Sigamos en contacto

Nota

Soy sirena: una obra para infancias libres

Publicada

el

La actriz y perfomer Sofía Dieguez presenta en MU Trinchera Boutique Magenta. Una sirena más allá del mar. Será el viernes 5 de febrero a las 17 y 18 horas, en nuestra sala teatral, en Riobamba 143. La obra, que está escrita por la propia actriz y tendrá música de Lucas Iriarte, parte de la historia de La Sirenita para hablarle directamente a las infancias: “El mensaje que me gustaría dar es que no está mal sentirse diferente, quiero que las infancias se sientan libres, que no sientan tristeza, ni miedo, que disfruten de ese momento de la vida que es único, que no se va a repetir”. En esta entrevista, la autora habla con lavaca sobre el significado de la Magenta, las Postas Sanitarias Culturales, el abrazo de Susy Shock y Marlene Wayar, y las transformaciones que cambian al mundo.

Foto: Martina Perosa.

Una caminata de una cuadra -desde su casa hasta el espacio cultural MU Trinchera Boutique- hizo la actriz y performer Sofía Dieguez una vez por semana durante más de tres meses para escuchar las canciones, poesías y pensamientos luminosos compartidos por la artista Susy Shock tras la vidriera de Riobamba 143 en el marco de las Postas Sanitarias Culturales. Iniciado en cuarentena estricta, el evento semanal se propuso acudir al arte como herramienta, ofrenda y conjuro para sanar juntes y con la calle como punto de encuentro. En uno de esos viernes, Sofía prestó atención a la vidriera donde Susy cantaba, sonreía y colocaba sus manos al finalizar cada canción para establecer contacto –más allá de la mirada- con la persona a quien le dedicaba el tema. La estructura vidriada le recordó a una pecera y el link mental fue inmediato. Apareció la imagen de la Sirenita, la historia que la cautivó cuando a los tres años vio la película por primera vez. Imaginó una obra de teatro, una adaptación, y la escribió. Le contó la idea a Susy Shock.

“Sofi, lo podés escribir vos. Inventá tu propia sirena”, le sugirió.

“Ella confió en mi y en una noche escribí las canciones, la historia, los personajes y ahí nació Magenta, una sirena más allá del mar”, dice hoy. De espíritu rebelde, con la decisión de enfrentar los prejuicios y ser fiel a sí misma y a sus deseos, Magenta es la versión de Sofía sobre el personaje creado por el escritor danés Hans Christian Andersen en el siglo XIX y llevado al cine por la industria cinematográfica norteamericana en 1989. Una historia de trasformación, de identidad, de elecciones, de renunciamientos, de cómo pensar el propio cuerpo y de ver el mundo de distinta manera de acuerdo a donde se apoyen los pies –o la cola de pez- se trate del relato original o de la versión con final feliz de Disney.

¿Por qué “La Sirenita”? “Para mí la película es muy significativa. Desde que la vi me sentí identificada con esa historia, con no pertenecer al mundo, sin saber mucho a los tres años, después entendí de grande la historia original de La Sirenita de Andersen. Las mujeres trans somos como sirenas que damos el paso a ser mujeres y en ese paso, muchas pierden a la familia, amigues, el lugar donde viven y metafóricamente también la voz, socialmente, hoy quizás no tanto pero es lo que pasaba y es lo que pasa en la historia de La Sirenita. Y el mensaje que me gustaría dar es que no está mal sentirse diferente, quiero que las infancias se sientan libres, que no sientan tristeza, ni miedo, que disfruten de ese momento de la vida que es único, que no se va a repetir y que nadie les diga que no pueden jugar con algo porque es rosa, porque es azul, porque es de nena, de nene. Los juguetes son juguetes, los colores son colores y ellos tienen que disfrutar de ese momento de su vida”.

Foto: Martina Perosa.

