina Bucari

El libro La nueva oligarquía: Tecnopoder
¿Quién gobierna el mundo? ¿Qué transformaciones y deformaciones de la democracia se están intentando? ¿Qué pasa con la soberanía? ¿A quién hay que vigilar? Temas de La nueva oligarquía, del sociólogo argentino Ariel Goldstein y editado por Marea. Aquí, fragmentos que invitan a su lectura para bucear varios dilemas del presente.

Zoe Hochbaum: Comerse el mundo
Actriz, bailarina, escritora, productora: 27 años, una nueva película y un programa de radio. Zoe puede oscilar entre la comedia con flamenco, los monstruos literarios y la reconstrucción de los vuelos de la muerte. El homenaje al radioteatro, y el ejercicio de la amistad como salvavidas para los tiempos en los que la realidad parece querer fagocitarnos.
Por María del Carmen Varela
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Crónicas del Más Acá: Rambo al sur
por Carlos Melone
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
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