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¿Quién defiende la educación pública?
La movida de los A-Normales
anticopyrightEl diez por ciento de los alumnos del Normal 7 ya dejaron la escuela, cerrada luego de la intoxicación provocada a docentes y alumnos el 14 de junio. La empresa “constructora” Bricons, financiada por el BID, es la misma del Normal Mariano Acosta, donde había caído un techo. En ambos casos, hay que rehacer las obras para evitar Cromañones. lavaca obtuvo el informe completo de la Facultad de Ingeniería mientras los funcionarios oscilan entre no dar respuestas, renunciar, o entonar a Charly García. Hoy a las 18, marcha desde el Congreso, y un texto de Gabriela Mistral.

Unos 25 chicos de la primaria de la Escuela Normal 7, ubicada en Corrientes y Gascón, Buenos Aires, ya abandonaron ese establecimiento luego del principio de intoxicación que sufrieron alumnos y maestros el 14 de junio, al inaugurarse sin debidos recaudos la instalación de gas. El edificio quedó cerrado desde entonces, los chicos fueron depositados en un polideportivo y en un edificio alquilado para la secundaria, pero serán cambiados nuevamente en estos días no se sabe a dónde. Lo curioso es que las instalaciones son flamantes, pero los desconfiados padres solicitaron un auditoría externa que fue realizada por la Facultad de Ingeniería de la UBA, y arrojó resultados prácticamente idénticos a los del Mariano Acosta, donde un techo había caído el domingo 3 de junio, en lo que hubiera sido un pequeño Cromañón si hubiera habido chicos allí. Los cielorrasos y la instalación eléctrica, al menos, deben hacerse nuevamente.
En el caso del Acosta, los estudiantes han sido desparramados en ocho (8) sedes diferentes. No está claro aún (por la propia diáspora) cuántos han abandonado esa escuela, pero en la primaria son varios casos. En ambas escuelas Normales (si cabe la palabra en estos días), el problema no fue el deterioro de los edificios, sino las refacciones realizadas por la empresa “constructora” Bricons, con financiación del Banco Interamericano de Desarrollo (que trabaja para “contribuir a impulsar el progreso económico y social”), con “control” de funcionarios públicos que a la vez son colocados con acuerdo del BID , entre otras ficciones.
El Mariano Acosta convoca para este jueves 5 a una marcha en defensa de la educación pública, a las seis de la tarde en Congreso. Todos buscan un elemento que parece ajeno a los funcionarios, llamado “respuesta”.

Macri, el horno y la cloaca

Durante la reciente votación porteña, el Normal 7 estuvo a punto de lograr algo así como la Unidad Nacional: “Propusieron que viniera Filmus a vernos a una marcha, se acercó la gente de Macri para lo mismo, y los muchachos de un partido de izquierda que tienen un local a la vuelta” cuenta Pablo Cesaroni, de la cooperadora de la escuela. “A todos les dijimos que no, porque no tenemos ni queremos relación con los partidos”. Esto no ha evitado que Pablo haya sido calificado por los funcionarios públicos como macrista y a la vez como troskista, esquizofrenia de la que también se acusó en su momento a los alumnos del Centro de Estudiantes Secundarios del Mariano Acosta y a los padres que parecen reacios a la posibilidad interamericana de desarrollo de que sus niños respiren gas, pegamento caliente, o atajen cielorrasos con sus cabezas.
Una mamá del Normal 7, en una de las tantas movilizaciones de reclamo plantea a lavaca una especie de teorema: “Con los partidos políticos siempre es igual. Te prometen todo cuando va a haber elecciones. Después suben y hacen lo que quieren”.
¿Ocurrirá tal cosa con el señor Macri, o incluso con la señora Micheti? Florencia, de 5º año, sostiene: “Con Macri nos van a poner al horno. Van a ponerse duros con los estudiantes, las manifestaciones”. Anahí, de 2º año, agrega: “Me da vergüenza que tanta gente lo haya votado, y que otra siga votando a los que están en el gobierno”. No habla desde una posición de “izquierda” sino desde sus 14 asombrados años: “Nosotros tenemos que movernos para poder lograr lo que queremos, que es estudiar con cierta normalidad. No pedimos plata, ni un palacio, pedimos poder tener clases”. Anahí ya decidió que su futuro estará relacionado con Medicina: “Ojalá pueda”. Emiliano, 16, a su lado, proyecta ser director de cine. Andrés, profesor de educacion física. Y Florencia todavía no se decide.
El 14 de junio en el primario del Normal 7 algo olió mal. Los chicos empezaron a sentirse descompuestos, abrieron las ventanas, alguna nena de 7º grado se desmayó, los maestros también empezaron a marearse, y se armó la corrida hacia abajo. Los docentes sospecharon que era una pérdida de gas, por la flamante instalación de calefacción del edificio. Llamaron al SAME: “La rectora Alicia Paterlini decía que no, que el olor era a cloaca. Y que lo que pasaba era que había un estado de psicosis” cuenta una de las mamás.
“Está confirmado que había intoxicación por monóxido de carbono” dice Cesaroni pero aclara que “no fue por gas, como se pensó al principio, sino por emanaciones de un pegamento colocado en las chimeneas de calefacción”. El efecto del pegamento inhalado fue lo que provocó algún desmayo, vómitos, que algunos chiquitos vieran doble, y que los maestros que no respiraron inmediatamente de los tanques de oxígeno registraran la intoxicación cuando se hicieron atender luego. El detalle es que esos sistemas de calefacción deben probarse durante dos o tres días sin gente en el edificio, cosa que en esta ocasión no se cumplió.
“Pero lo de la intoxicación nos permitió descubrir todo lo demás” menciona María Eugenia, otra mamá del Normal 7, refiriéndose a los techos y las instalaciones eléctricas. “Uno de los techos estaba a punto de caer, como el del Mariano Acosta” ratifica Pablo. La Facultad de Ingeniería realizó la inspección en ambas escuelas, y el resultado fue idéntico. lavaca publica el informe del Mariano Acosta. Cielorrasos sin los sostenes suficientes, cables mal colocados, peligro para las personas que estén en el edificio.
Las obras del Normal 7 se iniciaron en enero del 2006 y la primaria (entrada por Avenida Corrientes) se entregó en noviembre. La otra entrada, por Humahuaca, que corresponde al secundario “sigue en obras a paso de tortuga” explica la cooperadora.