Una vez escrita la obra –que dura 30 minutos- y el valioso aporte musical de Lucas Iriarte, cuenta Sofía que su “trava madrina” -una de las formas en que le gusta referirse a Susy- le presentó al actor Giancarlo Scrocco quien se encargó de la confección de los títeres que van a encarnar a los personajes amigues de Magenta: Shockito, el pez arcoriris y Momo, el caballito de mar. También Susy la conectó con su flamante productora “Que otros sean lo normal”, allí conoció a la actriz y cantante Pauli Garnier quien junto a Marlene, también sumaron su apoyo. Lautaro Matute prestó su estudio de grabación para que Susy grabe la voz del personaje de la abuela de la sirena Magenta y Nito Carelli ofició como coach vocal y es el alma de los títeres.

“La obra es un regalo para ese niño que fui, para Ivancito, ese nene que amaba a la Sirenita”, cuenta Sofía. “Hoy yo soy mi mayor logro y estoy segura de que si Ivancito viera hoy la mujer en que me convertí diría: yo quiero ser como ella. Mi presente es mi mayor logro y esto es un regalo para ese niño que no entendía que le pasaba”. Sofía muestra una foto de Ivancito, mirando a cámara y abrazando una muñeca, que no es cualquiera, sino la muñeca de La Sirenita y junto a ella, también sostiene al príncipe del cuento, del cual la Princesa del Mar se enamora. “Ese nene que en esta foto abraza la muñeca de su hermana bien fuerte para sentir por un instante que era suya, así que la obra es para ese nenito que sigue caminando al lado mío”.

Mientras soñaba con ser una Spice Girl, una pop star, a los 13 años comenzó a tomar clases de teatro en la Municipalidad de Lanús. Primero estudió actuación, luego comedia musical, ballet y dos años en el Teatro Colón. A los 16 tuvo un papel en el musical “El fantasma de Canterville” de Pepe Cibrián. Luego visitó varias ciudades del mundo haciendo obras de teatro infantiles. En 2017 participó de la serie “Un gallo para Esculapio” y luego la llamaron para “El Marginal II”. Al poco tiempo llegó la novela de Telefé “Pequeña Victoria”, protagonizada por la actriz trans Mariana Genesio Peña, donde Sofía era una de las habitantes de “Casa Diana” -en homenaje a la activista trans Diana Sacayán asesinada en 2015- y en cuyas paredes podía leerse la frase de Susy Shock: “¿Qué soy? ¿Importa? Soy arte”.

Sofía: “Yo no estaba muy involucrada, no conocía mucho de la militancia trans porque las veces que estuve en grupos se iban a lo partidario y no me sentía cómoda. A través de ´Pequeña Victoria´ conocí a Marlene Wayar y me pareció una persona amorosa, super inteligente, respetuosa con el pensamiento de la otra. Ahí también escuché nombrar a Susy Shock y me puse a investigar quién era. Leí entrevistas y escuché su poema ´Reivindico mi derecho a ser un monstruo´ que es maravilloso y empecé a enamorarme de su poesía, de su inteligencia, su manera de ver la vida, pero no la conocí personalmente hasta cuando comenzó la cuarentena. Fui a las postas y empezó una amistad que parece de siempre. Hoy mi referente es Susy. Habla desde el amor, al igual que Marlene. Con Susy tengo una conexión maternal, yo le digo que es mi mamá trava”.

Sofía tiene 34 años y vive sola desde hace diez. “Hice mi transición grande, a los 25 años. Soy una privilegiada, de las que nunca les faltó el amor de la familia, les amigues y fui abrazada por mis padres, siempre acompañándome, pese a que por ahí en algún momento alguno de los dos no supo entenderlo, pero jamás dejaron de estar a mi lado y eso es fundamental para cualquier ser humano, el amor, la compañía, la comprensión y sobre todo la educación para después poder salir al mundo y tener las herramientas. Hay gente que no pertenece al colectivo LGTBIQ+ y no tiene mucha idea, entonces hay que educar, enseñar, explicar que las cosas no son solo blanco y negro, que hay muchos colores, que hay mujeres trans, otras prefieren llamarse travestis, no todas las personas pensamos de igual manera”.

Suele ir a la plaza a tomar mate mientras repasa libretos y también ensaya con ansias de que llegue el estreno de “Magenta”. Durante los primeros meses de cuarentena estuvo muy angustiada y luego fue revirtiendo la sensación con meditación, se volcó al vegetarianismo, disfruta de la naturaleza y se unió a un grupo que brinda comida a personas en situación de calle. “Fue un año terrible, pero aprendí y crecí. Está bueno salir de la cloaca con olor a rosas”.

A fines del año pasado se realizó un casting para interpretar a Susy Shock en el musical “Crianzas” que tiene fecha de estreno para mayo en un teatro porteño. Sofía se ilusionó con ese rol y se presentó. Al tiempo le dieron la mejor noticia: el papel de Susy era suyo. “Sentí una felicidad enorme cuando me enteré, para mí es un orgullo poder interpretar a Susy en el escenario y contar la historia de una tía trava y de su sobrino y la mirada del mundo hacia ellos dos”. La obra está dirigida por la actriz y directora Valeria Grossi y la música es del compositor y director musical Carlos Gianni, quien hizo la música de las obras del reconocido actor y creador de espectáculos infantiles, Hugo Midón.

Foto: Martina Perosa.

“Crianzas” comenzó siendo un podcast semanal de tres minutos y 28 episodios en el que la “tia trava” Susy relataba sus vivencias junto a su sobrino Uriel. El micro radial proponía romper las distancias entre adultes y niñes, crecer en la diversidad y se actualizaba los miércoles en la web de lavaca. “Acá les habla la Susy, seguro que me conocen de verme volver tarde por el barrio, alguna que otra risita me habrán regalado estando en barra pero sos de las y los que me dicen ´buen día, señora´ cuando voy a la mañana a comprar el pan. Soy la tía de Uriel, que vive justo enfrente del centro comunitario, y aunque tenemos nuevas leyes que me permiten tener el documento y llevar el nombre que siento para mí, todavía la ley no puede hacer mucho para que dejen de cargarlo a mi sobrino con su ´tío que se disfraza de mujer´. No vengo a retarte, vengo a que me conozcas. ¿Y sabés por qué? Porque hay un amanecer asomando y estaría bueno que no te lo pierdas, que no nos lo perdamos. Te dejo un beso o un abrazo de tía trava”, decía Susy en el primer episodio, en marzo de 2014. Luego “Crianzas” tomó la forma de libro de la mano de la cooperativa Muchas Nueces, con ilustraciones de Anahí Bazán Jara –hija de Susy, ilustradora y excelente tatuadora- y prólogo de la activista trans Marlene Wayar y la periodista Claudia Acuña. Y pronto, llegará al escenario en formato musical protagonizada por Sofía y dos infancias que se irán turnando en las funciones.

Confiada en que “Magenta” sea una caricia para les niñes, Sofía aguarda la primera fecha –de dos funciones- con la calma digna de las sirenas retratadas por Andersen, recostadas sobre los arrecifes de coral a la luz de la luna observando los barcos que pasan, solidarias y dispuestas a sacrificar sus largas y hermosas cabelleras para ayudar a su hermana, la Sirenita que apostó a su propia transformación y, conociendo todos los secretos del mar, se atrevió a cambiar su mundo.

Si querés asistir a la obra, escribinos a mutrinchera@gmail.com

Nota

Memoria, verdad y un nuevo reclamo de justicia a 3 años sin Carla Soggiu

Publicada

el

A 3 años del femicidio de Carla Soggiu su familia realizó un ritual junto a un mural con la cara de la mujer asesinada por su ex pareja, que no fue juzgada por el crimen por decisión del fiscal César Troncoso. Recordaron así y ahí, en Nueva Pompeya, los alertas que Carla le hizo a un Estado que no la protegió de la violencia machista ni la encontró cuando se encontraba desaparecida. La causa por el femicidio fue investigada recientemente por MU: lo que el expediente oculta y tergiversa, y lo que devela sobre la falta de funcionamiento del sistema de botón antipánico. Una historia que demuestra paso a paso cómo lo judicial puede encubrir la responsabilidad estatal y archivar procesos, convalidando la impunidad.