La excelencia

La constructora Bricons está a cargo de ambas escuelas, así como de la construcción de más de 500 viviendas (Lugano, Pompeya, Villa 17) reparaciones de hospitales (Borda, Moyano, Rawson) y el Museo de Arte Moderno, todo lo cual suma presupuestos por encima de los 117 millones de pesos declarados (sólo en el caso del Mariano Acosta el presupuesto original ya se está duplicando, así que los números son –como suele ocurrir en estos casos- una ciencia inexacta). Las escuelas se hacen con fondos del BID. El arquitecto Jorge La Greca que cumplía el rol de coordinador de la Dirección de Infraestructura del gobierno de la Ciudad. “Pero el sueldo se lo pagaba el BID” dice Cesaroni. Fue removido del cargo cuando cayó el techo del Mariano Acosta. El ingeniero Mario Rocco, Director de Infraestructura escolar confirmó a radio Continental que La Greca funcionaba colocado por el BID. Cesaroni agrega que “lo peor es que ahora lo reubicaron en otra área la Dirección de Infraestructura”.
El ingeniero Rocco terminó también renunciando. “Pero él había llegado a Infraestructura de Educación después de venir del área de salud” dice María Eugenia, una de las mamás del Normal 7. Allí Rocco fue uno de los imputados (por incumplimiento de deber de funcionario público) tras la muerte de dos personas en 2005 en el hospital Santojanni, cuando Rocco era director de Recursos Físicos de la Secretaría de Salud porteña. Hubo un corte en el suministro de oxígeno en los respiradores artificiales. Rocco fue acusado por la fiscal Mónica Cuñarro de haber sabido que los respiradores tenían deficiencias, sin hacer nada al respecto. El juez Gustavo Pierretti no aceptó la acusación y decretó la “falta de mérito”. Las madres en la movilización recuerdan el asunto con espanto: “Le habían avisado lo que pasaba, y no hizo nada. Pero como fue procesado, lo cambiaron de lugar y lo mandan a cuidar escuelas” dice Silvia. “¿En manos de quién están los colegios, y nuestros hijos?”
La comunidad educativa ya no se queda esperando que alguien responda a tales enigmas. Las obras en ambas escuelas llevarán entre 30 y 60 días. En el caso del Mariano Acosta mantuvieron 9 reuniones en 23 días, más de 20 horas completas de charlas con funcionarios porteños y nacionales, con punto culminante en la canción de Charly García formulada por la ministro Ana Clement: “Es lo que hay”. En otros términos: o aceptan el desparramo de niños en lugares incluso inseguros (denunciado por los maestros de la primaria para el caso de establecimientos como el Instituto del Viajante, preparados para adultos pero no para chicos). Finalmente apareció un compromiso del ministerio de Educación de la Nación de poner el dinero que haga falta para acelerar las obras. ¿Y el BID? ¿Y Bricons? ¿Y por qué no lo hicieron antes? Nadie lo entiende: la decisión ocurrió sólo después de que los alumnos y los padres se movilizaran hasta el ministerio, con letreros: “En defensa de la educación pública”, “Bricons asesina”, y cantaron contra el presidente Kirchner y el ministro Filmus. Hoy se conocerá más de ese repertorio a las 18 en el Congreso. La invitación del Centro de Estudiantes y los padres incluye un texto de Gabriela Mistral.
"Estamos enfermos de muchos errores y
de otras tantas culpas,
pero nuestro peor delito se llama
abandono de la infancia,
descuido de la fuente de vida.
Muchas de las cosas que necesitamos pueden esperar.
El niño no.
El está haciendo ahora mismo sus huesos,
creando su sangre y ensayando sus sentidos.
A él no se le puede responder "mañana"
El se llama "ahora".

Gabriela Mistral


publicada 04/07/2007
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Así cayó el techo del aula en el Mariano Acosta