En uno de los límites de esta ciudad infinita está el mural que recuerda a Carla Soggiu sonriendo. “Madre, hija y vecina del barrio Nueva Pompeya” proclama con delicadas letras esta pared pintada que hoy da lugar a una ceremonia de dolor y memoria. “A esta hora empezó el infierno” dirá Roxana, la mamá, en este sábado de calor asfixiante. Señala entonces la esquina para marcar el lugar donde Carla activó por primera vez el botón antipánico que el Poder Judicial le entregó para protegerla. No funcionaba.

Aquel 15 de enero de hace ya tres años Carla pidió ayuda cinco veces y cada vez el patrullero policial llegó a la casa de la familia Soggiu preguntando dónde estaba. Comprendieron así, cruelmente, que Carla estaba en peligro y que nadie podía ayudarla. Cuatro días después un trabajador de limpieza encontró su cuerpo en el Riachuelo, que en ese límite es apenas unas cuadras.

Días antes Carla había sido torturada y violada por su pareja, con su hija de 2 años como testigo. Cuando logró escapar presentó una denuncia: fue la que originó la entrega del botón, una medida de protección que en esta ciudad portan tres mil mujeres al año.

La pareja de Carla fue condenada por esos delitos, pero la causa por su femicidio fue archivada: el fiscal César Troncoso consideró que no había delito alguno que investigar. Haber sido golpeada y violada días antes, soportar golpes en la válvula que calmaba su hidrocefalia, pedir ayuda a través de un dispositivo inútil, entre otras tantas de violencias, no son considerados por el fiscal como indicios de una trama que une ambas causas. La familia de Carla se enteró del archivo hace apenas unos días y de casualidad y ahí está ahora, parada frente al mural, clamando ayuda porque contra tanta injustica “solos no podemos”.

A su lado están Susana y Daniel, padres de Cecilia Basaldúa, víctima también de un femicidio y de un Poder Judicial cómplice de la impunidad. Está su tía y su primo y una vecina con su hijita y en ese abrazo la familia de Carla encuentra la fuerza para recordar sin lágrimas lo que necesitan: justicia. La exigen por sus nietos que todavía no accedieron a la pensión a la que tienen derecho según la Ley Brisa. Tras reclamos y trámites solo tuvieron una Asignación Universal por Hijo. Un abogado les cobró 40 mil pesos para renovarla, pero el trámite no lo completó y quedó nulo. De eso también se enteraron hace apenas unos días y de casualidad, cuando acudieron a la Defensoría General a pedir ayuda y se encontraron allí con la abogada que asistió a Carla en su primera denuncia. Ella los ayudó a solicitar la renovación del subsidio, pero en esta tarde de infierno Roxana cuenta que ya pasaron los 10 días previstos y la asistente social que debía visitarlos para darles la aprobación nunca llegó, así que tendrán que seguir esperando a ese Godot que es la justicia en Argentina. Mientras, el sustento sigue dependiendo de la espalda de Alfredo, que hace años trabaja en la misma empresa cumpliendo tareas de carga y descarga. Lo ayudan dándole horas extras: más peso.

En esta tarde de dolor y memoria hay flores y globos violetas, el color preferido de Carla, que su madre suelta para que rueden por las calles silenciosas del barrio de Nueva Pompeya. Docenas de globos mecidos por la brisa ardiente que anticipa una tormenta. Ahí quedan, en ese límite y a la espera.

Seguir leyendo

Nota

Lo que falta: 16va Carta al Presidente de Familiares Sobrevivientes de femicidios

Publicada

el

A plena luz del sol y en un centro desolado, las familias que componen el grupo Familiares Sobrevivientes de Femicidios se reunieron en Plaza de Mayo para dejar por vez número 16 una carta al Presidente Alberto Fernández, pidiendo que los reciba, exigiendo justicia por sus hijas y acercando medidas concretas para que eso suceda.

En la jornada de hoy estuvieron presentes Daniel y Susana, papá y mamá de Cecilia Basaldúa, asesinada en Capilla del Monte, Córdoba; Marta y Guillermo, padre y madre de Lucía Pérez, asesinada en Mar del Plata; y Analía Romero, mamá de Camila Flores, asesinada en Santa Fe.

En todos los casos estas familias debieron trasladarse hasta Plaza de Mayo; recorrido que significa a la vez que las causas que se tramitan por las muertes de sus hijas distan muchos kilómetros de la Casa Rosada; distancia que garantiza la impunidad, ya que facilita las trabas judiciales y las tramas territoriales; y complica el acceso a la justicia como un derecho para familias que no cuentan con recursos para viajar ni para sostener abogados ni peritos.

Así lo denuncia la mamá de Camila Reyes:

Así reclama Guillermo Pérez, papá de Lucía, que Alberto Fernández los reciba:

Estas son las fotos de algunas de las jóvenes asesinadas por la violencia machista, cuyas causas siguen impunes:

Estas son las cartas que entregan las familias al Presidente cada segundo miércoles del mes:

Esta es el informe que junto a las cartas las familias entregaron en la Rosada, un diagnóstico y una muestra de lo que falta para lograr un Nunca Más de la violencia patriarcal, de la que el Estado es parte:

Seguir leyendo

Nota

Infeliz año nuevo: trabajadores de alfajores La Nirva con orden de desalojo

Publicada

el

“Resuelvo: disponer el lanzamiento de los ocupantes de la planta fabril deudora ubicada en laa calle Dorrego Nº854, Lomas del Mirador, La Matanza, Provincia de Buenos Aires y restituir la posesión de la misma a la concursada”.

El fallo lleva la firma del juez nacional en lo Comercial Fernando D’Alessandro, está fechado el 30 de diciembre, y precisa dos aclaraciones: cuando se lee “lanzamiento” debe entenderse “desalojo” y “ocupantes” a 57 familias de la tradicional fábrica de alfajores La Nirva que recuperaron sus fuentes de trabajo en plena pandemia después de la estafa de los exdueños Matías Paradiso y Marcelo Iribarren. Las familias pusieron las máquinas a producir nuevamente luego de conformarse en una cooperativa de trabajo, y así trabajaron este año y medio pandémico hasta recibir el fallo previo al año nuevo.

“Estamos laburando muy bien”, dice a lavaca Marcelo Cáceres, presidente de la cooperativa. “En este último tiempo estábamos con pan dulces y muchos proyectos de ampliar la máquina de galletitas y alfajores, de inaugurar una línea más: estamos en crecimiento. El síndico ya había venido a revisar la fábrica y quedó sorprendido de lo bien que estaba. La decisión nos lleva a pensar que hubo un arreglo político con plata de por el medio, porque el juez no se fijó en esto, y directamente decretó el desalojo”.

La decisión, por ahora, no tiene fecha, pero las familias sí están en alerta y la noche de año nuevo reforzarán la presencia de guardia en la fábrica.

Dice Cáceres: “Vamos a aguantar la que se venga”.

Compartimos la nota de MU sobre la recuperación de la empresa.

Triple sabor: La Nirva, recuperada por sus trabajadorxs

Luego de estafas patronales, amenazas de la Bonaerense y dos meses en la calle durante la pandemia, la popular fábrica de alfajores de La Matanza se hace cooperativa. La autogestión como salida ante la crisis. Por Lucas Pedulla.

(publicada en julio 2020)

Después de trabajar 20 de sus 42 años en el control de la máquina de chocolate de La Nirva, Lorena Pereyra se encontró en pleno aislamiento social, preventivo y obligatorio enviándole al dueño una foto de su tupper en la olla popular que cocinaban al frente de la empresa, con un mensaje: “Mirá a lo que llegué”. La foto era la misma para cada una de las 65 familias que desde el comienzo de la cuarentena tuvieron que desoír el consejo de quedarse en casa, con los riesgos que eso implicaba, e instalar una carpa frente a la fábrica de alfajores en el partido bonaerense de La Matanza para reclamar por sus fuentes de trabajo.

Allí permanecieron durante casi dos meses con venta de torta fritas y budines para el fondo de lucha, y con carteles que explicaban la necesidad preventiva, social y obligatoria de otro virus:

  • “Nuestro virus tiene nombre: Matías Paradiso y Marcelo Iribarren (los dueños)”.
  • “Nos dieron cheques sin fondo en diciembre. Nos estafaron”.
  • “Si nos quedamos en casa nadie escucha que pasamos hambre. Queremos recuperar nuestro trabajo y vivir dignamente”.
  • “Queremos cobrar”.

Con cuatro hijos y su marido que había sido despedido de la misma empresa años atrás, Lorena nunca imaginó que atravesaría la lucha en medio de una crisis sanitaria sin precedentes. “La patronal cambió hace tres años y vimos cómo empezaron a irse compañeros. De 120 pasamos a 65. Hace dos años que no tenemos aportes, mientras vemos cómo en la ANSES figura que cobramos sueldos de 70 mil y 80 mil pesos, cuando hace nueve meses que no cobramos nada. Pero ante la necesidad te hacés fuerte, quieras o no”.

Lorena ya no habla desde la olla popular en la calle, sino desde adentro de la fábrica, donde permanece de forma pacífica junto a sus compañeros y compañeras en resguardo de las maquinarias y su fuente de trabajo que hoy toma una forma que augura un futuro pospandemia sanitaria y laboral: la forma cooperativa.

Foto: Ramiro Dominguéz

Conflicto grandote

La popular fábrica La Nirva es la encargada de hacer los famosos alfajores Grandote y La Recoleta, entre otros productos como cubanitos y copitos de chocolate y dulce de leche. El 80 por ciento de su personal son mujeres. “Mi pareja trabajó 31 años acá: lo echaron el año pasado pagándole una sola cuota de 51 mil pesos como indemnización”, contaba María de los Ángeles Santillán, 46 años, 23 en la empresa, cuando MU se acercó a la fábrica una semana después de iniciado el acampe. “No tiene nada fijo. Y la plata no alcanza, las boletas aumentan, tenemos mamás enfermas que tenemos que dejar para venir acá. Se complica todo: no tenemos ni para cargar la SUBE, por eso estamos vendiendo tortas fritas”. 

Marcelo Cáceres (34 años, 12 en la fábrica) pasó de ser delegado sindical a presidente de la futura cooperativa. Desde esa transformación recuerda que la caída  comenzó en 2018, cuando la firma cambió de dueños. “Se vendió al grupo Blend. Durante dos meses seguimos con el ritmo de trabajo que teníamos. Al tercer mes, el salario empezó a retrasarse. De a poco, se fueron cerrando líneas. Al tiempo, nos cortaron todos los servicios: agua, gas y luz. Nos quedamos literalmente a oscuras”.

Empezaron los despidos de personal administrativo: de más de 120 trabajadorxs quedó la actual planta de 65 personas. Y como en la pandemia, se contagió el miedo. Santillán: “Había miedo a hablar porque si alguien criticaba, al día siguiente era despedido”.

Cáceres aclara que el problema no era la producción. “Por quincena, y laburando una sola línea, hacíamos un millón 200 mil alfajores. En 2001, año de la peor crisis, ni se sintió: hasta horas extras se hacían. Fue un mal manejo. No sabemos lo que es cobrar un sueldo completo. Eran puchitos: de 2.000, 3.000 pesos. De octubre a hoy, solo en salarios la deuda con nosotros es de 18 millones de pesos”.

Hay más: “En diciembre nos dieron cheques a 60 y 90 días. El dueño nos dijo que vayamos a cobrarlo a una financiera, que nos iban a sacar un porcentaje, pero que lo íbamos a poder cobrar. Nadie vio un peso”.

Cáceres tuvo que vender su auto para poder pagar deudas. El 24 de diciembre llamaron al dueño para que les diera algo de efectivo para pasar las fiestas: “Nos dieron 3.000 pesos”. Y el 2020 arrancó con más promesas. “El primer día de febrero nos prometieron 40 mil pesos para arrancar y que, mientras producíamos, iban a abonar la totalidad de la deuda. Trabajamos una semana: nos dieron 20 mil. Hay buena predisposición, pensamos. Trabajamos otra semana más, pero ahí ya dijeron que no había efectivo. Como veníamos de dos años de mentiras, decidimos dejar de trabajar hasta que nos pagaran”.

Así llegó marzo, la pandemia agudizó todas las crisis y la situación  de los trabajadores era desesperante. Al combo se sumó que un vecino les avisó que un camión había ingresado de madrugada a la fábrica a llevarse cosas. No dudaron: estaba en juego la fábrica y sus fuentes de trabajo. 

Y votaron la instalación de la carpa.

Foto: Ramiro Dominguéz

Unión & galleta

Cuando el acampe cumplió una semana, recibieron una visita inesperada. Cáceres: “Apareció la policía, con la excusa de que no podíamos estar en la calle por la pandemia, cuando hacía siete días que estábamos ahí. Y nos corrieron por todo el barrio: un grupo terminó en la plaza, otro cerca de la ruta”. El efecto se vio al otro día: entre vecinos, vecinas y movimientos sociales hubo 200 personas apoyando a las familias en la puerta con olla popular. Y la policía no volvió más.

Ante la evidencia del apoyo, los dueños firmaron un acta en la que se comprometieron a cumplir el 100 por ciento de los salarios adeudados. Pero esta promesa tampoco se cumplió. “Agotamos todas las instancias legales que había. Primero, el dueño nos tomó el pelo a nosotros. Segundo, al sindicato. Y tercero, al Ministerio de Trabajo: hicimos cinco audiencias y no cumplieron ninguna, hasta que con los abogados del sindicato decidimos cerrar el acto y quedarnos en asamblea permanente, pero ya adentro de la fábrica”.

Lorena Pereyra hace una lectura de todo el proceso: “20 años son toda una vida. Tuvimos un mes en la puerta sin la ayuda de nuestro sindicato, con la ayuda de los vecinos. Ahí te das cuenta de que tu lucha vale, y que tiene un poder. Antes, con un pago mínimo entrábamos y desistíamos, pero ahora la pandemia terminó de desatar todo. Fui aprendiendo mis derechos. Uno viene acá, exponiéndose a todo, cuando lo que más queremos es estar en casa, pero lo valió”.

Mientras los trabajadores y trabajadoras buscan volver a la producción, Cáceres fue denunciado por “usurpación” por los exdueños, causa que tramita en los tribunales matanceros. “Por ahora el fiscal actuó bien. Y entre nosotros tenemos mucha unión. Sin eso, no hubiéramos llegado a nada. Esa es la base: la unión y la convicción que tenemos”.

Paula Rojas, 30 años, fue una de las últimas trabajadoras que entraron, hace cuatro años, en el área donde se colocan las galletas y empieza el proceso del alfajor. Sus compañeros la eligieron para que sea la tesorera de la futura cooperativa. “Me gusta y es una responsabilidad, porque si nos hubiéramos quedado en casa no habríamos conseguido nada. Mucha gente va a quedar desocupada después de todo esto, y si no recuperábamos también nos íbamos a quedar sin nada. Por eso tampoco podíamos quedarnos en casa. En casa estábamos todos separados, cada uno en su vida, aislados. Acá es distinto, estamos apostando a un mismo objetivo: recuperar nuestras fuentes laborales”.

Seguir leyendo

La última Mu: Movete

Publicidad
Publicidad
Publicidad

Lo más leido

Anticopyright lavaca. Todas nuestras notas pueden ser reproducidas libremente. Agradecemos la mención de la fuente.

0:00
0:00